Estamos en uno de los espacios no sólo históricos y monumentales, sino también simbólicos y religiosos, de Oporto. El origen de este templo (también conocido como catedral de santa Maria do Porto, Nossa Senhora do Porto da Eterna Salvação, y Nossa Senhora da Vandoma) es muy antiguo, ya que se sabe que existió una primera iglesia en el siglo VI, pero se cree que puedo haber sido destruida durante la ofensiva musulmana del siglo VIII. El nuevo edificio se construyó en el siglo XII en estilo románico, como se puede comprobar en los elementos originales de la fachada, como las dos torres, las ventanas alargadas y estrechas y el rosetón, por iniciativa del primer obispo de Oporto Dom Hugo. Las obras siguieron durante un siglo más, hasta el XIII, momento en que llegó a tomar su volumen actual y se le dio un aspecto más gótico.
Durante el siglo XVII y XVIII la catedral sufrió transformaciones barrocas, como las realizadas en la fachada norte y las del portal de entrada, que originalmente fue románico, sustituyéndose por otro que cuenta con elementos barrocos (en el interior las capillas Mayor y del Sacramento también tuvieron cambios). De hecho, este estilo barroco es el más evidente para el visitante, debido a su ornamentación exuberante, personificado en el edificio adosado a la fachada de la catedral, la Casa do Cabildo, el cual fue construido en el siglo XVIII. Fue en ese siglo cuando el arquitecto italiano Nicolau Nasoni participó en la construcción de la Torre de los Clérigos, también hizo lo propio en la catedral, al añadir, entre otras cosas, en la fachada lateral de la Catedral una logia o galilea de estilo barroco, consistente en un vestíbulo abovedado, precedido por una escalera simétrica, en cuyas paredes interiores vemos un revestimiento de azulejos.
Tras estas pequeñas pinceladas históricas del templo, procedemos a entrar a su interior. La visita de la catedral se divide en cuatro espacios: el claustro, el Tesoro y la Antigua Casa del Cabildo, la subida a la torre y la catedral propiamente dicha. Tras adquirir los tickets (existen varias opciones, nosotros recomendamos el boleto para ver todo) desembocamos directamente en el claustro gótico, adosado en el lado sur de la catedral y construido con granito de la región a finales del siglo XIV, durante el reinado de Joao I y Felipa de Lancaster, siguiendo la típica tipología gótica portuguesa.
El claustro está compuesto por cuatro galerías, en las que podemos contar 16 arcos ojivales geminados, que enmarcan otros tres más pequeños, rematado por óculos y flanqueados por contrafuertes. Este claustro tiene la particularidad de que fue uno de los primeros templos en recibir este elemento arquitectónico, junto con las catedrales de Lisboa y Évora y el Monasterio de Alcobaça. En los arcos, además, se pueden enumerar unas 400 columnas con capiteles decorados con motivos vegetales.
Las galerías cierran un patio interior empedrado, en cuyo centro se levanta una cruz de piedra, en la que se muestra en una cara a Cristo, y en la otra una representación de la Piedad. Por el otro lado, en el interior de las galerías podemos ver siete grandes paneles de azulejos blancos y azules datados en el segundo cuarto del siglo XVIII, según proyecto ideado por Nasoni, y en los que se representan escenas del "Cantar de los Cantares", que hacen referencia al diálogo místico entre Dios y la Virgen, patrona de la Catedral.
La continuidad de los paneles se ven interrumpidos por vanos de entrada ricamente decorados con detalles escultóricos, de los cuales algunos son accesos a dependencias, mientras que otros son entradas falsas. De entre ellos destacamos 4 capillas, una en cada esquina, que son: la de Nuestra Señora de la Concepción, la de Nuestra Señora de la Expectación, la de Nuestra Señora de la Esperanza, que perteneció a la familia Brito e Cunha, y la de Nuestra Señora de la Misericordia.
En el ángulo suroeste del claustro se encuentra una quinta capilla, la más importante e impresionantes de todas ellas, la de san Vicente, patrón de la ciudad entre los años 1025 y 1453, construida a finales del siglo XVI. La tradición cuenta que el primer rey de Portugal Alfonso I se enteró, alrededor del 1176, que el cuerpo de san Vicente estaba enterrado en el cabo que ahora lleva el nombre del santo, por lo que ordenó su traslado a Lisboa. Pero antes de llegar a la capital portuguesa, el rey quería que las reliquias visitaran la ciudad de Braga, considerada desde tiempos inmemoriales la capital católica de Portugal. Según la leyenda, después de que los barcos atracaran en Oporto, la bestia de carga que transportaba la urna con los restos de san Vicente entró a la catedral, tras lo cual repentinamente falleció. Este hecho se interpretó como una señal mística de que san Vicente deseaba que sus restos permanecieran allí. Y así se hizo, pero solamente un brazo, por lo que san Vicente fue proclamado patrón de la ciudad de Oporto.
En 1453 la ciudad fue azotada por una plaga, ante lo cual los habitantes de Miragaia oraron y pidieron a san Pantaleón, cuyas reliquias estaban en su iglesia (traídas aquí por un grupo de armenios en la segunda mitad del siglo XV que se establecieron en Oporto buscando refugio tras la caída de Constantinopla ante el Imperio Otomano), para que los liberara de tal flagelo. Como no se vieron afectados, el obispo sustituyó al santo patrono por este santo armenio, que había sido médico. Es por ello que sus reliquias fueron llevadas con gran pompa en procesión a la Catedral en diciembre de 1453. A pesar de ello, el culto a san Vicente no cayó en el olvido y se ha mantenido activo con el paso de los siglos (de hecho, aquí están enterrados varios obispos de Oporto). La capilla, de una sobria arquitectura clasicista, cuenta con una notable sillería del coro datada en el siglo XVII, en el que se tallaron escenas bíblicas del Antiguo y Nuevo Testamento.
Por su parte, la sacristía es un espacio rectangular abovedado dividido por gruesos arcos ojivales, accesible en la actualidad desde el mismo claustro, siendo una de las salas más ornamentadas del complejo de la catedral, resultado de la última reforma. Presenta un estilo barroco, contando con elementos añadidos posteriormente, como las cojoneras, los espejos, las mesas, etc. Destacan en sus paredes los cuadros del artista italiano João Baptista Pachini, pinturas de cuyo autor también decoran la Sala Capitular.
Subimos ahora por una escalera noble, realizada también por Nicolau Nasoni y finalizada en 1736, que da acceso al patio superior del claustro gótico. En los rellanos de la escalera destacan la gran repisa de bronce de 1616, con el escudo de Gonçalo de Morais, y la antigua campana del reloj de la ciudad de 1697, realizada por José Saldanha. Pero antes de llegar a aquella azotea, debemos visitar la Casa do Cabildo, edificio arcaico del primer cuarto del siglo XVIII. Aquí, en un piso intermedio se expone el Tesoro de la catedral, repartido por cuatro salas abovedadas y que atestiguan el valor histórico y patrimonial de este templo. En nueve grandes vitrinas se exhiben diferentes objetos de gran valor, compuestos por piezas de orfebrería, trajes religiosos, ornamentos y libros litúrgicos relacionados con el culto catedralicio.
En el piso superior, en las salas más nobles, se exponen notables esculturas religiosas datadas desde los siglos XIV al XVIII. En la sala del Cabildo, o gran sala capitular, destaca el artesonado del techo con pinturas creadas entre 1719 y 1720 por el artista italiano João Baptista Pachini, en las que se representan catorce alegorías morales, dispuestas en torno a la imagen central de San Miguel Arcángel, patrón del Cabildo, realizada con colores saturados y con curvas y tejidos con gran movimiento, en una clara composición de estilo barroco. San Miguel, el vencedor de El diablo, es frecuentemente representado durante el Juicio Final (como ocurre en uno de los paneles de la Capilla de San Vicente), siendo el líder del ejército celestial y el responsable de pesar las almas.
Por su parte, los catorce paneles alegóricos, presentadas con una alternancia de rosas y flores talladas, representa las virtudes que un cabildo debe poseer en relación con sus funciones y responsabilidades. Estas virtudes son: la Sabiduría, la Libertad, la Autoridad, la Generosidad, la Razón, la Prudencia, la Discreción, la Justicia Divina, la Verdad, la Clemencia, la Concordia, la Misericordia, el Mérito y la Caridad. En cada panel podemos ver pintado un rollo de papel que contiene las inscripciones de versos bíblicos alusivos a la representación de cada virtud. Estas pinturas en su conjunto desarrollan un ciclo iconográfico que podría basarse en los principios de Cesare Ripa.
Adosada se encuentra el Antecabildo, antiguo registro civil, que se encuentra decorado con paneles de azulejos realizados por Vital Rifarto. La temática de estas losas (que se realizaron en Lisboa), al igual que las de la sala Capitular, consiste en la representación de escenas de caza y de la Naturaleza. Sobre la ventana podemos ver el Cristo crucificado de San Nicolás de Vila Nova, más conocido como el Señor del Más Allá.
Desde aquí salimos de nuevo al exterior, al piso superior del claustro que funciona como una bella terraza. Este lugar también cuenta con paredes decoradas con azulejos blancos y azules, concretamente, en las alas sur y oeste. En concreto se tratan de cinco paneles realizados por Antonio Vital Rifarto entre los años 1733 y 1737, y que representan escenas de la Vida de la Virgen y de Las metamorfosis de Ovidio.
Desde este espacio es buen lugar para poder apreciar mejor las almenas y sus muros, pertenecientes al aspecto original de iglesia-fortaleza que poseía el templo. De hecho, aquella reminiscencia defensiva también es apreciable en el aspecto exterior sobrio de la fachada del edificio que vimos antes de entrar. Por otro lado, en una de las esquinas de la terraza, podemos ver de cerca una campana del reloj de la catedral, fechada en 1697.
Desde la misma terraza se puede ver el Antiguo Claustro, lugar que en su día formaba parte del "Cementerio episcopal", zona donde estaban enterrados los obispos de Oporto, que habían sido trasladados en 1614. Aquí se conservan varios elementos arqueológico interesantes, aunque en el momento de nuestra visita no era visitable porque estaba siendo objeto de restauraciones, por lo que hay que conformarse con la visión desde la terraza. Así mismo, desde aquí se obtiene una vista panorámica de Oporto y el entorno muy bonita.
La entrada para ascender a la torre se encuentra en esta terraza. La subida se realiza por unas escaleras con escalones que en algún tramo es algo irregular, que permiten el paso a dos personas a la vez. Una vez vencidas se llegará a la cima, desde donde se obtiene unas bellísimas panorámicas de Oporto y alrededores. Además, desde este privilegiado mirador podemos ver la planta de cruz latina de la catedral, así como la otra torre que alberga ocho campanas, cada una de las cuales cuentan con nombre propio, por ejemplo, la más grande, que pesa 5.490 kilos, se llama Campana Globo, mientras que el resto tienen nombres como Jerónimo, Ferial, santa Ana, etc., etc.
Volvemos a descender y llegamos de nuevo al claustro gótico, desde el que una puerta nos da acceso al interior de la catedral. El templo se encuentra dividido por tres naves que aún mantienen su aspecto románico original, aunque con algunos toques artísticos de época más reciente. La nave central posee un acentuado verticalismo, marcado por gruesos pilares compuestos, haciendo de la Catedral de Oporto uno de los primeros edificios en Portugal en utilizar este elemento arquitectónico. Ello, junto con las bóvedas y los arcos ligeramente apuntados, hacen que el interior posea una sobria grandiosidad. A pesar de esto, la catedral alberga piezas religiosas de gran calidad artística dadas entre los siglos XIV y XVIII y que iremos viendo a lo largo de nuestro recorrido.
Se podría decir que la decoración del interior de la catedral se aglutina, casi en su totalidad, en la zona del transepto, pero vayamos por partes. Iniciamos el tour desde los pies de la nave central, en el nártex: aquí podemos ver una pila bautismal del siglo XVII, sobre cuya pared se colocó un bajorrelieve realizado por el escultor Teixeira Lopes (Padre).
Al otro lado se exponen dos campanas que suponemos debieron pertenecer a la torre-campanario del templo. Un poco más adelante, dirigiéndonos ya hacia el Altar Mayor, vemos a continuación en las paredes de las naves laterales, junto a unas puertas, unas pilas monumentales de mármol de agua bendita también datadas en el siglo XVII.
Estamos ya en el crucero en el que, si miramos hacia arriba, veremos una torre linterna construida en la segunda mitad del siglo XVI, en la época de Rodrigo Pinheiro. Ahora, miramos hacia el Altar Mayor, si giramos a nuestra derecha, es decir hacia el crucero derecho, veremos la imagen de Nuestra Señora de Silva datada entre los siglos XV-XVI. Al lado se sitúa otra capilla barroca que está dedicada a san Pedro.
Nos detenemos ahora en el Altar Mayor, cuyo presbiterio de época manierista (1610) sustituyó al antiguo ábside medieval. Aquí vemos un retablo en talla dorada del segundo cuarto del siglo XVIII, diseñado por Santos Pacheco y ejecutado por el tallista Miguel Francisco da Silva, y considerado parte clave del barroco Joanino. El techo del altar consiste en una bóveda de cañón, mientras que la decoración pictórica de las paredes fue realizada por Nasoni. En el muro también, por encima de la platea capitular, hay dos órganos de tubos: el de la izquierda es del siglo XVII y el de la derecha del XIX.
En el crucero izquierda encontramos una de las imágenes más destacadas del templo, además de ser muy venerada: Nuestra Señora de Vandoma, proclamada desde 1981 patrona de Oporto y entronizada en este destacado lugar de la catedral en el año 1984. Y es que esta figura ha sido objeto de devoción durante siglos y se erige como un pilar fundamental en la rica tradición religiosa de la ciudad. Aunque esté datada en el siglo XIV, existe una leyenda que dice la imagen llegó a la ciudad en el año 988, cuando Oporto fue reconquistada de nuevo por los cristianos, gracias a una armada de gascones que acudieron en ayuda del conde portugués. Entre ellos había un obispo, Nónego de la aldea de Vandome, que trajo consigo esta escultura de Nuestra Señora, imagen a la que se atribuye el éxito de aquella reconquista cristiana de Oporto. Tras ello, los gascones volvieron a sus lugares de origen y Nónego permaneció como obispo de la ciudad y colocó esta imagen sobre la puerta principal de la muralla, permaneciendo allí hasta 1855, cuando fue derribada.
Adosada se encuentra la capilla del Santo Sacramento que se construyó en diferentes fases sucesivas, desde el 1632 hasta el siglo XIX. En este lugar destaca el famoso Altar de plata que fue construido entre los siglos XVII y XIX por diversos artesanos portugueses. Se trata de una obra maestra de la orfebrería del país, en el que se representó una amplia iconografía bíblica, centrada en la Eucaristía. Esta importante pieza sobrevivió al saqueo durante la ocupación francesa de 1809, ya que alguien tuvo la genial idea de ocultarlo rápidamente detrás de una pared de yeso. El portavelas colgante que lo procede es una obra moderna diseñada por Teixeira Lopes.
El crucero izquierdo se completa con un altar que contiene la imagen de san Pantaleón y, justo encima, una pintura de Nuestra Señora con el Niño. El conjunto se cierra con un bajo relieve que representa a la Santísima Trinidad situado más arriba.
Si volvemos hacia el crucero y miramos hacia los pies de la nave central veremos la colorista vidriera del rosetón románico y, más abajo, en el coro alto, se instaló en 1985 un gran órgano de tubos de la firma Georg Jann. Por otro lado, en la misma nave central, en el tercer pilar de la iglesia (contando desde la puerta de acceso y a su derecha), había un altar donde se veneraba a san Miguel, el cual, debido a las renovaciones realizadas durante el segundo cuarto del siglo XVIII, fue eliminado, a pesar de la importancia de este Arcángel en la vida religiosa y cotidiana de la ciudad.
Por último, para finalizar el recorrido por todo el complejo de la catedral, ya sólo nos quedaría ver la capilla de São João Evangelista, una de las partes originales del templo románico, en la que se encuentra la tumba de João Gordo, quien la mandó construir en el siglo XIV, y que era un caballero de la Orden de los Hospitalarios de Malta y uno de los hombres del rey Dionisio I. El sarcófago gótico de este caballero fue tallado con piedra de Ançã, contando en su zona superior con su estatua yacente vistiendo el hábito y la capa de los Caballeros de Malta (es una de las estatuas de su tipo más bellas del patrimonio portugués). En las tres caras visibles del arca sepulcral vemos tallajes en altorrelieve, en los que se representa escenas de la vida de Cristo y María. En la cara principal se observa la representación de la Ultima Cena, en el anverso inferior el Calvario, y en la cabecera la Coronación de la Virgen María.
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