La Casa do Guitarra es uno de los mejores lugares donde escuchar durante aproximadamente una hora un espectáculo de fado, pero además tiene una interesante exposición de guitarras y otros elementos musicales. Este proyecto se materializó en 2012 gracias a Alfredo Teixeira, uno de los músicos de la casa, quien pensó en crear un espacio para promover la construcción y difusión de los instrumentos de cuerda tradicionales portugueses y de la música tradicional, como el fado. La idea le surgió siendo un niño cuando compró una guitarra de mala calidad y alguien le dije que fuera a un señor en Costa Cabral para que se la arreglara y así poder tocarla. Cuando fue, vio a gente construyendo y tocando, quedando tan impresionando por ese ambiente, que aquella imagen nunca pudo olvidarla. De esta manera pensó que le encantaría tener un lugar parecido, donde reunir todo aquello y más.
Es por ello que creó este local multifuncional para acoger una tienda de instrumentos musicales, una exposición de instrumentos de cuerda portugueses, un centro de enseñanza de música y talleres, y ser una pequeña sala de conciertos de fado. Al visitante que viaja hasta Oporto lo que le interesa es el propio concierto de fado que tiene lugar al menos en dos espectáculos diarios, a las 18,00 y a las 19,30, y la posibilidad de recorrer la exposición de instrumentos musicales de cuerda antes de asistir al espectáculo musical.
Así pues, comenzamos con el recorrido por la zona expositiva titulada “Viagem cordofones”, aunque es recomendable hacerlo al menos dos horas antes de que comience el concierto, puesto que se tiene que acondicionar la sala para el evento musical. Portugal tiene una larga tradición musical vinculada a los instrumentos de cuerda o cordófonos, los cuales han formado parte de la vida cotidiana durante siglos, siendo tan importantes tanto en los momentos de trabajo como en los de ocio. Esta fuerte presencia, cargada de múltiples significados simbólicos y culturales, puede explicar la variedad de estos instrumentos en el país, así como el elevado número de guitarristas que existen y han existido.
A través de la exhibición de diferentes cordófonos se puede tener una visión bastante amplia de la historia de las guitarras portuguesas, conociendo su pasado y diversidad y aspectos de su evolución a lo largo de los años. Se sabe por medios de documentos históricos que en Portugal ya se fabricaban guitarras desde el siglo XV. De igual manera en la exposición sabremos más sobre el importante papel de los guitarreros, en particular de algunos artesanos ubicados en Oporto, como creadores y constructores de una enorme diversidad de instrumentos. Los conocimientos de los artesanos de todo el país se han ido transmitiendo a lo largo de los siglos de generación en generación.
Aquí se pueden ver guitarras de Lisboa, caracterizadas por el mástil que termina en forma de caracol, mientras que la de Coímbra termina en forma de lagrima. No puede faltar la guitarra de Oporto que presenta una decoración variada consistente en flores, caras, animales, etc.… Estos últimos instrumentos desaparecieron cuando surgió la de Coímbra, igualmente han ido extinguiéndose talleres en la zona de la Sé o Catedral, que antaño producían guitarras y tenían una gran actividad comercial, al enviarse estas piezas a otras partes de Portugal.
En la exposición podemos ver, entre otras piezas, guitarras sin pala construida en los talleres de Joaquim da Cunha Mello, quien llegó a Oporto en los años 60, un violín chuleira del Baixo Douro, o un bandurrinho, llamado así a los instrumentos cuya etiqueta, hasta hace poco, eran arrancadas por algunos guitarreros, para eliminar el taller de fabricación de otros artesanos, para poner o superponer sus etiquetas propias. La intención era dar a conocer su trabajo, incluso en instrumentos ajenos. Sin embargo, esta circunstancia no impide que un ojo bien entrenado pueda reconocer las características de un determinado taller o la mano de un determinado autor.
La exposición es tan completa que aquí podemos ver el proceso de construcción de los instrumentos musicales de cuerda tradicionales portugueses en los talleres: las técnicas, herramientas, materiales y quizás algunos secretos. Para ello se utilizan maderas de calidad que van desde el palo rosa brasileño hasta el abeto y nogal, pasando por el ébano y el palo negro. Otro elemento esencial a tener en cuenta es el sonido, por lo que durante el proceso de fabricación de estos instrumentos musicales se tienen en cuenta, además de las maderas, los siguientes criterios: sus espesores, la posición de los travesaños y las dimensiones de la caja armónica.
De igual manera, los diferentes tipos de guitarra a veces necesitan repararse, por ejemplo, es necesario hacer un cambio de las cuerdas, colocarse pestañas, puentes y clavija, restauración de la madera, etc. En definitiva, se requiere para tal fin una gran peripecia, habilidad manual y profundo conocimiento de diferentes áreas, como la geometría.
Nos centramos ya en el espectáculo de fado, estilo musical que fue proclamado en 2011 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. El concierto cuenta con las voces profesionales de fadistas residentes, acompañadas de la guitarra portuguesa y la viola de fado. Las voces y la música que la acompaña son capaces de transmitir el sentimiento y la emoción, sin conocer ni entender el significado de la letra, de una manera directa. No es de extrañar que Amália Rodrigues, la considerada reina del fado, describiera así este estilo musical: “Lo que interesa es sentir el fado. Porque el fado no se canta, sucede. El fado se siente, no se comprende ni se explica”.
El fado (cuyo significado literalmente en portugués sería “destino”) tiene sus raíces en los puertos de Lisboa del siglo XIX, cuando los marineros trajeron las influencias musicales de las antiguas colonias portuguesas en África y América del sur que se mezcló con las influencias poéticas, musicales y culturales portugueses. Se sabe que la considerada primera fadista de la historia y pionera en la popularización del fado fue una mujer del barrio de Madragoa en Lisboa llamada Severa Onofriana, de quien no existe a día de hoy ninguna grabación.
Así, a lo largo de los años el fado fue ganando popularidad, gracias a que comenzó a sonar en tabernas y bares de todas las clases sociales. Empezaron así a establecerse casas de fado en Lisboa y, a partir del 1880, se extendió por todo el país. Gracias a aquellas influencias este género musical se consolidó finalmente como identidad del pueblo portugués a finales de los años veinte del siglo XX. Durante el periodo de Estado Novo, el fado fue censurado, a pesar de lo cual nunca murió. Sus melancólicas melodías son tocadas en guitarras portuguesas de 12 cuerdas, acompañadas con letras anhelantes que hacen referencia al anhelo, la tristeza, el destino, los lamentos y el amor.
En Oporto este estilo musical llegó a principios del siglo XX, creándose, de las que se tienen constancia, las primeras casas de fado en las partes superiores o en los sótanos de los cabarets. Fueron en aquellos años en que se comenzaron a realizar las primeras grabaciones de fado en Oporto. Hay constancia de la primera grabación de fado en Oporto, en 1900, cuando empezaron a producirse conciertos de este estilo en Oporto. Así, otra gran referencia del fado en Oporto es la grabación de la melodía Fado Menor do Porto, cantada por Amália con el poema de Norberto de Araújo “No es una desgracia ser pobre”. A lo largo de este siglo muchos nombres dejaron su huella en el fado: José Fontes Rocha, guitarrista de Amália, Maria da Fé, Toni de Matos, Gisela João, etc.
Desde su nacimiento, el fado ha ido abrazando nuevas y diferentes expresiones, enriqueciéndose con nuevos estilos, entre los más importantes se encuentran: el fado tradicional, el fado canção, las marchas y el folclórico. Aquel primero tiene su base rítmica y melódica apoyada en los fados Menor (caracterizado por ser triste y melancólico), Corrido (al contrario que el anterior transmite alegría) y Mouraria (compuesto en tonalidad mayor, pero con un ritmo moderado). De esta manera, estos tres fados diferentes, herederos de los fados más antiguos y remotos que se perdieron en el tiempo, se convierten en la base de las creaciones de fado tradicional.
Por su parte el fado canção se creó en 1930, diferenciándose del resto por su estribillo y acercándose más a otras músicas populares mas comerciales. El fado canção también puede tratar tanto temas como la añoranza, el destino, el amor, los celos, la tristeza, el sufrimiento, la desgracia, como también puede ser divertido e irónico, tejiendo la crítica política y social. Las marchas son fados más alegres que están vinculados con la cultura de los barrios de Lisboa, con un ritmo que puede estar acompañado por los aplausos del público. Finalmente, el folclore se creó en el período de posguerra, aunque la creciente afluencia turística ha hecho que se busque lo “típico”, por lo que varios temas folclóricos fueron adoptados por cantantes de fado, entre ellos Amália Rodrigues, perpetuándolos hasta nuestros días.
Otro aspecto es que, tras la difusión del fado por el resto del país, en Coímbra este estilo musical encontró una nueva vida. Y es que, en aquella ciudad del norte de Portugal, el llamado fado o canção de Coímbra se vinculó con la tradición académica estudiantil, tratando así temas que hablan sobre la añoranza de los días de estudiantes, en cuanto a la relación de la ciudad y de los amores vividos allí. Otro aspecto que difiere con el fado de Lisboa, es que esta corriente conimbricense es cantada casi en exclusiva por estudiantes varones, siendo muy difícil encontrar a mujeres fadistas.
En general, este canto tradicional portugués es hoy una de las principales joyas de la música de este país, y lo saben, por eso lo cuida y lo miman. Para escucharlo se tiene que mantener silencio, no en vano entre los portugueses se suele decir la expresión “¡silencio! ¡Canta fado!”. Sin embargo, en este concierto se tendrá la oportunidad de escuchar tanto fados tradicionales, como fados más alegres o marchas que incluso el público podrá acompañar con palmas. En definitiva, todo un cúmulo de emociones que sentiremos al escucharlo.
El espectáculo musical, cuando nosotros fuimos, fue protagonizado por los fadista Sara Sousa y Pedro Ferreira. Tiene lugar en un entorno acogedor e íntimo, además de tener una buena acústica, más aún si tenemos en cuenta lo cerca que están los músicos con respecto al público. El concierto se divide en dos partes: más o menos a la mitad se produce un corto intermedio en el que se servirá un vino de Oporto Reserva elaborado por una empresa familiar del valle del Duero. La tradición, tanto musical como vinícola de Portugal, se dan la mano, lo que hace que el visitante viva una experiencia muy completa.
De esta manera escucharemos los sonidos de la guitarra y de la viola do fado, perfecta base acústica en el que las voces de los cantantes locales, tanto femeninas como masculinas, afinan cada nota, mientras su expresión hace que ese sentimiento se transmita a los presentes. Es muy curioso ver el rostro de los cantantes, ya que en sus expresiones faciales plasman los sentimientos de cada palabra y nota, siendo capaces de transmitirlos a los oyentes, demostrando que su canto sale desde muy adentro de su ser. Es en ese momento cuando entendemos a la perfección aquella definición que hizo del fado Amália Rodrigues.
En cuanto al repertorio se escucharán canciones muy variadas, en las que se incluyen fado tradicional, fado canção y marchas. Eso sí, el repertorio no es fijo, ya que será el fadista quien elija qué cantar según sienta en cada momento del concierto. Por tanto, es posible escuchar clásicos inmortalizados por cantantes como Amália Rodrigues, Maria Teresa de Noronha y Alfredo Marceneiro, así como otras composiciones contemporáneas. Toda una experiencia.
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