La planta 0 del museo del Diseño de Barcelona está enteramente ocupada por la exposición “Objetos comunes. Historias locales, debates globales”, la cual invita a descubrir cómo los objetos van más allá de su función práctica para convertirse en reflejo de identidades, valores compartidos y formas de entender la sociedad. De este modo, el diseño aparece como un lenguaje capaz de conectar personas, culturas y experiencias diversas mediante la dimensión simbólica de las cosas que nos rodean. Asimismo, la muestra pone de relieve la estrecha relación entre el diseño y los grandes desafíos de nuestro tiempo, evidenciando cómo la creatividad y la innovación pueden contribuir a ofrecer respuestas a algunas de las cuestiones colectivas más relevantes de la actualidad.
Esta exposición se articula en cuatro subsecciones diferentes: “Itinerario. Historias locales, 1930-2020”, “Parlamento. Debates globales”, “Exposiciones variables” y “#DISSENY_BARCELONA”. El primero de ellos, “Itinerario. Historias locales (1930-2020)”, ofrece un recorrido cronológico que abarca desde la década de 1930 hasta nuestros días. A través de algunas de las piezas más representativas de la colección, el visitante puede seguir la evolución del diseño en Barcelona, Cataluña y el conjunto de España. Más que una simple sucesión de objetos, el recorrido muestra cómo el diseño ha influido en la cultura, la economía y la vida cotidiana, al tiempo que pone en valor la riqueza del patrimonio conservado por el museo.
La primera parte de esta subsección recorre el periodo comprendido entre 1930 y 1959, una etapa clave en el nacimiento del diseño moderno en Cataluña. Durante estos años, la arquitectura racionalista introdujo ideas como la funcionalidad, la producción en serie y la adaptación de los objetos a la vida cotidiana. Aunque la Guerra Civil Española frenó este proceso, algunos profesionales mantuvieron el vínculo con las corrientes internacionales y sentaron las bases de su recuperación en los años cincuenta. Las piezas expuestas muestran especialmente la influencia del GATCPAC (Arquitectos y Técnicos Catalanes para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea), grupo creado en 1930 y liderado por figuras como Josep Lluís Sert, Josep Torres Clavé y Germán Rodríguez Arias, fundamentales en la difusión del racionalismo y del diseño contemporáneo en Cataluña.
Entre las piezas destacamos la butaca GATCPAC una de las seis piezas incluidas en el recorrido táctil de la exposición, realizada por el miniaturista Fernando Setien. La pieza reproduce a escala una butaca diseñada de forma colectiva en 1936. Su estructura, realizada en madera de roble, se combina con un asiento y un respaldo tejidos con fibra vegetal, tomando como referencia el mobiliario tradicional de Ibiza. Sus líneas sencillas y la ligera curvatura de los brazos y el respaldo reflejan una búsqueda temprana de comodidad y funcionalidad. La butaca original también se expone aquí, junto a una fotografía del Pabellón de la República Española en París de 1937, donde compartió espacio con obras icónicas como el Guernica de Picasso.
La Guerra Civil y el triunfo del franquismo obligaron al exilio a numerosos integrantes del GATCPAC, lo que contribuyó a difundir sus ideas y proyectos fuera de España. Uno de ellos fue Antoni Bonet Castellana, que en Argentina colaboró con Juan Kurchan y Jorge Ferrari Hardoy, compañeros a los que había conocido en el estudio de Le Corbusier. Juntos crearon el Grupo Austral y, en 1938, diseñaron la silla BKF, conocida inicialmente como modelo Austral. La pieza alcanzó pronto reconocimiento internacional. En 1943 pasó a formar parte de la colección de diseño del MoMA de Nueva York y, años después, la firma Knoll impulsó su popularidad bajo el nombre de Butterfly Chair, inspirado en su silueta similar a la de una mariposa. Su diseño combina una ligera estructura metálica con una funda de cuero suspendida, creando un asiento cómodo y desenfadado. Su estética moderna y elegante se alejaba de las sillas tradicionales, lo que contribuyó a convertirla en un icono habitual de la publicidad y del diseño del siglo XX.
Durante la dictadura franquista, la política de autarquía frenó el desarrollo industrial y agravó las dificultades cotidianas de la población. Aun así, surgieron algunas propuestas ingeniosas que intentaban dar respuesta a las necesidades del momento. Entre ellas destaca la fregona creada por el ingeniero aragonés Manuel Jalón, un objeto que revolucionó las tareas domésticas en los años cincuenta al hacer la limpieza mucho más cómoda. Inspirada en modelos estadounidenses, la fregona fue perfeccionada en España junto con el cubo escurridor hasta alcanzar una forma muy similar a la que conocemos hoy. Las patentes y los anuncios conservados muestran cómo este invento pasó de ser una innovación técnica a convertirse en un elemento habitual en los hogares.
Tras los años más difíciles de la posguerra, resurgió el interés por recuperar los ideales de la modernidad. Arquitectos y diseñadores retomaron la influencia racionalista del GATCPAC y se inspiraron en las nuevas corrientes que llegaban desde Italia, Alemania y los países nórdicos. En este contexto surgieron muebles funcionales, económicos y adaptados a las viviendas modernas. Entre las piezas expuestas destaca la silla Moragas, diseñada por Antoni de Moragas para el concurso Pro dignificación del hogar popular de 1954. Formaba parte de un sistema modular de cincuenta elementos pensado para amueblar una vivienda completa. Su diseño sencillo, basado en estructuras de tubo de hierro y paneles de madera, facilitaba la producción en serie y permitía ofrecer muebles accesibles sin renunciar a la calidad ni al confort.
Durante las décadas de 1950 y 1960 comenzaron a surgir en España diversas iniciativas destinadas a impulsar y difundir el diseño industrial. Arquitectos, artistas y artesanos promovieron una renovación cultural que buscaba alejarse del ambiente conservador de la época. En Barcelona destacó el Grupo R, con figuras como José Antonio Coderch, Antoni de Moragas u Oriol Bohigas, mientras que en Madrid cobraron relevancia varios arquitectos vinculados a la Revista Nacional de Arquitectura.
De estos movimientos renovadores nacieron algunas de las piezas que se exhiben en este espacio, como los muebles modulares de Equipo 57, el mobiliario diseñado por Barba Corsini para los apartamentos de La Pedrera o las creaciones de Coderch. Entre ellas sobresale la lámpara Coderch, realizada con finas láminas de madera. Su diseño crea una iluminación cálida inspirada en el resplandor del fuego doméstico. Gracias a su estética moderna y funcional, se convirtió en un referente para muchos arquitectos de la época y en un símbolo de la nueva arquitectura contemporánea.
Seguimos en “Itinerario. Historias locales (1930-2020)”, aunque ahora entramos en un nuevo ámbito, el que va de 1960 a 1979, cuando el diseño comenzó a consolidarse como una profesión con identidad propia. En una España marcada por la industrialización, el crecimiento de las ciudades y el acceso progresivo al consumo, surgieron nuevas oportunidades para los diseñadores, aunque todavía bajo las limitaciones impuestas por la dictadura. La llegada de influencias internacionales y el deseo de modernizar la sociedad favorecieron el desarrollo de una cultura del diseño cada vez más sólida. Durante estos años se impulsaron asociaciones, publicaciones especializadas y centros de formación que contribuyeron a organizar el sector.
Un hito fundamental fue la creación de la ADI-FAD en 1960 y, poco después, de los Premios Delta, que ayudaron a reconocer el trabajo de los diseñadores y a difundir los productos más innovadores de la industria española. A finales de los años sesenta y durante la década siguiente también aparecieron corrientes críticas que cuestionaban algunos de los ideales del diseño moderno y de la sociedad de consumo. Aun así, fue una etapa especialmente fértil, de la que surgieron piezas convertidas hoy en auténticos iconos. Entre ellas destaca la lámpara de pie TMM, diseñada por Miguel Milá y premiada en los Delta de 1961, una creación que ha mantenido su vigencia hasta nuestros días y que sigue siendo un referente del diseño barcelonés.
Durante los años sesenta, el crecimiento industrial y la llegada de nuevos productos de consumo impulsaron notablemente el diseño en España. La expansión de la industria, el turismo y el aumento del poder adquisitivo favorecieron la aparición de objetos más funcionales y pensados para la producción en serie. Entre los ejemplos más representativos destaca la motocicleta Impala, diseñada por Leopoldo Milá y comercializada desde 1962. Su bajo consumo, escaso mantenimiento y precio asequible, junto con un diseño sencillo e innovador, la convirtieron en un referente del diseño industrial español y le valieron un Premio Delta de Oro.
También sobresale la batidora Minipimer, un modelo de 1964 que perfeccionaba el diseño original de Gabriel Lluelles. Su facilidad de uso y limpieza hizo que se incorporara rápidamente a los hogares, convirtiéndose en uno de los símbolos de la modernización de la cocina española. Su éxito fue tal que se exportó por Europa y recibió una selección en los Premios Delta de 1966.
También durante los años sesenta, el diseño español comenzó a combinar la mejora del nivel de vida con una mayor atención a la estética de los objetos cotidianos. La influencia del pop y de nuevos estilos de vida hizo que aparecieran propuestas más atrevidas, coloristas y vinculadas a la moda y el ocio. Un buen ejemplo es el taburete Freedom, diseñado por Jordi Galí en 1966, una pieza de formas escultóricas realizada con fibra de vidrio y resina de poliéster. En los años setenta, la crisis económica y el cuestionamiento del modelo industrial favorecieron una nueva manera de entender el diseño. Frente a la producción en serie, ganaron importancia la experimentación, el humor y la ironía, bajo la influencia del diseño radical italiano. Un ejemplo es el peculiar cabezal de cama presentado en Disueño 1977, una propuesta económica y provocadora que reinterpretaba las tradicionales camas de Olot.
La lámpara de mesa Tatú, diseñada por André Ricard en 1971, es un buen ejemplo del diseño industrial aplicado a los objetos cotidianos. Su nombre hace referencia al armadillo, un animal cuyo caparazón articulado puede doblarse, una característica que se refleja en la propia forma de la lámpara. Está fabricada en plástico y formada por varios segmentos articulados que pueden girar de manera independiente. Gracias a este sistema, es posible modificar tanto su altura como la dirección de la luz y orientarla con precisión hacia el lugar deseado. La pieza se fabricó en diferentes colores, entre ellos rojo, amarillo, blanco y negro, muy relacionados con la estética pop de los años sesenta y setenta. Por su aspecto divertido y funcional, el Tatú se convirtió en uno de los diseños más representativos de aquella época y todavía hoy continúa reeditándose con tecnología LED.
El último ámbito de “Itinerario. Historias locales (1930-2020)” es el que va entre 1980 y 2020, época que estuvo marcado por la consolidación y proyección internacional del diseño español. La llegada de la democracia impulsó una profunda renovación cultural, mientras el diseño adquiría mayor presencia tanto en los hogares como en los espacios públicos. Barcelona vivió su gran impulso con los Juegos Olímpicos de 1992, que proyectaron su creatividad más allá de las fronteras españolas. Ya en el siglo XXI, la ciudad se consolidó como un referente internacional del diseño, gracias también a sus centros de formación y a la llegada de nuevos creadores.
Durante los años sesenta y setenta surgieron diversas empresas dedicadas a producir y editar equipamiento doméstico, muchas de ellas vinculadas directamente a los propios diseñadores. Firmas como Gres, Tramo, Bd, DAE, Mobles 114, Disform o Santa & Cole contribuyeron así a impulsar nuevas formas de entender el diseño. A partir de los años ochenta, esta manera de trabajar se consolidó, combinando la producción industrial con procesos más cercanos al taller y dando mayor importancia a la autoría de los diseñadores. Un buen ejemplo es el buzón Tres, cuatro, cinco, creado en 1984 por Lluís Clotet y Óscar Tusquets para Bd. Su diseño modular, compacto y pensado para colocar los módulos horizontalmente, como si fueran libros en una estantería, aportó una solución original y práctica. El modelo se convirtió en uno de los productos más reconocidos de la empresa.
A partir de los años ochenta, el diseño adquirió una presencia social mucho mayor y pasó a reflejar una sociedad más moderna y abierta a nuevas formas de creatividad. Se extendió entre un público más amplio y creció el interés por el llamado “diseño de autor”, influido también por las tendencias internacionales que llegaban a través de revistas y exposiciones. Bares, tiendas y espacios de ocio se convirtieron en auténticos escaparates de estas nuevas propuestas. Entre ellas destaca el taburete Dúplex, diseñado por Javier Mariscal en 1981 para un bar de Valencia. Su aspecto divertido e informal refleja la personalidad del diseñador, que comenzaba a trasladar su lenguaje gráfico del cómic al mobiliario. La pieza fue uno de sus primeros pasos hacia un diseño posmoderno, colorista y alejado de las formas convencionales.
La celebración de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992 supuso un importante punto de inflexión para la ciudad. Durante aquellos años se llevó a cabo una profunda transformación urbanística, económica y cultural que permitió renovar muchos espacios y proyectar una nueva imagen de Barcelona. El diseño adquirió un papel destacado en este proceso, presente tanto en la arquitectura como en la remodelación de las calles, plazas y espacios públicos, además del nuevo mobiliario y equipamiento urbano. Los profesionales del diseño se implicaron activamente en esta transformación y contribuyeron, junto con otros ámbitos de la sociedad, a configurar la Barcelona que surgiría de aquel gran proyecto. Puedes ampliar estos datos y más en el museo Olímpico y del Deporte Joan Antoni Samaranch.
Entre los símbolos más reconocibles de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 se encuentra su antorcha, de la que el museo del Diseño conserva una reproducción a tamaño real que se puede tocar y que fue realizada por la escultora Anna Marín. El diseño de la antorcha original fue encargado en 1991 a André Ricard, que la planteó como algo más que un objeto ceremonial: una auténtica pieza escultórica en la que se combinan la solemnidad del símbolo olímpico y unas formas geométricas de gran dinamismo.
La antorcha está formada por tres elementos principales. En la parte superior destaca el cabezal, con forma de plato cónico, acompañado de un cuello estriado que recuerda a un pebetero. El cuerpo central, alargado, alberga el depósito de combustible y presenta en relieve la inscripción de los Juegos, junto a las cinco anillas olímpicas y el logotipo de Barcelona 1992. En la zona inferior se encuentra la empuñadura, revestida de cuero marrón, que contrasta con el acabado metálico y plateado del resto de la pieza. Su aspecto está inspirado en las antiguas ánforas romanas, con una combinación de formas cónicas, cilíndricas y triangulares que también evocan la tradición mediterránea. Pero detrás de su apariencia había un importante desafío técnico: conseguir una llama estable, segura y de aspecto cálido y ondulante. Para resolverlo, Ricard trabajó junto a la Escuela de Ingenieros de la Universidad Politécnica de Cataluña y la oficina técnica de Catalana de Gas en el desarrollo del quemador y del sistema de alimentación. El resultado permitió que la llama recorriera con éxito más de 6.000 kilómetros durante su recorrido olímpico.
Con la llegada del siglo XXI, Barcelona consolida su papel como referente del diseño en España, aspirando también a proyectarse internacionalmente. Este impulso se refleja en iniciativas culturales como la Primavera del Diseño, que contribuyeron a difundir y acercar el diseño al público. En este contexto comenzaron a tomar forma tanto una colección especializada como el proyecto de crear un museo. De aquel periodo destaca la silla H2O, diseñada por Martí Guixé en 1999. Su propuesta se aleja de la visión más comercial y llamativa que había predominado durante los años ochenta. Presentada en una galería de arte, buscaba sobre todo provocar una reflexión. La silla incorpora además la participación del usuario: cada libro que se coloca sobre el asiento aumenta su altura, convirtiendo de forma simbólica el crecimiento físico en una representación del crecimiento intelectual.
En el siglo XXI, el diseño se desarrolla en un contexto cada vez más global y diverso. La expansión de los mercados, las nuevas tecnologías y el acceso inmediato a la información han reducido el protagonismo de las tradiciones locales, aunque, al mismo tiempo, han reforzado el valor de la proximidad y de las identidades culturales. El diseño ya no se limita a mejorar la forma y la funcionalidad de los objetos cotidianos, sino que se ha convertido en una disciplina transversal, presente en numerosos ámbitos y alejada de una única manera de entender la profesión. Un ejemplo es el taburete Naoshima, diseñado por Emiliana Design en 2016 y creado y fabricado en Barcelona. Su nombre hace referencia a la isla japonesa de Naoshima, conocida por sus paisajes y espacios artísticos. La geometría y los materiales del taburete evocan el origami y recuerdan también algunos rasgos del arte catalán.
La segunda parte de la exposición de la planta 0 es “Parlamento. Debates globales”, en el que se presentan los objetos como protagonistas de un espacio de debate en torno a cuestiones actuales. A través del diseño, cada pieza plantea ideas, soluciones y nuevas formas de relacionarnos con nuestro entorno. El recorrido se divide en tres ámbitos: Ingenios innovadores (centrado en la tecnología, el conocimiento y los materiales), Utensilios comunes (que destacan por su utilidad social, la integración y la sostenibilidad) y Mediadores sociales (donde los objetos actúan como elementos capaces de generar experiencias, conectar personas o transformar comportamientos). Los diseños muestran que los objetos pueden ir más allá de su función, combinando tecnología, sostenibilidad e innovación y ofreciendo una mirada crítica sobre la sociedad actual.
En el ámbito de Ingenios innovadores, el diseño muestra cómo los nuevos materiales y las tecnologías de fabricación permiten crear objetos más ligeros, resistentes, flexibles o personalizados. También se experimenta con materiales tradicionales para encontrarles nuevos usos. Un buen ejemplo es una férula médica impresa en 3D, diseñada a partir del escaneo de la mano y la muñeca de cada paciente, lo que permite conseguir un ajuste preciso y favorecer la recuperación. La exposición también muestra la relación entre el diseño y disciplinas como la ciencia, la medicina o la tecnología. Entre las piezas destaca un robot creado por Noumena que analiza el efecto de la vegetación sobre el entorno urbano mediante sensores y datos digitales. Por último, las neoartesanías recuperan técnicas y materiales tradicionales y los combinan con formas y conceptos contemporáneos. De este modo, el diseño contribuye a renovar la artesanía local y a darle nuevas posibilidades.
El Neobotijo es un buen ejemplo de neoartesanía, ya que combina dos objetos muy reconocibles de la vida cotidiana: el tradicional botijo y el tetrabrik. El resultado es una original jarra de porcelana blanca esmaltada que mezcla tradición y diseño contemporáneo. Su forma rectangular recuerda al conocido envase de cartón, mientras que el pitorro para beber y algunos de sus detalles recuperan elementos propios del botijo. El hueco central funciona como asa, facilitando su manejo, y su capacidad de un litro permite guardarla fácilmente en la puerta del frigorífico. Además, la porcelana esmaltada ayuda a conservar el agua fría. Diseñado en 2006 por los hermanos Javier y José Luis Díez, el Neobotijo fue propuesto a la empresa vasca Porcelanas Bidasoa. Sin embargo, el cierre de sus fábricas en 2009 hizo que solo se fabricara una cantidad limitada de estas piezas.
En el siguiente ámbito de esta sección, Utensilios comunes, encontramos diseños que buscan dar respuesta a algunos de los principales problemas sociales y ambientales actuales. Son propuestas basadas en la cooperación, la inclusión y la sostenibilidad, donde las necesidades de las personas tienen un papel fundamental. Algunos proyectos incorporan a colectivos vulnerables en su diseño o fabricación, como el banco de iglesia pensado para acoger a personas recién llegadas o el fardo realizado por personas en proceso de reinserción. También encontramos soluciones ante situaciones de emergencia, como las mascarillas médicas desarrolladas durante la COVID-19.
Un buen ejemplo de diseño social es el proyecto Pis Zero, impulsado por la Fundación Arrels en Barcelona, que propone pequeños apartamentos para personas sin hogar, combinando la función de refugio con la sensación de un verdadero hogar. La accesibilidad también ocupa un lugar importante. El objetivo es crear objetos que puedan ser utilizados por personas con diferentes capacidades, reduciendo esfuerzos y facilitando las tareas cotidianas. Un ejemplo es el carrito de compra Mercar, diseñado con unas ruedas especiales para superar obstáculos y equipado con un motor eléctrico que facilita su transporte. Finalmente, aparecen los diseños relacionados con la sostenibilidad, que buscan reducir el impacto ambiental mediante materiales y procesos más eficientes, además de fomentar el reciclaje, la reutilización y unos hábitos de consumo más responsables.
En este ámbito también destaca un ingenioso conjunto sanitario de la empresa Roca, conocido como el “lavabo váter uve doble más uve doble”, un ejemplo de diseño pensado para reducir el consumo de agua. Creado en 2009 por los arquitectos Gabriele y Oscar Buratti, combina en una sola pieza el lavabo y el inodoro, de manera que el agua utilizada para lavarse las manos se filtra y se reutiliza para llenar la cisterna. Además de aprovechar mejor el agua, su diseño permite ahorrar espacio y aporta una solución moderna y funcional al baño. Esta propuesta innovadora ha recibido diversos reconocimientos internacionales y refleja cómo el diseño puede unir tecnología, sostenibilidad y practicidad.
El último ámbito de “Parlamento” es Mediadores sociales, que reúne piezas que destacan por su capacidad para actuar como mediadoras en la vida cotidiana. Son objetos que facilitan la relación entre las personas, entre los individuos y su entorno, e incluso entre la sociedad y determinadas ideas o costumbres. Algunos de ellos incluso invitan a cuestionar nuestros hábitos y a generar nuevas formas de convivencia. Bajo este contexto encontramos diferentes tipos de diseños: los relacionales, de experiencias y performativos. Los diseños relacionales tienen como principal objetivo no es el objeto en sí mismo, sino las experiencias y dinámicas sociales que son capaces de generar. Se trata de diseños pensados para favorecer el encuentro, la comunicación y la participación, fortaleciendo vínculos emocionales y promoviendo situaciones de juego, colaboración o convivencia.
Entre los diseños relacionales destaca el Dispositivo de Coproducción de Todo por la Praxis. Las piezas expuestas en la pared forman parte de un sistema de mobiliario sencillo, pero extremadamente versátil: está formado por mesas trapezoidales y bancos triangulares que pueden combinarse de distintas maneras para crear espacios destinados a reuniones, talleres, comidas, espectáculos o actividades colectivas. El objeto, por tanto, adquiere sentido a través de las situaciones y relaciones que permite crear.
Si ahora avanzamos hacia la derecha aparece un conjunto de piezas reunidas bajo el concepto Diseño y experiencias, en el que se muestra propuestas que buscan mejorar no solo la función de un objeto, sino también la experiencia que produce. Mientras unos destacan por ofrecer respuestas más eficaces a problemas cotidianos, otros buscan despertar emociones y enriquecer la forma en que percibimos el mundo. La luz, el tacto, el gusto, el olfato o la percepción del espacio se convierten así en elementos importantes para los objetos que estimulan los sentidos, mientras que otros transforman nuestra percepción de los espacios mediante recursos como la luz, los materiales o las atmósferas que crean. Destacan tres piezas de cubertería creadas para El Bulli: una pinza, una cuchara colador y una cuchara pinza. Creados por el diseñador Luki Huber junto al equipo del restaurante, estos objetos buscaban potenciar los sentidos y explorar nuevas formas de disfrutar la comida, combinando funcionalidad, sabor y aroma.
Bajo el concepto de Diseños performativos se agrupan proyectos que van más allá de la función práctica para cuestionar normas establecidas, proponer nuevas formas de comportamiento e imaginar alternativas para la vida cotidiana. Así, el diseño se convierte en una herramienta experimenta, de reflexión y de cambio social. Un buen ejemplo es el Ex-Designer Project Bar de Martí Guixé, iniciado en 2015. El proyecto transformó progresivamente un local vacío en un bar mediante piezas fabricadas con impresión 3D, desde el mobiliario hasta la vajilla. Con ello, Guixé explora las posibilidades de la fabricación digital y su capacidad para cambiar nuestra manera de producir.
A estas alturas de la muestra “Objetos comunes. Historias locales, debates globales” habremos terminado de ver las subsecciones “Itinerario. Historias locales, 1930-2020” y “Parlamento. Debates globales”, nos quedan por recorrer “Exposiciones variables” y “#DISSENY_BARCELONA” para completar esta exposición de la planta 0. El área de Exposiciones Variables está concebido como un espacio dinámico y en constante transformación. Partiendo de la idea de que toda interpretación puede revisarse y enriquecerse, este ámbito acoge pequeñas muestras temporales dedicadas a temas complementarios que amplían y actualizan el discurso principal de la exposición. Por su parte, al finalizar la exposición, se presenta un cuarto ámbito #Diseño_Barcelona, dedicado al diseño en la ciudad.
Esta propuesta invita a observar el entorno urbano fuera del museo con una nueva mirada y descubrir cómo el diseño está presente en los elementos cotidianos que nos rodean y que permanecen en uso. Bancos, farolas, papeleras, fuentes o aparcabicicletas forman parte de un mobiliario que no solo presta servicios esenciales, sino que también contribuye a crear espacios públicos más accesibles, agradables y atractivos. A través de un recorrido por los alrededores del museo, que puedes seguir a través de tu dispositivo móvil, es posible conocer y utilizar estos objetos, concebidos para resistir las exigencias del uso diario y las condiciones del exterior.
Para más información sobre horarios, precios, actividades, etc., acude a la web del museo de Diseño o visita la página de turismo oficial de Turisme de Barcelona, donde encontrarás toda la información que necesites de éste y otros monumentos y sitios de interés de la ciudad:
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