La calle Montcada, situado en al barrio La Ribera / El Born, alcanzó gran importancia entre los siglos XV y XVI como zona residencial de la nobleza y de ricos comerciantes. Tras un periodo de decadencia, fue declarada Conjunto Monumental Histórico-Artístico en 1947. El Museu Picasso, tras unas obras de conservación, se inauguró en el palacio gótico Aguilar (situado en el número 14) en 1963, a lo que le siguió a lo largo de los años sucesivas ampliaciones con la incorporación de cuatro palacios anexos (el del Baró de Castellet, el Palau Meca, la Casa Mauri y el Palau Finestres). Estas edificaciones, construidas originalmente entre los siglos XIII y XIV y transformadas con el paso del tiempo, especialmente durante el siglo XVIII, representan uno de los mejores ejemplos de la arquitectura gótica civil catalana. Todos los edificios comparten una disposición similar: se organizan alrededor de un patio central y cuentan con una escalinata exterior descubierta que conduce a la planta principal.
El Palau Aguilar perteneció primero a familias nobles de la corte de Aragón. En 1386 pasó a manos de los Coromines-Desplà, etapa de la que se conserva un mural medieval sobre la conquista de Mallorca por Jaime I, descubierto durante unas restauraciones en los años sesenta. En 1400 el palacio fue adquirido por Berenguer de Aguilar y, con las reformas realizadas por sus descendientes, incorporó elementos de distintos estilos arquitectónicos. Destacan el patio central del siglo XV, la escalera descubierta y varios detalles del gótico flamígero. Por su parte el Palau del Baró de Castellet pasó por distintas familias nobles y burguesas catalanas. En 1797 recibió su nombre actual cuando Marià Alegre d’Aparici i d’Amat obtuvo el título de Baró de Castellet. Durante esa época se construyó un salón neoclásico con decoración de mármol y relieves barrocos. Tras la muerte del barón, el palacio fue heredado por el Hospital de la Santa Creu y, después de varios propietarios e inquilinos, pasó a manos del Ayuntamiento de Barcelona en los años cincuenta.
El Palau Meca conserva elementos históricos destacados, como artesonados policromados y techos decorados del siglo XIX. A lo largo de su historia perteneció a familias importantes de Barcelona, como los Cavaller y los Desplà, hasta pasar en el siglo XVI a Josep Meca Caçador, de quien tomó su nombre actual. Tras los daños sufridos en los bombardeos de 1714, el edificio fue reformado en el siglo XVIII. En el siglo XX fue utilizado por los Hermanos de la Doctrina Cristiana y, posteriormente, cedido al Ayuntamiento de Barcelona, tras cuya restauración se incorporó definitivamente al museo en 1982. Por su parte, la Casa Mauri fue construido sobre restos de antiguas estructuras romanas de la época de Barcino. Destaca por conservar una pequeña celosía de madera en la fachada, prácticamente única en Barcelona. A lo largo de su historia perteneció a distintas familias y sufrió varias reformas, especialmente la de 1872, cuando fue unida al Palau Finestres y pasó a tener usos industriales. En 1943 la adquirieron las confiterías Mauri y, desde 1999, forma parte del Museu Picasso.
Finalmente, el Palau Finestres fue construido sobre restos de una antigua necrópolis romana. Conserva elementos originales como el patio central con escalera exterior, salas con arcos góticos, ventanales tríforos y un valioso techo artesonado restaurado. A lo largo de los siglos sufrió varias reformas, especialmente en los siglos XV, XVII y XVIII, cuando se añadieron nuevas galerías y arcos. Tras pasar por distintas familias, el Ayuntamiento de Barcelona lo adquirió en 1970 y hoy se utiliza para las exposiciones temporales del museo.
En su interior el museo Picasso de Barcelona organiza sus salas siguiendo las distintas etapas de la vida y evolución artística de Pablo Picasso. Las primeras, las salas que van del 1 al 7, están dedicadas a sus años de formación y muestran cómo, desde muy pequeño, Picasso ya destacaba por su enorme talento para el dibujo y la pintura. Nacido en Málaga, era hijo de José Ruiz Blasco, profesor de arte y conservador de museo, quien influyó decisivamente en su educación artística. Tras vivir un tiempo en La Coruña, donde la familia se trasladó por motivos laborales del padre, los Ruiz Picasso se instalaron finalmente en Barcelona cuando Pablo tenía trece años. La ciudad vivía entonces una época de modernización y efervescencia cultural ligada al modernismo. Durante sus primeros años allí, Picasso comenzó a desarrollar su estilo realizando dibujos y paisajes urbanos y marinos, al mismo tiempo que ingresaba en la escuela de Bellas Artes de la Llotja.
En Barcelona conoció a varios amigos que serían fundamentales en su vida, como Carlos Casagemas o Jaime Sabartés, y empezó a frecuentar ambientes bohemios y artísticos. Los cafés, cabarets y barrios marginales de la ciudad despertaron en él un gran interés y terminaron influyendo en muchas de sus obras. Más adelante se trasladó a Madrid para estudiar en la academia de san Fernando, aunque pronto perdió interés por la enseñanza académica y prefirió dedicarse a estudiar por su cuenta a artistas como Velázquez, Goya o El Greco. Tras enfermar de escarlatina, pasó una temporada en Horta de Ebro junto a su amigo Manuel Pallarés. Esa estancia fue muy importante para su evolución artística, ya que allí encontró mayor libertad creativa y comenzó a buscar una expresión más personal. Cuando regresó a Barcelona abandonó definitivamente el ambiente académico y empezó a identificarse solo con el apellido Picasso.
Su vida se volvió cada vez más bohemia y se integró en los círculos modernistas de la ciudad, especialmente en el café Els Quatre Gats, donde celebró su primera exposición individual en 1900. También empezó a interesarse por el mundo nocturno, el circo y los personajes populares, temas que aparecerían más adelante en muchas de sus pinturas. Ese mismo año realizó su primer viaje a París junto a Casagemas. Allí descubrió las corrientes artísticas más innovadoras del momento y entró en contacto con el ambiente vanguardista de Montmartre. Además, conoció a Pere Mañach, quien se convertiría en su primer marchante. Esta experiencia marcó el inicio de su proyección internacional y de una nueva etapa decisiva en su carrera artística.
La segunda parte del Museo Picasso, correspondiente a las salas 8 a la 11, está dedicada a la etapa azul del artista, uno de los periodos más importantes y emotivos de su carrera. Esta fase comenzó tras la trágica muerte de su amigo Carlos Casagemas en 1901, un hecho que afectó profundamente a Picasso y marcó el inicio de una pintura más melancólica y cargada de tristeza. A partir de entonces, predominan en sus obras los tonos azules y los temas relacionados con la soledad, la pobreza y el sufrimiento humano. Durante esos años, Picasso alternó estancias entre Barcelona y París. En la capital francesa participó en exposiciones importantes y comenzó a relacionarse con galeristas, artistas y escritores que impulsaron su carrera. Sin embargo, también tuvo que regresar temporalmente a Barcelona debido al servicio militar. En esta etapa trabajó en distintos estudios de la ciudad y realizó obras como La casa blava o Terrats de Barcelona, además de colaborar como ilustrador en algunos periódicos.
Más adelante volvió a París y presentó varias pinturas de su época azul en exposiciones colectivas. Allí convivió con artistas y amigos como Juli González o Max Jacob, mientras su estilo evolucionaba cada vez más hacia la representación de figuras humanas y escenas emocionales. De regreso a Barcelona empezó a pintar La Vida, considerada una de las obras más importantes de este periodo. En 1904 decidió instalarse definitivamente en París, concretamente en el barrio de Montmartre, donde vivió en el famoso Bateau-Lavoir. Allí conoció a Fernande Olivier y comenzó una nueva etapa personal y artística. Poco a poco, el ambiente del circo y los personajes ambulantes, como arlequines y saltimbanquis, empezaron a aparecer en sus cuadros, anunciando el final de la etapa azul y el inicio del periodo rosa.
Con el paso de los años, Picasso siguió innovando hasta crear, junto a Georges Braque, el cubismo, uno de los movimientos más revolucionarios del arte moderno. Aunque vivía en París, continuó manteniendo una estrecha relación con Barcelona y regresó varias veces a la ciudad, como en el año 1917, cuando lo hizo acompañando a los Ballets Rusos de Serge Diaghilev. Para el espectáculo Parade, Picasso diseñó vestuario y escenografía con música de Erik Satie y libreto de Jean Cocteau. En esta época conoció a la bailarina Olga Khokhlova, con quien acabaría casándose en 1918. Durante esa estancia en Barcelona pintó El paseo de Colón desde la ventana de la pensión Ranzini y, pocos años más tarde, realizó su primera donación artística a Barcelona con la obra Arlequín, reforzando así el vínculo entre el artista y la ciudad.
Mención aparte merece la sala 12, espacio monográfico dedicado a la figura de Jaume Sabartés, el impulsor de la creación del museo Picasso de Barcelona. Se trata de una figura clave en la trayectoria personal y artística de Pablo Picasso. Nacido en Barcelona en 1881, Sabartés comenzó interesándose por la escultura y la poesía hasta que en 1899 conoció al genio en la capital catalana. Años más tarde, en 1935, pasó a convertirse en su secretario personal, consolidando una amistad marcada por la confianza y la complicidad mutua. La estrecha relación entre ambos quedó reflejada en numerosos retratos que Picasso realizó de Sabartés a lo largo de su vida, además de la abundante correspondencia que intercambiaron y que hoy conserva el museo.
Sabartés fue clave en la creación del Museu Picasso, inaugurado en 1963 gracias a su donación de obras del artista a Barcelona. Sin embargo, el museo abrió inicialmente con el nombre de colección Berenguer Aguilar, porque Picasso era una figura mal vista por el régimen franquista debido a sus ideas comunistas. El pintor murió en 1973 sin haber visitado nunca el museo. En esta sala se exhibe una selección de las más de seiscientas piezas pertenecientes al legado donado por Sabartés, especialmente destacado por su amplia colección de obra gráfica. Desde 1935, Picasso le obsequiaba de manera habitual con ejemplares dedicados de cada una de sus series gráficas como muestra de amistad. Gracias a ello, el museo posee actualmente una de las colecciones más completas de la obra seriada del artista.
Uno de los cuadros que más destaca de esta sala es ‘Pintor trabajando’, realizado en el periodo de entre 1963 y 1965, cuando Picasso atravesó un periodo de intensa creatividad en el que la pintura parecía dominar por completo su vida. En muchas de sus obras volvió al tema del pintor y el proceso de creación, como ocurre en “Pintor trabajando”. En esta etapa desarrolló un estilo más libre y espontáneo, con pinceladas rápidas y expresivas que transmiten fuerza y frescura. El jersey de rayas azules del personaje sugiere además un posible autorretrato del propio artista.
La cuarta parte del museo se distribuye entre las salas 13 y 16, las cuales están dedicadas a la serie de Las Meninas, la cual comenzó a tomar forma en 1957, durante la estancia de Picasso en Cannes. En ese momento, el artista decidió revisar la célebre obra de Velázquez desde una visión totalmente personal, reinterpretándola con un lenguaje artístico propio y distante del original. Entre agosto y diciembre realizó un total de cincuenta y ocho pinturas, muchas de ellas dedicadas a transformar y reinventar la composición clásica mediante nuevas formas, estructuras y combinaciones de color. Junto a estas reinterpretaciones, Picasso también creó otras obras relacionadas con su entorno y su vida cotidiana, como El piano, un retrato de Jacqueline Roque y varios paisajes inspirados en las vistas de la bahía de Cannes que observaba desde su ventana. A ello se suman diferentes representaciones del palomar, un motivo muy presente en esta etapa de su producción artística.
La última parte de la colección permanente del museo Picasso Barcelona es el conjunto de piezas cerámicas picassianas, distribuido en cuatro salas, las que van desde el A1 al A4. El primer acercamiento de Picasso al mundo de la cerámica tuvo lugar en 1946, durante una visita al taller Madoura en Vallauris, situado en la Costa Azul francesa y dirigido por Suzanne y Georges Ramié. Aquel encuentro despertó en el artista una fascinación inmediata por este antiguo arte ligado al fuego. Movido por su curiosidad y deseo constante de experimentar, decidió profundizar en sus técnicas y convertir la cerámica en una nueva vía de expresión dentro de su obra, ofreciéndole enormes posibilidades creativas.
Este descubrimiento coincidió con su regreso al Mediterráneo tras la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, el sur de Francia se convirtió en un lugar fundamental para él, hasta establecerse allí de manera permanente en los años cincuenta. La flexibilidad del barro le permitía transformar formas y crear nuevas imágenes, además de servir como soporte para la pintura. Una vez que dominó materiales y procedimientos propios de esta disciplina, como esmaltes, óxidos o engobes, comenzó a reinventar piezas tradicionales del taller Madoura.
Así, jarras, platos y vasijas adquirieron nuevas formas inspiradas en animales, escenas mitológicas mediterráneas y rostros humanos, llegando incluso a convertir fuentes y platos en representaciones de plazas de toros. El Museo conserva cuarenta y una obras cerámicas del artista. Estas piezas forman parte de la donación realizada en 1982 por Jacqueline Roque, viuda de Picasso, a la ciudad de Barcelona, un gesto que reafirmó el vínculo del pintor con este Museo.
La aparición de Jacqueline en la vida de Picasso en 1952 renovó su inspiración artística. Convertida en musa y después en su esposa, fue protagonista de numerosos retratos e influyó en su representación de la figura femenina, además de inspirar la serie de reinterpretaciones de Les femmes d’Alger basada en la obra de Delacroix. La influencia de Jacqueline también puede apreciarse en la serie de Las Meninas. Igual que los reyes aparecían vinculados al taller de Velázquez, Jacqueline acostumbraba a visitar el estudio de Picasso mientras trabajaba. Como reconocimiento a esa presencia discreta pero cercana, el artista le dedicó un retrato donde recrea el efecto de un espejo, evocando así la obra velazqueña. El fondo rojo recuerda las cortinas del cuadro original y el rostro de Jacqueline aparece duplicado, mezclando perfil y frontalidad, un recurso que Picasso utilizó en otras figuras de la serie.
Antes de abandonar la zona de la exposición permanente, merece la pena visitar el salón Neoclásico del palacio del Baró de Castellet. Aunque originalmente era un edificio gótico, a finales del siglo XVIII parte de su estructura fue reformada siguiendo el gusto neoclásico propio de la Ilustración. El propietario quiso adaptar la residencia a las nuevas corrientes estéticas de la época, incorporando una decoración refinada e influenciada por modelos franceses que probablemente conoció durante un viaje a San Petersburgo. El salón, decorado después de 1792, constituye uno de los escasos ejemplos de interiorismo neoclásico conservados en Barcelona. Su ornamentación reúne numerosos elementos característicos de este estilo: cornisas elaboradas, pilastras, superficies estucadas y doradas, relieves y esculturas de madera con figuras de putti y bustos de filósofos. Además, los espejos colocados estratégicamente generan una sensación de amplitud y profundidad visual.
Desde la creación del Museu Picasso este espacio ha tenido múltiples usos. Sin embargo, el paso del tiempo y la afluencia de visitantes acabaron deteriorando parte de la decoración original. Por ello, fue objeto de restauración, la cual se planteó con tres metas fundamentales: frenar el deterioro provocado por el uso continuado del espacio, realizar labores de limpieza y mantenimiento, y recuperar la esencia estética del conjunto eliminando intervenciones posteriores que alteraban el carácter original del siglo XVIII. El resultado final combina criterios técnicos y artísticos que han permitido devolver coherencia visual al salón, al mismo tiempo que se garantizan las condiciones necesarias para su conservación futura. Paralelamente, también se realizaron mejoras de conservación preventiva relacionadas con las infraestructuras del espacio. El recorrido por el museo termina en la zona dedicada a las exposiciones temporales.
Para más información sobre horarios, precios, exposiciones temporales, actividades, etc., acude a la web del Museu Picasso Barcelona o visita la página de turismo oficial de Turisme de Barcelona, donde encontrarás toda la información que necesites de éste y otros monumentos y sitios de interés de la ciudad:
Copyright© 2018 ESTurismo.