El palacio de la Bolsa, orgullo de Oporto y sede de la cámara de comercio local, es un edificio de estilo neoclásico diseñado por el arquitecto Joaquim da Costa Lima, cuya construcción se inició en octubre de 1842, sobre las ruinas del antiguo convento de san Francisco (destruida por un incendio durante las Guerras Liberales en 1832), es por eso que este edificio se encuentra anexo a la iglesia de san Francisco. Este proyecto se hizo necesario tras el cierre de la bolsa anterior, ya que ese hecho obligó a los comerciantes de la ciudad a discutir sus negocios al aire libre. En noviembre de 1850 las obras ya habían avanzado lo suficiente como para quedar terminados el primer piso y la fachada principal. En la década de 1860 las obras tomaron un nuevo rumbo, al comenzarse los trabajos de las salas interiores.
Debido a que las obras se alargaron mucho en el tiempo, por la calidad exigida, la construcción del palacio de la Bolsa se convirtió en una verdadera escuela para los artistas que trabajaron allí. Por ello, debido a la exigencia comentada, habría que esperar hasta junio de 1880 para concluir una de las joyas del edificio: el salón árabe, el cual fue inaugurado con motivo de las celebraciones del tricentenario de Camões, el considerado como el mayor poeta en lengua portuguesa. Y es que, para terminar este espacio, obra de Gustavo Adolfo Gonçalves e Sousa, fueron necesarios 18 años. La Bolsa de Valores de Oporto fue inaugurada el 21 de noviembre de 1891, con la presencia del rey Carlos y de la reina Amélia.
En el 1909 las obras y la decoración del Palacio de la Bolsa terminaron definitivamente, con motivo de la visita del rey Manuel II, y poco antes de la proclamación de la República, la cual llegaría en octubre de 1910. Al año siguiente, en febrero de 1911, pasó su titularidad a dominio público, momento en que uno de los cuadros de los monarcas presentes en el interior del edificio, concretamente el de Carlos I, fue vandalizado con dos disparos de pistola. El edificio sería posteriormente recuperado por la asociación Comercial de Oporto en 1918, durante el gobierno de Sidónio Pais.
Tras estos apuntes históricos, vamos a comenzar a recorrer el interior del palacio de la Bolsa. Para ello puedes adquirir las entradas tanto en taquilla como online, pero hay que tener en cuenta que el sistema que tienen es muy curioso: el palacio solamente se puede recorrer mediante una visita guiada en grupo y en uno de cuatro idiomas (portugués, inglés, español y francés). Pues bien, la particularidad es que el primer visitante que llegue elige hora e idioma, así, a los grupos que se vayan creando de esa manera se irán uniendo los turistas que vayan llegando más tarde. Por eso, lo recomendable es llegar a primera hora para elegir hora e idioma y no tener que esperar para unirte a otros grupos ya creados, los cuales en ocasiones se llenan rápidamente. También hay que señalar que de vez en cuando el edificio acoge diferentes celebraciones, inclusive privadas, durante las cuales no se permiten las visitas turísticas, por lo que te recomendamos que confirmes en la web oficial si es posible recorrer el palacio en la fecha en la que pretendes ir.
Dicho lo cual, el tour comienza en el Patio de las Naciones (Pátio das Nações) que ocupa el lugar donde antes se abría el claustro del antiguo convento. Se trata de un canto a las relaciones comerciales realizado en tiempos de euforia librecambista, ya que aquí, durante décadas, tenían lugar tanto reuniones públicas como asuntos de negocios. En este patio funcionó hasta hace poco la “Bolsa General Oficial de Oporto”, para lo cual se acondicionó el espacio según el modelo de la Bolsa de Burdeos y se crearon estructuras de calefacción para el período invernal. En su reforma participó, en la fase final de construcción, el arquitecto Tomás Soller entre 1879-1883, concretamente en el proyecto de la nueva cubierta. Soller ya había desempeñado su labor en París, donde realizó algunas obras privadas.
Los paneles del techo muestran los escudos de las naciones con las que Portugal mantuvo relaciones comerciales en el tiempo: Sajonia, Italia, Brasil, Persia, Argentina, Rusia, Inglaterra, Alemania, Suiza, Dinamarca, México, Francia, Estados Unidos de América, Grecia, Suecia, Noruega, Austria, España, Bélgica y Países Bajos. Las pinturas de las molduras, con formas y motivos ideados por Tomás Soller, fueron diseñadas y pintadas por Luigi Manini, quien realizó diferentes proyectos para los palacios de Sintra y Buçaco, y terminadas por Silva Pereira y Juan Bautista de Río.
También hay que destacar los paneles situados en las esquinas que contienen referencias a las fechas históricas más importantes relacionadas con acontecimientos de la asociación Comercial de Oporto: 18 de septiembre de 1833 (fecha de la promulgación del Código de Comercio), 2 de agosto de 1834 (instalación del Tribunal Comercial en Oporto), 24 de diciembre de 1834 (fecha de fundación de la Asociación Comercial) y finalmente, el 6 de octubre de 1842 (inicio oficial de las obras de construcción del Palacio).
Otro detalle que revela la conexión del Palacio con la memoria liberal, aunque de manera indirecta, es la cubierta metálica vidriada del techo, ya que el concurso para adjudicar su fabricación se convocó el 24 de agosto de 1880, es decir en el sexagésimo aniversario de la revolución liberal de 1820 que tuvo lugar en Oporto. A ese concurso se presentaron propuestas de la casa Eiffel, aunque finalmente la construcción de la cubierta fue adjudicada a la casa Burnay de Lisboa. La cúpula, a través de la cual entra la luz del sol, se construyó con hierro y cristal, y sostenida por 24 columnas clásicas de hierro fundido.
Por su parte el pavimento cerámico de este lugar se fabricó en Alemania, presentando un bonito diseño geográfico. Por tanto, el Patio de las Naciones es un buen ejemplo de espacio donde se combinan los estilos y los materiales empleados: la arquitectura del hierro y el vidrio, en su ligereza y luminosidad, cuya luz penetra en el interior para alumbrar la solidez granítica del estilo palladiano. Ahora toca subir al primer piso para continuar la visita, para lo cual ascenderemos por la Escalera Noble (Escadaria Nobre), obra de Gustavo Adolfo Gonçalves e Sousa que la construyó con granito y mármol y la decoró con capiteles corintios, pilastras onduladas, festones, etc. Para terminar su construcción fueron necesarios 68 años, por la dificultad para tallar la piedra.
Sobre la escalera, en el techo cuelgan dos lámparas de araña de 1,5 toneladas de peso cada una, realizadas por Soares dos Reis, que son el testimonio de que este edificio fue el primero en tener electricidad de Oporto. Las bases de estas lámparas parten desde los laterales de un majestuoso tragaluz que fue restaurado en el año 2012. Esta parte de la cúpula está decorada con diferentes pinturas alegóricas realizadas por Antonio Ramalho, representadas con mujeres: en el centro una simboliza la Patria, al frente de ella otra mujer que sostiene un libro encarna la Cultura, a los lados vemos otras dos féminas, la que se sitúa a nuestra derecha representa la Industria, mientras que la situada al otro lado simboliza la Agricultura.
Seguimos el tour y ahora llegamos a la sala del Tribunal (sala do Tribunal), lugar donde en el siglo XIX, y como su nombre indica, funcionaba el antiguo tribunal mercantil. En la actualidad, además de acoger diferentes eventos públicos y privados, también es el escenario donde tiene lugar la entronización de los nuevos miembros de la Confraria do Vinho do Porto, entre los que se encuentran el príncipe Alberto II de Mónaco, el presidente de la República Portuguesa, el profesor Cavaco Silva, etc. Concretamente ese evento tiene lugar en la sala de los Jurados (Sala dos Jurados – Sala Museu Medina), a la que se accede desde un costado. En ella se reunían los jurados presentes en los juicios llevados a cabo en la sala contigua del tribunal de Comercio. Hoy este espacio alberga la exposición de doce cuadros donados por el propio pintor Henrique Medina a la institución, en el ámbito de la conmemoración de los 150 años de la Asociación Comercial de Oporto.
Volvemos a la sala del Tribunal, la cual es de estilo renacentista francés que le confiere un enorme eclecticismo y una atmósfera de cierta austeridad inherente a la función para la que fue creada. Fue un diseño inicial de Joel de Silva Pereira y reformulado posteriormente por del arquitecto Marques da Silva, cuya intervención se centró en el mobiliario, como los bonitos bancos de madera tallados y las cuatro ventanas monumentales que cuentan con vidrio grabado, que fueron restaurados entre 2007 y 2014. Pero lo que verdaderamente destacan aquí son las magníficas pinturas realizadas por Veloso Salgado que decoran sus paredes y el techo.
De entre esas pinturas, presidiendo la sala, vemos la representación del rey Dionisio I de Portugal (Dinis en portugués) impartiendo justicia. Sin embargo, al otro lado de la sala se encuentra otra pintura donde el juez ya no es el rey, sino un comerciante que está conduciendo una sesión del Tribunal de la Bolsa en la época de su fundación. En el resto de pinturas Salgado representó otras escenas como las vendimias en el Alto Duero y su comercio, los oficios, Ordenanzas Manuelinas y Ordenanzas Alfonsinas, las artes plásticas y, en el techo, una alegoría de la Ley protegiendo la Industria, el Comercio y la Agricultura, de hecho, luce con el lema “Lex et Iusticia” (“Ley y Justicia”).
Enseguida llegamos a la galería de los Antiguos Presidentes (Galeria dos Antigos Presidentes), luminosa sala que recibe este nombre porque en sus paredes cuelgas los retratos de todos los presidentes de esta institución, desde su fundación en 1834 hasta la actualidad. De esta manera aquí se pretende rendir homenaje a estas personas que con su esfuerzo y dedicación hicieron de la asociación Comercial de Porto una de las más importantes de Portugal.
Le sigue la pequeña sala de Telégrafos, en la que se expone el antiguo telégrafo utilizado por esta asociación de comerciantes para transmitir información de la mercancía que entraba en la desembocadura del río Duero. El diseño de este dispositivo fue concebido por los portugueses José da Parada e Silva Leitão (profesor de física en la Academia Politécnica de Oporto) y Francisco António Galho (artista de la ciudad). En el centro de la habitación se ha colocado la escultura Psycho 7 (Blue) de 2010 del artista austríaco Erwin Wurm. Se trata de un préstamo de larga duración de la Fundação de Serralves - Museu de Arte Contemporânea de Oporto. En esta obra Wurm revisa una pieza de performance anterior, Psycho IV (1996), convirtiéndola en un cuestionamiento de los principios básicos de la escultura, centrándose en la interacción entre el cuerpo humano y los objetos cotidianos, mediante el sarcasmo y el humor.
Al lado está el gabinete de Gustave Eiffel, sala donde el arquitecto francés tenía su despacho, en cuyo escritorio proyectó emblemáticas obras realizadas en Portugal, como el puente de María Pía, aquí en Oporto, el viaducto de Viana do Castelo, el puente ferroviario de Barcelos (donde vivió dos años) o el puente de Pinhão. Aquí incluso se pueden ver proyectos que nunca llegaron a realizarse pero que el arquitecto los plasmó en el papel, como por ejemplo la cúpula del Patio de las Naciones o el proyecto del puente Luís I. Por eso, esta sala es un homenaje a la genialidad de Eiffel, quien fue capaz de llevar las construcciones de hierro a un nivel de maestría y durabilidad nunca visto anteriormente.
En una de las esquinas del edificio se encuentra la sala Dorada (Sala Dourada), llamada así por el techo de estilo imperio que está realizado con estuco y cubierto en algunas de sus zonas con pan de oro. Por su parte, el suelo está hecho con la técnica francesa de marquetería, en la que las piezas de madera se encuentran encajadas perfectamente sin utilizar clavos y como de un puzle se tratase, para lo cual cada pieza cuenta con 20 centímetros de profundidad. La sala se completa con mobiliario realizado por Marques da Silva, las pinturas de ex presidentes y dos paneles de bronce en los que están grabados los nombres de los presidentes de los dos siglos de esta institución. La sala Dorada se sigue utilizando actualmente por la Junta Directiva que está formada por 15 miembros que no cobran nada por esta función y que representan otros tantos sectores de actividad y que son elegidos para sus reuniones mensuales.
Desde aquí una puerta da acceso a la sala del Presidente (Sala do Presidente) de estilo imperio que cuenta con óleos sobre lienzo realizados por Marques de Oliveira en 1890, en los que representó como temática los trabajos tradicionales de la civilización romana. Además, en esta habitación destaca el magnífico suelo tallado hecho con maderas exóticas de origen brasileño y africano y la chimenea de mármol del escultor Teixeira Lopes, donde destacan estatuillas femeninas en sus columnas laterales y, en su interior, una pieza de hierro forjado con alegorías del río Duero y el comercio. Antiguamente esta habitación era utilizada como despacho del presidente del Consejo de Administración de la asociación de Comerciantes de Oporto.
Seguimos con el tour y desembocamos ahora en el salón de Asambleas Generales (Sala das Assembleias Gerais) diseñado con un estilo más sobrio por Tomás Soller entre 1879 y 1883 y posteriormente modificado por José de Macedo Araújo Júnior entre 1883 y 1890. En apariencia nos encontramos en una sala revestida enteramente de madera, pero se trata de una ilusión óptica, ya que las paredes en verdad están cubiertas con yeso. Los artesanos lograron con gran habilidad darle al yeso un aspecto que pareciera que estaba hecho de madera. Además de este trampantojo, en el salón destaca, colgada en el centro del techo, una gran lámpara de cristal veneciano que pesa alrededor de una tonelada. La sala luce así de espléndida gracias a la amplia restauración que tuvo lugar en el año 2014, en especialmente el techo. Es en este salón donde tiene lugar, dos veces al año, las reuniones de la Asociación Comercial de Oporto.
La sala está presidida por la mesa del presidente, en cuya espalda podemos ver el escudo de la asociación y encima el año MDCCCLXXXIX, es decir 1889, momento en que tuvo lugar la primera asamblea. Más arriba, de nuevo sobre la representación de una alegoría clásica, se encuentra grabada la siguiente frase: “Labor et libertas urgent nos”, es decir “El trabajo y la libertad nos urge”.
Seguimos avanzando y llegamos ahora a la sala de los Retratos (Sala dos Retratos), llamada así porque contiene las pinturas de los seis últimos reyes de la dinastía de Braganza (1640 hasta 1853, y en Brasil hasta 1889). Con este homenaje la asociación Comercial de Oporto pretendió agradecer a la reina María II, la última de la dinastía, la donación de las ruinas del convento de san Francisco, para poder construir este palacio y convertirlo en su sede. La habitación está decorada en estilo Luis XVI, en el que destaca el pavimento cuyo diseño provoca un efecto visual de profundidad falsa. En el centro de la sala también destaca una mesa realizada por el tallista portugués Zeferino José Pinto, quien tardó tres años en terminarla. Su particularidad es que estuvo expuesta en la Exposición Universal de Paris de 1867, donde obtuvo una mención honorífica.
La anterior estancia sirve de antesala para el plato fuerte de la visita al palacio de la Bolsa: la sala Árabe (Salão Árabe). Este espacio fue una creación del arquitecto Gustavo Adolfo Gonçalves de Sousa, quien se inspiró para tal proyecto en los palacios nazaríes de la Alhambra de Granada en España. Las obras de esta sala de este estilo exótico, muy de moda en el siglo XIX, comenzaron en septiembre de 1862, finalizando en junio de 1880. Y es que aquella época vivió un período de romanticismo que influyó en todos los movimientos artísticos, especialmente por el gusto a las formas artísticas exóticas, como se puede ver en esta sala.
El objetivo de construir este bello espacio era tener un lugar ricamente decorado para recepciones oficiales, en el que impresionar y demostrar el poder económico y político de la burguesía de Oporto. Se inauguró en aquel año, 1880, durante una sesión conmemorativa del Centenario de Camões.
Como el resto del edificio, esta sala también cuenta con un pavimento hecho con las mejores maderas, como la caoba, el jacarandá (típico de la América intertropical y subtropical), la aspidosperma olivaceum, el palisandro y el platanus. Pero lo que verdaderamente llama la atención es el ornamento arabesco de toda la sala. Las formas decorativas se realizaron con estuco y madera, cubriéndose algunas de sus partes con pan de oro (se estima que se emplearon 25 kilos de oro para tal fin).
Entre ellos vemos inscripciones escritas en idioma árabe, cuya traducción sería, en los cartuchos con forma de estrellas rojas “Gloria a Dios”, “La Victoria pertenece a Allah” o “Allah por encima de todo”. En los cartuchos azules se lee “Allah protege a la Califa Miriam II”, en homenaje a la reina María II, quien autorizó la construcción de esta sala. Por último, en el techo, sobre los escudos verdes, se encuentra la frase “Alá sobre todo”. A propósito del tema divino, la sala se construyó con algunos errores de diseños intencionados y de manera no simétrica, ya que la perfección está reservada a Dios solamente.
También son interesantes los ventanales que cuentan con cristales pintados a mano, en los que vemos cartuchos que contiene inscripciones procedentes del Corán y que dividen el cristal en tres zonas. Como vemos los motivos moriscos dominan toda la sala, sólo los escudos de la ciudad de Oporto y el de Portugal, situados a ambos extremos de la estancia, son los únicos elementos netamente portugueses de la estancia.
La Sala Árabe, de 315 metros cuadrados, es el espacio de actos oficiales más importante de Oporto y también escenario de cientos de conciertos y de muchas solemnidades de prestigio. Sin embargo, también se puede alquilar para eventos privados, para lo cual hay que pedir permiso a la asociación de Comercio y aceptarán o rechazarán la propuesta (la mayoría de las solicitudes son rechazadas). Si es aceptada, hay que pagar 6000 euros si es una noche y 13000 si es todo el día.
Ya hemos terminado la visita guiada por el palacio de la Bolsa y nos dirigirnos hacia la salida, pero antes de abandonar definitivamente el edificio, merece la pena echar un vistazo a nuestra derecha, justo frente a la taquilla, donde se encuentra la biblioteca, no abierta a las visitas, debido a su valiosa colección de libros, concretamente más de 10.000, aunque se puede ver desde fuera. En aquella época, la sala fue utilizada por los miembros de la asociación para leer periódicos de todo el mundo, consultar informes y libros de temática comercial. En la sala también destacan los relojes y los dos globos terráqueos datados en el siglo XIX, uno es el planeta Tierra, mientras que el otro es una representación de la esfera celeste que nos rodea.
Entre dos estanterías (aunque desde nuestra posición no se puede ver) se encuentra colgado el retrato de Ferreira Borges fechado en 1839 y realizado por José Alves Ferreira, obra que constituye un homenaje al hombre que creó el primer Código de Comercio portugués. Finalmente tenemos que destacar el fresco del techo que representa a Eco, el mensajero del lenguaje universal, realizado por António Carneiro, quien lo plasmó como una figura masculina dentro de un carro tirado por caballos y sosteniendo el caduceo, es decir, una especia de vara delgada, rodeada de dos culebras, que es un atributo del dios romano Mercurio y empleada hoy como símbolo del comercio.
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