BARCELONA

SALAS 13 A 16: SERIE DE LAS MENINAS


La serie dedicada a Las Meninas ocupan en el museo Picasso Barcelona las salas que van desde la 13 a la 16. Esa serie de obras refleja la estrecha relación que Pablo Picasso mantuvo con la pintura clásica a lo largo de toda su trayectoria artística. En la sala 13 se exhiben diferentes pinturas que representan a pichones y palomas. Y es que, entre el 9 y el 16 de septiembre de 1957, Picasso dejó momentáneamente a un lado el estudio y la reinterpretación de Las Meninas para dedicar su atención al palomar situado en el balcón de su taller de La Californie, así como al paisaje lejano de la bahía de Cannes. A pesar de este cambio de enfoque, el propio artista siempre consideró estas obras como parte integrante de la serie Las Meninas.

La sólida formación académica que recibió durante sus primeros años, centrada en el dibujo y en el estudio de los grandes maestros, influyó decisivamente en su interés por reinterpretar obras fundamentales de la historia del arte. De este diálogo con el pasado surgieron versiones personales de cuadros tan emblemáticos como Mujeres de Argel de Eugène Delacroix, El almuerzo sobre la hierba de Édouard Manet o, el que nos ocupa ahora, Las Meninas de Diego Velázquez. En la sala 14 podemos ver un gran lienzo con el comenzó la reinterpretación de esta serie, desde una mirada completamente personal. La obra fue pintada justo después de realizar un boceto previo donde ya aparecían algunas de las ideas que más tarde desarrollaría, como el protagonismo exagerado del propio pintor y la relevancia otorgada a José Nieto, el aposentador situado al fondo de la escena. En esta pintura Picasso sustituyó el formato vertical por uno horizontal y dio mayor protagonismo al propio pintor, cuya figura aparece mucho más grande que en la obra clásica, ocupando el centro de atención, en detrimento de la infanta Margarita.

En el centro de la composición, justo donde convergen las líneas de perspectiva, a medida que la mirada avanza de izquierda a derecha, las figuras se vuelven más simples, planas y caricaturescas. Algunos personajes, como Nicolasito Pertusato, quedan reducidos prácticamente a una silueta. Esta simplificación también afecta al espacio, que se transforma mediante planos más esquemáticos y grandes ventanales por donde entra la luz. Con ello, Picasso parece enfatizar la importancia del artista y del acto creativo. Además, experimentó con la luz y el color mediante contrastes en blanco y negro y la incorporación de grandes ventanales inspirados en su taller de La Californie.

En las salas 15 y 16 podemos ver las distintas versiones de la serie, a lo largo de las cuales combinó composiciones complejas con otras más simples y abstractas, y en las que puede observarse cómo Picasso juega constantemente con las figuras de los personajes, el tratamiento de la luz, color y espacio, creando desde composiciones fragmentadas y complejas hasta otras mucho más simplificadas, donde las manchas de color y las formas básicas son suficientes para definir las figuras y el espacio.

La serie de Las Meninas que hoy expone el museo tiene su origen en 1957, mientras residía en Cannes, cuando Picasso decidió reinterpretar Las Meninas desde una perspectiva completamente propia, alejándose conscientemente del estilo de Velázquez. Entre agosto y diciembre de ese mismo año realizó un conjunto de cincuenta y ocho pinturas. La mayor parte de ellas se centra en desmontar y reconstruir la composición original del cuadro velazqueño, explorando nuevas formas, colores y estructuras. Además, incorporó otras obras independientes, como El piano y un retrato de Jacqueline Roque, pequeños paisajes inspirados en las vistas de la bahía de Cannes que contemplaba desde su ventana, además de varias representaciones del palomar (como ya vimos en la sala 13).

Picasso dedicó catorce de las cuarenta y cinco versiones de Las Meninas a la figura de la infanta Margarita María. Cuando Velázquez pintó Las Meninas en 1656, creó una de las representaciones más innovadoras de la monarquía realizadas hasta entonces. En el centro del cuadro situó a la infanta Margarita María Teresa de Austria, que apenas tenía cinco años y era considerada la principal esperanza de continuidad de la Corona española, ya que su hermano Carlos todavía no había nacido. Años después, aquel futuro rey sería conocido como Carlos II “el Hechizado” debido a su delicada salud. Sin embargo, en ese momento toda la atención recaía sobre Margarita, a quien Velázquez retrató con un vestido claro y una mirada directa que parecía dirigirse al espectador. Con el tiempo, aquella imagen acabaría convirtiéndose en uno de los grandes iconos de la historia de la pintura.

La vida de la infanta, sin embargo, estuvo lejos de ser libre o sencilla. Velázquez la retrató desde muy pequeña, incluso antes de cumplir los dos años, porque sus pinturas eran enviadas a diferentes cortes europeas. Viena era uno de los destinos principales, ya que allí residía su tío Leopoldo I, emperador del Sacro Imperio y futuro esposo de Margarita. Las complejas alianzas familiares de los Austria hacían habitual este tipo de matrimonios entre parientes: Leopoldo era hermano de Mariana de Austria, madre de Margarita y, al mismo tiempo, sobrina y esposa de Felipe IV. Desde su nacimiento, la infanta estaba destinada a convertirse en una pieza clave de la política europea y su enlace matrimonial serviría para reforzar la unión entre las ramas española y austríaca de los Habsburgo.

Como el príncipe Carlos era enfermizo y Margarita seguía siendo una posible heredera al trono, la boda con Leopoldo se retrasó hasta 1666. Ella tenía entonces quince años y el emperador veintiséis. Tras celebrarse el matrimonio por poderes en abril, la joven emprendió un largo viaje hacia Viena acompañada por una fastuosa comitiva. El recorrido se prolongó durante siete meses e incluyó una estancia en Barcelona, donde fue recibida con grandes ceremonias. Debido a problemas de salud, tuvo que permanecer allí cerca de un mes antes de continuar hasta la capital austríaca, a la que finalmente llegó el 5 de diciembre.

Pese a la diferencia de edad, parece que el matrimonio mantuvo una relación cordial y compartió intereses culturales, especialmente la afición por el teatro y la ópera. Margarita incluso impulsó la presencia de autores españoles en Viena. No obstante, su vida estuvo marcada por la tragedia. De sus cuatro hijos, únicamente María Antonia alcanzó la edad adulta. Uno murió siendo todavía un bebé y otro sobrevivió apenas unas horas. En 1673, mientras esperaba a su cuarto hijo, Margarita sufrió graves complicaciones durante el parto y falleció con solo veintiún años; el recién nacido tampoco sobrevivió. Sus restos descansan en la Cripta de los Capuchinos de Viena.

Así pues, la figura de la infanta Margarita María le sirvió a Picasso como punto de partida para la experimentación artística del pintor malagueño. A través de retratos de cuerpo entero y también de busto, Picasso explora libremente el color, las formas y los contrastes de luz. En estas reinterpretaciones alterna composiciones cercanas al cubismo con otras mucho más simplificadas, basadas en la fuerza de la línea y el color. El recorrido visual va desde tonos sobrios y casi monocromos hasta estallidos de colores intensos y una materia pictórica exuberante.

La mirada de la infanta adquiere un papel protagonista, igual que en la pintura de Velázquez. En uno de esos cuadros Picasso refuerza ese efecto destacando uno de los ojos con un intenso color rojo. Aunque el rostro aparece girado de perfil, la figura mantiene una mirada frontal, recurso característico de sus llamadas “caras-perfil”. El fondo, en cambio, queda difuso y apenas sugerido mediante manchas de color y leves indicios espaciales que acentúan el juego de luces y sombras alrededor del personaje.

En varias de estas obras, Picasso representa además el momento en que la menina María Agustina Sarmiento ofrece a la infanta el tradicional búcaro, una escena que había impresionado al artista desde sus visitas juveniles al Museo del Prado a finales del siglo XIX. Como curiosidad, el Musée Picasso de París conserva también una versión en cerámica de la infanta realizada en 1957, el mismo año que estos óleos.

Para más información sobre horarios, precios, actividades, etc., acude a la web del Museu Picasso Barcelona o visita la página de turismo oficial de Turisme de Barcelona, donde encontrarás toda la información que necesites de éste y otros monumentos y sitios de interés de la ciudad:

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