El edificio de la actual iglesia está formando por dos espacios sagrados anteriores: la capilla de santa Isabel, cuya pertenencia al VOTSF (institución católica sin fines de lucro establecida) se remontaba ya a noviembre de 1638, y la primera iglesia de la Reina Santa Isabel, que se construyó entre 1677 y 1690. Así pues, debido a la falta de espacio por el incremento del número de fieles, el nuevo cuerpo de la iglesia de los Terceros (también conocida como de la Tercera Orden) se construyó en 1795 con una nueva arquitectura religiosa que llegó a Oporto, el neoclasicismo. La sacristía, adosada al templo, fue levantada antes que la iglesia, en el mismo lugar donde antaño había un refugio para pobres y para ayudar a las mujeres, el primero de su tipo en la ciudad.
La iglesia fue proyectada por Antonio Pinto de Miranda, quien también diseñó el retablo mayor que fue construido por el célebre tallista Manuel Moreira da Silva. La armoniosa fachada, cuya organización y decoración del espacio pertenecen ya a una estética clasicista, fue una imposición que deriva de la corriente europea de la época y de la arquitectura palladiana que Oporto introdujo en algunas de sus obras más emblemáticas, como el Hospital de Santo António, la desaparecida capilla de Nossa Senhora do Ó y la casa da Feitoria.
La fachada principal arquitectónicamente cuenta con líneas sencillas neoclásicas, alejadas de la profusión decorativa barroca, y dividida en dos plantas: en el piso inferior vemos cuatro columnas dóricas apoyadas sobre un basamento alto, en cuyos espacios se encuentran las esculturas alegóricas de la Humildad y la Penitencia, mientras que en el superior lo compone cuatro columnas jónicas, entre las que se abren tres grandes ventanales, siendo el central el más grande. La fachada se encuentra coronada por un frontón triangular con tímpano roto, cuyo centro luce el escudo de armas de la Orden rematado por la corona real, mientras que sobre dicho frontón vemos otras tres esculturas alegóricas: la Esperanza y la Caridad, situados a los lados, y la de la Fe que se encuentra en el centro.
Para visitar su interior hay que atravesar la sala donde se venden los tiques y posteriormente entrar por la primera puerta que nos encontramos a la derecha. La iglesia cuenta con una sola nave longitudinal, conteniendo retablos, estucos y pinturas murales que nos trasladan a un ambiente romántico y erudito, con clara influencia italiana, en el que destaca la coherencia en el uso de aquel nuevo estilo. La decoración de los relieves de estuco, así como los retablos laterales, son de Luís Chiari, uno de los introductores del neoclasicismo italiano en Portugal.
En esos retablos laterales, tallados con madera en blanco y dorado, contiene las imágenes de: en el lado del Evangelio (a nuestra izquierda si miramos hacia el Altar Mayor) vemos las de Santa Margarita de Cortona y Nuestra Señora de la Concepción; en el lado de la Epístola (a nuestra derecha) están las esculturas de san Luis, rey de Francia, y santa Isabel. A cada lado, y a modo de división entre los retablos, se sitúan dos pulpitos enfrentados, sostenidos por una columna de piedra adosada, con barandilla de madera que se encuentra decorada con tallas de ramas, y una puerta con cornisa de arco de medio punto sobre corona.
En un extremo del recinto se encuentra el coro alto con un órgano, mientras que en el otro está el Altar Mayor que es más bajo y estrecho en relación con el resto de la nave, enmarcado por un alto arco del triunfo, cuyo remate presenta una importante composición armorial, compuesto por los escudos de la Orden y el de Portugal, rematados por una corona real. El techo de la capilla Mayor cuenta con bóvedas de cañón decoradas, al igual que las paredes, con relieves de estuco y pinturas de escenas angelicales. El retablo mayor sigue el mismo estilo que los retablos laterales y presenta una tribuna con arco de medio punto flanqueada por dos pares de columnas compuestas doradas. Lo preside una pintura en la que se representó la entrega de san Francisco de la Regla a San Lucio y Santa Bona en presencia de los fieles. En ella destaca la figura de san Francisco que con el dedo apunta a la dimensión celeste, representada por un triángulo azul que contiene la fecha de realización de la obra (1797). Esta pintura, al igual que las del techo de la iglesia, fueron ejecutadas por José Teixeira Barreto, artista de influencia italiana.
Adosada a todo lo largo de la iglesia, en el lado del Evangelio y con acceso a través de unas puertas laterales de la nave, se encuentra la capilla de Nuestra Señora de los Dolores (capela de Nossa Senhora das Dores) y la sacristía. La capilla presenta un techo compuesto por una bóveda rebajada con relieves vegetales estucados. En el fondo hay un coro alto sostenido por los muros laterales y con balaustrada de madera, mientras que en la pared enfrentada se encuentra el retablo tallado de Nuestra Señora de los Dolores, situado entre dos puertas que dan acceso a la sacristía, en cuyo entablamento se encuentra la talla del “Corazón de Nuestra Señora” que se encuentra rodeado por dos imágenes femeninas. A la izquierda se sitúa el retablo de san Antonio del siglo XIX, situado entre dos ventanales.
En el centro de la sala se exponen diferentes cartas de los hermanos franciscanos, auténticos documentos históricos de la Orden de los Terceros de san Francisco, en los que se puede apreciar el arte del grabado del siglo XVIII. Las que aquí vemos son documentos que los hermanos de otras terceras ordenes franciscanas de Portugal, u otros territorios que formaban parte del Imperio Portugués, como Brasil, o incluso de Pontevedra en España, presentaban para acreditar que ya eran miembros de la misma orden en sus lugares de origen para ser aceptados aquí. El estudio de estas cartas revela interesantes datos de la iconografía de esta orden, mediante el estudio de los numerosos grabados que contiene, realizados hábilmente por personas como Guilherme Francisco Lourenço Debrie, Francisco Xavier o António Joaquim Padrão.
Entramos ya a la sacristía, en la que destaca las obras que efectuó el entallador italiano Luigi Chiari, tras recibir el encargo por la Orden en diciembre de 1801. En concreto hizo el altar de la sacristía rematado por tres espejos y dos “trumeaux” (mesa y espejo) ubicados en los espacios que hay entre las ventanas. De igual manera vemos un retablo que contiene la imagen de Nuestra Señora de la Concepción, mientras que enfrente se encuentra otro que invoca a san Francisco con Cristo Muerto en la Cruz, flanqueado por dos puertas que da acceso a la sala del Lavatorio. Estos muebles neoclásicos, hechos con maderas lisas sin dorar, mantienen una gran armonía con las elegantes obras de estucos y pinturas del techo, realizados en la misma línea estética.
El fresco del medallón central representa a la Iglesia y a las Virtudes Teologales, mientras que las pinturas de las cuatro esquinas son alegorías. Por su parte los relieves en estuco representan objetos y símbolos religiosos, además de otros elementos geométricos y florales, característico de aquella moda arquitectónica. En definitiva, se trata de uno de los conjuntos con decoraciones neoclásicas más elaborado que se puede encontrar en la ciudad de Oporto, junto con la iglesia, la capilla de san Antonio y el lavatorio contiguo y que vamos a ver enseguida.
La sala del lavatorio contiene un lavabo realizado en granito por el maestro cantero Bernardo Moreira entre 1801 y 1802, y que también sigue la línea neoclásica que caracteriza al resto de las obras de la Iglesia de la Orden Tercera de San Francisco. El lavabo fue diseñado por el António Pinto de Miranda, quien también fue el responsable de la elaboración de los planos de la iglesia. El lenguaje neoclásico está presente en cada parte del lavabo: desde el pináculo que lo corona, flanqueado por festones, hasta la zona central que se construyó a modo de samovar, del cual emana agua que cae a una pila con pie de balaustre. Por otro lado, a ambos lados de la fuente vemos las esculturas de unos ángeles del siglo XVIII, cuya funciona era la de portar las velas.
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