VIENA (WIEN)

PALACIO DE SCHÖNBRUNN: APARTAMENTOS PRIVADOS DE FRANCISCO JOSÉ Y SISSÍ


El recorrido por la planta noble del palacio de Schönbrunn comienza desde su ala occidental, que ocupan los apartamentos privados de Francisco José y Elisabeth (Sissí). Aquí se encuentran espacios relacionados con su vida cotidiana y con la etapa final de la monarquía de los Habsburgo. Así, la visita comienza en la Antecámara, primera estancia que encontramos antes de acceder a los apartamentos privados de Francisco José y la emperatriz Isabel. Junto con otras salas de transición, formaba una especie de espacio intermedio entre las áreas de representación y las dependencias reservadas a la vida cotidiana de la familia imperial.

La habitación alberga varios retratos de miembros de la dinastía de los Habsburgo estrechamente vinculados a los orígenes de Schönbrunn. Entre ellos se encuentra el emperador Maximiliano II, que incorporó estos terrenos a sus cotos de caza en el siglo XVI, así como Leonor Gonzaga, impulsora de una residencia barroca que ya era conocida como Schönbrunn a mediados del siglo XVII. También pueden contemplarse los retratos de José I y su esposa Guillermina Amalia. Fue durante el reinado de José I cuando comenzaron las obras del pabellón de caza diseñado por Johann Bernhard Fischer von Erlach, considerado el origen del actual palacio. Tras la muerte del emperador, Guillermina Amalia continuó utilizando Schönbrunn como residencia.

En esta sala puede verse un ejemplo del minucioso trabajo de conservación que se realiza en el Palacio de Schönbrunn. La silla expuesta, perteneciente al mobiliario histórico del siglo XIX, muestra en un lado su estado antes de la restauración y, en el otro, el resultado final. Los trabajos permitieron recuperar la pintura blanca, los dorados y la tapicería original, muy deteriorados por el paso del tiempo y el uso. La restauración requirió alrededor de 100 horas de trabajo especializado y una inversión cercana a los 6.000€. Este ejemplo pone de manifiesto la importancia de preservar los elementos originales del palacio, ya que ninguna restauración puede sustituir por completo el valor histórico de una pieza auténtica.

Adosado se encuentra el despacho del ayudante de campo, uno de los espacios vinculados al funcionamiento diario de la corte imperial. Los ayudantes de campo eran oficiales del ejército elegidos para servir directamente al emperador y se turnaban para garantizar su disponibilidad las veinticuatro horas del día. Su principal cometido consistía en mantener informado al monarca sobre los asuntos militares y transmitirle la información necesaria para ejercer sus funciones como comandante supremo del ejército. Por este motivo, su despacho se encontraba situado muy cerca de las dependencias privadas del emperador. La estancia que puede visitarse hoy ha sido reconstruida a partir de una fotografía tomada hacia 1910. Gracias a la conservación del mobiliario original en los depósitos imperiales, ha sido posible recuperar el aspecto que presentaba este despacho durante los últimos años de la monarquía austrohúngara.

A continuación llegamos a la sala de Guardia, la cual estaba destinada a los guardias encargados de vigilar el acceso a los apartamentos del emperador y la emperatriz. Durante el reinado de Francisco José, distintas unidades de la guardia prestaban servicio en la corte de Viena, cuya categoría determinaba las zonas que tenían bajo su responsabilidad. Entre las unidades de mayor rango se encontraban la Arcièrenleibgarde y la Guardia Real Húngara, formadas exclusivamente por oficiales. Junto con la Trabantenleibgarde, se encargaban de garantizar la seguridad y el orden dentro de la corte, mientras que otras unidades, como los llamados Burggendarmen, vigilaban los alrededores de los palacios.

Un detalle destacado de la sala es la gran estufa de cerámica situada en el nicho. Como muchas otras del palacio, se alimentaba desde una estancia de servicio situada detrás del muro. Estos espacios, ocultos en los gruesos muros de Schönbrunn, permitían mantener en funcionamiento las estufas sin interferir en las habitaciones imperiales. El antiguo sistema de calefacción por aire caliente estuvo en servicio hasta 1992.

La siguiente es la sala de Billar, la primera de las estancias privadas y estancias de audiencia que ocupaba el emperador Francisco José. Durante el día funcionaba como sala de espera para los invitados que tenían concedida una audiencia privada con el monarca. La mesa de billar situada en el centro permitía entretener a los caballeros que aguardaban antes de las reuniones de la tarde. La decoración de la estancia refleja la estrecha relación de Francisco José con el ejército, al que consideraba una parte fundamental de su identidad.

En las paredes cuelgan tres grandes pinturas relacionadas con la Orden Militar de María Teresa, la máxima distinción militar de la monarquía de los Habsburgo. El cuadro central representa la ceremonia de creación de la orden en 1757, instituida por María Teresa tras la victoria en la batalla de Kolín. Los otros dos recuerdan las celebraciones del centenario de su fundación, celebradas en 1857 durante el reinado de Francisco José, con grandes banquetes en el Palacio de Schönbrunn. El emperador quiso que estas escenas ocuparan un lugar destacado en la sala, en consonancia con su habitual vestimenta militar tanto en público como en su vida cotidiana.

Seguimos el recorrido y ahora desembocamos en la sala de Audiencias, el lugar donde Francisco José recibía a las personas que tenían concedida una audiencia privada con él. Varias veces por semana también acudían aquí miembros del gobierno, altos mandos militares y funcionarios de la corte para presentarle sus informes. La estancia, conocida en los documentos históricos como sala de Nogal, fue acondicionada hacia 1765 para José II, cuando ejercía como corregente junto a su madre, María Teresa. Su decoración conserva los rasgos característicos del Rococó, con paneles de nogal, grandes espejos y ornamentación dorada de rocalla.

Un siglo después, Francisco José convirtió la sala en su espacio de audiencias y mantuvo el mobiliario de sus predecesores, tal y como también hizo en sus aposentos privados, para integrar el conjunto en la línea de gobernantes de su dinastía. Esta era la última estancia de sus dependencias privadas abierta a los visitantes, a partir de la cual comenzaban las habitaciones destinadas exclusivamente a la vida personal del emperador, de decoración más sencilla y ambiente más íntimo.

Le toca el turno al despacho de Francisco José, el cual refleja el carácter sobrio y disciplinado del emperador. Frente a la decoración más suntuosa de otras estancias de Schönbrunn, aquí predominan un mobiliario sencillo y numerosos objetos personales, fotografías y recuerdos relacionados con su esposa Isabel (Sissi), sus cuatro hijos y sus trece nietos.

Francisco José llevaba una vida marcada por una estricta rutina y pasaba buena parte de su jornada en esta habitación. Junto al escritorio situado frente a la ventana atendía diariamente documentos, informes y correspondencia, mientras que el desayuno y otras comidas ligeras también se servían habitualmente en el despacho. Entre los retratos destacan uno del emperador a los 33 años y otro de Isabel a los 27. Junto al escritorio se encuentra además una pequeña pintura de su hijo, el príncipe heredero Rodolfo, cuya muerte en Mayerling en 1889, cuando contaba con treinta años de edad, supuso un duro golpe para la familia imperial. Las circunstancias de aquel trágico episodio continúan sin estar completamente esclarecidas.

Una puerta oculta del despacho conduce a la habitación de Eugen Ketterl, ayuda de cámara de Francisco José. Sus memorias ofrecen interesantes detalles sobre la vida cotidiana del emperador y el funcionamiento de su servicio personal, compuesto por 14 personas. Ketterl seguía una rutina tan estricta como la de su señor: despertaba al emperador a las 3:30 de la madrugada, le ayudaba a vestirse, servía sus comidas y se ocupaba de su vestuario durante la jornada. Por la noche volvía a asistirle antes de retirarse, manteniendo una atención constante sobre las necesidades del monarca.

La siguiente habitación que encontramos es precisamente el dormitorio de Francisco José, una de las estancias más personales de Schönbrunn y el lugar donde el emperador murió el 21 de noviembre de 1916 a los 86 años, en plena I Guerra Mundial. La habitación refleja su estilo de vida austero, alejado del lujo de otras dependencias del palacio. Francisco José comenzaba su jornada de madrugada y se aseaba con agua fría en un sencillo lavabo, ya que no disponía de un baño con agua corriente. El inodoro con descarga no se instaló hasta 1899.

En una esquina se conserva la cama en la que falleció el emperador, mientras que un cuadro colocado sobre un caballete representa precisamente sus últimos momentos. Al igual que el resto de sus apartamentos, la estancia mantiene el aspecto que tenía en 1916, ofreciendo una imagen especialmente cercana del entorno privado en el que transcurrieron los últimos años de su vida.

A continuación se encuentra el gabinete de la Terraza Occidental, el cual marca el paso desde los apartamentos de Francisco José hacia las dependencias privadas de la emperatriz Isabel (Sisí). Sus dos juegos de puertas dobles señalan claramente el cambio de ambiente dentro del recorrido: esta estrecha estancia marca la transición hacia los apartamentos de la emperatriz, orientados al jardín Privado, un espacio del parque reservado exclusivamente a la familia imperial hasta 1918. Además, aquí una puerta acristalada permite acceder a una terraza desde la que se alcanza a ver un edificio auxiliar del palacio, utilizado en su día por la hija menor del matrimonio imperial, María Valeria, y su familia.

Desde aquí se llega al gabinete de la Escalera que fue utilizado por la emperatriz Sisí como espacio de trabajo y escritura. Aquí redactaba sus cartas, diarios y poemas, y aún se conserva parte de su biblioteca personal. Hasta el final de la monarquía, la estancia contaba con una escalera de caracol que comunicaba directamente con los apartamentos privados de la emperatriz situados en la planta baja, desde donde tenía acceso al jardín Privado. La escalera fue instalada en 1863 y retirada tras la desaparición de la monarquía.

Destacan también los revestimientos de seda originales del siglo XIX, especialmente delicados y sometidos a trabajos de conservación. En la pared principal se encuentra una reproducción del retrato póstumo de Isabel realizado por Friedrich August von Kaulbach, que muestra a la emperatriz idealizada como una belleza atemporal.

A continuación nos topamos con el Vestidor que se encontraba junto al dormitorio y constituía la estancia más privada de los apartamentos de la emperatriz Sisí. Era el espacio dedicado a su cuidado personal y a las rutinas de belleza que ocupaban una parte importante de su vida cotidiana.

Sisí concedía gran importancia a su aspecto físico y seguía estrictas rutinas de ejercicio y cuidado del cabello, cuyo peinado podía prolongarse durante varias horas al día. Una puerta oculta de la habitación comunicaba originalmente con una estrecha escalera que conducía al entresuelo, donde se encontraban los vestidores, el taller de costura y otras dependencias de su servicio personal. El mobiliario de madera de palisandro forma parte de un conjunto que también incluía los muebles del dormitorio imperial y varios armarios para la ropa blanca.

La siguiente estancia es el dormitorio de la pareja imperial, es decir, el de Francisco José y Sisí, el cual fue acondicionado con motivo de su matrimonio, celebrado en Viena el 24 de abril de 1854. La joven emperatriz había recibido una preparación acelerada para asumir su nuevo papel en la corte.

Los primeros años de matrimonio fueron difíciles para Isabel. En poco tiempo tuvo tres hijos: Sofía, nacida en 1855, Gisela, en 1856 y Rodolfo, el heredero, en 1858. La muerte de Sofía en 1857, antes de cumplir los dos años, afectó profundamente a la emperatriz. En 1868 nació María Valeria, la hija menor del matrimonio.

La estancia destaca por su mobiliario de palisandro, de formas propias del neorrococó, y por los revestimientos de seda azul con motivos florales blancos. La restauración realizada en 2014 recuperó los tejidos y elementos decorativos siguiendo modelos históricos, devolviendo a la habitación el aspecto que tuvo durante la época de la pareja imperial.

Inmediatamente se sitúa el salón de la emperatriz Isabel (Sisí), que era su principal estancia de recepción y la sala de mayor rango dentro de sus apartamentos. Su decoración, propia del neorrococó del siglo XIX, refleja el carácter ceremonial de las dependencias de la corte durante el reinado de Francisco José.

La habitación conserva el conjunto original de mobiliario utilizado por la emperatriz. Los trabajos de restauración permitieron recuperar los tejidos de seda siguiendo modelos históricos, devolviendo al salón parte de su aspecto original. La abundancia de muebles, documentada en los inventarios de la corte, también refleja la importancia que tenía esta estancia.

Isabel tuvo siempre dificultades para adaptarse a las estrictas normas de la corte vienesa. Su carácter independiente y su rechazo de muchas de las obligaciones oficiales la llevaron a distanciarse progresivamente de la vida cortesana. La muerte de su hijo Rodolfo en 1889 agravó su estado de ánimo y, años después, fue asesinada en Ginebra el 10 de septiembre de 1898. Su personalidad, su belleza y su singular forma de vida contribuyeron a crear la imagen de la Sisí que ha perdurado hasta nuestros días.

Llegamos ahora a la sala María Antonieta que era el comedor familiar de Francisco José e Isabel (Sisí). Aquí se celebraban pequeñas comidas en familia, a las que asistían el matrimonio imperial, sus hijos y, con el paso de los años, también sus parejas y nietos. El ambiente era mucho más relajado que en los grandes banquetes oficiales de la corte.

Las comidas familiares constaban normalmente de tres a seis platos. Mientras que en los actos oficiales predominaba la cocina francesa, Francisco José prefería los platos tradicionales vieneses, especialmente el Tafelspitz, mientras que Sisí se decantaba por ostras, pescado, carnes, verduras y helados de postre. Estos menús se preparaban en una cocina reservada exclusivamente para la familia imperial.

La estancia recibe su nombre de un tapiz de María Antonieta que permaneció aquí hasta el final de la monarquía. Fue un regalo de Napoleón III a Francisco José y estaba basado en una pintura de Élisabeth Vigée-Le Brun realizada en 1787. Actualmente, el lugar está ocupado por un retrato de Francisco José en los primeros años de su reinado.

Le sigue el salón de los Retratos de las Archiduquesas que formaba parte de los apartamentos de la emperatriz Isabel (Sisí), conservando una decoración de estilo neorrococó. La estancia también es conocida como sala de los Niños por la colección de retratos de las hijas de María Teresa, que nos traslada a la época anterior de Schönbrunn. María Teresa, antepasada directa de Francisco José, gobernó entre 1740 y 1780 y tuvo dieciséis hijos: once hijas y cinco hijos. La emperatriz utilizó los matrimonios de sus descendientes como instrumento de política dinástica, por lo que muchas de sus hijas fueron casadas a edades tempranas.

En esta sala se conservan los retratos de seis de sus hijas. Entre ellos no aparece María Antonieta, la más famosa de las archiduquesas, ya que todavía era demasiado pequeña cuando se realizaron los retratos. La pequeña puerta junto a la chimenea permite ver un baño instalado en 1917 para la emperatriz Zita. Las obras de remodelación no llegaron a completarse antes del final de la monarquía, en noviembre de 1918, por lo que el último matrimonio imperial nunca llegó a ocupar estas habitaciones.

Le toca el turno al gabinete del Desayuno, una pequeña estancia de esquina que destaca por su ambiente acogedor y por los delicados medallones florales integrados en los paneles de las paredes, ya que muestran la participación de la propia familia imperial en el embellecimiento de Schönbrunn. Según las fuentes de la época, los trabajos de aguja fueron realizados por Isabel Cristina, madre de María Teresa. Lejos de ser pinturas, las escenas están elaboradas con diminutos fragmentos de tela aplicados sobre seda, formando composiciones llenas de detalles en las que incluso pueden apreciarse pequeños insectos entre las hojas y las flores. La decoración se completa con varias piezas de porcelana expuestas sobre consolas situadas encima de la puerta y del espejo. En el centro de la sala se encuentra una mesa preparada para el desayuno con porcelana procedente de la manufactura Count Thun de Bohemia, evocando el ambiente de las comidas privadas de la corte imperial.

Llegamos a continuación al salón Amarillo, la primera de las estancias de los apartamentos que se encuentran orientadas hacia los jardines de Schönbrunn. Desde sus ventanas se disfruta de una magnífica perspectiva del gran parterre barroco, con la Glorieta cerrando el horizonte al fondo.

A lo largo de los siglos, la decoración de la sala ha ido cambiando, convirtiéndose en un buen ejemplo de las distintas etapas históricas que ha vivido el palacio. Los paneles blancos y dorados que hoy pueden verse fueron instalados en el siglo XIX y sustituyeron a los revestimientos de papel policromado chino y las telas de seda que decoraban la estancia durante la época de María Teresa. Parte del mobiliario, sin embargo, se remonta a alrededor de 1770 y muestra la transición entre los estilos rococó y Luis XVI.

Entre las obras expuestas destacan varios retratos al pastel de Joseph Pierre Lion, que representan niños de la burguesía con un notable realismo. También puede contemplarse una delicada imagen de una niña con una muñeca, realizada por Jean-Étienne Liotard, uno de los artistas favoritos de María Teresa. Estas escenas cotidianas contrastan con los retratos oficiales de la familia imperial que decoran otras salas de Schönbrunn.

Seguimos avanzando y la siguiente que encontramos es la sala del Balcón que reúne una amplia colección de retratos de María Teresa y de sus hijos, realizados en gran parte por el taller del pintor de corte Martin van Meytens. Estas obras permiten conocer mejor a la familia que convirtió Schönbrunn en una de las principales residencias de los Habsburgo.

En el centro de la sala destaca un retrato de María Teresa con los símbolos de su autoridad, rodeada por imágenes de sus hijos durante la infancia. La emperatriz consideraba fundamental asegurar la continuidad de la dinastía y, a lo largo de diecinueve años, tuvo dieciséis hijos, desde los diecinueve hasta los treinta y ocho años.

Sin embargo, no todos alcanzaron la edad adulta. Como ocurría en toda Europa en aquella época, la mortalidad infantil seguía siendo elevada y varios de sus hijos fallecieron a causa de enfermedades como la viruela. Entre las pinturas de la estancia sobresale también el retrato conjunto de sus tres hijos mayores: José, heredero del trono, junto a sus hermanos Carlos José y Pedro Leopoldo, futuro emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

Llegamos ahora a la sala de los Espejos, una de las estancias más elegantes de Schönbrunn y un magnífico ejemplo del esplendor rococó de la época de María Teresa. Los grandes espejos, combinados con los paneles blancos y dorados, multiplican la luz y crean un ambiente especialmente luminoso y refinado.

El mobiliario actual, decorado con dorados y tapizado en seda roja, fue incorporado durante el reinado de Francisco José, cuando el recuerdo del siglo XVIII se consideraba la edad de oro de la monarquía de los Habsburgo. Durante aquellos años, la sala acogía las llamadas audiencias públicas, en las que cualquier súbdito del imperio podía solicitar una breve entrevista con el emperador para presentar peticiones, agradecer honores o formalizar nombramientos.

La estancia también está vinculada a uno de los personajes más célebres de la historia de la música. Según la tradición, fue aquí donde el joven Wolfgang Amadeus Mozart, con apenas seis años, ofreció un concierto para María Teresa en 1762, protagonizando después una entrañable escena que quedó recogida en los escritos de su padre, Leopold Mozart.

Llegamos ahora a la primera (y más grande) de las tres Salas Rosa de Schönbrunn, las cuales reciben su nombre del pintor Joseph Rosa, encargado por María Teresa en la década de 1760 de realizar quince paisajes destinados a decorar este conjunto de estancias. Sus grandes lienzos representan paisajes idealizados, una temática muy acorde con los gustos artísticos del siglo XVIII.

En la pared principal de la Sala Rosa Grande destaca el retrato de Francisco Esteban de Lorena, esposo de María Teresa. Mientras ella gobernaba los territorios hereditarios de los Habsburgo como reina de Hungría y Bohemia y archiduquesa de Austria, Francisco Esteban fue gran duque de Toscana y, en 1745, elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

Sin embargo, su figura destacó especialmente por su interés por las finanzas, las ciencias y el coleccionismo. A él se debe la creación de la colección zoológica de Schönbrunn, origen del actual zoológico, considerado el más antiguo de Europa que continúa en funcionamiento. También participó en la transformación de los jardines del palacio, que pueden contemplarse desde las ventanas de esta estancia. El retrato de cuerpo entero muestra al emperador junto a una mesa sobre la que se reúnen diferentes objetos y piezas de colección. El conjunto alude a sus inquietudes intelectuales y a su interés por las artes, la historia y las ciencias naturales, ofreciendo una imagen de Francisco Esteban alejada de la tradicional representación del monarca como figura exclusivamente política o militar.

En la Segunda Sala Rosa Pequeña seguimos viendo grandes paisajes del pintor Joseph Rosa, que responden, como hemos señalado anteriormente, al gusto artístico de la corte de María Teresa durante el siglo XVIII. Joseph Rosa (1726-1805) pertenecía a una familia de artistas cuyo apellido original era Roos. Comenzó su trayectoria como pintor de las cortes de Berlín y Dresde y posteriormente desarrolló su carrera en Viena. En 1769 fue nombrado director de la Galería Imperial de Pinturas, cuyas colecciones constituyen hoy una parte fundamental del Kunsthistorisches Museum. Durante su dirección, Rosa elaboró además el primer catálogo de la galería siguiendo criterios próximos a los de la moderna historia del arte. A partir de este punto comienza la zona de las Salas de Estado y estancias de representación del palacio de Schönbrunn que se puede visitar con el “Palace Ticket” (visita completa) o con el “State Apartments” que da acceso solamente a esta zona.

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