VIENA (WIEN)

JARDINES DE SCHÖNBRUNN EN VIENA: FUENTES, LABERINTOS Y GLORIETA


Accedemos al interior del recinto del palacio de Schönbrunn a través de su Ehrenhof (patio de Paradas o de Honor), que constituye el gran espacio de acceso al edificio. El espacio queda enmarcado por las alas laterales del conjunto y, en su parte central, por la fachada principal del palacio. Uno de sus elementos más característicos son las dos fuentes circulares situadas frente al edificio. Presentan grupos escultóricos instalados en 1776, que sustituyeron a los que aparecían originalmente en las pinturas de Bernardo Bellotto. Las nuevas esculturas habían sido concebidas en un principio para el Gran Parterre, pero finalmente fueron trasladadas a este espacio del palacio.

En la fuente oriental, Johann Baptist Hagenauer representó los territorios de Galitzia y Lodomeria, incorporados recientemente a los dominios de los Habsburgo, junto con Transilvania. La fuente occidental presenta una composición de Franz Anton Zauner dedicada a tres de los principales ríos del territorio imperial: el Danubio, el Inn y el Enns. También es interesante la maqueta de bronce situada junto a la entrada principal, la cual reproduce a escala 1:200 el Palacio de Schönbrunn y el propio patio de Paradas. Instalada en 2013, fue concebida especialmente para que las personas con discapacidad visual puedan conocer mediante el tacto la estructura del conjunto. Realizada por la fundición Grassmayr, la pieza permite además apreciar de un vistazo la monumental disposición del palacio y sus alas laterales.

El ala oeste del palacio está ocupada por el Kindermuseum o Museo Infantil de Schönbrunn que permite descubrir de forma entretenida cómo era la vida cotidiana de los hijos de la familia imperial durante la época de María Teresa. En sus doce salas se abordan aspectos como la vestimenta, la alimentación, la higiene, la educación, los juguetes y el trabajo de los sirvientes. El recorrido incluye diferentes elementos interactivos, como juegos históricos, la posibilidad de conocer el antiguo lenguaje de los abanicos o aprender a preparar una mesa imperial. Además, cuenta con un espacio de disfraces donde los visitantes pueden vestirse como príncipes y princesas, convirtiéndolo en una opción especialmente atractiva para las familias.

De nuevo en el exterior y frente a la fachada sur del palacio se extiende el Gran Parterre, el espacio ajardinado más amplio de Schönbrunn. Su trazado responde a los principios del jardín barroco, concebido como una prolongación de la arquitectura palaciega: el eje central del edificio se prolonga hacia el jardín y organiza una composición basada en la simetría y en una sucesión de ejes geométricos.

A mediados del siglo XVIII, los parterres presentaban elaborados dibujos formados con setos bajos de boj sobre superficies de arena o grava de distintos colores. Estos motivos, conocidos como “broderie”, imitaban los diseños de los bordados textiles. En las dos grandes zonas situadas hacia el sur aparecían además los llamados “boulingrins”, superficies de césped ligeramente hundidas cuyo nombre procede del inglés bowling green. Aunque originalmente estaban relacionadas con el juego de bolos, en la jardinería francesa se incorporaron principalmente como elementos decorativos.

A ambos lados del Parterre se extendían los bosquetes, conjuntos de vegetación recortada con precisión que creaban pequeños caminos, espacios ocultos y rincones cerrados. De este modo, el jardín combinaba la rigurosa geometría del trazado con zonas destinadas a descubrirse progresivamente durante el paseo.

El diseño barroco original se atribuye probablemente al círculo de arquitectos de origen lorenés relacionado con el emperador Francisco Esteban. Sin embargo, en la década de 1770 fue sustituido por la composición que, en buena parte, ha llegado hasta nuestros días, siguiendo los proyectos del arquitecto Johann Ferdinand Hetzendorf von Hohenberg. Los antiguos dibujos geométricos dieron paso a parterres con flores, mientras que las altas hileras de setos laterales se colocaron en 1777 treinta y dos esculturas de temática mitológica e histórica.

Todas presentan una altura similar y descansan sobre altos pedestales. La mayoría están inspiradas en modelos de la Antigüedad clásica, formando un conjunto concebido para integrarse en la composición geométrica del jardín. El proyecto fue fruto de la colaboración entre Christian Wilhelm Beyer y el arquitecto de la corte Johann Ferdinand Hetzendorf von Hohenberg, aunque fue este último quien decidió la ubicación definitiva de cada escultura dentro del conjunto. El recorrido comienza junto al seto oriental, frente a la fachada del palacio, y continúa hasta el extremo occidental, en dirección a Hietzing.

En el centro del bosquete llamado “La estatua del emperador” se encuentra la escultura Alejandro y Olimpia, de Beyer. La escena muestra a Alejandro Magno, antes de partir hacia la guerra contra los persas, cuando su madre Olimpia le reveló que Júpiter era su verdadero padre. Las grandes avenidas de este bosquete desembocan en un espacio circular, conocido como rondeau, cuyo centro está ocupado por una pequeña fuente escultórica: la Östlicher Najadenbrunnen o fuente de la Náyade oriental (al oeste del gran Parterre se encuentra su equivalente).

Las dos figuras de las náyades, espíritus asociados a las fuentes y los ríos y vinculados al séquito de Neptuno, fueron realizadas por Wilhelm Beyer. La situada al oeste, que hasta 1772 formaba parte del Gran Parterre, representa a una náyade jugando con una criatura marina, mientras que la de este lado oriental aparece junto a un ave acuática. Alrededor de cada espacio circular se disponen ocho grandes jarrones de mármol neoclásicos, sobre altos pedestales, obra de Johann Baptist Hagenauer.

Más adelante encontramos la Engelsbrunnen o fuente de los Ángeles que probablemente forma parte del conjunto de elementos escultóricos incorporados al parque hacia 1777. Una descripción de 1784 ya menciona en este lugar una amplia zona abierta con una estructura de celosías, un gran portal y varios espacios con bancos. En el centro de esta fuente destacaba una gran pila de agua de tono rosado, sobre la que dos niños aparecían sentados sobre una ballena, de cuya boca brotaba el agua.

Las antiguas celosías fueron sustituidas por la actual verja de hierro hacia 1820-1830. La pila original, de forma similar a una concha y procedente del palacio renacentista de Neugebäude, fue retirada en la década de 1990 y reemplazada por una réplica para garantizar su conservación.

En un rincón del paseo delimitado por setos, en el lado oriental del parque, se encuentra la Schöner Brunnen o fuente de la Bella. El primer pabellón de esta fuente se atribuye al jardinero de la corte Adrian van Steckhoven, aunque en 1771 fue sustituido por una nueva construcción diseñada por el arquitecto Isidor Canevale. El pequeño edificio, de aspecto similar a un tempietto, presenta arcos de medio punto abiertos y una decoración de formas vegetales, con conchas, guirnaldas y haces de juncos.

En el interior aparece la figura de Egeria, realizada por Wilhelm Beyer, inclinada sobre una pequeña pila mientras sostiene una vasija de la que brotaba el agua de este manantial, muy apreciada por la corte vienesa. Según la tradición romana, Egeria era una ninfa que enseñó a los antiguos romanos a obtener el favor de los dioses mediante actos piadosos destinados a asegurar la prosperidad del Estado. La elegante escultura de Beyer es uno de los detalles más delicados del parque.

Los bosquetes de Schönbrunn también están decorados con esculturas de Christian Wilhelm Beyer y Johann Baptist Hagenauer, entre ellas la que vemos junto a la fuente de la Bella, que está dedicada a Eurídice, esposa de Orfeo. Según la mitología griega, Eurídice murió el día de su boda al pisar accidentalmente una serpiente venenosa mientras huía de los avances de Aristeo. La escultura representa precisamente ese instante: intenta liberar el pie de las fauces de la serpiente mientras vuelve la mirada, angustiada, hacia su perseguidor. Tras su muerte, Orfeo descendió al inframundo para intentar recuperarla, aunque su empeño terminó fracasando.

No muy lejos de aquí podemos ver un Columbario (palomar circular de gran altura) construido entre 1750 y 1776 y cubierto por una cúpula de cobre rematada por una linterna. A su alrededor se trazó hacia 1760 un sistema de caminos circulares y radiales conocido tradicionalmente como el “carrusel de Schönbrunn”. Restaurado por completo en 2009-2010, actualmente vuelve a estar habitado por palomas y su mantenimiento corre a cargo del Zoo de Viena. Seguimos caminando y ahora nos dirigimos al extremo sur del jardín, donde se encuentra la fuente del Obelisco.

Situada al pie de la colina de Schönbrunn, esta fuente marca el final de la avenida diagonal oriental, constituyendo uno de los principales puntos de referencia visual del parque. Fue diseñada por Johann Ferdinand Hetzendorf von Hohenberg y construida en 1777, mientras que la decoración escultórica corrió a cargo de Benedikt Henrici, siguiendo en parte modelos de Wilhelm Beyer.

La fuente está formada por una gran piscina al pie de una construcción rocosa que representa una gruta, sobre la que se eleva un obelisco sostenido por cuatro tortugas, símbolo de estabilidad. Entre las figuras de dioses fluviales y las cascadas, el agua desciende desde la parte superior hasta el estanque principal. El obelisco está cubierto de supuestos jeroglíficos que pretenden narrar la historia de los Habsburgo, aunque son simbólicos y no auténticos, ya que los jeroglíficos egipcios no fueron descifrados hasta 1822. En lo alto, un águila sobre una esfera dorada representa al soberano como intermediario entre el cielo y la tierra. El conjunto combina así referencias al Antiguo Egipto, la simbología solar y la idea barroca de estabilidad del poder.

A pocos pasos hacia el oeste, y al pie de las laderas boscosas de la colina de Schönbrunn, se encuentra la Ruina Romana, uno de los elementos más singulares del parque. Diseñada por Johann Ferdinand Hetzendorf von Hohenberg y construida en 1778, fue concebida desde el principio como una ruina artificial integrada en el paisaje, siguiendo una moda paisajística nacida en Inglaterra durante el siglo XVIII.

Aunque durante mucho tiempo se conoció como la Ruina de Cartago, en realidad se trata de una construcción completamente nueva inspirada en restos de la arquitectura de la antigua Roma. El conjunto está formado por un gran arco semicircular y varios muros decorados con relieves clásicos que crean la ilusión de un edificio antiguo abandonado al paso del tiempo. Más allá de su efecto pintoresco, la obra también tenía un significado simbólico: evocaba la grandeza de la antigua Roma y servía para reforzar la imagen de los Habsburgo como herederos de la tradición imperial romana.

Delante de la ruina se extiende un estanque con un grupo escultórico realizado por Wilhelm Beyer, que representa a los dioses de los ríos Danubio y Enns. Detrás del monumento, un camino asciende por la colina hasta una escultura de Hércules luchando contra Cerbero, el perro de tres cabezas que custodiaba la entrada al inframundo.

Si ahora seguimos un poco más hacia el oeste, nos toparemos con la fuente de Neptuno, la cual pone el broche final al eje principal del Gran Parterre, alzándose al pie de la colina de Schönbrunn. Formó parte del gran proyecto de remodelación de los jardines impulsado por María Teresa en la década de 1770. Las obras comenzaron en 1776 bajo la dirección del arquitecto de la corte Johann Ferdinand Hetzendorf von Hohenberg y concluyeron algunos años después, poco antes de la muerte de la emperatriz.

El monumento combina una amplia piscina con una escenográfica composición rocosa sobre la que se desarrolla un grupo escultórico realizado por Wilhelm Beyer. En el centro aparece Neptuno, dios del mar, de pie sobre un carro en forma de concha y sosteniendo su característico tridente. La escena representa el dominio de Neptuno sobre los mares, un motivo muy popular en el arte europeo entre los siglos XVI y XVIII, donde a menudo simbolizaba el poder y la capacidad de gobierno de los monarcas.

A su alrededor se encuentran diversas figuras mitológicas, entre ellas la diosa marina Tetis, varias ninfas y los tritones, seres mitad hombre y mitad pez que controlan los caballos marinos encargados de arrastrar el carro del dios. Durante el siglo XIX se plantó una pantalla de árboles tras el conjunto para reforzar su efecto visual. Aquí, además, se abre un balcón en la propia fuente desde donde se obtiene una de las imágenes más emblemáticas de los jardines y el palacio de Schönbrunn.

Subimos ahora la colina que domina los jardines, en cuya cima se alza la Glorieta de Schönbrunn. Los primeros proyectos de Johann Bernhard Fischer von Erlach ya contemplaban la construcción de un edificio en la colina situada tras Schönbrunn para culminar visualmente el conjunto palaciego barroco. Sin embargo, la idea no se materializó hasta la década de 1770, cuando María Teresa impulsó la remodelación de los jardines. La obra fue diseñada por el arquitecto de la corte Johann Ferdinand Hetzendorf von Hohenberg y se inauguró en 1775 como una elegante construcción porticada de estilo clasicista.

La construcción adopta la forma de un elegante pabellón porticado de estilo clasicista, con un gran arco central flanqueado por alas de arcadas semicirculares. Sobre el conjunto destaca una gran águila imperial posada sobre un globo terráqueo, mientras que una inscripción en latín recuerda a María Teresa y a su hijo y corregente José II. La fecha de construcción aparece representada mediante una antigua fórmula de numeración romana que corresponde al año 1775.

Muchos de los elementos arquitectónicos utilizados en la Glorieta procedían del inacabado palacio renacentista de Neugebäude, cuyos materiales fueron reutilizados por orden de María Teresa durante la remodelación de los jardines. De esta manera, escaleras monumentales, columnas, capiteles y decoraciones escultóricas contribuyen a la imagen majestuosa de esta construcción.

Durante la primera mitad del siglo XIX, el espacio central acristalado fue utilizado con frecuencia como comedor por la familia imperial. La terraza superior, por su parte, ha servido desde sus orígenes como mirador privilegiado sobre los jardines, el palacio y la ciudad de Viena, función que sigue desempeñando hoy. El espacio central acristalado, que actualmente alberga el Café Gloriette, fue restaurado junto con el resto del edificio durante las importantes obras de rehabilitación realizadas en la década de 1990.

Descendemos la colina para visitar la zona occidental de los jardines. Aquí se encuentran otras atracciones, previo pago para acceder, como el Zoo de Schönbrunn que tiene su origen en la antigua casa de fieras fundada por el emperador Francisco Esteban de Lorena. El recinto fue diseñado por Nicolas Jadot, comenzando a construirse en 1751 con una innovadora disposición radial: trece recintos para animales organizados alrededor de un pabellón central, completado en 1759. Este pabellón octogonal servía ocasionalmente como lugar de desayuno para la familia imperial. En 1779 los jardines de Schönbrunn se abrieron al público en 1779, incluyéndose la casa de fieras. Durante el siglo XIX llegaron especies cada vez más exóticas, como elefantes, canguros, camellos o jirafas. A finales del siglo XIX, la antigua menagerie se transformó en un jardín zoológico, por lo que, hoy está considerado como el zoológico más antiguo del mundo que sigue en funcionamiento.

En esta zona de los jardines de Schönbrunn se encuentran también varios espacios que permiten descubrir el parque desde una perspectiva diferente. El Maze, creado hacia 1720, fue concebido originalmente como un lugar de paseo entre altos setos y reconstruido en 1999 siguiendo su trazado histórico. Junto a él se encuentra el Labyrinthikon, un espacio de juegos y recorridos interactivos pensado para todas las edades. La tradición botánica de esta parte del parque se remonta a 1753, cuando Francisco Esteban creó el llamado Jardín Botánico Holandés, posteriormente ampliado con nuevas especies, invernaderos y un arboreto que acabarían dando origen al actual Jardín Botánico.

Entre sus principales elementos destaca la Casa de las Palmeras, una impresionante construcción de hierro y cristal de 113 metros de longitud que recrea ambientes fríos, templados y tropicales. También merece atención la Casa del Desierto, construida en 1904 para proteger la colección de plantas procedentes de Australia y Sudáfrica y dedicada actualmente a cactus y otras especies adaptadas a condiciones áridas. El recorrido se completa con el monumento ecuestre a José II, levantado en 1810 en reconocimiento a su papel en la conservación y ampliación de las colecciones botánicas y zoológicas de Schönbrunn. El broche al recinto se puede poner en el museo Imperial de Carruajes que muestra la vida de la corte de los Habsburgo a través de carruajes, vestidos y objetos personales. Destacan las piezas relacionadas con María Teresa, Francisco José I y la emperatriz Sisi. La joya de la colección es el coche de coronación dorado Imperial, acompañado de carruajes de Estado y de viaje. También conserva el automóvil de la corte Gräf & Stift de 1914, único de su tipo que ha sobrevivido.

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