BARCELONA

SALAS 1 A 7: ETAPA DE FORMACIÓN DE PICASSO


Comenzamos el recorrido por el museo Picasso de Barcelona en las primeras salas, de la 1 a la 7, que tratan la etapa de su formación, Aquí se puede comprender mejor esos años artísticos iniciales de Pablo Picasso, puesto que el museo se ha consolidado como el principal espacio dedicado a comprender aquellos años, al albergar la colección más extensa de sus primeras creaciones. Entre las obras conservadas destacan las realizadas durante sus etapas en Málaga (ciudad que cuenta con el museo Picasso Málaga), La Coruña, Barcelona, Madrid y Horta de Sant Joan, piezas que reflejan tanto la rigurosa educación artística que recibió como la personalidad creativa que comenzaba ya a diferenciarlo. La colección también reúne numerosas obras juveniles que muestran cómo el artista absorbió con rapidez las corrientes más innovadoras de la Barcelona modernista y del París de la Belle Époque.

Así, en la sala 1 podemos ver uno de los numerosos autorretratos de esos primeros años del artista, una etapa en la que experimentaba constantemente con su imagen y su identidad como pintor. El Autorretrato con peluca, hecho aproximadamente entre 1898 y 1900 en Barcelona, fue realizado tras abandonar sus estudios académicos en Madrid y admirar en el Prado a maestros como Velázquez, Goya y El Greco. En ella aparece vestido al estilo del siglo XVII, utilizando una pincelada más libre y expresiva que se aleja del academicismo. Además, la obra deja ver parte de su proceso creativo mediante trazos inacabados y restos de pintura visibles en el fondo. Aun así, la figura destaca por la iluminación de los tonos blancos y grises de la peluca y el cuello, que llaman rápidamente la atención.

La obra El padre del artista (1896) fue realizada también en Barcelona y elaborada mediante óleo sobre tela, combinando además algunos trazos de lápiz de grafito. El cuadro tiene unas dimensiones de 41,5 × 29,5 centímetros, un formato relativamente reducido que aporta cercanía e intimidad a la representación. Mientras que “Azoteas de Barcelona” (1896), con unas dimensiones de 13,7 x 22,2 centímetros, el artista representa una vista urbana de los tejados de la ciudad, mostrando una escena sencilla pero llena de personalidad y atmósfera.

Cuando Picasso abandonó Barcelona de forma definitiva en 1904, todas las obras que había realizado hasta entonces permanecieron en casa de sus padres. Ellos se encargaron de conservarlas hasta el final de sus vidas. Más adelante, esa responsabilidad pasó a manos de su hermana Lola, quien continuó cuidando de la colección hasta su fallecimiento en 1958. Poco después, Picasso pidió a sus sobrinos que fotografiaran cada una de aquellas piezas con el objetivo de crear un inventario completo. La numeración asignada a esas fotografías acabaría utilizándose para catalogar las obras cuando ingresaron en este museo, manteniéndose todavía ese sistema de registro en la actualidad, como se puede ver en una muestra expuesta en una de las paredes de la habitación.

Pero quizás la obra que más destaca de esta sala es el retrato de Jaume Sabartés con gorguera y sombrero, el cual fue pintado por Picasso en 1939, durante su estancia en Royan, donde se refugió al comienzo de la II Guerra Mundial. La obra refleja la estrecha relación entre ambos, ya que Sabartés era entonces su secretario y amigo cercano. Picasso representó a Sabartés como un caballero inspirado en la época de Felipe II, aunque utilizando el estilo deformado y expresivo que caracterizaba su pintura en esos años. El artista exagera rasgos como la miopía y la palidez del modelo, aportando un tono irónico y personal al retrato. La pintura también destaca por sus colores sobrios, que recuerdan al Siglo de Oro español, y por las líneas suaves y curvas que acercan la obra al tipo de retratos que Picasso realizaba entonces de Marie-Thérèse Walter.

Entramos ya a la sala 2, en la que se habla que, desde muy temprana edad, Picasso demostró una gran inclinación hacia el dibujo, una afición que fue impulsada por su padre, José Ruiz Blasco, quien ejercía como profesor en la escuela de Bellas Artes y Oficios de san Telmo de Málaga. En 1891, la familia se mudó a A Coruña y allí el joven artista comenzó su formación académica en la escuela de Bellas Artes. Aunque seguía las enseñanzas tradicionales, paralelamente desarrolló obras más personales, tanto dibujos como pinturas al óleo, en las que reflejaba con libertad creativa los ambientes y escenas de su entorno cotidiano. Años más tarde, en septiembre de 1895, los Ruiz Picasso se establecieron en Barcelona, en una zona próxima al puerto. Picasso continuó entonces sus estudios en la escuela de Bellas Artes de Llotja, donde también trabajaba su padre como docente.

Formado dentro de la tradición académica del siglo XIX, José Ruiz Blasco, el padre de Pablo Picasso, se dedicó especialmente a pintar palomas, un motivo considerado agradable y acorde con el gusto de la época, lo que le permitió conseguir cierta clientela, aunque no logró el reconocimiento oficial que buscaba. No resulta extraño que esta temática, que su padre trabajó de forma casi constante, quedara profundamente fijada en la memoria visual de Picasso, quien llegó a representar esta ave en diferentes etapas de su carrera artística.

Durante el periodo de formación de Picasso en La Coruña, el artista todavía seguía modelos académicos, pero ya empezaba a destacar por la fuerza expresiva de sus obras. En retratos como “Hombre con boina”, “Viejo” y “Hombre con barba”, se aprecia su interés por captar la personalidad de los modelos más allá de la simple representación. En aquella primera obra el artista se centra especialmente en el rostro, resaltando la dureza de la piel, la barba y la mirada, mientras deja en segundo plano la vestimenta. También experimenta con formatos y soportes, como en el caso de la pandereta utilizada en otra de sus obras. En conjunto, este retrato muestra el temprano interés de Picasso por el retrato y su evolución hacia una mayor expresividad, rasgo que mantendría a lo largo de toda su carrera.

Durante la etapa en que estudió en la Escuela de Bellas Artes de Llotja, Picasso realizó numerosas academias centradas en el dibujo del natural y en la copia de esculturas y modelos pictóricos, prácticas habituales en la enseñanza artística de la época. Al mismo tiempo, produjo varios óleos inspirados tanto en el paisaje marítimo como en la vida urbana barcelonesa, temas que le permitían experimentar con la pintura al aire libre y alejarse de la estricta disciplina académica. Siguiendo las normas de la formación oficial, en 1896 presentó su primera obra de gran relevancia, Primera Comunión, en la III Exposición de Bellas Artes e Industrias Artísticas de Barcelona, donde compartió espacio con artistas ya consolidados.

Esta obra fue realizada por Picasso en el taller de José Garnelo, donde continuó su formación artística por indicación de su padre. El tema, de carácter religioso, probablemente fue elegido por Garnelo y José Ruiz para participar en una exposición oficial, ya que este tipo de obras solían ser bien valoradas en ese contexto. La escena sigue un esquema académico y muestra a la hermana del pintor, Lola, en el momento de su comunión, acompañada por sus padrinos y un monaguillo. Las figuras están organizadas en distintos planos para crear profundidad y equilibrio compositivo. La iluminación, los detalles textiles y el uso del color reflejan un buen dominio técnico a pesar de la juventud del artista. Predominan tonos cálidos que contrastan con el blanco del vestido de la niña, reforzando el carácter religioso de la escena. El museo conserva también bocetos preparatorios donde Picasso estudió algunos de los personajes del cuadro.

Llegamos ya a la sala 3, en la que destaca la pintura Ciencia y Caridad (1897), realizada por el genio con la intención de destacar en el ámbito artístico español. La obra, de estilo realista y propia de su etapa juvenil, fue presentada en la Exposición General de Bellas Artes de Madrid, donde recibió una mención honorífica. El tema fue sugerido en gran parte por su padre, José Ruiz, quien eligió una escena que combinara medicina y caridad, siguiendo los gustos de los jurados de la época. Él mismo posó como modelo del médico y ayudó a su hijo a trabajar en mejores condiciones alquilando un estudio. Aunque Picasso se ajustó al academicismo para lograr una escena realista, la obra presenta cierta artificialidad en el ambiente y en los personajes. Aunque los bocetos muestran las dificultades del proceso creativo y los cambios en la composición, el retrato del médico destaca por su calidad psicológica. Algunos detalles, como las manchas en la pared o el marco decorativo, aportan un sentido más simbólico y crítico dentro de la escena.

En la sala 4 se habla de las obras que Picasso realizó a finales del 1899, cuando regresó desde Horta de Sant Joan a Barcelona y, a partir de entonces, comenzó a sumergirse por completo en los ambientes artísticos y literarios de vanguardia conocidos como modernistas. Su principal punto de encuentro fue la taberna Quatre Gats, que fue inaugurada en 1897 en la calle Montsió. Allí, en febrero de 1900, el artista realizó su primera exposición individual, además de diseñar el cartel del menú.

En esta etapa, la obra de Picasso se centró especialmente en la figura humana, con un interés particular por el retrato. Con el tiempo, los modelos familiares van dejando paso a amigos y a personajes anónimos que encuentra en la calle. Al mismo tiempo, continuó explorando escenas urbanas y paisajes, incluyendo un motivo que repetirá a lo largo de su carrera: la vista del paisaje desde una ventana.

También retomó temas que ya había trabajado en su formación académica, como la enfermedad y la muerte, aunque ahora los representara con una técnica mucho más libre y espontánea.

Una de las obras que más destaca de esta sala es “Lola, hermana del artista, en el estudio de la Riera de Sant Joan” (1900). Dolores Ruiz Picasso, o simplemente Lola, fue una modelo habitual en la formación de Picasso, especialmente en retratos donde el artista empezó a alejarse del estudio psicológico para centrarse en la experimentación formal. En el contexto del modernismo barcelonés y el ambiente de Els Quatre Gats, Picasso se inspiró en referentes como Ramón Casas y en artistas europeos difundidos por revistas de la época, mostrando interés por corrientes como la de Edvard Munch. En esta obra en particular, la composición se organiza en torno a la ventana y a la figura de Lola, que separan el espacio interior del exterior mediante el uso del color y la luz. El interior es más oscuro y cerrado, mientras que el exterior destaca por una luz amarilla intensa e irreal. Aunque aún se perciben rasgos modernistas, el tratamiento de la figura y del espacio marca una transición hacia un estilo más innovador, donde la línea pierde importancia y el rostro de Lola aparece prácticamente desdibujado.

Ahora llegamos a la sala 5: en el otoño de 1900 el pintor viajó por primera vez a París junto a su amigo Carles Casagemas. Allí tuvo un contacto directo con las nuevas corrientes de la pintura moderna, especialmente con el impresionismo, lo que supuso una gran influencia para él. Durante esa estancia inicial, Picasso se dedicó a observar la vida cotidiana que le rodeaba, representando en sus obras el ambiente nocturno de París, sus personajes y su atmósfera característica. Estos temas se convirtieron en el eje principal de su producción artística en ese periodo, tanto en la capital francesa como posteriormente tras su regreso a Barcelona. Meses más tarde, en la primavera de 1901, volvió a París para participar en su primera exposición en la ciudad, celebrada en la reconocida galería de Ambroise Vollard, donde reunió sesenta y cuatro óleos y varios dibujos. En esta muestra presentó obras como La nana y La espera (Margot). En ellas se aprecia su exploración de un estilo cercano al de los neoimpresionistas y postimpresionistas, visible en el uso de pinceladas cortas, intensas y dinámicas, a veces delineadas con contornos oscuros.

Y precisamente la obra La espera (Margot), cuyo lenguaje pictórico también se repite en La nana, la podemos ver en la sala 6, en ella aparece una joven cuya identidad se desconoce, aunque el propio Picasso explicó que se trataba de una mujer que veía en un café, sin mayor relación personal. La obra destaca por su atmósfera nocturna y por una posible referencia a la adicción a la morfina, un tema ya tratado por otros artistas de la época. En lo técnico, Picasso experimenta con influencias del divisionismo y de Van Gogh, usando pinceladas intensas y colores vivos, especialmente el rojo, lo que anticipa rasgos del fauvismo. La exposición tuvo un éxito moderado y parte de las obras se vendieron. La espera pasó por varias colecciones privadas antes de integrarse finalmente en el museo en 1963.

La sala 7 es la última dedicada a la etapa de la formación de Picaso. Aquí podemos ver, entre otras obras, el dibujo de “La Chata” (1899), realizado con carboncillo, acuarela y gouache sobre papel. Lola la Chata fue conocida por dirigir un prostíbulo de la época. La obra, cargada de fuerza expresiva y una vibrante paleta de colores, refleja el estilo más emocional y atrevido del artista.

En esta sala también podemos comprobar la relación entre el pintor malagueño y el mundo del cómic, un vínculo poco conocido, pero sorprendentemente profundo. Aunque las primeras obras de Picasso surgieron casi al mismo tiempo que nacía la tira cómica en Estados Unidos, durante mucho tiempo se pensó que ambos universos no tenían conexión, sin embargo, sí compartían numerosas afinidades. Y es que, desde muy joven, Picasso mostró interés por combinar dibujo y narración.

Con apenas trece años ya creaba pequeños periódicos ilustrados en los que mezclaba imágenes y textos. Más adelante comenzó a fascinarse por los cómics estadounidenses, especialmente por personajes y series populares como Krazy Kat o The Katzenjammer Kids. Veía en ese lenguaje cercano y popular una forma de romper con las normas rígidas del arte académico. Esa influencia se reflejó poco a poco en su manera de trabajar: en lugar de centrarse únicamente en imágenes aisladas, empezó a experimentar con secuencias visuales y divisiones del espacio similares a las viñetas de una historieta. Además, utilizó ese recurso con una intención política en Sueño y mentira de Franco (1937), una serie de grabados en la que caricaturiza al dictador franquista mediante escenas de fuerte carga crítica.

Para más información sobre horarios, precios, actividades, etc., acude a la web del Museu Picasso Barcelona o visita la página de turismo oficial de Turisme de Barcelona, donde encontrarás toda la información que necesites de éste y otros monumentos y sitios de interés de la ciudad:

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