Pocas construcciones han transformado tanto el perfil urbano de Barcelona en las últimas décadas como la Torre Glòries. Visible desde numerosos puntos de la ciudad, este edificio se ha convertido en uno de los símbolos de la Barcelona contemporánea, del mismo modo que en su día lo fueron el templo de la Sagrada Familia o las grandes obras de la Exposición Internacional de 1929. Sin embargo, más allá de su llamativa silueta, la torre es también una de las obras arquitectónicas más interesantes construidas en España durante el siglo XXI. Situada junto a la plaza de les Glòries Catalanes, en el límite entre el Eixample y el distrito tecnológico 22@, la torre nació como sede corporativa de Aigües de Barcelona y fue conocida durante años como Torre Agbar.
Fue diseñada por el arquitecto francés Jean Nouvel en colaboración con el estudio barcelonés b720 de Fermín Vázquez. Se comenzó a construir en 1999 y fue finalmente inaugurada en septiembre de 2005. Concebido como un edificio eficiente y tecnológicamente avanzado, su diseño busca además integrarse en el entorno urbano y minimizar su impacto ambiental. Además, Jean Nouvel explicó en varias ocasiones que no pretendía levantar un rascacielos convencional, sino que su propuesta se inspiraba en varios elementos profundamente ligados a Cataluña: por un lado, la montaña de Montserrat, con sus formas redondeadas y erosionadas; por otro, la arquitectura de Antoni Gaudí y especialmente los pináculos de la Sagrada Familia. El propio arquitecto también comparó el edificio con un géiser que emerge desde las profundidades de la tierra.
La torre cuenta con una superficie construida de unos 50.500 metros cuadrados distribuidos en 30 plantas y una altura de 144 metros, lo que la convierte en uno de los edificios más altos de Barcelona. Su estructura está formada por dos cilindros elípticos de hormigón situados uno dentro del otro y revestidos por una doble fachada. La capa interior está compuesta por 4.400 ventanas, además de estar revestida con chapas de aluminio lacadas en 26 tonalidades diferentes, entre las que predominan los colores tierra, los azules, los verdes y los grises, mientras que la exterior y 52.744 lamas de vidrio transparente y translúcido que envuelven el conjunto y genera reflejos cambiantes según la luz del día, además de actuar como protección solar que ayuda a regular la temperatura interior. Este sistema permitió reducir el consumo energético y convirtió al edificio en una referencia de la arquitectura bioclimática de comienzos del siglo XXI.
Durante la noche, la torre adquiere una apariencia completamente diferente gracias a un sofisticado sistema de iluminación diseñado por Yann Kersalé. Más de 4.500 dispositivos LED permiten crear innumerables combinaciones lumínicas que han convertido al edificio en protagonista habitual de celebraciones, festivales y eventos culturales de la ciudad. Su iluminación habitual despliega una gradación de colores que representa los cambios de temperatura del edificio y la relación con su entorno. En la base predominan los tonos cálidos, asociados a la tierra y al calor del subsuelo, mientras que a medida que la estructura gana altura aparecen colores más fríos y azulados. La composición culmina en una cúpula de cristal prácticamente transparente que parece fundirse con el cielo.
Durante años la torre fue un edificio esencialmente corporativo y no estaba abierta a las visitas. La situación cambió tras su adquisición por Merlin Properties en 2017, cuando se puso en marcha un proyecto destinado a acercar este icono arquitectónico a la ciudadanía. El resultado fue el Mirador Torre Glòries, inaugurado en 2022. La propuesta no consiste únicamente en subir a una plataforma panorámica. Sus responsables plantearon un recorrido que combina arquitectura, tecnología, arte contemporáneo y reflexión sobre la ciudad. Por ello la visita se articula en tres espacios diferenciados: el Hipermirador, el Mirador y Cloud Cities Barcelona.
La experiencia comienza en la base de la torre, en el lugar conocido como Hipermirador Barcelona. Se trata de una propuesta muy diferente a la de un mirador tradicional, ya que no está pensada para contemplar la ciudad a través de ventanas, sino para descubrirla mediante datos, imágenes y experiencias inmersivas. Propone una aproximación a la ciudad a través de instalaciones audiovisuales, arte digital, ciencia y análisis de datos. La idea principal es presentar Barcelona como un organismo vivo, donde la movilidad, el clima, la actividad humana o la evolución urbana están en constante transformación, los cuales podemos ver y escuchar, desde una perspectiva poco habitual, gracias al big data que recibe la torre procedente de múltiples sensores que registran la actividad de la ciudad, muchos de ellos en tiempo real.
Así, la obra sonora “Sirena”, creada por Maria Arnal y John Talabot, lejos de ser una simple banda sonora, es una composición que evoluciona constantemente en función de diferentes indicadores urbanos y ambientales. La pieza musical se genera de manera dinámica utilizando información en tiempo real relacionada con aspectos como la velocidad del viento, las precipitaciones, la temperatura del mar o los niveles de contaminación atmosférica. Gracias a ello, la música nunca suena exactamente igual y refleja los cambios que experimenta Barcelona a lo largo del día. El resultado es una instalación de arte digital que transforma datos invisibles en sonidos, permitiendo percibir de una forma diferente la actividad y las condiciones ambientales de la ciudad.
Otra de las propuestas del Hipermirador es “Barceloneses”, creada por Joan Sallas, donde se pone el foco en aquellos seres vivos que comparten la ciudad con sus habitantes, pero que a menudo pasan desapercibidos. Árboles, aves, mariposas, murciélagos y numerosos microorganismos forman parte del ecosistema urbano y desempeñan un papel fundamental en el equilibrio ambiental de Barcelona. Esta instalación invita a reflexionar sobre la relación entre las personas y el resto de especies que habitan el espacio urbano.
La presencia de vegetación, fauna y microorganismos influye directamente en aspectos como la biodiversidad, la calidad ambiental y el bienestar de quienes viven en la ciudad. El recorrido está compuesto por diversas figuras realizadas en papel que representan algunas de estas especies. Algunas de ellas van acompañadas de pantallas que muestran creaciones audiovisuales que permiten descubrir cómo estos habitantes no humanos interactúan con el entorno urbano y cómo se adaptan a una ciudad en constante transformación.
Atmósferas es la gran instalación audiovisual situada en el centro del Hipermirador que invita a descubrir una Barcelona que va más allá de sus calles y edificios, formando un ecosistema complejo e interconectado. A través de datos y visualizaciones en tiempo real, explora elementos esenciales como la atmósfera, el mar y los fenómenos naturales que influyen en la vida cotidiana de la ciudad. La obra presenta una visión dinámica de Barcelona mediante cuatro atmosferas distintas: ‘El cielo que nos cubre’, ‘Viento’, ‘Nuestro mar’ y ‘Paisajes sonoros’. Aquella primera está dedicada al cielo y permite observar la posición de constelaciones, satélites, aviones y otros cuerpos celestes en el momento de la visita.
La del viento, muestra su dirección y velocidad, así como información sobre la calidad del aire, el polen y las esporas presentes en la atmósfera. ‘Nuestro mar’ analiza la relación del Mediterráneo con la actividad urbana mediante datos como la temperatura del agua, las emisiones de CO₂ o el tráfico marítimo y aéreo.
Finalmente, ‘Paisajes sonoros’ incorpora distintos acordes que reproducen los sonidos característicos de la ciudad a través tres fuentes de la ecología acústica: biofonías (sonidos emitidos por los organismos vivos no humanos), geofonías (sonidos producidos por la Tierra) y las antropofonías (producidos por el ser humano). Para ello, presenta cuatro ambientes sonoros representativos: la ciudad, la sierra de Collserola, el mar y el delta del Llobregat. Durante la visita se reproduce uno de ellos de forma alterna, permitiendo descubrir diferentes facetas acústicas del entorno barcelonés.
La última instalación del Hipermirador es Ritmos, una experiencia audiovisual que utiliza datos recopilados en tiempo real para mostrar la actividad de Barcelona desde una perspectiva diferente. A través de tres pantallas superpuestas que generan un efecto tridimensional, la obra representa los flujos y movimientos que marcan el funcionamiento diario de la ciudad. La instalación evoluciona constantemente gracias a información actualizada al instante, reflejando fenómenos como la actividad en redes sociales o las condiciones ambientales. De este modo, ofrece una visión dinámica de Barcelona como un organismo vivo en permanente transformación.
Tras terminar este interesante espacio, ahora nos disponemos a llegar hasta el mirador que se encuentra en lo alto de la torre. Para ello es necesario tomar un ascensor, cuya particularidad es que tiene el techo de cristal para poder ver su interior y comprobar la velocidad en la que sube, por lo que en aproximadamente 30 segundos nos dejará en la planta 30.
Esta cubierta de observación fue inaugurada exactamente el veinte de mayo de 2022. Aquí, a 125 metros de altura, Barcelona se extiende a tus pies. Desde el Mirador de la Torre Glòries se puede disfrutar de una panorámica de 360 grados, con una vista que se extiende desde las montañas de Collserola hasta el Mediterráneo, lo que permite contemplar simultáneamente los principales hitos urbanos de Barcelona, además de ver la ciudad desde una perspectiva completamente diferente.
No es casualidad que la torre se encuentre en la plaza de les Glòries. Cuando Ildefons Cerdà diseñó en 1860 la trama del nuevo Barcelona, este punto estaba pensado como uno de los centros de la ciudad, precisamente donde hoy confluyen tres de sus grandes avenidas: la Meridiana, la Gran Vía y la Diagonal. Desde las alturas resulta especialmente fácil reconocer la característica cuadrícula del Eixample y entender cómo se articula la ciudad.
El recorrido por el mirador permite reconocer la particular estructura urbana de Barcelona y observar cómo las calles y manzanas del Eixample forman una extensa cuadrícula, difícil de apreciar desde el suelo. Desde aquí también se identifican algunos de los principales referentes de la ciudad: hacia el oeste el Eixample y la Sagrada Familia, hacia el sur Montjuïc, el puerto y buena parte del frente marítimo; al norte las montañas que rodean Barcelona, como la sierra de Collserola y el Tibidabo, mientras que al este se observan las playas, el Mediterráneo y el distrito tecnológico del 22@.
Podemos detectar fácilmente los lugares y monumentos más importantes del horizonte gracias a paneles que se distribuyen alrededor del mirador. Pero más allá de los monumentos, la cubierta de observación permite ver la propia ciudad en movimiento. A esta altura, todo adquiere otra perspectiva: el ritmo de los coches, el vuelo de las aves o el desplazamiento de las nubes forman parte de un paisaje que cambia constantemente.
La parte más singular de la visita se encuentra en el interior de la propia cúpula de la torre. A estas alturas ya te habrás dado cuenta de que suspendida sobre el mirador se encuentra una impresionante instalación artística. Se trata de Cloud Cities Barcelona creada por el argentino Tomás Saraceno, reconocido internacionalmente por sus proyectos que combinan arte, ciencia y arquitectura para explorar nuevas formas de comprender el universo y nuestro lugar en él. A lo largo de su trayectoria ha trabajado junto a investigadores y especialistas de campos tan diversos como la astrofísica, la biología o el diseño, creando obras que conectan fenómenos microscópicos con procesos que ocurren a escala planetaria y cósmica. Esta colaboración constante con científicos e investigadores ha dado lugar a obras que combinan arte, conocimiento y experimentación.
Sus instalaciones invitan a reflexionar sobre la relación que mantenemos con el entorno y sobre la interdependencia que existe entre todos los seres vivos. Gran parte de la obra de Tomás Saraceno se centra en estructuras inmersivas y experiencias participativas como Cloud Cities Barcelona. Saraceno propone una nueva mirada sobre la ciudad, la naturaleza y el espacio, al tiempo que plantea cuestiones relacionadas con la sostenibilidad y los desafíos medioambientales del mundo actual.
Todas sus obras proponen una reflexión sobre la convivencia entre las sociedades humanas y otras formas de vida, reivindicando la importancia de aquellas realidades que durante mucho tiempo han quedado relegadas a un segundo plano, además de incorporan una clara preocupación por los desafíos medioambientales actuales. Dentro de esta línea de investigación artística se enmarca Cloud Cities, una de sus creaciones más conocidas. Este proyecto, desarrollado durante años y presentado en distintas partes del mundo, invita a imaginar nuevas formas de habitar y comprender nuestro entorno a través de estructuras que parecen desafiar la gravedad y que convierten la exploración del espacio en una experiencia participativa.
Si tu entrada incluye el acceso a la instalación, puedes adentrarte en su estructura y recorrer sus diferentes espacios. Al caminar por ella, la sensación es casi la de estar suspendido sobre Barcelona, con la ciudad extendiéndose bajo tus pies. La instalación está formada por una compleja red de cables y plataformas transitables que recuerda a una enorme telaraña. Las dimensiones de la obra son igualmente sorprendentes: Cloud Cities Barcelona está formada por unos 9.000 cables, 1.200 paneles y más de 5.000 elementos de conexión, muchos de ellos fabricados específicamente para adaptarse a la estructura.
Todo el conjunto queda suspendido de la cúpula del mirador mediante más de 260 puntos de anclaje instalados expresamente para este espacio. Más allá de su espectacularidad, hay que volver a resaltar que la obra plantea una reflexión sobre nuestra manera de vivir y relacionarnos dentro de un entorno urbano en constante transformación. Saraceno convierte así el mirador en un espacio desde el que no solo observar Barcelona, sino también plantearnos cómo la habitamos y cómo podríamos imaginar su futuro. Como ya hemos visto, el artista utiliza esta estructura para reflexionar sobre las relaciones y conexiones que existen entre quienes habitan una ciudad y sobre la dependencia que mantenemos unos de otros.
Para más información sobre horarios, precios, actividades, etc., acude a la web de la Torre Glòries o visita la página de turismo oficial de Turisme de Barcelona, donde encontrarás toda la información que necesites de éste y otros monumentos y sitios de interés de la ciudad:
Copyright© 2018 ESTurismo.