Aunque la fachada de la Pasión conserva el mismo esquema arquitectónico que la del Nacimiento (con un pórtico y cuatro campanarios, en este caso dedicados a los apóstoles Santiago el Menor, Bartolomé, Tomás y Felipe, y concluidos en 1977), el lenguaje expresivo de ambas es claramente distinto. Mientras que la fachada de la Natividad transmite la alegría del nacimiento de Jesús, la fachada de la Pasión recuerda los momentos finales de su vida, por lo que no tiene un carácter festivo, sino que invita a sentir y compartir su sufrimiento. Es por eso que la ausencia de una decoración excesiva no es casual, ya que busca favorecer la reflexión y la recogida espiritual. Además, esta fachada está orientada hacia el oeste, lo que hace que reciba la luz del atardecer, detalle que refuerza el simbolismo de sombras y oscuridad que el autor de las esculturas, Josep Maria Subirachs, quiso transmitir en ellas. Estas figuras, con un estilo geometría, casi cubista, no buscan la belleza, sino el dolor.
En 1911 Gaudí concibió esta fachada como un gran pórtico con seis columnas inclinadas que sostienen un frontón superior con galería, cuya cornisa está sostenida por un lado por dieciocho columnas (nueve a cada lado), las cuales también se encuentran inclinadas hacia el centro y cuya forma recuerda a huesos, y por otro por un muro en el que Subirachs grabó los nombres de quienes fueron mensajeros de Dios y avanzando hacia Jesús resucitado (los patriarcas de la Biblia, comenzando por Adán y Eva, y los profetas). La cornisa de la galería está cubierta con prismas hexagonales grabados con la inscripción Iesus Nazarenus, Rex Iudaeorum (“Jesús de Nazaret, rey de los judíos”), mientras que en los extremos se sitúan dos acroterios simbólicos (el León de Judá y el Cordero del sacrificio de Isaac). Sobre los prismas se dispone una cornisa o crestería compuesta por cubos y paraboloides que ascienden progresivamente hacia el centro, donde se alza un acroterio coronado por una cruz.
Lo primero que vamos a destacar, antes de centrarnos en la fachada en sí, son los accesos que conducen al interior de la Basílica desde esta zona del templo, los cuales cuentan con puertas de bronce de dos hojas, también realizadas por Subirachs. En el portal central se encuentran dos puertas que incorporan alrededor de diez mil letras en relieve que reproducen distintos pasajes del relato de la Pasión. En la puerta izquierda se incluyen fragmentos del Evangelio de Mateo, mientras que en la derecha aparecen textos del Evangelio de Juan. Algunas letras y palabras del bronce han sido pulidas de manera intencionada para resaltar expresiones de especial relevancia, como el nombre de Jesús o la célebre pregunta de Poncio Pilato: “¿Qué es la verdad?”.
A ambos lados se encuentran otras dos puertas: la situada en el extremo izquierdo, orientada al norte, representa la escena del huerto de Getsemaní, donde Jesús aparece rezando mientras los apóstoles duermen. Por su parte, la puerta derecha, orientada al sur, está dedicada a la coronación de espinas y a los episodios en los que Jesús es presentado ante Pilato y Herodes.
Tras atravesar cualquiera de ellas, entramos en el cancel del portal, en cuyo suelo se encuentra una obra de Domènec Fita que hace referencia a la celebración del Domingo de Ramos. De nuevo en el exterior del edificio, además de las puertas de acceso, en el interior del gran pórtico podemos ver una sucesión de esculturas que narra la Pasión de Cristo. Para seguir el hilo argumental se debe comenzar desde la parte inferior izquierda e ir dibujando una especie de S imaginaria que terminaría en la escultura de la Ascensión de Jesús, situada en lo más alto. Se comienza, pues, con el grupo escultórico de la Última Cena, en la que Jesús comparte la mesa con sus discípulos en el momento en que establece el sacramento de la Eucaristía.
Le sigue la detención de Jesús, en el que vemos un grupo armado que llega para capturarlo, durante cuyo altercado, Pedro hiere y corta la oreja derecha al siervo del sumo sacerdote que uno de los soldados muestra en su mano. Subirachs opta por no definir claramente las figuras de este conjunto escultórico para transmitir la idea de que el episodio tuvo lugar en plena noche. A continuación se representa la traición de Judas, quien se acerca a Jesús y le da un abrazo y un beso, gesto con el que señala a los soldados quién es la persona que deben apresar. A los pies del apóstol puede verse una serpiente, animal que alude a la imperfección del mundo terrenal y a los impulsos más bajos del ser humano, y que en este contexto representa el mal presente en el acto de traición cometido por Judas.
Es junto a esta escena donde vemos un detalle curioso que muchos visitantes pasan desapercibido: un cuadrado lleno de números tallados en la piedra. A primera vista puede parecer sólo una curiosidad matemática, pero en realidad es un elemento pensado con un significado profundo. Se trata de un cuadrado mágico, es decir una cuadrícula en la que, sin importar cómo se sumen los números (ya sea por filas, columnas o diagonales), el total es siempre el mismo. Normalmente, en un cuadrado de 4×4 bien hecho se utilizan los números del 1 al 16 sin repetir y la suma constante es 34. Pero el que vemos aquí no sigue exactamente esas reglas clásicas: faltan los números 12 y 16, y algunas cifras como el 10 y el 14 aparecen más de una vez. Aun así, todas las filas, columnas y diagonales suman 33, cifra que para la tradición cristiana representa la edad de Jesús en el momento de su crucifixión.
Estas modificaciones vienen de una reinterpretación del cuadrado mágico clásico de Durero, que fue transformado por el escultor Josep Maria Subirachs para adaptarlo al simbolismo de la obra. Además de este valor principal, el cuadrado permite muchas combinaciones distintas que alcanzan el mismo total, lo que lo convierte en un motivo interesante y sorprendente dentro del conjunto escultórico de la fachada. Algunos estudios incluso ven en los números repetidos una firma simbólica del autor o una referencia al texto “INRI”, un acrónimo asociado con la crucifixión de Cristo. En resumidas cuentas, este cuadrado no sólo es un detalle matemático, sino una pieza cargada de significado dentro del relato de la Pasión, integrando arte, fe y simbolismo en un mismo elemento.
Seguimos con el recorrido por la simbología escultórica de la fachada, llegando ahora a la altura de las dos puertas principales de acceso, las cuales están dividas por la figura de la flagelación. La obra, que posee una altura de unos cinco metros, representa el dolor físico y la profunda soledad de Jesús, abandonado por Judas y negado por Pedro.
A continuación vemos la negación de Pedro, apóstol que, temeroso, se oculta y afirma en tres ocasiones distintas que no conoce ni sigue a Jesús. La postura del cuerpo y el gesto del rostro de Pedro transmiten claramente el sentimiento de culpa y humillación que experimenta tras haber renegado de su maestro. El apóstol está representado cubierto por una sábana y, como símbolo de esas tres negaciones, aparecen tres mujeres a su alrededor. Una de ellas lo señala, dejando claro que él formaba parte del grupo de seguidores de Jesús.
Después vemos el Ecce Homo (“He aquí el Hombre”), palabras pronunciadas por Poncio Pilato cuando se dirigió a la multitud al mostrarles a Jesús, que aparece con la corona de espinas tras haber sido maltratado, para que decidan qué hacer con él. El procurador romano está representado sentado, con gesto reflexivo, visiblemente cargado por el peso de la decisión que debe tomar. A los pies de Jesús, la piedra aparece agrietada, reforzando el dramatismo de la escena. Le sigue el grupo escultórico de la condena dictada por Poncio Pilato, quien se lava las manos para eludir la responsabilidad, mientras su esposa, Prócula, abandona el lugar convencida de que se está juzgando injustamente a un hombre inocente. Entre este grupo de esculturas y el anterior se alza una columna rematada por un águila romana, en la que aparece grabada la inscripción “Tiberio, emperador de Roma”, que sitúa la escena en el contexto del poder imperial de la época.
Se sigue por la zona superior (y ahora en dirección a nuestra izquierda), en la que se encuentra la escena de la caída de Jesús ante las Tres Marías (la Virgen María, María de Cleofás y María Magdalena) de camino al monte del Calvario, mientras Simón de Cirene le ayuda a cargar la cruz. Seguimos el hilo argumental y ahora, situado en el nivel intermedio de la fachada, encima de las puertas principales, se encuentra el grupo escultórico de Jesús que consuela a las mujeres de Jerusalén durante su segunda caída en el Viacrucis. Entre ellas, Verónica destaca al limpiar el rostro de Jesús con un paño, dejando impresa su imagen. Tallada en bajorrelieve, la figura de Jesús da la sensación de mirar al espectador desde cualquier ángulo en el que se encuentre. Es en este grupo escultórico donde Subirachs rinde un doble homenaje a Antoni Gaudí: por un lado, el evangelista ubicado a la izquierda, cuya particularidad es que tiene el rostro de Gaudí durante la procesión del Corpus Christi en Barcelona; por otro, los cascos de los soldados cuya forma recuerda a las chimeneas de la Casa Milà o Pedrera.
A continuación vemos la escultura de Longino sobre un caballo, es decir, el soldado que clavó su lanza en el costado de Jesús cuando éste estaba en la cruz, aunque más tarde, Longino se convirtió al cristianismo y acabó siendo reconocido como mártir de la fe. La historia de la Pasión continúa con las esculturas superiores (ahora el argumento continúa hacia nuestra derecha) que representa a unos soldados jugándose a los dados la túnica de Jesús.
Le sigue el grupo escultórico de la Crucifixión, que ocupa un lugar preferente en la fachada. Esta cruz está compuesta por perfiles de acero laminado dispuestos en posición horizontal, y la figura de Cristo se inclina de tal manera que se puede contemplar de frente desde la parte inferior en la que nos encontramos.
En la escena, Jesús aparece en la cruz, rodeado por varias figuras: María Magdalena arrodillada, María de Cleofás y la Virgen María, cuyo rostro cubre mientras san Juan la sostiene y la consuela. En la base de la cruz, una calavera representa la muerte y hace alusión al lugar de la crucifixión, conocido como Gólgota que significa “cráneo” en arameo. Encima de la escena de la crucifixión, Subirachs colocó placas de bronce que evocan el velo del templo que, según los Evangelios, se rasgó al morir Jesús, creando un efecto similar al de un baldaquino que protege y enmarca la composición.
La escena que cierra el nivel superior del pórtico inferior es el descendimiento y la sepultura que muestra el momento del sepelio de Jesús. José de Arimatea y Nicodemo, ambos integrantes del Sanedrín (el consejo de sabios de Jerusalén), fueron quienes colocaron el cuerpo de Cristo en el sepulcro con semblantes marcados por el dolor. Entre ellos aparece la Virgen María, arrodillada y abatida, expresando profundamente su tristeza.
Más arriba, ya en el frontón y entre sus columnas principales, se sitúa el grupo del sepulcro vacío realizado por Francesc Fajula, que representa el anuncio de la Resurrección por un ángel a María Magdalena, a María, madre de Santiago, y a Salomé. Detrás del sepulcro de Jesús se sitúan la cantera y el huerto (no visibles desde el exterior del templo), dos espacios simbólicos concebidos como un ámbito de silencio y reflexión, que incorpora vegetación mediterránea que simboliza, por un lado, el renacer de la vida tras la muerte y, por otro, remite al paisaje descrito en los Evangelios. La abertura del Sepulcro Vacío establece un fuerte contraste con la colorida vidriera de la Resurrección diseñada por Joan Vila-Grau.
Más arriba, en el centro del frontón, se alza una cruz de 7,5 metros de altura, 4,25 metros de anchura y un peso aproximado de 18 toneladas, símbolo del triunfo sobre la muerte. A sus pies se sitúan tres ángeles esculpidos en travertino italiano por Lau Feliu, conformando un conjunto que, por su composición formal, intensifica la sensación de ascenso de la fachada hacia la cruz. Por encima del nártex, en la parte más elevada del gran ventanal central de la fachada, se sitúa la representación del Espíritu Santo, simbolizado mediante una paloma. Como culminación del conjunto, en el puente que conecta los dos campanarios centrales se puede observar la escultura de la Ascensión de Jesús, realizada en bronce dorado también por Subirachs.
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