Al colocarse frente a la fachada del Nacimiento de Jesús la primera percepción que se siente es una especie de montaña llena de vida. Y es que Gaudí quiso que transmitiera vida, alegría y celebración, por lo que la concibió como una exaltación de la creación divina y de la vida en todas sus formas, en contraposición con la dureza y el sufrimiento que protagonizan la fachada de la Pasión. Por eso la fachada está llena de representaciones de animales, como conchas, aves, gallinas, patos, águilas, y de numerosos elementos vegetales como rosas, almendros, cerezos o lirios, que simbolizan la vida y celebran el nacimiento de Jesús. Para lograr una gran fidelidad en las figuras, Gaudí trabajaba a partir de modelos reales, tanto de personas como de animales. Tras elaborar las maquetas en yeso, las colocaba directamente en la fachada para comprobar su efecto, y solo cuando quedaba satisfecho se procedía a tallarlas en piedra.
La fachada está divida en tres portales decorados con formas que evocan estalactitas (símbolo del frío navideño), cada uno de los cuales está dedicado a cada miembro de la Sagrada Familia: Jesús, María y José. De izquierda a derecha son: el portal de la Esperanza, el de la Caridad y el de la Fe. Cada portal está coronado por un pináculo con un significado propio: en el central, un ciprés, en el lado orientado que mira hacia al mar, una roca de Montserrat, y en el lado de la montaña, unas espigas eucarísticas acompañadas de los símbolos del ojo (la mirada omnipresente de Dios) y de la mano (su poder). Los portales están separados por columnas rematadas por hojas de palmera y, sobre ellas, dos ángeles con trompetas que anuncian la llegada de Jesús, obra del escultor Llorenç Matamala i Piñol.
Estas columnas reposan sobre tortugas: la situada a la izquierda, junto al portal de la Esperanza dedicado a José, es una tortuga marina; la columna que divide los portales de la Caridad y la Fe descansa sobre una tortuga terrestre y lleva el nombre de María, protagonista de esta última portada. La tortuga terrestre simboliza lo estable, lo firme, mientras que la marina, lo cambiante. Juntas representan el equilibrio de la creación y el paso lento pero constante del tiempo, o lo que es lo mismo es un símbolo de la gran obra de Dios que avanza despacio, pero que avanza siempre.
El Portal central o de la Caridad está coronado por un ciprés, símbolo de acogida, que representa el árbol de la vida. En lo alto se sitúa una cruz en forma de tau, inicial de la palabra griega Theus (Dios), sobre la cual aparece un aspa que evoca el abrazo entre el Padre y el Hijo. Encima descansa una paloma con las alas abiertas, imagen del Espíritu Santo. Así, el ciprés queda rematado por la Santísima Trinidad. En sus ramas se posan palomas blancas que representan a la humanidad rescatada por la redención de Cristo y acogida en el amor divino.
En la base del árbol aparecen dos escaleras: la de la virtud y la de la santidad, que simbolizan los caminos que las personas deben recorrer para acercarse a Dios. Un poco más abajo se sitúa un huevo coronado, emblema de la Pascua y de la resurrección de Jesús, junto a la figura de un pelícano alimentando a sus crías, metáfora del sacrificio de Cristo y de la eucaristía. Bajo este conjunto se encuentra el monograma de Jesús, flanqueado por dos ángeles que lo inciensan. Este portal está dedicado plenamente a Jesús, por lo que reúne numerosas esculturas que narran escenas relacionadas con su origen y nacimiento, como si fueran un gran belén. En la parte alta figura María coronada por Jesús, acompañada de José. Más abajo aparece la Anunciación, y después la Estrella de Belén. En el punto central se encuentra el Nacimiento con María, José y el Niño, junto al buey y la mula. A un lado puede verse la Adoración de los Reyes, y al otro la Adoración de los pastores. También se distribuyen por la fachada ángeles cantores y músicos, que celebran el nacimiento junto con el canto de los pájaros y la naturaleza.
Las esculturas del Nacimiento y de la Anunciación son obras de Jaume Busquets, mientras que las escenas de los pastores y los Reyes de Oriente fueron realizadas por Joaquim Ros i Bofarull. El conjunto de ángeles cantores y músicos, cuyos modelos originales se perdieron en la Guerra Civil, fue recreado por el escultor japonés Etsuro Sotoo, autor también de las puertas de acceso de los tres portales de la fachada. Llegados a este punto hay que señalar que Gaudí perfeccionó la técnica del enmoldado con yeso para dar más vida y unidad a las esculturas de la fachada del Nacimiento. Para él, lo importante no era la belleza idealizada, sino la autenticidad de las personas, por eso escogía modelos reales cuyo carácter encajara con el personaje que representaban.
La mayoría de sus modelos era gente humilde del barrio del Poblet: obreros, feligreses, niños de la escuela parroquial… Incluso algunos episodios curiosos acabaron marcando la obra, como el caso de los soldados cornetas que, tras molestar con su música al arquitecto, terminaron siendo modelos de los ángeles trompeteros. Gaudí buscaba siempre una relación entre la vida del modelo y el papel que debía interpretar. Así, niños reales posaron para las esculturas de los ángeles, recién nacidos fallecidos del hospital sirvieron para la escena de la matanza de los inocentes, y los personajes principales también surgieron de personas próximas: una mujer muy devota inspiró a la Virgen María; un cantero enfermo fue la imagen de san José, y el niño Jesús del pesebre fue una bebé real, nieta del escultor Llorenç Matamala.
A la izquierda se encuentra el portal de la Esperanza, donde se sitúa la figura central de san José, considerado padre de Jesús y custodio de la Iglesia universal, por ello su presencia domina este espacio. Bajo la roca de Montserrat aparece una imagen de la barca de la Iglesia, guiada por José, junto al monograma de María, formado por la letra M, una corona y una estrella. De arriba hacia abajo, las esculturas muestran primero el matrimonio de María y José, seguido por una escena en la que Jesús enseña a José una paloma herida, acompañados a ambos lados por san Joaquín y santa Ana, los abuelos de Jesús. Más cerca de la puerta se encuentran dos episodios evangélicos: a la izquierda la huida a Egipto, y a la derecha la matanza de los Inocentes.
En el portal de la Fe la protagonista es la Virgen María, quien está representada en distintos niveles. Las espigas eucarísticas rodean la escena de la Inmaculada Concepción, donde aparece un candil de tres llamas que simboliza a la Trinidad. Más abajo se ubica el monograma de San José, con una J y lirios. Las escenas siguientes representan la presentación de Jesús en el templo, su predicación entre los doctores, acompañado por Zacarías a la izquierda y Juan Bautista a la derecha y, en un nivel inferior, el momento en que María y José encuentran a Jesús en el templo. Al fondo se ve a Jesús trabajando como carpintero, y a la izquierda la escena de la Visitación de María a Isabel.
En el proyecto original de Gaudí definió por dónde se accedería al templo a través de la fachada del Nacimiento, pero no detalló cómo debían ser las puertas. Por eso, en el año 2000 la “Fundació Junta Constructora de la Sagrada Família” organizó un concurso limitado para encontrar la mejor propuesta para esos accesos. El ganador fue Etsuro Sotoo quien planteó una solución fiel al espíritu de Gaudí, tomando como referencia las formas e inspiración de la naturaleza.
Como esta fachada representa la alegría por el nacimiento de Jesús, y en ella toda la creación celebra su llegada, Sotoo decidió que las cuatro puertas de los tres portales estuvieran protagonizadas por elementos vegetales y animales. Las puertas cuentan con una estructura interior de acero inoxidable y un revestimiento de paneles de bronce coloreado. En la parte superior, el frontón o montante fijo combina una pieza de bronce con un vidrio transparente. Todas las puertas fueron instaladas entre los años 2014 y 2015.
En el portal de la Caridad se colocaron las primeras puertas del conjunto, consistentes en dos hojas dobles decoradas con una gran variedad de elementos naturales: sobre un fondo de hiedra aparecen hojas y flores de calabaza, lirios y numerosos insectos, desde escarabajos y avispas hasta mariposas, grillos, abejas, orugas, hormigas o libélulas. Los frontones de estas puertas son los únicos que llevan inscripciones visibles sólo desde el interior del templo: en la puerta que mira hacia la montaña puede leerse «Deus caritas est» (“Dios es amor”), mientras que la que mira al mar aparece «Caritas nunquam excedit» (“El amor nunca acaba”). Sotoo también trabajó la parte interior de los batientes, donde representó las notas del villancico tradicional “El canto de los pájaros”.
La puerta del portal de la Fe, compuesto por una sola hoja, está dominado por las rosas silvestres. Esto se debe a que es la entrada al portal del Rosario y al claustro del mismo nombre, espacios que Gaudí quiso ornamentar abundantemente con este tipo de flores. Por último, en el portal de la Esperanza, también de una sola hoja, sobresalen plantas vinculadas al Nilo: cañas, lirios violetas y margaritas blancas. Todos estos elementos evocan la belleza natural y la idea de renovación y vida. Por otro lado, justo detrás de los tres portales nacen cuatro campanarios, como ocurre con el resto de fachadas. Las torres de esta parte están dedicadas a, de izquierda a derecha: Bernabé (el primero en completarse y el único que Gaudí vio terminado), Simón, Judas Tadeo y Matías. Se tiene la opción de ascender a las torres de esta fachada o a las de la Pasión
Copyright© 2018 ESTurismo.