VIENA (WIEN)

CÓMO VISITAR EL PALACIO DE SCHÖNBRUNN: HISTORIA, SALAS IMPERIALES Y JARDINES


La historia del palacio de Schönbrunn está estrechamente ligada a la dinastía de los Habsburgo y al desarrollo de Viena como capital imperial. Aunque sus orígenes se remontan a una finca de recreo utilizada para la caza, el actual palacio comenzó a tomar forma tras el asedio otomano de 1683, cuando el emperador Leopoldo I ordenó construir una nueva residencia en las afueras de la ciudad. Su época de mayor esplendor llegó en el siglo XVIII bajo el reinado de María Teresa, quien transformó Schönbrunn en la residencia de verano de la familia imperial.

Durante décadas, el palacio fue escenario de recepciones, celebraciones y acontecimientos que marcaron la historia del Imperio de los Habsburgo. Entre sus muros también nació en 1830 el emperador Francisco José I, una de las figuras más destacadas de la monarquía austrohúngara. Tras la desaparición del imperio en 1918, Schönbrunn pasó a ser propiedad del Estado austríaco. Este palacio, además de ser uno de los monumentos más emblemáticos de Viena y una visita imprescindible, permite descubrir cómo vivieron los emperadores de Austria gracias a sus salones históricos, jardines y edificios anexos.

Para visitar el interior del palacio de Schönbrunn existen varias modalidades de entrada, pensadas para diferentes tipos de visita. El boleto "State Apartments" permite recorrer una selección de las principales estancias imperiales en unos 40 minutos, mientras que el "Palace Ticket" amplía el recorrido a unos 75 minutos e incluye una selección mucho más extensa de los apartamentos y salas históricas. A estas opciones se suman el "Tour María Teresa", centrado en la época de la emperatriz.

De igual manera, existen otros boletos de entrada como el "Classic Pass", que combina la visita al palacio con diferentes espacios de los jardines y el "Classic Pass Plus", que añade otros atractivos del conjunto, como el zoológico, la Casa del Desierto y la Casa de las Palmeras. Por su parte, el "Sisi Pass" reúne Schönbrunn con otros lugares relacionados con la emperatriz Isabel en Viena, como la Hofburg y el museo del Mueble. Nosotros recomendamos el Sisi Pass, por ser el más completo e interesante. Para más información pincha aquí.

Comenzamos el recorrido por el interior del palacio de Schönbrunn en las estancias de la planta baja. Aquí la visita comienza de una forma diferente a la de muchos palacios europeos: los visitantes pasan por una experiencia inmersiva que combina proyecciones, efectos audiovisuales y recreaciones digitales para explicar la evolución del palacio y la historia de sus ilustres habitantes. A través de este recorrido introductorio, se descubre cómo una antigua finca de caza acabó convirtiéndose en una de las residencias más importantes de los Habsburgo.

Las proyecciones permiten conocer a algunos de los personajes que marcaron el destino de Schönbrunn, desde María Teresa hasta Francisco José y la emperatriz Isabel, más conocida como Sisí. De una manera amena y visual, esta presentación ayuda a comprender el contexto histórico del edificio y la vida de la corte imperial antes de adentrarse en sus salones y aposentos imperiales, y preparar así al visitante para su recorrido. Las comentadas proyecciones se realizan a lo largo de varias estancias: las habitaciones Bergl, las salas Blancas y Doradas y el apartamento del príncipe heredero.

Las Salas Bergl son uno de los conjuntos decorativos, restaurados a comienzos del siglo XXI, más singulares del Palacio de Schönbrunn. Se trata de cuatro habitaciones situadas junto a los jardines, cuyos interiores fueron decorados en 1769 por Johann Wenzel Bergl, especialista en paisajes exóticos. Las pinturas cubren paredes y techos creando la sensación de encontrarse en plena naturaleza, cuyos paisajes parecen prolongar las estancias más allá de sus paredes. El recorrido comienza con un paisaje tropical prácticamente salvaje, continúa con una estancia decorada con elementos relacionados con la vida cortesana y llega después a un jardín barroco perfectamente ordenado. La última habitación recrea una pérgola cubierta de vegetación, inspirada en los propios jardines de Schönbrunn.

Por su parte, los Apartamentos del Príncipe Heredero están especialmente vinculados a Rodolfo, único hijo del emperador Francisco José y la emperatriz Isabel, quien utilizó este espacio como residencia privada durante sus estancias en el palacio. El conjunto está formado por cuatro habitaciones decoradas con grandes paisajes pintados, en los que aparecen amplias panorámicas de naturaleza, ciudades y palacios que parecen perderse en la distancia. La decoración se completa con fuentes, jarrones y esculturas de inspiración clásica, además de representaciones de plantas y animales exóticos.

Las pinturas también fueron realizadas por Johann Wenzel Bergl, que comenzó a decorar estas estancias en 1774 para la archiduquesa Isabel, hija de María Teresa. En 1857, el pintor Ludwig Geyling restauró y amplió los paisajes, incorporando grupos de árboles y vegetación más densa. Uno de los efectos más llamativos es la manera en que los árboles parecen crecer desde las paredes hasta alcanzar el techo, ocultando los límites de la arquitectura. Este recurso crea una curiosa sensación de amplitud y hace que unas habitaciones relativamente pequeñas parezcan mucho más espaciosas.

Finalmente, las Salas Blancas y Doradas se encuentran en el lado sur del Palacio de Schönbrunn y destacan por su elegante decoración rococó. Fueron ornamentadas durante las décadas de 1760 y 1770, bajo el reinado de María Teresa, con paneles blancos y abundantes elementos dorados que crean uno de los conjuntos decorativos más refinados del palacio. Sus grandes ventanales permiten contemplar directamente los jardines barrocos de Schönbrunn y la Glorieta, que destaca sobre el paisaje y permanece iluminada después del anochecer.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, estas habitaciones se utilizaron como apartamentos para miembros de la familia imperial, siendo, como hemos mencionado anteriormente, uno de sus ocupantes más destacados el príncipe heredero Rodolfo. Las salas fueron restauradas a comienzos del siglo XXI. Durante los trabajos aparecieron restos del pavimento original, decorado con un elaborado diseño geométrico, que sirvieron como modelo para reconstruir el suelo que podemos contemplar actualmente.

Tras terminar este recorrido introductorio, ahora llegamos a la Schlosskapelle o capilla del Palacio, uno de los espacios que mejor permite comprender la configuración que tuvo la residencia imperial en sus primeros años. Su ubicación y estructura todavía conservan la disposición concebida por Johann Bernhard Fischer von Erlach hacia 1700, antes de las grandes transformaciones que experimentó el palacio durante el siglo XVIII.

La capilla adquirió su aspecto actual durante el reinado de María Teresa, cuando la emperatriz ordenó una importante renovación de su interior a partir de 1743. La reforma estuvo estrechamente relacionada con la importancia que la religión tenía en la vida de la corte, además de reflejar el gusto artístico de la corte de esta monarca. María Teresa era una ferviente católica y la asistencia diaria a los oficios religiosos formaba parte de la rutina de la familia imperial.

Para esta remodelación se recurrió a algunos de los principales artistas de la época. El altar mayor, realizado en mármol y probablemente diseñado por Nikolaus Pacassi, está decorado con pilastras laterales y un frontón curvo. Sobre él se encuentra una representación dorada de la Santísima Trinidad, obra de Franz Kohl, discípulo del escultor Georg Raphael Donner. En el centro destaca el retablo de los “Desposorios de la Virgen María y san José”, encargado al pintor Paul Troger, una de las figuras más importantes del Barroco austriaco. Delante se sitúa un elaborado sagrario de mármol con aspecto de pequeño templo, acompañado por dos ángeles en actitud de adoración. Su puerta está decorada con un relieve dorado que representa una Piedad.

Las paredes laterales están ocupadas por otros altares, mientras que algunas de sus pinturas, dedicadas a la “Educación de la Virgen María” y a “San Juan Nepomuceno”, fueron realizadas por el veneciano Giovanni Battista Pittoni, artista que trabajó para distintas cortes europeas.

Junto a ellos aparecen dos hornacinas con esculturas de plomo dorado de la Virgen de los Dolores y san Juan Bautista, ambas realizadas por Franz Kohl. La decoración se completa con la pintura que cubre el techo, obra de Daniel Gran. La composición representa a María Magdalena acompañada por las alegorías de las tres virtudes cristianas: la Fe, la Esperanza y la Caridad.

En este punto volvemos al hall de entrada (antiguas cocheras), en el cual, dependiendo del pase que hayas adquirido, habrá que volver a pasar un torno de acceso. Nosotros al tener el Sisi Pass pudimos ver todas las estancias reales, aunque como ya hemos señalado anteriormente existen otros boletos con los que se pueden ver menos habitaciones. Dicho lo cual, sea cual sea su pase, lo primero que verás será la Escalera Azul.

Es la más grandiosa del palacio ya que, al constituir la vía de acceso de mayor rango a las salas de Estado y a los aposentos de la familia imperial, conduce únicamente a la planta principal del palacio. Se trata de uno de los espacios que mejor refleja la transformación de Schönbrunn desde su origen como pabellón de caza barroco hasta convertirse en la residencia de verano de María Teresa. Su aspecto actual es fruto de las reformas realizadas en el siglo XVIII para adaptar el antiguo edificio a las necesidades y al ceremonial de la corte imperial. Originalmente, esta estancia era el comedor del pabellón de caza de José I. De aquella primera etapa todavía se conserva uno de sus elementos más destacados: el fresco del techo realizado por el pintor italiano Sebastiano Ricci entre 1701 y 1702. La composición representa a José I como un héroe de la Antigüedad, recibiendo una corona de laurel ante el trono de la Eternidad.

Cuando María Teresa decidió ampliar Schönbrunn y convertirlo en su residencia de verano, fue necesario crear un acceso monumental a la planta principal acorde con las ceremonias de la corte. Hacia 1745, el arquitecto Nikolaus Pacassi transformó el antiguo comedor en la actual escalera, aunque algunos elementos originales quedaron intactos. El fresco de Ricci es precisamente uno de ellos y permite apreciar cómo era la decoración barroca del edificio diseñado inicialmente por Johann Bernhard Fischer von Erlach. Las restauraciones también permitieron descubrir que los huecos de las ventanas habían estado decorados originalmente con motivos dorados. Para mostrar este acabado histórico, se recuperó y reconstruyó parte de la decoración dorada en uno de los vanos.

La escalera conduce hasta un rellano donde se encuentran representados algunos de los personajes fundamentales en la historia de Schönbrunn. Dos pinturas muestran a María Teresa y Francisco Esteban de Lorena, impulsores de la transformación del antiguo pabellón en residencia imperial, mientras que un busto recuerda a Francisco José I, cuya época estuvo marcada por los últimos años de la monarquía de los Habsburgo. A partir de aquí se distribuyen las estancias de la planta noble (piano nobile) del palacio de Schönbrunn: los apartamentos privados de Francisco José y Elisabeth (Sissi), las salas de Estado y estancias de representación y los apartamentos privados de María Teresa y de su marido Francisco Esteban.



Para más información sobre horarios, precios, tipos de tickets, exposiciones temporales, actividades, etc., acude a la web del Palacio de Schönbrunn, donde encontrarás toda la información que necesites de este monumento de la ciudad.

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