VIENA (WIEN)

SALAS DE ESTADO DEL PALACIO DE SCHÖNBRUNN: LA GRAN GALERÍA Y LOS SALONES IMPERIALES


Si has adquirido el boleto de acceso “Palace Ticket” u otra modalidad que permite su visita, se puede seguir el recorrido, ya que a partir de aquí comienza las Salas de Estado. Si tienes poco tiempo o no te apetece ver todo el palacio, entonces tienes la posibilidad de adquirir el ticket “State Apartments” que da la posibilidad de visitar solamente esta zona de la planta noble, la parte central y más ceremonial del recorrido, ya que estas habitaciones estaban destinadas a recepciones, celebraciones y actos de la corte. Así pues, en nuestro caso, tras dejar atrás la Segunda Sala Rosa Pequeña, la primera estancia a la que accedemos en los Apartamentos del Estado es la sala de los Faroles.

Esta estancia, situada junto a la Escalera Azul, sirve de antesala a uno de los espacios más espectaculares del Palacio de Schönbrunn: la Gran Galería que veremos después. Su decoración es deliberadamente sencilla, una característica que refuerza el efecto visual y ceremonial de la gran sala que se abre a continuación. El nombre de esta estancia recuerda a los portadores de faroles que, antes de la llegada de la iluminación eléctrica, aguardaban aquí para acompañar e iluminar el paso de los miembros de la familia imperial y de la corte durante las horas nocturnas. Aquí destacan el reloj de péndulo situado sobre la chimenea y los elegantes marcos de mármol de las puertas, diseñados por Johann Bernhard Fischer von Erlach y conservados desde el antiguo pabellón de caza de José I.

Desde aquí se accede a la Primera Sala Rosa pequeña, en la cual los paisajes realizados por Joseph Rosa representan escenarios idealizados de Italia y de las regiones alpinas, combinando naturaleza, escenas rurales y animales. Sus composiciones muestran un mundo apacible y pintoresco, con personajes dedicados a sus actividades cotidianas y pequeños episodios de la vida campesina repartidos entre ríos, montañas y valles. Heredero de una familia dedicada a la pintura de animales, Rosa incorporó también numerosas figuras de animales a sus paisajes, convirtiéndolos en un elemento habitual de sus escenas.

Ahora sí, llegamos a la Gran Galería que con sus 43 metros de longitud y casi 10 metros de anchura es la sala más monumental del Palacio de Schönbrunn y uno de los mejores ejemplos del rococó centroeuropeo. Concebida como escenario para bailes, banquetes, ceremonias y recepciones de la corte, combina una rica decoración de estucos dorados con impresionantes frescos que exaltan el poder y el prestigio de la monarquía de los Habsburgo durante el reinado de María Teresa.

En concreto, las pinturas del techo, realizadas entre 1760 y 1761 por el artista italiano Gregorio Guglielmi, forman un elaborado programa simbólico, en el que se representa los tres pilares sobre los que María Teresa quería fundamentar su reinado: un gobierno próspero, una paz que favorece el desarrollo económico y cultural, y un ejército capaz de proteger el imperio.

Así, en el fresco central aparecen entronizados María Teresa y su esposo Francisco Esteban de Lorena, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Ambos están rodeados por alegorías de Virtudes como la Justicia, la Clemencia y la Generosidad, cualidades que debían definir el gobierno ideal. Alrededor de la pareja imperial se representan los distintos territorios de la monarquía y las riquezas que aportaban al imperio, una referencia a las reformas económicas y administrativas impulsadas por la soberana.

Los frescos laterales evocan, por un lado, la paz y el desarrollo económico del imperio y, por otro, la fortaleza militar de la monarquía. La pintura situada en el extremo occidental simboliza la paz y la prosperidad bajo el dominio de los Habsburgo. La figura central es Concordia, personificación de la armonía, acompañada por Abundantia y Pax, alegorías de la abundancia y la paz. Bajo ellas aparecen varias divinidades clásicas: Ceres, protectora de la agricultura; Baco, asociado al cultivo de la vid y el vino; Mercurio, patrón del comercio; y Apolo, rodeado por las artes y las ciencias. El mensaje es claro: la estabilidad política favorece la riqueza, la cultura y el desarrollo de los territorios de la Corona.

Por su parte, en el extremo oriental se representa el poder militar de María Teresa. El protagonista es Marte, dios de la guerra, que atraviesa el cielo montado sobre un caballo blanco. Cerca de él aparece Minerva, diosa de la estrategia militar, mientras varios oficiales son presentados ante ella. También se incluye una escena inspirada en la Academia Militar fundada por María Teresa en Wiener Neustadt en 1752. El fresco original quedó destruido durante un bombardeo en abril de 1945, en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, y fue reconstruido entre 1947 y 1948 a partir de fotografías y documentación conservada.

La luminosidad es otro de los rasgos más destacados de la sala. Los grandes ventanales se reflejan en los espejos de la pared opuesta, multiplicando la luz que desprendían las lámparas y candelabros. Entre ellos sobresalen dos enormes arañas de madera tallada y dorada que originalmente sostenían decenas de velas. A finales del siglo XIX se incorporó la iluminación eléctrica y, tras la restauración realizada entre 2011 y 2012, se instalaron luces led diseñadas para reproducir el efecto de las antiguas llamas.

Tras la desaparición del Imperio austrohúngaro, la Gran Galería continuó desempeñando un papel representativo como escenario de actos oficiales de la República de Austria. Aquí se celebraron importantes recepciones de Estado y tuvo lugar uno de los encuentros más célebres de la Guerra Fría: la reunión entre el presidente estadounidense John F. Kennedy y el dirigente soviético Nikita Jrushchov en 1961. En la actualidad, este espectacular salón sigue acogiendo conciertos y eventos especiales en el Palacio de Schönbrunn.

Adosada a la Gran Galería se encuentra la Pequeña Galería, la cual, junto con las salas contiguas, constituye uno de los mejores ejemplos de la evolución del estilo rococó durante el reinado de María Teresa, caracterizado por la combinación de superficies blancas brillantes y una abundante decoración dorada. Los paneles murales, trabajados para imitar el aspecto del mármol pulido, aportan luminosidad y elegancia al conjunto. El acabado actual es fruto de una cuidadosa restauración realizada a finales del siglo XX, que recuperó la apariencia original de estas superficies mediante técnicas artesanales tradicionales. En los extremos de la sala pueden verse los bustos de dos de las hijas de María Teresa que llegaron a ocupar importantes tronos europeos: María Carolina, reina de Nápoles y Sicilia, y María Antonieta, la célebre reina de Francia.

La decoración se completa con un fresco de techo pintado por Gregorio Guglielmi hacia 1760. La composición desarrolla el mismo mensaje político presente en la Gran Galería y presenta una alegoría del poder de los Habsburgo. La Eternidad ofrece la corona a la Casa de Austria, mientras distintas referencias al Imperio romano y a la Edad Media subrayan la antigüedad y legitimidad de la dinastía. La escena culmina con María Teresa y Francisco Esteban, representados como garantes de la continuidad de la casa de Habsburgo-Lorena, acompañados por alegorías de la Justicia y la Clemencia, virtudes asociadas al gobierno de la emperatriz.

A ambos lados de la Pequeña Galería encontramos dos singulares estancias: a la derecha Gabinete Chino Redondo y a la izquierda el gabinete chino ovalado. Ambos espacios destacan por una decoración inspirada en el arte de China y Japón, aunque se diferencian por la forma de su planta. Aquel primero, el gabinete Chino Redondo, cuenta con paredes revestidas con paneles de madera pintada de blanco y ornamentación dorada de rocalla, incorporando diferentes paneles de laca decorados mediante la técnica japonesa maki-e, que utiliza polvo de oro aplicado sobre la superficie lacada.

En ellos aparecen paisajes, arquitecturas, escenas de la vida cotidiana y motivos relacionados con la mitología china. Bajo los paneles se disponen pequeñas consolas doradas sobre las que se exhibe una variada colección de porcelanas procedentes de China y Japón, con figuras, jarrones y otros objetos. La decoración se completa con lámparas rococó de bronce dorado (ormolu) adornadas con flores esmaltadas, pertenecientes a la misma época. También destaca el pavimento, elaborado con diferentes maderas exóticas y locales que forman complejos diseños de marquetería.

Por su parte el Gabinete Chino Ovalado cuenta con una decoración que tambien refleja la fascinación que durante el siglo XVIII despertaron en las cortes europeas las lacas, sedas y porcelanas procedentes de China y Japón. María Teresa compartía esta afición por los objetos exóticos y utilizaba estos gabinetes para reuniones más íntimas con personas de su círculo cercano, donde eran habituales las partidas de cartas.

El interés de la emperatriz por otras culturas también se extendió al mundo otomano. Durante su reinado, las relaciones con el Imperio otomano evolucionaron desde la confrontación hacia un mayor intercambio comercial y cultural. Esta nueva fascinación por lo turco se reflejó en la vida cortesana, con óperas, fiestas y bailes de disfraces inspirados en Oriente. Una muestra de esta moda puede verse en la propia estancia, donde se conserva un retrato de María Teresa vestida con indumentaria de estilo otomano.

El extremo occidental de la Gran Galería se abre la sala del Carrusel, también conocida como Primera Antesala, que servía de espacio de transición entre aquella y los apartamentos que María Teresa y su esposo, Francisco Esteban, ocupaban en el ala oriental del Palacio de Schönbrunn. Sus pinturas ofrecen una interesante visión de la vida cortesana y recuerdan algunos de los episodios más destacados del reinado de la emperatriz.

El nombre de la estancia procede del gran cuadro situado a la izquierda, que representa el llamado Carrusel de las Damas. La escena muestra a María Teresa al frente de las damas de su corte durante un torneo celebrado en 1743 en la Escuela de Equitación de Invierno del Hofburg de Viena. El acontecimiento tuvo lugar para conmemorar una victoria militar durante la Guerra de Sucesión Austriaca y también sirvió para proyectar la imagen de una joven soberana capaz de defender sus derechos al trono en un momento de gran inestabilidad.

Al otro lado de la chimenea se encuentra la pintura que representa la primera ceremonia de investidura de la Orden de San Esteban, fundada por María Teresa en 1764 para reconocer méritos civiles. La emperatriz aparece bajo un majestuoso dosel en su condición de reina de Hungría, rodeada por miembros de la nobleza húngara vestidos con sus trajes tradicionales. Los retratos situados en las paredes laterales completan el conjunto y representan a los padres de María Teresa: el emperador Carlos VI y la emperatriz Isabel Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel.

Al lado se encuentra la sala de los Caballos que recibió este nombre por la destacada colección de pinturas ecuestres que decoran sus paredes. Durante el siglo XIX fue utilizada como comedor y, para recordar aquella función, hoy puede verse una mesa preparada siguiendo fielmente la disposición que tenía la estancia en esa época. En estas comidas no participaba la familia imperial, sino altos funcionarios de la corte y oficiales destinados al servicio del palacio. La decoración está dominada por una serie de veinte retratos de caballos pintados sobre placas de cobre y por cuatro grandes lienzos realizados por Johann Georg von Hamilton.

Estas obras, fechadas entre 1720 y 1730, se cuentan entre los elementos decorativos más antiguos conservados en Schönbrunn y reflejan la importancia que los caballos de raza tenían como símbolo de prestigio y representación en las cortes europeas. La pintura principal muestra una cacería en los bosques próximos al río Morava, al este de Viena. Entre los participantes aparece el emperador José I, para quien Schönbrunn fue concebido originalmente como pabellón de caza a comienzos del siglo XVIII. La obra, iniciada hacia 1707 por Philipp Ferdinand Hamilton y finalizada posteriormente por Johann Martin Rausch, destaca por su detallada representación de los animales.

La última estancia de los Apartamentos del Estado es la sala de Ceremonias, donde María Teresa recibía a embajadores y altos dignatarios. Preside la habitación uno de los retratos más célebres de la emperatriz, mientras que las grandes pinturas recuerdan la boda del archiduque José, futuro José II, un acontecimiento clave para la dinastía de los Habsburgo. En el momento de nuestra visita la estancia estaba cerrada al formar parte de un amplio proyecto de restauración (los trabajos tienen prevista su finalización en el verano de 2027) que incluye tanto la decoración histórica como el ciclo pictórico y el gran retrato de María Teresa. Sin embargo, se ha adaptado una sala anexa donde, mediante carteles, se habla de dicha estancia. A partir de aquí comienza el ala que ocupó los apartamentos privados de María Teresa y su esposo, Francisco Esteban (accesible con el “Palace Ticket” o con la modalidad “Guided tour Maria Theresia”).

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