Cuando se habla de Oporto inmediatamente nos viene a la cabeza el puente de don Luis I, el más importante de todos los que salvan el río Duero por esta zona. Esta estructura de hierro, el más transitado de todos, une elegantemente esta ciudad con la vecina Vila Nova de Gaia. Incluso, si indagamos más, llegaremos a la conclusión que esta obra de ingeniería podría ser un perfecto vínculo que unen esta ciudad portuguesa y la capital de Francia, París, gracias a la figura de Gustave Eiffel. Hoy en día el puente de Luis I es uno de los puntos más famosos de Oporto a nivel mundial, y uno de los lugares más fotografiados por los turistas. Pero conozcamos más sobre su historia y sus datos curiosos.
Antes, más o menos en el mismo sitio, había otro puente colgante, el llamado Ponte Pensil (del que todavía se conservan sus pilares originales y la ruina de dos pisos de la casa de vigilancia militar) que tras cuarenta y cinco años de uso resultó ser insuficiente por la expansión industrial y demográfica que sufrió Oporto en el siglo XIX, por lo que se hizo necesario mejorar las comunicaciones entre las dos ciudades de ambas orillas, debido al aumento del tráfico.
Ante este panorama, la ciudad necesitaba una obra mucho mas imponente y robusta, por lo que las autoridades sacaron a concurso en el año 1879 una licitación para construir un puente metálico sobre el río Duero para sustituir a aquel viaducto colgante. Al concurso se presentó una obra de la firma de Gustave Eiffel, la cual solamente contemplaba una plataforma sobre el nivel de la ribera con un levadizo en la parte central, por lo que fue rechazada, ya que no conectaba eficazmente los dos núcleos urbanos de Oporto y Gaia (a pesar de ello este proyecto se llevó los honores de la Expo de París en 1878).
Por lo tanto, las autoridades impusieron como condición necesaria para ganar el concurso que el futuro puente contara con dos plataformas para unir así las partes altas y bajas de las dos villas. Finalmente, el proyecto ganador fue el del ingeniero belga Théophile Seyrig quien fuera discípulo de Eiffel, por lo que la influencia de los principios de ingeniería de éste es evidente (el puente María Pía – que veremos en el crucero de los seis puentes- construido nueve años antes también cuenta con un gran arco y fue diseñado por Seyrig y Eiffel).
El puente de don Luis I comenzó a construirse en el año 1881, durando las obras cinco años. El viaducto se inauguró en 1886 y desde ese momento se convirtió en un icono indisoluble de la ciudad, ya que su construcción fue un logro arquitectónico notable de brillantez de ingeniería y belleza estética, y por tanto un testimonio de la destreza técnica de esa época.
La principal característica de este puente, que le da cierta personalidad y elegancia, es el imponente arco de hierro con 172,5 metros de diámetro y casi 400 metros de longitud, para cuya construcción fueron necesario toneladas de hierro. Sobre el arco se asienta la plataforma superior que mide 390 metros que originalmente estaba destinado al tráfico rodado, mientras que en la actualidad circula los trenes de la línea D del metro de la ciudad, además de pasos para los peatones; por su parte la plataforma inferior, abierta para vehículos rodados y personas, tiene una longitud de 174 metros. El puente tiene una altura total de 44,6 metros, por eso, desde la plataforma superior se obtiene una bella panorámica de Oporto, su entorno y las dos orillas: desde las bodegas en Gaia a los edificios de colores pasteles del barrio del barrio de Miragaia.
Desde la plataforma inferior, que hay que decir que tiene una acera muy estrecha para la cantidad de gente que camina por ella (ambas elevaciones tienen una anchura total de 8 metros), se puede apreciar mejor el intricado enrejado de hierro que aumenta el atractivo visual del puente, al tiempo que garantiza la estabilidad y resistencia de toda la estructura frente a las fuertes corrientes del río.
El puente recibió el nombre del rey Dom Luís I, que gobernó Portugal desde 1861 hasta 1889 y dejó una huella imborrable en la historia del país. Hemos tenido conocimiento de que circula una leyenda urbana que dice que los habitantes de la ciudad se enfadaron mucho con el monarca puesto que éste no vino a inaugurar el puente, y por ello cambiaron el nombre original de Ponte Dom Luís I por el de simplemente Luís I. Se trata de una historia falsa, a pesar de que muchos guías lo cuenten a los turistas durante el recorrido por Oporto. Eso sí, este viaducto no siempre ha llevado el nombre de aquel rey: durante la República Portuguesa fue brevemente rebautizado como Puente de la República, aunque el nombre original fue restaurado años más tarde.
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