La Plaça del Rei, dominada por el imponente Palau Reial Major, comenzó siendo un espacio funcional vinculado a ese palacio, utilizado como corral en sus primeros tiempos. Con el paso de los años, este lugar se transformó en escenario de mercados e incluso de justas y torneos. Fue uno de los núcleos de poder más importantes de la Barcelona medieval y hoy reúne destacados ejemplos de arquitectura gótica civil. El Palau Reial dels comtes de Barcelona, cuyos orígenes se remontan al siglo IX, acogió a los condes catalanes entre los siglos XIII y principios del XV. Aunque conserva vestigios romanos y visigodos, su apariencia actual está marcada principalmente por el estilo gótico. Uno de sus espacios más destacados es el Salón del Tinell, hoy destinado a exposiciones, cuya estructura de arcos de medio punto lo convierte en una pieza arquitectónica excepcional.
El conjunto histórico que rodea la plaza refuerza su carácter monumental: junto al palacio se alza la torre-mirador del Rei Martí que cuenta con cinco niveles organizados en galerías de arcos de medio punto. Fue concebido como torre de vigilancia, con el objetivo de observar la ciudad y, especialmente, controlar la llegada de embarcaciones por mar. Aunque popularmente se la asocia con el rey Martí l’Humà, lo cierto es que fue construida más de un siglo después de su muerte, por lo que es posible que heredara el nombre de una estructura anterior.
Originalmente tenía ventanales en todos sus lados, pero en 1564 Felipe II ordenó tapiar los arcos de las cuatro plantas inferiores de la fachada posterior debido a conflictos con la Inquisición, que ocupaba espacios cercanos. Todo apunta a que existió una disputa por el control del mirador, que se resolvió con la orden de Felipe II de sellar accesos y ventanales, impidiendo así cualquier intrusión. Como consecuencia, la espectacular sucesión de arcos solo puede contemplarse hoy desde la fachada que se abre a la plaza del Rei.
La torre lleva años cerrada al público, aunque en ocasiones se puede acceder a su interior y descubrir detalles sorprendentes, como la inscripción de Joan Falgàs, quien habría participado en su construcción en 1555 y dejó su firma en una pared de la escalera. También se distinguen otros nombres, como Vicens y Miquel, cuyos apellidos resultan más difíciles de descifrar. Anexa a la torre-mirador se sitúa el Palau del Lloctinent que fue construido entre 1549 y 1557 para servir de residencia al representante del monarca en Cataluña, aunque en la práctica nunca llegó a desempeñar ese papel. A lo largo de su historia, el edificio fue utilizado por la Inquisición y, tras el proceso de desamortización, pasó a albergar el Archivo de la Corona de Aragón. El edificio se asienta sobre restos de época romana y ocupa el lugar donde antiguamente se encontraban las escribanías del palacio. Se trata de una estructura de planta rectangular, cuyo diseño fue obra de Antoni Carbonell, con cuatro pisos sobre una base inferior que permite salvar el desnivel entre sus dos fachadas principales.
Está construido íntegramente con piedra de Montjuïc y presenta un estilo de transición entre el gótico tardío y el Renacimiento. Sus accesos son sobrios, con portales de dovelas sin ornamentación, mientras que los balcones de las plantas nobles están decorados con elementos como guardapolvos rectos o curvos, ménsulas talladas y el escudo de la Generalitat con la cruz de san Jorge. Bajo la cornisa se pueden ver gárgolas empotradas y, en las esquinas, pequeñas torres en voladizo, además de escudos sostenidos por figuras de ángeles a media altura.
El interior se organiza en torno a un patio central, con amplios arcos rebajados en la planta baja y una galería de orden toscano en el primer piso, cubierta con bóvedas de arista. Destaca la escalera noble que culmina en un llamativo artesonado elaborado en madera de pino realizado en 1553 por Antonio Carbonell. Su estructura, que recuerda a una nave invertida, incluye una plataforma accesible rodeada por una balaustrada, lo que realza aún más su carácter monumental. Más adelante, en 1982, se recuperó una logia del siglo XV perteneciente al antiguo palacio real, que había quedado oculta tras la intervención renacentista de Carbonell. Ya en 2006, durante trabajos de restauración, se incorporó al patio un pozo decorado con el escudo de san Jorge, descubierto en dichas obras.
En el mismo espacio de la escalera y el artesonado de madera del techo, se sitúa la llamada puerta de san Jorge, obra monumental realizada en bronce por el escultor Josep Maria Subirachs en 1975. Esta entrada conecta este palacio con el salón del Tinell, espacio principal del antiguo palacio Real. En su diseño destaca la figura de san Jorge, representado sobre el brazo vertical de una cruz, con el dragón a sus pies. Sobre él se sitúa el escudo con las cuatro barras, símbolo de los condes de Barcelona y los reyes de Aragón.
La puerta también incorpora diversas inscripciones en latín, catalán y aragonés, extraídas de crónicas y documentos medievales, que relatan episodios en los que se atribuyen intervenciones milagrosas del santo en distintas batallas. A la izquierda de la figura principal se encuentra un panel informativo que explica el conjunto, junto a un mapa del Mediterráneo que ilustra la expansión de la Corona de Aragón entre los siglos XIII y XV.
La esquina sureste de la plaza del Rey está cerrada por la gótica Casa Clariana-Padellàs construido entre finales del siglo XV y comienzos del XVI, aproximadamente entre 1497 y 1515. Su estructura se organiza en torno a un patio interior, desde el cual parte una escalera que conduce a la planta principal. En esta zona destaca una galería con arcos sostenidos por columnas esbeltas. Aunque predomina el estilo gótico, la decoración incorpora elementos propios del Renacimiento, como escudos, medallones y motivos vegetales que aportan un aire más moderno para la época.
Originalmente, este palacio se encontraba en la calle Mercaders, pero fue trasladado a la actual plaza del Rei. Este cambio se produjo a raíz de la construcción de la Via Laietana, proyectada dentro del Plan Cerdà para conectar el mar con el Eixample, lo que implicó la demolición de numerosos edificios. En el caso del palacio, se optó por desmontarlo piedra a piedra y reconstruirlo aquí, en su nueva ubicación, en 1931. Durante las obras de cimentación en la plaza del Rei se descubrieron restos de la antigua ciudad romana bajo el subsuelo. Este hallazgo dio lugar a que, desde 1943, el edificio se convirtiera en la sede del museo de Historia de la Ciudad (Plaça del Rei), desde donde se accede al conjunto arqueológico.
En la actualidad sigue teniendo esa función, destacando entre sus exposiciones aquellas dedicadas a las etapas del Renacimiento y el Barroco. En cuanto a los vestigios de la antigua Barcino romana, conservados bajo el edificio, se pueden ver restos de calles, viviendas y comercios. Por otro lado, en el exterior, delante la de fachada que da a la misma plaza, se encuentra la obra “Topos V” de 1985, una escultura de hierro de siete toneladas de Eduardo Chillida que, aunque contrasta con el entorno gótico, logra integrarse con él. Inspirada por la propia plaza, la obra combina formas angulares y arcos semicirculares que evocan la arquitectura medieval e incluso la letra “B” de Barcelona. En conjunto, funciona como un homenaje a la ciudad y a su historia, uniendo pasado y modernidad.
El conjunto de la plaza se completa con los restos de la antigua muralla románica, adosada a la cual se construyó la capilla real de santa Àgata. La capilla comenzó a levantarse en 1302 como parte de las reformas impulsadas por el rey Jaime II, bajo la dirección del maestro de obras Bertran Riquer, para ser la capilla real del complejo. En sus inicios estuvo dedicada a santa María, pero en 1601 adoptó la advocación de santa Ágata al albergar las reliquias vinculadas a ella.
El edificio es un buen ejemplo de la austeridad propia del gótico catalán. En su interior destacan los valiosos techos y piezas de gran valor artístico, como la tabla de santa Ágata, datada en el siglo XV y atribuida al maestro Burgo de Osma. Sin embargo, la obra más sobresaliente es el retablo del Condestable, realizado en 1465 por el pintor Jaume Huguet por encargo de Pedro IV, quien ostentaba el título de condestable de Portugal. Esta pieza, centrada en la escena de la Epifanía, está considerada una de las grandes joyas de la pintura gótica catalana. En la actualidad, el interior de todos estos edificios, exceptuando el Palau del Lloctinent y la torre del Rei Martí, forman parte del Museo de Historia de Barcelona y puede visitarse durante el recorrido a los diferentes espacios expositivos.
Para más información sobre horarios, precios, conciertos, actividades, etc., de los diferentes monumentos y lugares de interés de la Plaça del Rei visita la página de turismo oficial de Turisme de Barcelona, donde encontrarás toda la información que necesites de éste y otros monumentos y sitios de interés de la ciudad:
Copyright© 2018 ESTurismo.