OPORTO (PORTO)

UN PASEO POR EL ORIGEN DE OPORTO


Estamos en uno de los punto más fotografiados y famosos de Oporto, donde locales y turistas disfrutan de este paseo tan pintoresco. Desde aquí se extiende, además, el barrio principal del centro histórico de la ciudad, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y formado por estrechas calles y fachadas de colores de tonalidades ocre, en las que se pueden encontrar pequeños y familiares restaurantes de comida tradicional. La bonita estampa se completa con el puente de Luis I, emblema de la ciudad, que se levanta poderoso sobre el río Duero, otro elemento indisoluble de esta zona. En definitiva es un “must”, una visita obligada para quienes quieren conocer la esencia y alma de Oporto.

Comenzamos nuestro paseo por la ribera del río que, aunque va desde Cais de Estiva hasta la Avenida Gustave Eiffel, nosotros la vamos a recorrer desde aquella primera calle hasta el inicio del puente Luis I. De esta manera lo primero que vamos a destacar son dos edificios que se encuentran en la Rua da Reboleira: la del número 59 y la del 53. Aquella primera es una casa-torre que constituye un interesante ejemplo de arquitectura civil de finales del siglo XIV, la cual conserva su estructura original. En esta zona existían también varias viviendas hacinadas, la mayoría de las cuales han desaparecido, a excepción del número 53 que aún conserva sus ventanas y portales góticos de su planta baja. Esta calle desemboca en una pequeña plaza llamada Largo do Terreiro, desde la cual nace la Rua da Alfândega, donde se sitúa la Casa do Infante que contiene, entre otras muchas cosas, una maqueta de la ciudad en aquella época, con la que podemos comprender la distribución de entonces.

Volvemos sobre nuestros pasos hasta la plaza de Largo do Terreiro, en la que se encuentra la capilla de Nuestra Señora de Ó (Capela de Nossa Senhora do Ó), que debe su nombre a la imagen de la Virgen que alberga, la cual fue trasladada desde la capilla de Porta da Ribeira que fue derribada en 1821. El templo que vemos aquí data del siglo XVII, aunque fue remodelado en el XIX tras haber sufrido importantes daños durante la Guerra Civil Portuguesa (1832-33). En su interior destaca un retablo tallado de principios del siglo XVIII, obra de João da Costa.

Desde aquí arranca Cais de Estiva, junto al cual discurre un tramo de la muralla Fernandina que se ha conservado y que protegía la ciudad desde el río, sobre la cual se construyeron posteriormente diferentes edificios. Se le conoce como Muro dos Bacalhoeiros (cuya traducción sería “muro de los pescadores de bacalao”), ya que aquí se encontraban diversos almacenes donde aquellos comerciantes guardaban el bacalao. Unos pocos metros más adelante se abre el Postigo do Carvão (Puerta del Carbón). Esta puerta, que en su momento contaba con una reja de hierro que la cerraba, era una de las antiguas entradas medievales de la ciudad. La muralla contaba con 18 puertas y trampillas construidas en el siglo XIV, de las que solamente ha sobrevivido esta, una de las nueve que existía en esta zona de la ribera del río en Oporto.

Si contamos desde el este era la cuarta puerta, antes se encontraban la de Banhos, la de Lingueta y la de Terreirinho, y después seguía con la Porta Nova (o Nobre), la de Ribeira (más tarde ampliada hasta convertirse en puerta), la de Pelourinho, la de Forca, la de Madeira y la de Areia, para luego seguir la muralla hasta Guindais. La puerta se utilizaba como nexo de comunicación entre la calle Fonte Taurina con el muelle de Estiva (o muelle de la antigua Aduana del puerto), donde atracaban las barcazas con carbón que llegaban desde las minas de Gaia y Gondomar. En su interior aún se pueden ver las escaleras que conducen a la parte superior de la muralla, donde antiguamente había una inscripción gótica de 1386 que indicaba que un inspector fue comisionado para examinar las anclas de Gaia, lo que lleva a concluir que la parte de la muralla en la que se encontraba fue construida durante el reinado de Alfonso IV.

Seguimos caminando por este paseo junto al mar y comprobamos que se trata de una de las zonas más vibrantes y encantadoras de la ciudad, ya que suele haber un ambiente muy animado, con puestos ambulantes, personas sentadas en el malecón o paseando, músicos callejeros y restaurantes y cafeterías donde comer o beber algo (hay que tener en cuenta que aquí los precios son elevados) mientras se admira el paisaje dominado por el puente de hierro de Luis I. Aquí se encuentran el embarcadero desde el cual salen los rabelos (barcos de madera tradicionales) que realizan, entre otros, el famoso crucero de los seis Puentes por el río Duero que tiene una hora de duración.

Justo aquí se abre la Plaça da Ribeira, una de las plazas más antiguas de Oporto, ya que existen documentos que ya la mencionaban en el siglo XIV. Su origen medieval es apreciable en su trazado, dentro del cual acogía una intensa actividad comercial y manufacturera, gracias al cercano puerto fluvial. Ese carácter se ha mantenido en la actualidad, ya no sólo por los bares y restaurantes que la rodean que hace alusión a su carácter comercial, sino también porque de vez en cuando pasan los pregoneros anunciando la venta de su fruta, legumbres o pescado. En el año 1491 este espacio y los edificios circundantes sufrieron un incendio que los destruyó, por lo que posteriormente las casas se volvieron a levantar con soportales en sus plantas bajas. A mediados del siglo XVIII, se hizo necesario una mejora urbana para facilitar el flujo de mercancías y personas, por lo que se abrió la Rua São João para conectar la plaza, que también fue reurbanizada, con la ciudad alta.

La plaza debía quedar cerrada en sus lados norte, oeste y este por edificios con soportales, mientras que su lado sur, el que da al río Duero, estaba cerrado por las murallas Fernandinas, las cuales fueron derribadas en 1821, abriendo el espacio hacia el río. Hoy la Plaça da Ribeira, muy popular entre los turistas, se encuentra rodeada de casas estrechas y coloridas, pintadas o revestidas de azulejos. Por su parte la zona norte está ocupada por la Fonte da Ribeira, una fuente monumental de tres pisos de altura que fue construida en la década de 1780. La parte superior está decorada con el escudo de armas de Portugal, mientras que en su zona media se colocó en el año 2000 la escultura que representa a san Juan Bautista, obra del escultor João Cutileiro, inaugurada precisamente en la noche de san Juan, por el entonces presidente de Portugal, Jorge Sampaio.

Más o menos en el centro de la plaza podemos ver una fuente, cuyo tanque cuadrangular, ahora de hormigón sobre base de granito, cuenta con tres bloques del siglo XVII (que debieron también formar parte de una fuente anterior) y que fueron encontrados durante las excavaciones arqueológicas realizadas en esta zona de la Ribeira. Este manantial se encuentra coronado por el "Cubo das Pombas da Paz" o simplemente “Cubo da Ribeira”, escultura de bronce realizada por José Rodrigues. Las caras del cubo contienen elementos vegetales y animales (palomas o quizás gaviotas), que no sólo son símbolo de libertad, sino también de la realidad del lugar y de la ciudad, en una convivencia única con la población. Si la estatua de san Juan Bautista causó polémica, aquella obra tampoco quedó exenta de controversia cuando fue inaugurada a principios de los años 80 del siglo XX, como colofón final de las obras de renovación de la plaza.

En este punto toca ahora adentrarse en el bonito barrio de Barredo, cuyas intrincadas calles empinadas forman un laberinto estrecho en el que perderse para encontrar bonitos rincones. Los edificios que se levantan en esta parte de Oporto son casas antiguas, muchas de las cuales están estructuralmente en mal estado, aunque algunas están siendo reformadas en profundidad, y en muchos casos, a excepción de las tiendas de la planta baja, están vacías. Sea como fuere, esto no le quita encanto al barrio, más bien al contrario, pues le da un aire nostálgico que hace que el paseo por sus calles sea aún más bello.

Ello se refuerza más todavía por el hecho de que el viajero medio no suele visitar esta zona, quizás porque se necesita realizar cierto esfuerzo por las cuestas y escaleras, pero lo que es indudable es que esta parte de Oporto hay que verla, puesto que es la esencia misma de la ciudad histórica. No es para menos, puesto que este barrio surgió bajo la herencia medieval, como así lo demuestra su trazado irregular, sus callejones, algunos de los cuales no van a ningún lugar, etc.…

Quizás por eso, por ser un barrio con poca población, pero quien vive aquí mantiene la autenticidad, la esencia típica portuguesa, y por ser poco visitado por el turismo común, llama poderosamente la atención el silencio y tranquilidad que reina en sus calles, solamente roto en alguna callejuela por el volumen de la música alta que sale de alguna ventana, porque algún vecino la tiene puesta mientras hace sus quehaceres. En cuanto a lo comentado, el contraste de ruido/silencio con el Cais da Ribeira en el sur, y con el barrio de la catedral hacia el norte, es más que evidente.

Sorprende mucho que en estas épocas en que los apartamentos turísticos están inundando las ciudades, hecho que hace que la gente local esté abandonando las zonas históricas, este barrio mantenga su esencia y autenticidad, con balcones con enormes tenderetes donde la ropa se seca, y un ambiente a pueblo, con olores y colores, que nos hace olvidar que nos encontramos en una de las ciudades más turísticas de Portugal.

Igual de fascinante de este barrio es que de repente, una vez andando totalmente perdido y sin orientación, desembocamos en pequeñas plazas, totalmente inesperadas, que quizás hayan surgido tras la demolición de algunos edificios que han dejado espacio para estas placetas.

Uno de los edificios más destacados de esta zona es la torre de Barredo o de la Rúa de Baixo, ya que es uno de los mas antiguos de la ciudad y el único ejemplo de arquitectura civil medieval que existe en este barrio. Cuenta con cinco plantas y fachadas a dos calles, pero con un desnivel de una planta. A pesar de las transformaciones que ha sufrido a lo largo de los años, esta construcción puede datarse en el siglo XIII, por la tipología de las ventanas primitivas que han sobrevivido. El acceso principal se realizaba a través de una escalera exterior del edificio, como era habitual en la época.

Callejeando por sus calles se llega a un pequeño santuario, el del Senhor da Boa Fortuna, el cual podría ser secreto, puesto que podría pasar desapercibido, si no fuera por el color amarillo ocre de su pared que llama la atención, junto a la hornacina que contiene la pequeña imagen de un Cristo que alguien ha colocado de manera improvisada en su interior, puesto que la imagen original fue robada y nunca fue restaurada.

A pocos pasos se encuentra la plaza dedicada al Padre Américo, la cual está dividida en dos niveles, desde cuya parte superior se obtiene una bella panorámica de los tejados del barrio. Es un lugar interesante donde hay dos placas de bronce que hacen mención al homenaje a este sacerdote santificado tras su muerte, quien fundó el “Alma da Casa do Gaiato” (institución para los niños pobres, especialmente huérfanos). En una de esas placas se reproducen las palabras que el Padre Américo pronunció sobre Barredo, en la Casa do Gaiato el 4 de febrero de 1950.

Otro rincón de especial interés para los turistas son las impresionantes y empinadas escaleras de Barredo (Escadas do Barredo), las cuales, curiosamente, hace siglos eran conocidas como las del infierno por la peligrosidad de su entorno, incluso aquí era donde ejercían su actividad las prostitutas. En uno de sus tramos se encuentran, incrustada entre las casas, las ruinas de la iglesia de santa Ana. Además, desde aquí se obtienen bellas panorámicas sobre los tejados del casco histórico de Oporto.

Las escaleras de Barredo es un camino tranquilo, en el que solamente se escucha los graznidos de las gaviotas que vuelan sobre el barrio, mientras tanto, los escalones ascienden serpenteando la colina hasta desembocar en el Arco do Colégio, a partir del cual comienzan las Escadas das Verdades que da acceso a la zona de la Catedral que se encuentra coronando la montaña. Estas escaleras era la única conexión que existía por aquella época entre el barrio de la Catedral y la Ribeira.

Volvemos a descender para regresar de nuevo a Cais de Ribeira para seguir recorriéndola. De esta manera, el siguiente punto de interés de este paseo fluvial se encuentra entre los arcos del muro que lo recorre: aquí se encuentra el bajorrelieve de bronce de las Alminhas do Ponte (Almas del puente). Fue creado en 1897 por el escultor Teixeira Lopes (padre), como conmemoración de la tragedia de Ponte das Barcas (llamado así porque básicamente eran varias barcazas unidas por un cableado) que ocurrió el 29 de marzo de 1809. Durante el asedio de la ciudad por las tropas francesas del mariscal Soult, cientos de personas trataron de huir cruzando el puente, éste no pudo soportar el peso y cedió, provocando más de cuatro mil fallecidos. Desde aquí, tras cruzar el arco, se puede llegar al ascensor da Ribeira que por unos dos euros te dejará en una zona intermedia, desde la cual seguir subiendo escaleras. Lo mejor de este ascensor es la vista panorámica que ofrece desde su plataforma.

Seguimos avanzando por la Ribeira, disfrutando de la vista del puente Luis I sobre el río, que cada vez lo tenemos más cerca. A la izquierda podemos ver un grupo de edificios decorados con cerámica, entre los cuales se encuentra adosada la capela de Nossa Senhora da Lada. De planta rectangular y de una sola nave, en esta iglesia predomina el barroco tardío, aunque con elementos manieristas anteriores. El aspecto que presenta en la actualidad se le fue dado en el año 1774, tras haber sido restaurado un edificio más antiguo.

Al fin llegamos a los pies del puente de Luis I, a cuya derecha vemos los restos del Ponte Pênsil o Puente colgante, en concreto se han mantenidos los dos pilares de granito (ahora incompletos) que sostenían el puente colgante desde este lado de la orilla, es decir desde el lado norte, así como la ruina de dos pisos de la casa de vigilancia militar. Se trataba de un puente suspendido con pilares de 15 metros de altura, 150 metros de largo y 6 de ancho, realizado por el ingeniero Estanislau Bigot, que también dirigió las obras, las cuales empezaron en mayo de 1841, inaugurándose finalmente en febrero de 1843 para conmemorar el aniversario de la coronación de la reina María II (de hecho, se llamaba así, pero finalmente se perdió en favor de Ponte V). Estuvo en funcionamiento durante cerca de 45 años, hasta el 1887, ya que fue sustituido por el puente Luis I que se construyó justo al lado.

El recorrido por esta parte de Oporto la vamos a finalizar con en el funicular dos Guindais. En este mismo sitio se inauguró en 1891 el primer funicular que finalmente cerró apenas dos años después de su funcionamiento, debido a un desafortunado y terrible accidente. Desde aquel momento ese medio de transporte quedó abandonado y cayó en el olvido, hasta que en el año 2001 la ciudad se planteó recuperarlo. De esta manera se volvió a poner en funcionamiento en el mismo lugar un nuevo funicular que finalmente fue inaugurado en el año 2004. Al igual que el original, este curioso tranvía conecta la Ribeira con la zona alta de Oporto, concretamente con la Plaza de Batalla.

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