OPORTO (PORTO)

UNO DE LOS EDIFICIOS MÁS ANTIGUOS DE OPORTO


La Casa do Infante fue construida en 1325, en tiempos del rey Alfonso IV de Portugal, debiendo su nombre a Henrique el Navegante, ya que según algunos historiadores aquí fue donde nació este miembro de la realeza de este país. El edificio es uno de los más antiguos de la ciudad y también fue en su día el más grande, debido principalmente a las dos torres construidas en el siglo XIV, desaparecidas hace muchos años. Este edificio, elevado a monumento nacional en el año 1924, ha tenido diferentes funciones a lo largo de los siglos: residencia para las visitas oficiales de la familia real, antigua Casa de la Moneda y Aduana de Oporto (por eso también es conocida como Alfândega Velha, que significa “aduana vieja”), y cuya función fue la de inspeccionar el comercio que llegaba a la ciudad a través del río Duero, funcionando durante varios siglos y sufriendo diferentes obras y alteraciones que transformaron su aspecto original.

Tras esta breve reseña histórica, procedemos a visitar la casa, para lo cual, tras atravesar el umbral de la puerta, desembocamos en un patio que data de 1325, cuando Alfonso IV ordenó la construcción del almacén real. Durante la Edad Media, era aquí donde las dos grandes torres se levantaban flaqueando el patio y con puertas de acceso en sus lados este y oeste. En el año 1432 el edificio se amplió hacia aquella parte, transformándose en una nueva torre porticada en la fachada occidental. Finalmente, en 1677 se derribaron ambas torres, alterándose las fachadas que daban al patio, de modo que la puerta principal daba acceso a un nuevo gran salón. Se construyó otra zona administrativa, que se extendía hasta la actual Rua da Alfândega.

La nave de enfrente alberga la exposición permanente, mientras que la puerta situada en la arcada derecha da acceso a una zona donde tiene lugar las exposiciones temporales. Nosotros accedemos ya al interior de la exhibición permanente y, al entrar a la izquierda, se encuentra una maqueta en la que se reproduce el aspecto de la aduana en el silo XIV, en la que entenderemos mejor lo comentado anteriormente. En aquel edificio, en los pisos superiores de la torre más alta, al norte, vivía el almojarife real (el cobrador de los derechos reales), cuya estructura ha sufrido visibles modificaciones a lo largo de los siglos.

Seguimos recorriendo este primer espacio, donde vemos los resultados de las excavaciones arqueológicas efectuadas en los años 90 que permitieron saber más sobre el conjunto, tanto en origen (como vimos anteriormente), como en otras épocas: se descubrieron varios vestigios de ocupación moderna, medieval y romana. Los suelos de mosaico, entre otros descubrimientos, indican que fue la casa o mansión de un ciudadano adinerado de la época romana, datada en los siglos IV y V. Se trataba de un gran edificio que, al encontrarse en una ladera que domina el Duero, se construyó en diferentes niveles que descendían en sentido al río.

Contaba con un patio central (quizás con columnas en todos sus lados), a partir del cual se articulan las habitaciones, algunas de las cuales contaban con suelo de mosaicos con motivos geométrico. La mayor parte del edificio romano permanece bajo los cimientos de la actual casa do Infante, aunque aquí podemos ver dos estancias de aquella casa romana: una gran sala cuidadosamente pavimentada con mosaico (el que vemos aquí es una réplica que reproduce sus ornamentos, cuyos vestigios originales se encuentran debajo, siendo el primer mosaico romano identificado en Oporto), a cuyo norte se puede ver el tramo de un muro romano recubierto por otro de época medieval durante la construcción de la Casa de la Moneda; y una estancia menos cuidada y con signos de incendio, lo que indica que probablemente se trataba de una cocina. Aquí, señalado con un objeto con forma de pirámide con el numero 2, se encuentra una capa que corresponde con parte de la cubierta de madera del techo derrumbado.

En esta zona se levanta una estructura metálica con varios pisos, en los que se exponen más objetos relacionados con la casa y Oporto. En los expositores situados en ambas plantas se exponen diferentes objetos encontrados durante las excavaciones, como por ejemplo clavos y baldosas pertenecientes a la antigua aduana, así como restos de fragmentos hispano-musulmanes de los siglos XV-XVI. Los que vemos siguen la técnica de la “aresta”, consistente en el empleo de moldes de madera o metal para conseguir las arestas en relieve sobre la arcilla cruda, haciendo así la función de separar los diferentes esmaltes de colores.

Desde la propia pasarela se tiene una visión global de los muros que la circundan, pudiendo identificar las huellas de los diferentes elementos arquitectónicos que tuvieron a lo largo de los siglos. Ello es más fácil gracias a un panel donde se explica de manera clara y directa, mediante un dibujo de los muros en el que se señala cada elemento con números y una descripción. Entre ellos vemos, en la parte inferior restos del pavimento y la base de una escalera de piedra del siglo XVI, la puerta de acceso al patio de la Casa de la Moneda del siglo XIV, etc. En la zona media vemos los zócalos para vigas de madera (siglo XVII), una abertura para iluminar con luz natural la escalera (siglo XIV), otra apertura del siglo XVI, zócalos para vigas de madera (siglo XVI), etc.

En el otro muro se encuentran los restos de soportes para el rellano de una escalera de madera (siglo XIV), restos de ménsulas para piso de diferentes épocas: del siglo XIV, del siglo XVI y del XVII, y las ménsulas para falso techo de madera del siglo XX. En el muro derecho vemos los zócalos para vigas de madera del siglo XIV y una apertura de chimenea. En la zona superior, en la pared izquierda se encuentra una doble ventana (siglo XVI); en la de al lado vemos el agujero de un desagüe de letrina, una puerta de acceso al balcón (siglo XIV) y mensuales de un suelo del siglo XVI.

Una maqueta nos acerca más al aspecto que tenía el edificio originalmente, pero en esta ocasión diseccionadas para comprender mejor su distribución interior. De esta manera vemos que la torre sur contaba con una planta baja que era la extensión de una tienda, mientras que los pisos 1 y 2 seguramente albergaba viviendas para los trabajadores del almacén. Por su parte la torre norte contaba con una planta baja donde se pesaba y se sellaban los productos, mientras que el primer piso era una zona administrativa, donde se reservaban la mercancía para la Corona y donde se custodiaban los diezmos. El piso dos acogía la Casa do despacho y el archivo, en el tres estaban las salas de estar y, finalmente, la planta 4 tenía dormitorios privados y las cocinas.

En otro expositor vemos el documento llamado “Regimento da Alfândega” del año 1410, un reglamento de aduana emitido por João I para regular la aplicación de impuestos, puesto que existían quejas sobre la falta de respeto a las "antiguas costumbres" y a los "privilegios" concedidos por la Corona a los comerciantes que acudían a la aduana a pagar el diezmo de sus productos. Al lado del reglamento también se expone parte de un sello de los siglos XIV-XV empleado para marcar documentos oficiales y que fue inutilizado cuando se dejó de usar.

Y como aquí era necesario pesar la mercancía, también encontramos una pequeña sección dedicada a la medida y peso, ya que su uso era fundamental para el buen funcionamiento de la economía. Además, en la aduana era fundamental utilizar pesos y medidas, ya que el impuesto se calculaba en función de la cantidad de productos presentados para su envío. En la Edad Media se empleaban unidades de medidas de tradición romana (palmo, pie, onza), así como árabe (alqueide, almud, arrátel). Como existió particularidades regionales, hubo intentos de estandarizar el sistema, siendo el más significativo el de 1499 por iniciativa del rey Manuel I. La cuantificación de las mercancías, para efectos tributarios, era responsabilidad del Feitor, asistido por el Medidor y el Pesador. El operativo se realizó en la sala Despacho, aunque también podría realizarse en el patio o en el muelle de descarga junto al río.

En otras vitrinas se exponen también cerámicas de entre los siglos XIV y XVII, procedentes de fuera de Oporto, tanto del resto de Portugal (Aveiro, Braga, etc.), como de otros países (Francia, Alemania, Países Bajos, etc.). Entre ellas también vemos azulejos, fuentes, platos, etc. hispano-árabes del siglo XVI, platos y cuencos de origen meridional y sureños de entre los siglos XV y XVI, etc.

Y hablando de vajillas, las excavaciones arqueológicas realizadas en este yacimiento contribuyeron en gran medida a comprender el tipo de cerámica utilizada en la ciudad durante los siglos XVI y XVIII, gracias a análisis y clasificación de 58.000 fragmentos cerámicos. Esa representativa muestra de la loza utilizada en Oporto se dividió en los principales grupos tecnológicos: loza roja o negra, loza vidriada con plomo, loza, porcelana y gres. Así mismo, el estudio concluyó que a lo largo de más de dos siglos el uso de la loza y cerámica vidriada creció, mientras que la cerámica de barro más común disminuyó. De igual manera se contabilizaron las principales formas de vajilla y menaje de cocina, como ollas, cántaros, tazas, cacerolas, sartenes, platos, cuencos, etc. Gracias al análisis químico de las arcillas, se han podido determinar que provienen de diferentes puntos del norte de Portugal, especialmente proceden de los talleres de Prado (Vila Verde), del valle medio del río Duero y de la zona de Aveiro/Ovar.

También llegaron vajillas de Vila Nova de Gaia e incluso en Oporto hubo alfareros, pero su producción aún no ha sido identificada. En las últimas décadas del siglo XVIII Oporto se convirtió en un importante centro comercial, desde el que salía más de un tercio del comercio exterior portugués, basado fundamentalmente en los vinos del Duero y en el azúcar. También los textiles, la sombrerería, la cordelería, el tabaco, la cerámica y otras industrias transformaron la región en una auténtica locomotora de la economía portuguesa hasta principios del siglo XIX. El centro cerámico de Oporto fue desde entonces uno de los sectores más dinámicos de la producción y el comercio. Las fábricas más antiguas de loza vidriada, azulejos y otros son Massarelos (1763), Miragaia (1775) y, en Gaia, Cavaquinho (1780), Vale da Piedade (1785) y Afurada (1789).

Descendemos las escaleras y nos dirigimos al otro extremo de la otra sala, la cual se encuentra dividida por una bonita escalinata. Aquí se encuentran los restos del edificio de la antigua Casa de la Moneda de Oporto, creada por el rey Fernando tras subir al trono en 1367, y comenzando a funcionar en 1369 para hacer frente a la necesidad de monedas para pagar la guerra por el trono con el vecino reino de Castilla. Pero vayamos más atrás en el tiempo para entender mejor la creación de esta institución: tras la creación del reino de Portugal, la Corona tomó medidas para afianzar su poder mediante la creación de Casas de Moneda, las cuales eran administradas directamente o mediante concesiones.

Las monedas eran necesarias no sólo para el comercio, sino también para pagar a los súbditos, financiar guerras, infraestructuras públicas, etc. El puerto y el comercio atrajeron pronto a la zona ribereña a talleres de metal, donde empezaron a funcionar orfebres y una herrería. Tras instalarse aquí la aduana en 1325, unas décadas más tarde la zona se consolidó con la reparación de los muelles y la construcción de nuevas murallas y otras infraestructuras. Durante los siglos XV y XVI, la Casa de la Moneda se expandió hacia los terrenos situados al este de la Aduana, en dos alas de edificios separados por un patio.

De estos edificios, destinados a talleres, servicios administrativos y residencia de numerosos funcionarios, aún se pueden encontrar cimientos de muros y restos de pavimento: suelos de baldosas de los supuestos hornos de la Casa de la Moneda (siglo XV), una pared divisoria de almacenes (primera mitad del siglo XVII), un lienzo de muralla anterior a 1677 y construida sobre los cimientos de la Casa de la Moneda y restos de un muro de la Casa del Sello de Aduanas (siglo XVIII).

Procedemos a visitar la exposición “Enrique el Navegante y los nuevos mundos”, para lo cual descendemos por una escalera situada junto a los anteriores restos. Durante el recorrido, mediante paneles, fotografías, maquetas y diferentes piezas, se aprenderá más sobre aquel personaje ilustre portugués y sus viajes. La zona expositiva comienza con la sección titulada “Casa de la Moneda”, donde se habla de la historia de las monedas en Portugal, además de exponerse algunas de las que fueron acuñadas en Oporto.

Le sigue la parte dedicada a la figura del infante Enrique, detalles del tiempo en que le tocó vivir y sus hazañas en la Era de los descubrimientos que él comenzó en Portugal, como la toma de Ceuta y expediciones a diferentes partes del planeta: la costa occidental africana / islas de Macaronesia, Cabo de Buena Esperanza y la India, Brasil, las Indias Españolas, pacífico y extremo oriente, además del papel desempeñado en aquellas expediciones por la ciudad de Oporto.

Terminado el recorrido expositivo desembocamos en un túnel formando por antiguos muros, sobre uno de los cuales se abre el horno de la casa de la Moneda del siglo XVI (aunque en 1421 aquí ya funcionaba una fundición), que por aquel entonces estaba situado en el extremo norte del barrio de los mozos. Delante del horno, a nivel del suelo, había un tanque en el que se vertía el metal fundido. Encima del taller vivía un funcionario de la Casa de la Moneda con responsabilidad intermedia. Detrás del muro, en esa dirección, se encontraba una de las casas de la Rua Nova, donde vivían Gil Vasques y João de Aragão, alcaides de la Casa de la Moneda.

Y precisamente, algo más adelante vemos el lugar donde había un manantial, cerca del cual se encontraban dos entradas a la Casa de la Moneda, siendo la principal la situada en la Rua Nova. Sobre ella se encontraban las oficinas y residencias de los altos funcionarios: primero el Tesorero y después el Maestro de Balanzas. Fue ahí donde probablemente vivió Pero Vaz de Caminha (explorador y escritor portugués) entre 1478 y 1500. El espacio que vemos, como decimos, fue el lugar donde había un manantial, del cual aún se conserva su boca de salida de agua, de igual manera se descubrieron tuberías de piedra y el lecho de un aljibe. En su origen aquí se encontraba una fuente para la Aduana, de la que ya se hablaba en 1357. Cuando se construyó la Casa de la Moneda, también se empezó a utilizar la fuente, que fue modificada sucesivamente, la más notable en 1688. El solar fue cubierto a mediados del siglo XVIII, tras el cierre de la Casa de la Moneda y la creación de nuevos accesos a la Aduana.

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