BARCELONA

EL CORAZÓN HISTÓRICO DE BARCELONA


El actual Barrio Gótico, que forma parte del distrito de Ciutat Vella (Ciudad Vieja), ocupa el lugar donde se encontraba el centro de la antigua ciudad romana de Barcelona. Aquí se situaba el foro donde se cruzaban las dos vías principales de la ciudad, el Cardo y el Decumano, que hoy corresponden aproximadamente a las calles del Bisbe y Llibreteria. Lo que en su origen fue el núcleo de la Barcelona romana y posteriormente medieval, se ha convertido hoy en el verdadero corazón de la Barcelona contemporánea. Sus estrechas calles y pequeñas plazas forman un laberinto lleno de historia donde conviven huellas de diferentes épocas. A nivel práctico, debido a que es una zona pequeña y densa, se puede recorrer a pie en unas dos o tres horas.

Quizás por ello, en esta zona se encuentran algunos de los edificios más importantes de la ciudad, como el Ayuntamiento, el Palau de la Generalitat, la Catedral, la iglesia de Santa Maria del Pi, etc., así como la antigua Judería, localizada cerca de la plaza Sant Jaume, que constituye un entramado de callejuelas muy estrechas donde todavía se conserva parte de lo que fue una de las sinagogas más antiguas de Europa. En definitiva, se trata de un barrio cargado de historia, que parece transportar a quienes lo recorren a tiempos pasados y que vamos a ir descubriendo poco a poco.

Para ello, proponemos un recorrido comenzando desde su extremo norte. Escondido entre edificios modernos, se encuentra el antiguo monasterio de Santa Anna (del que hoy sólo se conservan algunos restos), cuya iglesia se levantó entre los siglos XIII y XV, mientras que el claustro y la sala capitular datan del siglo XV. La iglesia es el elemento principal del complejo, cuyo origen responde a una estructura románica, aunque con el paso del tiempo fue transformándose mediante importantes intervenciones góticas que le dieron su aspecto actual. Presenta una planta en forma de cruz con un ábside cuadrado, cubierto originalmente en el siglo XIII por una bóveda de cañón apuntada. La puerta gótica que da acceso al templo data aproximadamente del año 1300.

Durante el siglo XIV se amplió la nave, que pasó a ser más larga y se cubrió con una bóveda gótica de crucería. Un siglo más tarde se inició la construcción de un cimborrio sobre trompas que quedó sin finalizar. Ya en el siglo XX, después de la Guerra Civil, esta parte fue reconstruida utilizando obra de ladrillo. Junto al ábside, en el lado izquierdo, se encuentra la Capella dels Perdons, construida en el siglo XIV. En el interior también destaca el sepulcro del caballero noble Miquel de Boera, una escultura en piedra realizada en 1538, así como las pinturas contemporáneas de la Capella del Santíssim, creadas por el artista Pere Pruna (1904-1977).

El claustro se sitúa junto a la nave principal de la iglesia. Tiene dos niveles y una planta rectangular: en la galería inferior aparecen arcos apuntados, mientras que en el piso superior los arcos son rebajados. Conectada con el claustro se encuentra la sala capitular, de planta cuadrada, caracterizada por arcos en las esquinas y una bóveda de forma octogonal. Como nota curiosa hay que señalar que antiguamente, la iglesia fue sede de la Orden del Santo Sepulcro y atraía a peregrinos que buscaban el perdón de sus pecados, equivalente al peregrinaje a Jerusalén. Una bula papal concedía indulgencias a quienes visitaban la capilla de santa Ana el 16 de marzo. El templo permanece abierto al público durante las celebraciones litúrgicas, mientras que fuera de esos momentos, es necesario comprar una entrada para poder acceder al recinto.

Delante de la iglesia se colocó en 2019 la escultura “Jesús sin techo” (Jesus Homeless), creada por el escultor canadiense Timothy Schmalz en 2017. Esta obra es una réplica de la pieza original realizada en 2013 e instalada en el Regis College de la Universidad de Toronto (Canadá). La escultura muestra a Jesús de Nazaret tumbado en un banco, cubierto con una manta que hace que apenas se distinga el rostro y con los pies descalzos, en los que se aprecian las marcas de la crucifixión. Es una imagen pensada para llamar la atención sobre la realidad y la vulnerabilidad de las personas que viven sin hogar.

Otro de los elementos destacables que vemos en este patio es la creu de termino d'Almatret, una copia de una pieza renacentista realizada en 1608 que en origen se encontraba señalando el límite municipal de la localidad del Segrià. Las llamadas cruces de término eran monumentos de piedra que solían colocarse en los caminos de acceso a las ciudades para marcar sus límites. Con el inicio de la Guerra Civil, el escultor Apel·les Fenosa decidió retirarla y trasladarla al monasterio de Sant Cugat para protegerla. Al terminar el conflicto quedó olvidada, y como nadie conocía su origen, el rector de Santa Anna decidió instalarla en la plaza frente a la iglesia, donde fue inaugurada en 1944. Finalmente, en 2005 se decidió devolverla a su ubicación primitiva en la plaza Mayor de Almatret y desde 2006, la cruz que puede verse frente a esta iglesia no es la original, sino una reproducción fiel de aquella obra histórica.

A pocos pasos, en la actual plaza Vuit de Març, encontramos los restos del acueducto romano de Barcelona, único fragmento que se conserva que salió a la luz de manera fortuita en 1988, tras el derribo de un edificio en la calle Duran i Bas. Este hallazgo corresponde a cuatro arcos que se mantienen en bastante buen estado, aunque integrados como parte de la pared medianera del edificio colindante. En época romana, la colonia de Barcino recibía agua a través de dos acueductos que convergían en la actual plaza Nova. Uno de ellos transportaba el agua desde el río Besòs, a la altura de lo que hoy es Montcada i Reixach, mientras que el otro probablemente procedía de la sierra de Collserola.

El acueducto de Montcada, al que pertenecen los arcos conservados, fue construido en el siglo I y superaba los 11 kilómetros de longitud. Esta obra hidráulica, esencial para garantizar un suministro constante de agua, permaneció en uso hasta los siglos IX y X, cuando fue reemplazada progresivamente por el Rec Comtal. Los restos descubiertos en 1988 abarcan unos 20 metros y han sobrevivido gracias a su reutilización como parte estructural de los edificios números 12 y 14 de la calle Duran i Bas, levantados en el siglo XIX. En los últimos años se han encontrado restos menores del acueducto en distintos puntos de la ciudad, como cimientos, canalizaciones y una cisterna en la Casa de la Ardiaca. También se sabe que aún existía otro tramo hasta finales del siglo XVIII entre Trafalgar y Sant Pere de les Puel·les.

Hacia el sur, en el lado contrario a la plaza, se encuentra una curiosa obra conocida popularmente como “Mural del beso”, aunque su nombre oficial es “El mundo nace en cada beso” de Joan Fontcuberta. La obra, que muchos visitantes pasan por alto, aunque cada vez son más los viajeros de todo el mundo que lo buscan de forma intencionada, tiene una historia muy especial detrás. Fue creada en 2014 para conmemorar el tricentenario de los acontecimientos de 1714 en Barcelona, para lo cual, el fotógrafo, en colaboración con un conocido periódico, lanzó una iniciativa en redes sociales invitando a la gente a compartir imágenes que reflejaran sus propios “momentos de libertad”. La respuesta fue enorme: se recopilaron miles de fotografías que, posteriormente, se transformaron en pequeños azulejos de la mano de una de las sagas de ceramistas más destacadas de Cataluña: la familia Cumella.

En total, unas 4.000 imágenes componen este gran fotomosaico de ocho metros de ancho y casi cuatro de alto, organizado en una estructura de 80 columnas por 50 filas. Al observarlo desde lejos, se distingue claramente la imagen de un beso, pero al acercarse se descubren los detalles individuales: escenas de viajes, celebraciones, saltos, gestos de cariño, banderas o deportes, entre muchas otras. Aunque en un principio se pensó como una instalación temporal, la gran acogida que tuvo hizo que el Ayuntamiento decidiera mantenerla de forma permanente. Lo más interesante es contemplarla desde distintas perspectivas: a distancia o de cerca, apreciando cada pequeña fotografía. Por otro lado, se ubica en una plaza que honra a Isidre Nonell, admirado por Picasso. Para enriquecer aún más su significado, la obra se complementa con una reflexión del escritor estadounidense Oliver Wendell: "El ruido de un beso no es tan ensordecedor como el de un cañón, pero su eco dura mucho más".

El Real Círculo Artístico de Barcelona, fundado en 1881, es un importante punto de encuentro cultural que ocupa dos edificios históricos del siglo XVI. A lo largo del tiempo ha impulsado la difusión artística a nivel local e internacional, acogiendo a figuras destacadas como Picasso, Urgell o Casas. En la actualidad sigue activo con numerosas actividades, en una zona históricamente vinculada a residencias destacadas de la ciudad. La historia del edificio se remonta a una época en la que esta zona cercana a la Catedral concentraba algunas de las residencias más destacadas de la ciudad. Entre los espacios más destacados de su interior se encuentra el llamado salón de las Cuatro Estaciones, una estancia principal presidida por cuatro elegantes esculturas femeninas creadas en 1968, cada una representando simbólicamente una estación del año.

También sobresale el salón de los Atlantes, de inspiración neoclásica, cuyo hallazgo fue completamente fortuito: permanecía oculto tras unos muros hasta que salió a la luz durante las obras de reforma del palacio en 1963, junto con una cubierta de estilo isabelino. En la actualidad, este salón es uno de los más activos del recinto, ya que en él se celebran numerosos eventos abiertos al público, como conciertos, presentaciones literarias y conferencias. En el patio se encuentra la escultura "Cave canum" de Lluís Montané, creada en homenaje a un perro cuyo esqueleto apareció durante unas obras en el siglo XIX y que probablemente vigilaba el edificio. En el exterior, destaca el “Genio alado de las Artes”, una escultura de bronce de 1900 realizada por Josep Montserrat Portella, visible desde la avenida Portal de l’Àngel.

Justo debajo se encuentra la fuente más antigua de Barcelona, ya que fue construida en 1356. Antes se llamada Font d’en Moranta y luego Font de Santa Anna, y destaca por su estructura de cinco cuerpos y un mosaico cerámico posterior diseñado por Josep Aragay. Al final de la cercana calle Portaferrissa se encuentra otra fuente de 1680 decorada con azulejos de Joan Baptista Guivernau. A un tiro de piedra está la Plaça Nova, espacio con una fuerte carga histórica. Su creación se remonta a 1355, cuando el Consell de la Ciutat decidió transformar la zona tras canalizar las aguas procedentes de la sierra de Collserola hacia la plaza de Sant Jaume. A raíz de esta decisión, en octubre de ese mismo año se demolieron varias viviendas situadas frente a la puerta del Palau del Bisbe, lo que permitió dar forma a este lugar tan representativo.

Con el paso del tiempo, la plaza ha evolucionado hasta convertirse en un punto de referencia tanto para los habitantes de la ciudad como para quienes la visitan. Situarse allí es encontrarse frente a una de las principales entradas de la antigua ciudad romana de Barcino, flanqueada por dos torres circulares que, aunque reformadas en la Edad Media, tienen su origen en época romana. Este lugar, que ya en el siglo XIV acogía el mercado de la Paja, era un punto clave de acceso a la ciudad, conectado con el foro. También destaca el edificio del Col·legi d’Arquitectes, cuyas fachadas están decoradas con frisos diseñados por Picasso, que representan escenas como niños, gigantes y símbolos catalanes. Además, la plaza alberga una evocación del antiguo acueducto romano junto a la Casa de l’Ardiaca, y justo al lado, la Catedral de Barcelona y su museo Diocesano.

Al este de la Catedral se encuentra otro espacio histórico: la plaça del Rei, centro del poder en la Edad Media. Está rodeado de edificios medievales como el Palau Reial Major, la capilla de Santa Àgata y el Palau del Lloctinent. Volvemos a la plaza Nova desde la que nace el Carrer del Bisbe donde se ubica el fotografiado Pont del Bisbe, uno de los símbolos más reconocibles del Barrio Gótico. Aunque parece una construcción antigua, en realidad fue levantado en 1928 dentro de un periodo de reformas y restauraciones en la zona. En ese momento también se rehabilitó la Casa dels Canonges, que desde el siglo XIV estaba formada por varias viviendas independientes y pasó a convertirse en la residencia oficial de los presidentes de la Generalitat de Cataluña (gobierno regional autónomo). La finalidad de construir este puente era precisamente conectar ambos edificios institucionales: la Casa dels Canonges y el Palau de la Generalitat.

El diseño del puente se debe al arquitecto Joan Rubió i Bellver, destacado representante del modernismo catalán, nacido en Reus en 1870 y discípulo de Antoni Gaudí, con quien colaboró en varias ocasiones. Antes de proyectar este puente, ya había realizado otras obras en Barcelona, como la Casa Roviralta, situada en la avenida del Tibidabo, o la casa Golferichs. Por este motivo, aunque su apariencia recuerde al estilo medieval, el puente pertenece en realidad al neogótico, y no al gótico original. En torno a esta estructura han surgido diversas leyendas, muchas de ellas vinculadas a la pequeña escultura de una calavera atravesada por una daga que se encuentra en su parte inferior interna. Se trata de relatos relativamente recientes, que suelen ser compartidos con los grupos de turistas que visitan el lugar. Una de las historias afirma que, si se retira la daga, la ciudad sufriría una catástrofe y colapsaría. Otra tradición popular sostiene que pasar caminando cuando se cruza mientras se mira la calavera atrae la buena suerte.

En Carrer del Bisbe también encontramos, frente al claustro de la Catedral de Barcelona, el monumento a los Héroes de 1809, un conjunto escultórico de estilo realista que contrasta con el entorno gótico. Representa a cinco mártires ejecutados tras la insurrección contra las tropas francesas durante la ocupación de Barcelona en la Guerra del Francés: Juan Gallifa (miembro del clero de la Iglesia de San Cayetano), Joaquín Pou (capellán de la Ciudadela), Juan Massana (responsable de cuentas reales), Salvador Aulet (comerciante) y el sargento Navarro, perteneciente al Regimiento de Soria. El monumento, inaugurado en 1929 y realizado por Josep Llimona, muestra a las figuras en actitud sobria antes de su ejecución. Posteriormente se añadió un relieve de alabastro de Vicenç Navarro en 1941, con motivos de ángeles. En el pedestal aparecen los nombres de los insurrectos, y el conjunto se completa con elementos decorativos a ambos lados que evocan la entrada de las tropas napoleónicas en la ciudad.

La calle desemboca en la Plaça de Sant Jaume, corazón institucional de Barcelona, que cuenta con más de dos mil años de historia, al localizarse aquí el foro de la antigua ciudad romana de Barcino, el cual estaba presidido por un templo dedicado al emperador Augusto, cuyos restos podemos ver hoy muy cerca de aquí, en Carrer del Paradís, dentro de un patio algo escondido. En la plaza se levantan hoy dos edificios clave: el Palau de la Generalitat, situado en el lado que mira hacia la montaña y sede de la Presidencia y el Gobierno de Cataluña, y la Casa de la Ciudad, es decir, el Ayuntamiento, ubicada en el lado que da al mar. Aquel primer edificio, el Palau de la Generalitat, comenzó a construirse en el siglo XV y es reconocible por la estatua de Sant Jordi en su balcón.

Su arquitectura es mayoritariamente gótica, aunque presenta elementos de diferentes épocas: las fachadas laterales conservan ese estilo, mientras que la principal responde a una estética renacentista inspirada en el Palazzo Farnese de Roma. Espacios como la Cambra Daurada y el Pati dels Tarongers también pertenecen al periodo renacentista, y en la entrada destacan cuatro columnas procedentes de un antiguo templo romano de Tarragona, datadas en el siglo II. Ya en el siglo XIX se incorporaron la Escala d’Honor y la estatua de Sant Jordi que preside la fachada.

Por su parte, el edificio del Ayuntamiento, conocido como la Casa de la Ciudad, tiene sus orígenes en 1369, cuando se inició la construcción del Saló de Cent para dotar a los consejeros municipales de un espacio propio. Aunque conserva una fachada gótica en la calle de la Ciutat, su fachada principal, de estilo neoclásico, fue añadida en 1847. A ambos lados de la entrada se encuentran las estatuas de Jaime I y Joan Fiveller, una figura histórica vinculada al gobierno de la ciudad.

Al sureste de la plaza, en la calle Regomir, se alzaba un edificio del siglo XIX construido sobre el antiguo palacio de los Gualbes, el cual estaba unido a la muralla romana de la antigua Barcino, que acoge el yacimiento arqueológico Porta de Mar. Durante años permaneció vacío, sin que se supiera que en su interior se escondían edificaciones históricas. Gracias a una intervención se descubrió en su interior restos arqueológicos de gran relevancia arqueológica que pueden visitarse: un tramo de 17 metros de la muralla romana del siglo IV, así como vestigios de unas termas del siglo I. El conjunto se completa con la capilla de San Cristóbal, situada a nivel de calle que también ha sido restaurada. Si ahora se camina dirección a La Rambla de Barcelona, encontraremos la Plaça Reial o plaza Real, uno de los espacios más animados de la ciudad, sobre todo al caer la noche.

Su origen se remonta a 1835, cuando, tras las desamortizaciones, desaparecieron numerosos edificios religiosos. Entre ellos estaba el antiguo convento de los capuchinos, cuyo terreno quedó libre y permitió proyectar la actual plaza rectangular que fue construida entre 1848 y 1859. Además, la apertura del Gran Teatre del Liceu en 1847 impulsó la creación de un lugar para las familias burguesas acomodadas que residían en los alrededores.

El diseño de la plaza fue obra del arquitecto Francesc Molina, quien ideó un espacio señorial pensado para exaltar la monarquía. En un principio, se pretendía colocar en el centro una estatua ecuestre del rey Fernando VII, aunque finalmente nunca se llevó a cabo. En su lugar se instaló la fuente de las Tres Gracias, realizada en hierro por Antoni Rovira i Trias en el año 1876.

Flanqueando la fuente se encuentran dos farolas de seis brazos diseñadas en la juventud de Antoni Gaudí, que fueron instaladas en 1879, y decoradas con un casco alado y un dragón. Las palmeras reales que rodean la plaza refuerzan su carácter exótico. Todo el conjunto queda enmarcado por edificios porticados de estilo uniforme, con detalles en barro cocido, que en su día albergaron a familias acomodadas de la ciudad. Con el paso del tiempo, ese aire aristocrático ha dado paso, sin embargo, su carácter distinguido dio paso a un ambiente más abierto y popular: sus terrazas invitan a hacer una pausa tanto a vecinos como a visitantes, mientras que bajo los soportales se encuentran bares históricos, locales de música y salas de conciertos.

A poca distancia se encuentra la basílica de Santa María del Pi, un templo gótico construido entre los siglos XIV y XV sobre una parroquia anterior. Destaca por su gran nave, por su rosetón reconstruido y por sus vidrieras barrocas. Alberga obras de arte, restos históricos y ofrece vistas panorámicas desde su campanario, además de encontrarse en un entorno cultural lleno de vida artística. A pocos pasos hacia el este se sitúa el museo de El Call, antiguo barrio judío, albergado en un edificio medieval con restos de los siglos XIII y XIV. La comunidad judía tuvo un papel destacado en la ciudad medieval, participando en la vida política y económica, aunque su desarrollo terminó tras el ataque de 1391. El museo ofrece una visión de su historia y de su relación con la sociedad barcelonesa.

De la antigua judería, datada entre los siglos XII y XIV, también quedan algunos otros restos, como la actual calle de Sant Domènec, la que fuera la vía principal del Call. En este lugar se encontraban algunos de los espacios más relevantes del barrio, como la sinagoga Mayor, la carnicería y las residencias de las familias más influyentes de la comunidad. Además, en uno de sus extremos se ubicaba el portal que servía como entrada principal al recinto. Prácticamente al lado se encuentra la Domus de Sant Honorat, yacimiento que conserva restos de una casa romana del siglo IV y de un almacén medieval con seis silos. Descubierto en excavaciones iniciadas en 1999 y ampliadas en 2002, el espacio fue abierto al público en 2010 con un recorrido que facilita la comprensión de las estructuras. La domus refleja el estilo de vida de las élites romanas, mientras que los silos muestran la importancia comercial de la Barcelona medieval, especialmente en la judería.

A través de estrechas callejuelas y a poca distancia se encuentra la Baixada de Santa Eulàlia. Según cuenta la tradición, Eulalia era una joven que fue martirizada cuando tenía apenas 13 años. Su historia se sitúa en tiempos del gobernador romano de Barcelona, Publio Daciano, a quien intentó convencer para que no aplicara el edicto del emperador Diocleciano contra los cristianos. Al negarse a renunciar a su fe, fue encarcelada y sometida a numerosos tormentos, tantos como su propia edad, hasta que finalmente perdió la vida hacia el año 254-255 d. C. Uno de los episodios más conocidos de esta leyenda relata que fue introducida en un barril lleno de cristales rotos y clavos, que después fue lanzado cuesta abajo desde el inicio de esta calle. Aquí se levanta una pequeña capilla dedicada a la santa, la cual se integra en el ángulo que forman dos fachadas que no están alineadas. La imagen de Santa Eulàlia se encuentra resguardada bajo un baldaquín decorado con elementos de hierro y mosaico, y justo debajo puede leerse una inscripción con unos versos escritos por el poeta Jacint Verdaguer en recuerdo de su martirio.

Desde aquí se accede fácilmente a la Plaça de Sant Felip Neri, un rincón pequeño con un ambiente íntimo, casi romántico, pero también marcado por un cierto tono melancólico. Está presidida por la iglesia barroca que le da nombre, mientras que a un lado se encuentran los antiguos edificios de los gremios de caldereros y zapateros, que fueron trasladados hasta aquí desde sus ubicaciones originales en las calles de la Bòria y Corribia. Junto a la iglesia se sitúa la escuela de Sant Felip Neri, en cuyos muros aún permanecen visibles las marcas de un bombardeo llevado a cabo por la aviación fascista ocurrido en 1938, durante la Guerra Civil, que provocó la muerte de numerosos civiles, entre ellos niños que se habían refugiado en ese lugar.

Para más información sobre horarios, precios, tours guiados por el barrio, etc., acude a la página de turismo oficial de Turisme de Barcelona, donde encontrarás toda la información que necesites de éste y otros monumentos y sitios de interés de la ciudad:

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