OPORTO (PORTO)

IGLESIA Y MUSEO DE SAN ILDEFONSO


La presente iglesia comenzó a construirse sobre otra anterior en 1709, durando las obras veintiún años y terminándose en 1730. Por aquel entonces no contaba con campanarios, y habría que esperar nueve años más, hasta el 1739, para añadir al edificio los dos campaniles. La fachada del templo se encuentra ornamentada con unos once mil azulejos realizados y colocados en 1932 por de Jorge Colaço (autor también de los de la estación de São Bento), en las que se representan escenas de la vida de San Ildefonso, alegorías eucarísticas y escenas del Nueva Testamento. Por otro lado, sobre el entablamento del edificio se encuentra un nicho que contiene la imagen del santo patrón.

Su interior está compuesto por una nave poligonal de estilo protobarroco, con cubierta de madera y repetidos estucos ornamentales en las paredes y techo. En los muros se abren ochos vidrieras que datan de 1967 y que fueron realizadas por el maestro Isolino Vaz. Además, colgados a ambos lados de la nave, se encuentran dos grandes lienzos de 5,80 por 4,30 metros pintados por Domingos Teixeira Barreto entre los años 1785 y 1792, que tratan los temas del “Santo Sacrificio” y el “Triunfo Eucarístico”.

Durante las obras de restauración del pavimento realizadas en 1996 se descubrieron los restos de un antiguo cementerio que se encontraba en el solar próximo a la entrada de la iglesia hasta 1730, para posteriormente ser incorporado al interior del templo a partir de 1739. Por su parte, los altares laterales son obras neoclásicas que contienen diferentes imágenes que vamos a ir recorriendo.

Para ello comenzamos por nuestra izquierda, donde lo primero que encontramos son las esculturas de san Francisco Javier y Nossa Senhora da Boa Morte (Nuestra Señora de la Buena Muerte). Aquel primero nació en Navarra, en la actual España, en el año 1506. Fue ordenado sacerdote en Roma en 1537 y se dedicó a obras de caridad, partiendo en 1541 hacia Oriente, donde evangelizó incansablemente la India y Japón durante diez años, convirtiendo a muchas personas. Murió en 1552 en la isla de Shangchuan, en China. Este santo es invocado contra la peste y es patrón de las misiones y del turismo. Por su parte, Nuestra Señora de la Buena Muerte, según los creyentes, por un singular privilegio divino, no experimentó la corrupción del sepulcro, por lo que se le pide para que interceda ante Dios, ahora y en el momento de la muerte.

A continuación nos topamos con la escultura de san Antonio, santo nacido en Lisboa en el año 1195. Cuando contaba sólo con 5 años de edad fue admitido entre los canónigos regulares de san Agustín y, poco después de su ordenación sacerdotal, ingresó en la orden de los Frailes Menores con la intención de predicar y propagar la fe entre los pueblos del continente africano. Sin embargo fue en Europa, concretamente en Francia e Italia, donde ejerció tal labor, consiguiendo que muchas personas se convirtieran al catolicismo. San Antonio, santo patrón de Portugal, fue el primer profesor de teología de la Orden, escribiendo varios sermones, llenos de doctrina y unción espiritual. Murió en Padua en junio de 1231, cuando contaba con solamente 36 años de edad.

En la siguiente capilla vemos las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús y el Señor de los Pasos (Senhor dos Passos). En esta ultima se representa Cristo portando la cruz paso a paso durante su camino al Calvario, mientras que aquella primera simboliza el amor de Jesús a través de su corazón regio, compasivo y misericordioso, amigo de los pecadores.

A continuación, y antes de terminar el ala derecha de la iglesia (lado de la Epístola), vemos la imagen de Nuestra Señora de la Concepción, cuya devoción es muy antigua. Esta Virgen es patrona de Portugal desde el 25 de marzo de 1646, cuando el rey João IV se quitó su corona real y la puso a los pies de la imagen. Si embargo, fue en diciembre de 1854, cuando el Papa Pío IX proclamó al mundo que María fue concebida sin pecado. A ambos lados se encuentran las esculturas de san José y el Niño Jesús de Praga (Menino Jesus de Praga). Éste último representa al Niño que creció en Nazaret en el seno de su familia, no sólo en estatura, sino también, y según los cristianos, en sabiduría por la gracia de Dios.

Llegamos ya al altar Mayor compuesto por un retablo de talla dorada barroco y rococó de la primera mitad del siglo XVIII, realizado por Nicolau Nasoni, e instalado y construido por el arquitecto Miguel Francisco da Silva. En la talla podemos ver un pelicano con sus tres crías, animal que simboliza el sacrificio y el amor de Cristo, además de ser una representación de la compasión y el altruismo. En cuanto a las crías, el pelícano es uno de los pocos animales capaz de lastimarse a sí mismo para alimentar a sus hijos con su propia sangre, por lo que es un evidente símbolo de la eucaristía (inmolación de Jesús que con su propia carne y sangre alimenta y redime a la Humanidad). El conjunto se completa, en la parte superior, con una imagen de un Cristo Crucificado.

A ambos lados se sitúan las imágenes de, a la derecha, san Esteban y, la izquierda, la del santo titular de la iglesia, san Ildefonso. Aquel primero era originario de Narbona y se convirtió en un mártir y santo cristiano, tras ser asesinado durante la persecución llevada a cabo por el emperador romano Diocleciano. Su nombre deriva del griego ‘sebastós’, que significa divino o venerable. Por su parte san Ildefonso nació en el seno de una familia noble en Toledo (España) el 8 de diciembre del año 606. Según algunos estudiosos, recibió lecciones de san Isidoro en Sevilla, para ser más tarde abad del monasterio de Agali o Agaliense. Pero no se quedó ahí, con los bienes heredados de sus padres fundó un monasterio de monjas, de igual manera, asistió a los concilios de Toledo en los años 653 y 655. Tras la muerte del obispo de Toledo, Ildefonso fue elegido como su sucesor.

Este santo no sólo se limitó a la predicación, sino que también escribió diferentes obras, siendo la más destacable la que habla sobre la virginidad de Nuestra Señora, donde se evidencia su devoción a la Virgen María. Murió el 23 de enero de 667, siendo enterrado en la Iglesia de santa Leocadia (Toledo), pero por temor a los ataques de los moros, el cuerpo del santo fue trasladado a Zamora, donde hoy es venerado. Si miramos hacia la parte superior de la capilla, también merece mención una bonita cúpula por la que entra una luz tenue que ilumina esta zona de la iglesia.

Por otro lado, en los laterales de la capilla se sitúan las esculturas de algunos Apóstoles reconocibles por sus atributos: en la pared izquierda están san Pedro que porta sus llaves, san Marcos y la cabeza de león, san Mateo representado por un ángel; en la pared derecha vemos a san Juan Evangelista con el águila, san Lucas representado por la cabeza de un buey o toro y, finalmente, san Pablo portando una espada.

En este punto es aconsejable darse la vuelta y mirar hacia el lado contrario del templo, para poder ver en el coro alto un impresionante órgano de tubos que data de 1811, diseñado por Manuel de Sá Couto y que ha sido recientemente objeto de restauración. Así mismo, de nuevo merece la pena subir la mirada hacia el techo que tiene una estructura geométrica armoniosa, decorado con estucos.

Comenzamos ya el recorrido por el lado del Evangelio, la del muro izquierdo, comenzando con la capilla de Nuestra Señora de la Piedad. La escultura representa a la Virgen con un dolor que le sale desde un corazón maternal, el cual desde el punto de vista religioso se asocia al sacrificio redentor de su Hijo por la Humanidad y para su salvación.

A continuación volvemos a ver a la Virgen María, en esta ocasión bajo la titularidad de Nuestra Señora de la Soledad. Se representa junto a la cruz de su hijo Jesús, manteniéndose firme, perseverante y fuerte en su sufrimiento. A lo largo de los siglos, la Iglesia ha recomendado a los cristianos la meditación y la devoción al dolor mariano.

Justo debajo, a modo de sepulcro, se encuentra la imagen de Senhor Jesus Morto (Señor Jesús Muerto). Para los cristianos, la muerte de Jesús manifiesta la extrema cercanía de Dios para ellos, ya que aquel resucitaría en la gloria, el destino último de la vida, que es la eternidad y la infinidad de Dios. El silencio de Jesús muerto adquiere un dramatismo y una experiencia espiritual, penetrante y conmovedora para los que se encuentran observándolo.

Al lado, junto a la tributa dorada, se encuentra la estatua de san Francisco de Sales, quien nació en Saboya en 1567, en el seno de una familia noble. Durante su juventud fue ordenado sacerdote, trabajando duro por la restauración de la fe católica en su tierra natal. Posteriormente fue elegido obispo de Ginebra, demostrando ser un verdadero ministro del clero y los fieles, instruyéndolos con sus escritos y obras, además de convertirse en modelo para todos. Fue muy activo religiosamente hablando: predicaba varias veces al día, daba conferencias públicas, visitaba a los enfermos, catequizaba en su casa a los más pobres, etc. Murió en Lyon el 28 de diciembre de 1622, a la edad de 55 años, tras lo cual, en 1923 el Papa Pío XI lo nombró patrono de los escritores y periodistas.

A continuación vemos la imagen de Nuestra Señora de Fátima, cuya historia es bien conocida por todos. En el año 1917, en plena I Guerra Mundial, la Virgen María se apareció seis veces en Fátima a tres niños pastores: Lucia, Jacinta y Francisco, estos dos últimos ya beatificados. Aquellos niños comunicaron a todos lo que la Santa Madre de Dios le dijo, consistente en un mensaje sobre la firmeza en la fe, la oración y el espíritu de penitencia y reparación. Desde entonces, el culto a Nuestra Señora de Fátima, confirmado por la autoridad suprema de la Iglesia, fue especialmente honrado con las peregrinaciones a Fátima de los Papas Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Con aquella Virgen ya hemos acabado el recorrido por la iglesia, tanto desde el terreno cultural, como en el terreno historiográfico religioso. Ahora procedemos a visitar el museo de Arte Sacro de la iglesia Parroquial de san Ildefonso, el cual está repartido en siete salas, en las que se exponen las piezas más significativas de su colección, compuesto por textiles, utensilios litúrgicos de plata, objetos tallados en oro, libros de registro antiguos, estatuas, pinturas, etc. El tour comienza en la primera sala que funciona a modo de recepción, en el que ya vemos un calice y una píxide de plata dorada del siglo XVIII. También vemos una cenefa monumental de talla dorada del siglo XVIII que se usaba, además de como elemento decorativo, para ocultar los herrajes de las cortinas. A los lados de la cenefa vemos un par de ángeles también de talla dorada del siglo XVIII, delante se sitúa un frontal de altar hecho de madera y textil del XIX y, finalmente, un guarda de madera de la capilla Mayor del XVIII.

Una cruz de granito de siglo XVIII nos da la bienvenida antes de acceder a la sala 2, titulada Nossa Senhora Da Conceição que contiene una colección de vestimentas sagradas, como casullas y dalmáticas bordadas con gran calidad. También destacan pequeñas esculturas de talla dorada realizadas en el siglo XIX y que representan, de derecha a izquierda, a san Juan, san Lucas, san Marcos, san Mateo, san Pablo y san Pedro.

Bajamos y subimos escaleras para dirigirnos ahora a la sala 3, titulada “Santíssimo Sacramento”. Aquí vemos en el centro una serie de piezas hechas de plata y oro, como una custodia, vinajeras (dos objetos que contenían el vino y el agua), baldaquinos del siglo XVIII, etc.…Colgados en la pared se encuentran tres sacras de talla dorada que contenían los textos que eran cantados o pronunciados por el sacerdote durante la celebración de las misas. Estas tablillas se utilizaron hasta la reforma litúrgica de 1969, antes de la cual se colocan sobre el altar.

Le sigue la sala 4 dedicada a “Santo Ildefonso” que contiene varias piezas interesantes, como una custodia de plata y un estandarte, ambos del siglo XIX, un dosel o sombrilla procesional del siglo XVIII, una urna del Santísimo Sacramento hecha con talla dorada y vidrio también del siglo XVIII, la escultura de san Ildefonso realizada con madera policromada del XVIII, un par de lámparas procesionales de plata del XIX, etc.

Volvemos sobre nuestros pasos para llegar a la Sacristía, la cual cuenta con una fuente de granito del siglo XVIII. Pero, además, en este espacio podemos ver más elementos interesantes: un armario litúrgico del siglo XIX, sobre el que vemos un libro con partituras o la escultura de san Juan María Vianney, más conocido como Santo Cura d’Ars, patrono de los sacerdotes católicos, especialmente de los párrocos. Fue un sacerdote francés que se dedicó a la pastoral y a la atención de los fieles. Al otro lado de la sala se encuentra un retablo con la imagen de un Cristo Crucificado.

Enseguida se llega a la Sala da Paixão (sala de la Pasión), donde nos podemos detener para contemplar dos obras que reproducen la Crucifixion de Cristo, una pictórica, y otra escultórica. A continuacion se llega a la sala da Natividade (sala de la Natividad) en la que se puede ver también ejemplos de pinturas al óleo datados en el siglo XIX. Terminada ya la visita al espacio museístico, volvemos hacia la salida, no sin antes detenernos un momento en el baptisterio de la iglesia, en el que se bautizaron, entre otros personajes, los escritores Alexandre Herculano y Almeida Garret.

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