Situado en pleno barrio Gótico se encuentra este espacio amplio y lleno de gente, lo que contrasta enormemente con las callejuelas estrechas del entorno. La avenida de la Catedral suele estar animada, ya que no es raro encontrar músicos, artistas callejeros y turistas paseando o descansando en sus terrazas. Es un buen sitio para parar un momento antes de seguir explorando, porque desde ahí puedes moverte fácilmente hacia la Plaça del Rei o a Plaça de Sant Jaume, o caminar unos minutos hasta La Rambla. Evidentemente, esta gran plaza toma el nombre de la Catedral de Barcelona, situada justo en frente y dominando todo el lugar. Pero vayamos poco a poco descubriendo cada rincón de este lugar barcelonés.
Para ello comenzamos desde su extremo suroeste, desde la Plaça Nova, un espacio que surgió tras la demolición de construcciones cercanas para facilitar la canalización del agua procedente de la sierra de Collserola, lo que dio origen a su denominación de “Nova” o “Nueva”. El origen de la plaza se remonta a 1358, cuando acogía el antiguo mercado de la paja. Incluso entonces, los habitantes de la ciudad ya podían contemplar una de las cuatro puertas de acceso a la Barcelona romana. Esa entrada, la antigua Puerta Praetoria (la única que ha sobrevivido de aquel muro) estaba flanqueada por dos torres circulares que aún hoy se conservan, cuyas bases datan de entre los siglos I a.C. y IV d.C. Aquella puerta situada al noroeste de la antigua Barcino era el acceso principal a la ciudad a través del Decumanus Maximus, una de sus vías más importantes, que hoy correspondería a las actuales calles del Bisbe y de la Ciutat.
Con el paso del tiempo una de las torres semicirculares quedó incorporada a la Casa de l’Ardiaca y la otra al Palacio Episcopal. Estas torres, levantadas con la técnica romana del opus quadratum, fueron elevadas y reutilizadas durante la Edad Media. Ya en el siglo XVII, se abrieron ventanas en su estructura y se unieron mediante un arco que permaneció en pie hasta el siglo XIX, junto con otras construcciones de estilo barroco. Anexa a una de las torres se puede observar el arco de un antiguo acueducto romano, que fue reconstruido en 1958 a partir de restos hallados bajo el suelo, para señalar uno de los puntos por los que llegaba el agua a la ciudad. Además, destaca una pequeña hornacina que alberga una imagen de san Roque del siglo XVI, considerado protector frente a las epidemias.
El palacio Episcopal fue ampliado entre los años 1782 y 1784 con la construcción de un nuevo edificio orientado hacia la actual plaza. Esta ampliación fue impulsada por el obispo Gabino Valladares y diseñada por los hermanos Josep y Pau Mas Dordal. Su fachada neoclásica destaca por un frontón triangular, bajo el cual se sitúa el escudo del propio obispo. En su origen, los espacios entre las ventanas estaban decorados con pinturas de Francesc Pla, conocido como “el Vigatà”, aunque hoy en día solo se ha podido recuperar una de ellas. Este mismo artista también es autor de las pinturas del salón del Trono, donde se representan escenas del Antiguo Testamento. Por otro lado, las tribunas del edificio evocan la forma de un “coche detenido”, haciendo referencia a los antiguos carruajes cubiertos, tal como señaló el escritor Lluís Permanyer.
Si se observa el lado opuesto de la plaza, aparece el edificio del Col·legi d’Arquitectes de Barcelona. Su rasgo más característico son los frisos diseñados por Picasso y ejecutados con técnica de chorro de arena por Carl Nesjar: el de los niños en la calle dels Arcs, el de los gigantes en la propia plaza y el de la senyera en la calle Capellans. Caminamos ahora entre las torres cilíndricas y nos topamos, al otro lado de la muralla romana, la Casa de l’Ardiaca, donde aún pueden contemplarse restos arqueológicos que conectan con el pasado de la ciudad. En el exterior, la fachada principal guarda otra curiosidad: a finales del siglo XIX, cuando el colegio de Abogados ocupó el edificio, se encargó al arquitecto Lluís Domènech i Montaner el diseño de un buzón muy singular. Este elemento modernista está cargado de simbolismo: las golondrinas representan la libertad de la justicia, mientras que una tortuga alude a la lentitud de los trámites burocráticos.
Al acceder a su patio interior, se descubre un espacio donde conviven distintas etapas históricas y estilos arquitectónicos. Este edificio, que desde el siglo XII fue residencia de los arcedianos dentro de la jerarquía eclesiástica, ha sufrido numerosas transformaciones a lo largo del tiempo. Una de las más importantes tuvo lugar a comienzos del siglo XVI, cuando se integró la llamada casa del Decano y se configuró el patio central con galerías porticadas. De esa época también proceden los elementos decorativos renacentistas que se superponen a la estructura gótica original del edificio.
Desde aquí una escalera conduce a una terraza elevada con una balconada que recuerda a los estilos más pintorescos del Renacimiento. En la parte posterior del edificio se puede observar cómo uno de sus muros forma parte de la antigua muralla romana de la ciudad, integrada en la construcción posterior. La imagen de la ventana izquierda formó parte de “Intramuros”, una intervención creada para conmemorar el centenario del edificio como monumento nacional, expuesta entre junio y diciembre de 2024 aquí, en el Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona, función que la Casa del Arcediano realiza desde 1921. Hoy “El rostro continuo” se presenta como una obra independiente que interactúa con el espectador. Reúne 103 retratos de trabajadores del Archivo desde los años 20 hasta la actualidad. Al desplazarse frente a la imagen, esta se transforma, invitando a una observación activa. La obra configura así el retrato colectivo de un ser inexistente (como el futuro), construido a partir de décadas dedicadas a preservar la memoria del Archivo.
De nuevo en el exterior, a la derecha haciendo esquina y adosada a la Catedral, se levanta la capilla de santa Lucía, un edificio de estilo románico levantado en el año 1268. En su origen estuvo dedicada a la Virgen y a las Santas Vírgenes, aunque con el paso del tiempo solo se ha mantenido la advocación a santa Lucía. Su fachada, rematada por una espadaña, presenta rasgos típicos del románico, destacando la portada en la que se combinan pilares y columnas. En los capiteles pueden apreciarse escenas esculpidas de la Anunciación y la Visitación. El interior presenta un ábside recto cubierto por una bóveda de cañón apuntada. Destacan una pila de mármol y el sepulcro de Francesc de Santa Coloma, ambos del siglo XIV, y en la fachada se conserva una “cana”, antigua medida catalana.
Ahora nos dirigimos a la Pla de la Seu, desde donde podemos ver la imponente fachada de la catedral de la Santa Cruz y Santa Eulàlia, sede del arzobispado de Barcelona y uno de los edificios más antiguos y emblemáticos de la ciudad. Su construcción se inició en 1298 por mandato del rey Jaime II, levantándose sobre el mismo emplazamiento donde anteriormente existieron una catedral románica y otra paleocristiana. Aunque el claustro se completó en 1448, la fachada diseñada en el siglo XV no llegó a realizarse en ese momento. No fue hasta 1887 cuando el empresario Manuel Girona decidió financiar su construcción siguiendo el proyecto original. Más adelante, entre 1906 y 1913, se añadieron las torres y el cimborrio, rematado con una escultura de santa Elena, figura de especial devoción para la familia Girona.
El edificio presenta la típica estructura de las iglesias góticas, con planta en forma de cruz, tres naves, girola y crucero. Dispone de cinco accesos, siendo la puerta de San Iu, construida en 1298, la más antigua y durante siglos la entrada principal. En cuanto a sus dimensiones, la catedral presenta unas proporciones imponentes: en su exterior alcanza aproximadamente 93 metros de longitud y 40 metros de anchura, mientras que la nave central se eleva hasta los 28 metros de altura. Sus torres campanario llegan a los 54 metros, y el cimborrio sobresale aún más, con unos 70 metros en el exterior, aunque en su interior se percibe con una altura de 41 metros. En cuanto al espacio interior, sin tener en cuenta las capillas laterales, el templo mide unos 79 metros de largo por 25 de ancho. Cada capilla se abre mediante accesos de unos 9 metros de alto y 5 de ancho, con una profundidad cercana a los 6 metros. La nave principal, más amplia y elevada, alcanza los 13 metros de anchura y se alza hasta los 26 metros, mientras que las naves laterales son más estrechas, con 6 metros de ancho y una altura de 21 metros. Por su parte, los pilares que sostienen la estructura se elevan unos 15 metros desde el suelo hasta el arranque de los arcos.
Las nueve capillas con que cuenta están decoradas con grandes vidrieras, además de un falso triforio que permite contemplar de cerca las claves de la bóveda. En total la catedral cuenta con un conjunto de 215 claves de bóveda que se remontan a los siglos XIV y XV. Estas piezas fueron restauradas en 1970, momento en el que se descubrió que originalmente estaban decoradas con policromía. En la nave central se pueden observar diversas representaciones en ellas, comenzando desde el presbiterio son : la de Cristo crucificado acompañado por la Virgen y san Juan, con los símbolos del sol y la luna; la siguiente está dedicada a santa Eulalia que está representada junto al escudo de Blanca de Nápoles, esposa de Jaume II, fechada en 1320; a continuación la Virgen de la Misericordia protegiendo bajo su manto a figuras de distintos estamentos, tanto eclesiásticos como nobles, obra de 1379; le sigue la de la Anunciación (1379), después la clave con la representación de un obispo con diáconos, identificado como Pere Planella, y finalmente la clave con el Padre Eterno rodeado de ángeles realizada en 1418 por Pere Joan. En otros puntos del templo destacan representaciones de santa Eulalia en la cripta, san Pedro junto a la puerta de san Ivo y san Juan con el águila en la salida del claustro.
También destaca el altar de mármol consagrado en 1337, sostenido por capiteles del siglo VI procedentes de la antigua catedral paleocristiana, y el coro iniciado en 1390, cuya sillería constituye uno de los conjuntos escultóricos góticos más relevantes de Cataluña. A comienzos del siglo XVI, Joan de Borgonya decoró este espacio con los escudos de los caballeros de la Orden del Toisón de Oro, reunidos en Barcelona en 1519 por orden del emperador Carlos V. El claustro, uno de los rincones más visitados, fue construido entre los siglos XIV y XV. Se puede acceder tanto desde el exterior, a través de las puertas de la Piedad y de Santa Eulàlia, como desde el interior mediante una puerta románica que probablemente pertenecía al templo anterior. Su planta cuadrada alberga un jardín con palmeras, magnolias, un naranjo y una fuente central. En él viven trece ocas, símbolo de santa Eulàlia, que tenía esa edad cuando fue martirizada. Junto al claustro, cerca de la capilla de santa Lucía, se sitúa la sala Capitular, actualmente convertida en espacio museístico. En sus orígenes fue el comedor de los pobres, hoy conserva importantes obras escultóricas y pictóricas, como una pila bautismal del siglo XI, una escultura de Santa Eulalia de Giuliano di Nofri, la Piedad de Bartolomé Bermejo, etc.
La cripta de la catedral se sitúa bajo el presbiterio y se llega a ella descendiendo por una amplia escalinata. El espacio está cubierto por dos tramos de bóveda de crucería, en cuya clave principal aparecen esculpidas las figuras de la Virgen y de santa Eulalia. En el centro se encuentra el sepulcro de santa Eulalia, elaborado en mármol blanco, que fue inaugurado en 1339 durante una solemne ceremonia en la que se trasladaron sus reliquias. Durante mucho tiempo se desconoció quién había sido el autor de esta obra, pero hoy se sabe que fue diseñada en el segundo cuarto del siglo XIV por el maestro Lupo di Francesco, procedente de Pisa. El sarcófago está decorado con relieves en todas sus caras que narran episodios de la vida y el martirio de la santa. En la tapa, por un lado, se representa el traslado de sus restos al sepulcro gótico en 1339, mientras que en la parte posterior se muestra la elevación de su alma al cielo. Sobre el conjunto se alza la figura escultórica de santa Eulalia, acompañada por dos ángeles.
La capilla del Santísimo y del santo Cristo de Lepanto, construida en 1407 por Arnau Bargués, fue en su día la sala capitular. Más tarde se convirtió en mausoleo de san Olegario. De planta rectangular y cubierta con una bóveda estrellada, alberga un sepulcro barroco del santo y el Cristo de Lepanto, del siglo XVI. En la actualidad, este espacio está destinado exclusivamente al culto, por lo que no se permite el acceso durante las celebraciones ni la toma de fotografías. Por último, desde la capilla de los santos Inocentes, junto a la puerta de san Ivo, se accede a las terrazas mediante ascensor. Desde este punto elevado se contemplan las torres campanario, los pináculos, el cimborrio coronado por la cruz sostenida por santa Elena, así como el propio claustro y una amplia vista de la ciudad de Barcelona.
De vuelto a la avenida de la Catedral, en un costado de la plaza se encuentra el museo Diocesano que conserva una amplia colección de más de 3.000 obras que incluyen esculturas, pinturas y objetos religiosos, abarcando desde la época romana hasta el siglo XXI. El recorrido del museo integra también elementos históricos destacados, como una torre y parte de la muralla romana del siglo IV. Fundado en 1916 en el seminario Conciliar del Eixample, el museo ha sabido adaptarse al paso del tiempo incorporando aportaciones artísticas contemporáneas, como la intervención del escultor Josep Plandiura en su fachada. Distribuido en tres plantas, ofrece tanto exposiciones temporales centradas en la relación entre fe y cultura, como una exposición permanente dedicada a la evolución histórica de Barcelona.
En la calle de los Condes, desde la cual poder observar el escudo de la Inquisición Española situada en la pared de la Catedral, se encuentra el Museu Frederic Marès que se organiza en dos grandes secciones: la colección de Escultura y el gabinete del Coleccionista. La primera reúne esculturas españolas desde la época prerromana hasta el siglo XIX, con especial presencia de arte medieval, gótico, renacentista y barroco. La segunda muestra objetos de la vida cotidiana entre los siglos XV y XIX. Además, dentro del museo destacan varias salas temáticas: la sala Femenina, con accesorios y moda del mundo romántico; la sala de las Diversiones, dedicada a juguetes y formas de ocio antiguas; y la sala del Fumador, con una colección de pipas de diferentes estilos y materiales.
Para más información sobre horarios, precios, conciertos, actividades, etc., de los diferentes monumentos y lugares de interés de la Avinguda de la catedral visita la página de turismo oficial de Turisme de Barcelona, donde encontrarás toda la información que necesites de estos y otros sitios de interés de la ciudad:
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