VIENA (WIEN)

PALACIO DE SCHÖNBRUNN: APARTAMENTOS PRIVADOS DE MARÍA TERESA Y FRANCISCO ESTEBAN


El inicio de los apartamentos privados ocupados por María Teresa y su esposo, Francisco Esteban, que destacan por su decoración rococó y por numerosos elementos de inspiración oriental, se realiza por el salón Chino Azul. La riqueza decorativa de esta estancia refleja el gusto de la corte vienesa por los objetos y motivos procedentes de Extremo Oriente, una moda que alcanzó gran popularidad entre las monarquías europeas del siglo XVIII. Su nombre procede del papel pintado chino que cubre las paredes. En él pueden verse medallones azules con escenas relacionadas con actividades tradicionales como la producción de seda y porcelana o el cultivo del arroz y el té.

Estos motivos se combinan con guirnaldas florales, cestas de flores, aves y mariposas, creando un conjunto de gran delicadeza. Elaborado en China para el mercado europeo, el revestimiento muestra cómo las tradiciones artísticas orientales se adaptaron a los gustos de Occidente y se integraron en los elegantes interiores rococó de Schönbrunn.

Además de su interés artístico, esta sala ocupa un lugar destacado en la historia de Austria. Aquí tuvieron lugar las conversaciones que precedieron a la declaración firmada por el emperador Carlos I el 11 de noviembre de 1918, mediante la cual renunció a participar en los asuntos del Estado. Al día siguiente se proclamó la República de Austria, poniendo fin a más de seis siglos de gobierno de la dinastía de los Habsburgo.

A continuación se abre la sala del Vieux Laque, una de las estancias de mayor interés artístico de Schönbrunn. Sus paredes están revestidas con paneles de laca negra y dorada procedentes de China, integrados en una decoración de madera ricamente dorada que aporta a la sala un aspecto solemne y refinado. Los paneles de laca fueron recortados y adaptados para incorporarlos al revestimiento de las paredes. Su combinación de negro y oro, junto con unas molduras más sobrias que las del rococó precedente, anticipa la transición hacia el clasicismo.

Originalmente la estancia fue la “retirade” de Francisco Esteban, es decir, era la estancia más privada de sus apartamentos que además estaba destinada a recibir a personas de confianza. Tras la muerte repentina del emperador en 1765, María Teresa decidió convertirla en un espacio conmemorativo dedicado a su esposo, conservando así su recuerdo dentro del palacio. La emperatriz quedó profundamente afectada por su pérdida y mantuvo el luto durante el resto de su vida.

María Teresa encargó además varios retratos destinados a reforzar el carácter familiar y dinástico de la estancia. En el centro se encuentra el retrato póstumo de Francisco Esteban realizado por Pompeo Batoni. A su lado aparece el doble retrato de sus hijos José y Leopoldo, también obra de Batoni, donde destaca un ejemplar de El espíritu de las leyes de Montesquieu, reflejo de las ideas ilustradas que inspiraron las reformas de José II. El tercer cuadro muestra a María Ludovica, esposa de Leopoldo, junto a varios de sus hijos. La presencia conjunta de distintas generaciones de la familia Habsburgo-Lorena transmitía un mensaje muy importante para María Teresa: la continuidad de la dinastía.

A continuación llegamos a la denominada actualmente como sala de Napoleón, aunque originalmente fue el dormitorio de Francisco Esteban y María Teresa. Su nombre está relacionado con la ocupación francesa de Viena: Napoleón utilizó Schönbrunn como cuartel general durante sus estancias en la ciudad en 1805 y 1809 y, según la tradición, habría utilizado esta habitación como dormitorio.

La estancia está estrechamente vinculada también a la historia familiar de los Habsburgo. En 1810, Napoleón contrajo matrimonio con María Luisa de Austria, hija mayor del emperador Francisco I, con la intención de consolidar la paz entre Francia y Austria y asegurar una descendencia para su nueva dinastía. De esta unión nació su único hijo legítimo, Napoleón Francisco, conocido como duque de Reichstadt.

Tras la caída de Napoleón, el joven príncipe creció en la corte vienesa bajo la protección de su abuelo, Francisco I. Interesado por la naturaleza y especialmente por la botánica, aparece representado en un retrato infantil mientras cuida el jardín del palacio de Laxenburg. Murió de tuberculosis en 1832, con solo 21 años. La sala conserva varios recuerdos relacionados con él, entre ellos el busto que lo representa en su lecho de muerte, la cama en la que falleció y el cuerpo disecado de su alondra crestada, una de sus mascotas.

La decoración actual también refleja las distintas transformaciones que experimentó la estancia. Con motivo de la Exposición Universal de Viena de 1873 fue remodelada en estilo neobarroco y se incorporaron grandes tapices de Bruselas. Debido a su delicado estado de conservación, actualmente se muestran como piezas museísticas y no como revestimiento de las paredes. La restauración realizada en 2007 optó por conservar y hacer visibles las diferentes etapas históricas de la habitación.

La siguiente es la sala de Porcelana, una estancia pequeña y de carácter íntimo que María Teresa utilizaba como gabinete privado de escritura. Su decoración refleja tanto el gusto personal de la emperatriz como su interés por la moda de las chinoiseries, muy extendida en las cortes europeas del siglo XVIII. Pero este espacio guarda además una particularidad: parte de su decoración fue realizada por miembros de la propia familia imperial.

El aspecto que presenta actualmente corresponde a la reforma llevada a cabo entre 1763 y 1764. Las paredes están revestidas con una decoración de madera tallada y pintada en azul y blanco, imitando el aspecto de la porcelana. Entre sus elementos ornamentales aparecen numerosos motivos inspirados en el arte oriental, entre ellos unos originales parasoles de carácter casi escultórico situados bajo la cornisa.

El revestimiento de las paredes está dividido por guirnaldas florales que enmarcan un conjunto de 212 pequeñas pinturas al gouache, realizadas en tonos azules. Las escenas representan momentos de la vida cotidiana y fueron pintadas por varios miembros de la familia de María Teresa siguiendo modelos de los artistas franceses François Boucher y Jean-Baptiste Pillement. Las obras fueron finalmente enmarcadas y colocadas en la sala en 1772, completando la decoración.

La participación de la familia imperial queda también representada en cuatro medallones con retratos, dedicados a Francisco Esteban de Lorena, esposo de María Teresa, la archiduquesa María Cristina y su marido, el príncipe Alberto de Sajonia-Teschen, e Isabel de Parma, primera esposa del futuro emperador José II. Las celebraciones relacionadas con algunas de estas bodas también aparecen representadas en las escenas del salón de Ceremonias.

Le sigue la denominada sala de los Millones, uno de los espacios más suntuosos de los apartamentos de María Teresa en Schönbrunn. Dentro de la sucesión ceremonial de estancias de la corte vienesa, la emperatriz utilizaba originalmente esta habitación, conocida entonces como sala de los Espejos, para recibir visitas en audiencias privadas. Su actual denominación hace referencia a la extraordinaria riqueza de los materiales empleados en su decoración.

El gusto de María Teresa por lo exótico vuelve a estar presente, aunque en esta ocasión no procede de China, sino de la India de los siglos XVI y XVII. Sesenta collages formados por pequeñas miniaturas indo-persas decoran los paneles de las paredes, integrados en elaboradas cartelas de estilo “rocaille” doradas. Las acuarelas representan escenas relacionadas con la vida de los gobernantes mogoles y aportan a la estancia una decoración de marcado carácter oriental.

Los paneles que sirven de marco a estas miniaturas están realizados con una madera exótica de palisandro, que en aquella época recibía los nombres de Feketin o Vicatin. De ahí procede otra de las denominaciones históricas de la estancia, sala Feketin. El nombre de sala de los Millones no comenzó a utilizarse en las guías del palacio hasta después del final de la monarquía. La decoración incorpora además uno de los recursos característicos del gusto barroco: el juego de las ilusiones ópticas. Las formas, los colores de las miniaturas y los dorados se multiplican mediante los espejos, entre ellos dos colocados uno frente al otro que reflejan sus imágenes sucesivamente, creando la sensación visual de un espacio que se prolonga hasta el infinito.

Sobre la cornisa, la decoración se prolonga con pequeñas composiciones en forma de cartela que representan nuevamente escenas de inspiración mogola. Algunas fueron realizadas al fresco y otras sobre pergamino laminado, completando un interior en el que Oriente, el lujo cortesano y los efectos visuales se combinan de una manera poco habitual dentro del palacio.

El conjunto corresponde a la segunda gran etapa decorativa de la década de 1760 y se completa con un elaborado suelo de maderas exóticas y una llamativa lámpara decorada con numerosas flores de esmalte pintado. A través de una puerta acristalada se puede contemplar además el Gabinete de las Miniaturas, una pequeña estancia privada decorada con numerosas acuarelas y gouaches, algunos firmados, realizados por miembros de la familia de María Teresa, incluidos sus hijos y su esposo. En ella también se conserva una mesa de desayuno con porcelana del siglo XIX.

Ahora se llega al salón Gobelino que debe su nombre a los valiosos tapices que cubren sus paredes y que también decoran los seis sillones de la estancia. Cada uno de ellos presenta en su respaldo y asiento la representación de dos meses del año acompañados por sus correspondientes signos del zodíaco, convirtiendo el mobiliario en parte esencial de la decoración. La historia de este salón refleja también cómo las habitaciones de Schönbrunn fueron cambiando de función y aspecto con el paso de las generaciones. Durante la época de María Teresa, la estancia se utilizaba como sala de audiencias: aquí la emperatriz recibía a quienes acudían ante ella en su condición de soberana y heredera de los distintos reinos y territorios que formaban la Monarquía de los Habsburgo.

Casi un siglo después, el espacio pasó a formar parte de los apartamentos ocupados por los padres del emperador Francisco José, el archiduque Francisco Carlos y la archiduquesa Sofía. En aquella época, la sala funcionaba como estancia de recepción de Sofía y fue amueblada siguiendo los gustos del Biedermeier tardío y del neorrococó, aunque se conservaron también algunas piezas pertenecientes a la época de María Teresa. Los numerosos retratos de miembros de la familia imperial que decoraban la estancia tenían además un significado especial. Su presencia establecía una conexión simbólica con las generaciones anteriores y servía para reforzar la legitimidad dinástica de su hijo mayor, Francisco José, como futuro emperador.

Tras la muerte de sus padres, Francisco José mandó acondicionar los apartamentos del ala oriental de Schönbrunn para mostrarlos al público como ejemplo de un interior barroco de la primera mitad del siglo XVIII. Fue entonces cuando el salón recibió sus característicos tapices de Bruselas, de los que procede el nombre con el que todavía se conoce: Gobelín, término utilizado para designar este tipo de tapices. La estancia es, por tanto, un buen ejemplo de la transformación de los interiores de Schönbrunn a lo largo del tiempo: de sala de audiencias de María Teresa a recepción privada de la archiduquesa Sofía y, finalmente, espacio presentado al visitante como representación de una época anterior.

Desembocamos ahora en el gabinete de la Archiduquesa Sofía, pequeña estancia vinculada a una de las figuras más influyentes de la corte vienesa del siglo XIX. Madre del futuro emperador Francisco José, Sofía desempeñó un papel decisivo en el ascenso de su hijo al trono y fue también una de sus principales consejeras políticas. Su fuerte personalidad llegó a hacer que sus contemporáneos la apodaran “el único hombre de la corte vienesa”. Este pequeño despacho formaba parte de los apartamentos que ocuparon Francisco Carlos y la archiduquesa Sofía a mediados del siglo XIX. Su decoración responde al gusto de la época y, especialmente, a las preferencias de Sofía, que hizo acondicionar sus habitaciones siguiendo el estilo neorrococó, convertido desde la década de 1840 en uno de los estilos oficiales de la corte vienesa.

La elección del Rococó tenía además un significado que iba más allá de lo puramente decorativo. Ante la revolución de 1848, Sofía defendía una concepción política basada en el fortalecimiento del poder imperial y consideraba el neoabsolutismo como la vía para preservar la posición de los Habsburgo. Los interiores de sus apartamentos fueron acompañados por numerosos retratos familiares y recuerdos procedentes de la época de María Teresa, evocando el esplendor de la monarquía durante el siglo XVIII.

Sin embargo, esta pequeña habitación es anterior a la época de Sofía. Durante su viudez, María Teresa utilizó el espacio como biblioteca. Detrás del revestimiento de madera de las paredes todavía se esconden las antiguas estanterías para libros. Los armarios están integrados de tal manera en la decoración que sus puertas pasan prácticamente desapercibidas: las bisagras quedan ocultas dentro de las molduras ornamentales de los paneles. Así, el gabinete reúne en un espacio reducido dos momentos muy diferentes de la historia de Schönbrunn: la biblioteca privada de María Teresa y, casi un siglo después, el despacho de una archiduquesa que tuvo un papel destacado en la política de la corte de los Habsburgo.

Le sigue el salón Rojo que presenta una decoración característica de los últimos años del reinado del emperador Francisco José. La estancia está dominada por los revestimientos y tapizados realizados en el denominado damasco de corte, una seda roja de aspecto suntuoso cuyo diseño incorpora un motivo central inspirado en la forma de una piña. Más allá de su decoración, la sala destaca por la sucesión de retratos de miembros de la dinastía de los Habsburgo, que permiten seguir tres generaciones de la familia imperial desde María Teresa, en el siglo XVIII, hasta Francisco José, ya en el XIX.

Entre ellos aparecen varios personajes estrechamente relacionados con los grandes cambios políticos que transformaron Europa durante ese periodo. La serie comienza con Leopoldo II, hijo de María Teresa, que llegó al trono después de la muerte de su hermano mayor José II, fallecido sin descendencia. Su reinado fue breve, apenas dos años, antes de su muerte en 1792. Especial interés tiene el retrato de su hijo Francisco II, situado a la izquierda de la estufa. Nieto de María Teresa y padre del futuro emperador Fernando I, Francisco vivió uno de los periodos más convulsos de la historia europea.

La llegada de Napoleón Bonaparte y la desaparición progresiva del antiguo orden político llevaron al monarca a proclamarse en 1804 emperador de Austria. Dos años después tuvo que renunciar a la dignidad de emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, poniendo fin a una institución con siglos de historia. Tras la derrota de Napoleón, Francisco acogió en Viena el Congreso de Viena de 1814-1815, reunión diplomática destinada a reorganizar Europa y restablecer el equilibrio político después de las guerras napoleónicas.

Frente al retrato del emperador se encuentra un caballete con la imagen de su hija María Leopoldina (1797-1826). En 1817 contrajo matrimonio con el príncipe heredero portugués Pedro, que posteriormente se convertiría en emperador de Brasil. Interesada especialmente por las ciencias naturales, Leopoldina desempeñó un papel relevante en los acontecimientos que condujeron a la independencia de Brasil respecto a Portugal, país donde todavía hoy es recordada como una figura histórica de especial importancia. A Francisco le sucedió su hijo mayor, Fernando I, cuyo reinado estuvo marcado por la revolución de 1848. Ante la situación política, Fernando abdicó en favor de su sobrino Francisco José, que permanecería en el trono durante casi siete décadas. Junto a su retrato aparece el de su esposa, la emperatriz María Ana de Saboya, completando una galería familiar que permite recorrer, a través de sus protagonistas, buena parte de la historia de la monarquía de los Habsburgo.

Desde aquí se llega al ala oriental del palacio, donde se encuentra el gabinete de la Terraza Oriental que es una de las estancias más luminosas y alegres de Schönbrunn, además de ofrecer vistas hacia el patio de honor. En los documentos históricos también aparece con el nombre de gabinete de las Flores, debido a las guirnaldas florales que decoran los paneles de madera de sus paredes. Su disposición y dimensiones guardan una estrecha relación con el gabinete de la Terraza situado en el ala occidental. Una gran puerta acristalada permite salir directamente a una terraza elevada sobre las arcadas que comunican el edificio principal con las alas laterales.

Cuando la estancia formaba parte de los apartamentos de la archiduquesa Sofía y el archiduque Carlos, la terraza se acondicionaba con un toldo para hacer más agradable su utilización. El interior estaba igualmente pensado para transmitir una sensación de ligereza, con plantas en macetas y muebles tapizados en tonos claros, reforzando el carácter luminoso y acogedor de la habitación.

La decoración del techo concentra buena parte del interés artístico del gabinete. Allí se conserva un fresco realizado hacia 1770, en el que una delicada arquitectura de inspiración rococó utiliza el recurso del trompe-l'œil para crear la ilusión de que el techo se abre hacia el cielo. Entre las nubes aparecen varios putti jugando y entreteniéndose, aportando movimiento a una composición de colores suaves. Las guirnaldas de flores que recorren los paneles de las paredes probablemente fueron pintadas en la misma época por Johann Zagelmann. Su decoración floral, junto con el fresco y la conexión directa con la terraza, convierte esta pequeña estancia en uno de los rincones más ligeros y luminosos de los apartamentos de Schönbrunn.

El recorrido continúa por la sala Rica que hace honor a su nombre al conservar una de las piezas textiles más destacadas de Schönbrunn: el lecho de gala de María Teresa. Se trata de una magnífica cama ceremonial de terciopelo rojo, enriquecida con bordados aplicados realizados con hilos de oro y plata, considerada una auténtica obra maestra del arte textil barroco. Su singularidad no reside únicamente en que haya llegado hasta nuestros días la propia cama, sino también en la conservación de buena parte del conjunto textil que la acompañaba, formado por cortinas y revestimientos murales decorados con elementos arquitectónicos bordados. Todo este extraordinario conjunto fue realizado con motivo del matrimonio de María Teresa y Francisco Esteban de Lorena en 1736.

Originalmente, la cama se encontraba en los apartamentos de la pareja imperial en el ala Leopoldina de la Hofburg de Viena, residencia de invierno de los Habsburgo. Allí se encontraba el dormitorio del matrimonio que precisamente se llamaba sala Rica. Después de la Segunda Guerra Mundial, estos antiguos apartamentos fueron transformados para albergar las dependencias oficiales y las salas de Estado de la Presidencia Federal de Austria. La estancia principal pasó entonces a denominarse sala María Teresa y se utilizaba para recepciones oficiales, lo que supuso desmontar y retirar la delicada cama ceremonial junto con sus tejidos.

En 1980, con motivo de la exposición celebrada por el bicentenario de la muerte de María Teresa, el lecho fue trasladado temporalmente a Schönbrunn. La estancia que lo acogió recuperó entonces el nombre de la antigua sala Rica de la Hofburg. Casi dos décadas después, la pieza fue sometida a una profunda restauración y volvió a exponerse con un planteamiento completamente diferente. Actualmente, toda la habitación funciona prácticamente como una gran vitrina, diseñada para proteger este frágil conjunto textil de las condiciones ambientales y del paso del tiempo. Esta solución permite contemplar de cerca la riqueza de los bordados y materiales sin poner en peligro una pieza especialmente delicada.

Junto al lecho se encuentran los retratos de María Teresa y Francisco Esteban. Destaca especialmente el de la emperatriz, obra del pintor Jean-Étienne Liotard, uno de los artistas predilectos de María Teresa. Sus retratos se caracterizan por una representación especialmente naturalista, que transmite con gran precisión los rasgos y la personalidad de los personajes.

La estancia conserva además una pequeña huella de su historia posterior. En el siglo XIX fue utilizada como dormitorio por los padres de Francisco José, la archiduquesa Sofía y el archiduque Francisco Carlos, aunque con una decoración muy diferente. Durante la adaptación de la sala para exhibir el lecho se descubrió un fragmento del antiguo papel pintado verde con motivos de hojas que decoraba sus paredes. Hoy puede verse entre los cortinajes de terciopelo rojo situados en la pared de las ventanas, como testimonio de la transformación que experimentó la habitación a lo largo de los siglos.

La siguiente sala es el gabinete del Archiduque Francisco Carlos, el cual permite acercarse a la vida familiar de María Teresa a través de una interesante colección de retratos y pequeñas obras realizadas por miembros de la propia familia imperial. La estancia conserva especialmente la memoria de la numerosa descendencia de la emperatriz y de los vínculos que unían a los Habsburgo con otras casas europeas. La pieza principal es el célebre retrato de familia de María Teresa y Francisco Esteban de Lorena, realizado por Martin van Meytens y su taller. En él aparecen la pareja imperial acompañada por once de sus dieciséis hijos, ofreciendo una imagen poco habitual de la familia reunida.

El matrimonio de María Teresa y Francisco Esteban fue considerado especialmente unido. Se conocían desde la infancia y la futura emperatriz desarrolló desde joven un profundo afecto por el príncipe de Lorena, nueve años mayor que ella y con quien había sido comprometida cuando apenas tenía cinco años. La estrecha relación entre ambos se convirtió en uno de los aspectos más destacados de su vida personal. María Teresa supo además utilizar su imagen como madre de una familia numerosa para construir una representación de sí misma como "Madre de la Patria". La figura de la soberana que gobernaba sus territorios con una autoridad firme, pero al mismo tiempo con el sentido práctico de una madre de familia ha perdurado en la imagen tradicional de su reinado.

En la pared situada frente al gran retrato familiar aparecen varias mujeres especialmente importantes en la vida de la emperatriz. A la derecha del espejo se encuentra el retrato de su madre, Isabel Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel, mientras que al otro lado aparece la condesa Fuchs, que fue primero su institutriz y posteriormente una de sus personas de mayor confianza. Otros retratos recuerdan a María Ana, hermana de María Teresa, y a su marido, Alejandro de Lorena, hermano de Francisco Esteban. De este modo, la decoración de la estancia no se limita a mostrar a la familia inmediata de la emperatriz, sino que refleja también los lazos matrimoniales y familiares que articulaban la corte de los Habsburgo.

Especial interés tienen las pequeñas acuarelas y gouaches situadas junto a la ventana. Entre ellas aparecen escenas de carácter más íntimo, como la celebración de la fiesta de San Nicolás por la familia imperial o la visita de José a su esposa Isabel de Parma después del nacimiento de su hija. Estas obras fueron realizadas por los propios hijos y familiares políticos de María Teresa, destacando especialmente María Cristina, considerada la hija con mayor talento artístico de la pareja imperial, y Isabel de Parma, primera esposa de José II.

Desde aquí, una puerta acristalada permite contemplar el salón del Archiduque Francisco Carlos, decorado con retratos de tamaño natural de varios hijos de María Teresa. Junto al despacho contiguo formaba parte de los apartamentos de aquel archiduque, quien residió aquí entre 1835 y 1878. Aunque tuvo un papel discreto en la vida política de la corte y quedó eclipsado por su esposa, la archiduquesa Sofía, su importancia histórica radica en haber sido el padre del emperador Francisco José I. De su matrimonio nacieron también Maximiliano de México, Carlos Luis (padre de Francisco Fernando) y Luis Víctor. Tras la muerte de Francisco Carlos, su hijo Francisco José ordenó redecorar estas estancias en estilo neorrococó, con paneles blancos y dorados y tapices de damasco rojo. Durante los últimos años de la monarquía se destinaron al alojamiento de distinguidos invitados de Estado y, en determinados periodos, pudieron ser visitadas por el público.

Finalmente, la sala de Caza pone el broche final al recorrido por la planta noble del Palacio de Schönbrunn y recuerda los orígenes del lugar, cuando todavía era un pabellón de caza utilizado por la familia imperial. Entre las obras expuestas destaca una de las representaciones más antiguas conocidas de Schönbrunn, donde puede verse el edificio levantado para el emperador José I antes de las grandes transformaciones impulsadas posteriormente por María Teresa.

La estancia reúne además pinturas y objetos relacionados con una actividad que ocupó un lugar destacado en la vida de los Habsburgo. Entre los retratos pueden reconocerse a Francisco Esteban de Lorena en su juventud, así como al emperador Carlos VI y a la emperatriz Isabel Cristina vestidos para una jornada cinegética. La afición por la caza alcanzó una gran popularidad durante el reinado de Carlos VI y continuó entre las generaciones posteriores. También Francisco José fue un apasionado cazador, una faceta que contribuyó a su imagen pública y que aparece reflejada en numerosos retratos donde viste la tradicional indumentaria de caza alpina.

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