OPORTO (PORTO)

UN RECORRIDO POR LA PRINCIPAL CALLE COMERCIAL DE LA CIUDAD


Esta calle portuense es una de las vías más emblemáticas y vibrantes del centro histórico de la ciudad. En parte se debe a que la mayor parte de su trazado es peatonal, siendo no sólo punto de encuentro para sus habitantes, sino que también se ha convertido en un destino obligatorio para cualquier visitante que busque experimentar la esencia de la ciudad. El motivo es evidente: en unos 1.500 metros podemos encontrar una mezcla de historia, cultura, compras y gastronomía. Y es que a lo largo de la calle tienen sus locales diferentes tiendas y boutiques de todo tipo (suvenires, ropa, etc.), además de cafeterías y restaurantes, desde las tradicionales hasta las que sirven cocina portuguesa e internacional. En cuanto a la parte cultural, esta calle ha sabido conservar edificios históricos, en especial los que presentan fachadas de estilo Art Nouveau.

Vamos a comenzar el recorrido por esta calle comenzando con dos fachas que se encuentran haciendo esquina y enfrentadas: las de la joyería Reis & Filhos y la de la librería Latina Editora, ambas decoradas con esculturas en estilo Art Nouveau y Arte Moderno. Algo más arriba, en la esquina con Rua de Passos Manuel, en la fachada del edificio Palladium Galleries (en la planta baja se encuentra el Fnac), se sitúa un reloj que, cada hora en punto, tiene lugar un desfile de pequeñas figuritas de madera que representan a importantes personajes de Oporto, mientras suena una melodía a través de las dos hileras de campanas situadas en los laterales. Es curioso que, a pesar de encontrarnos en el inicio de la calle, ya podemos ver la gran cantidad de gente que pasea o hace compras en ella.

Un poco más adelante del edificio Palladium Galleries se encuentra el café Majestic, una cafetería inaugurada en 1921, según proyecto del arquitecto Joao Queirós, que con el paso de los años se ha convertido en un icono de la ciudad. Su arquitectura Art Nouveau y su ambiente sofisticado la han convierten en un lugar refinado y lleno de glamour. Y no es para menos, su importancia viene de la época en que era tradicional el llamado café de tertulia, en el que se reunían personalidades de la vida cultural y artística de la ciudad. A partir de la década de 1960 este tipo de establecimientos vivieron un periodo de declive que ocasionó que cerraran sus puertas. Sin embargo, en 1994 la cafetería volvería a abrir manteniendo su esencia original, su antiguo trazado, los espejos de cristal de Amberes, sus lámparas, los suelos revestidos de mármol de la India, etc.

Seguimos caminando por esta calle, mientras miramos bonitas fachadas, hasta llegar al centro comercial Via Catarina. Se encuentra albergado en un edificio que ya sirvió anteriormente como sede de un periódico, acogiendo en la actualidad decenas de tiendas, además de poseer un área de restauración, cuya ambientación recuerda una típica calle de la ciudad. De nuevo en el exterior, justo enfrente, se encuentra la Fábrica da Nata, donde hacen unos de los mejores “pastéis de Nata (o de Belem)” de Oporto, servidos calientes, recién sacados del horno.

Se trata de uno de los dulces más famosos de la cocina portuguesa, cuya receta nació a finales del siglo XVII en varios conventos y monasterios de Portugal. Tras la Revolución Liberal de 1820, aquellos fueron clausurados, por lo que la receta, basada en leche, harina y huevos, se extendió por los hogares, siendo hoy uno de los bocados dulces más consumidos.

A pocos metros se encuentra la Capela das Almas (capilla de las Almas), también conocida como iglesia de santa Catalina, que sorprende al visitante por sus fachadas revestidas de azulejos típicos blancos y azules de Portugal. Y es que, exceptuando el frontón, los balconcillos de la torre y las columnas de carga, el resto de la superficie se encuentra cubierta de losas. No es para menos, puesto que sus paredes están revestidas exactamente por 15.947 baldosas. Aunque el templo fue construido durante el siglo XVIII en estilo neoclásico sobre otro original de madera (según los registros oficiales), los azulejos apenas tienen un siglo de vida, puesto que fueron colocados en el año 1929, durante unas reformas. Estas baldosas cuadradas fueron diseñadas por Eduardo de Leite, uno de los artistas más prestigiosos de aquella época, en el taller cerámico Viúva Lamego de Lisboa, en las que se representó escenas de la vida de santa Catalina y de san Francisco de Asís, entre ellas: santa Catalina hablando con los sabios de Alejandría, la coronación y el martirio de la santa, san Francisco ante el Papa Honorio III, la muerte de san Francisco de Asís, etc.

Cada baldosa encaja perfectamente una con las otra, respetando así la composición del diseño. Como es natural, con el paso de los años, las cerámicas han sufrido cierto desgaste, ya en la década de 1980 algunas de ellas se encontraban partidas o con desperfectos, por lo que fueron restauradas y sustituidas. Incluso, más recientemente, durante las obras del cercano metro y debido a las vibraciones de las máquinas, muchas de ellas se desplazaron y se resquebrajaron, por lo que de nuevo el pavimento fue objeto de restauración.

El empleo de estas losas de pequeño tamaño para revestir exteriores en Portugal se solía realizar en edificio civiles, si bien, por norma general, en los de carácter religioso se usaban para decorar los interiores. Sin embargo, en la capilla de las Almas apenas cuenta con unos discretos azulejos entre columna y columna en su interior. Sea como fuere, desde su construcción esta iglesia fascinó a los portuenses, quienes se maravillaron de su originalidad, y aún hoy sigue siendo la favorita de éstos.

Antes decíamos que en el interior de la iglesia apenas hay azulejos, quizás para no quitar protagonismo de otros elementos, como la imagen de la Virgen de las Almas del siglo XVIII (que da nombre a la capilla), o la pintura en madera de grandes dimensiones de una Ascensión realizado por Joaquim Rafael y que preside el altar Mayor, o las vidrieras que representan las almas del Purgatorio, cuya gotas de sangre caen hacia la imagen del Sagrado Corazón, como un acto de redención, las cuales fueron realizadas por Amândio Silva y colocadas en el XIX, un siglo antes que las losas del exterior. Desde aquí, hacia el oeste y a pocos pasos se llega a otro imperdible de Oporto: el Mercado de Bolhão.

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