Normalmente el recorrido por el puerto Viejo de Barcelona comienza desde el monumento a Cristóbal Colón, situado en el centro de la plaza del Portal de la Pau, justo donde termina el famoso paseo de La Rambla y frente al puerto de Barcelona. La escultura de bronce del famoso almirante se alza sobre una imponente columna de hierro de casi siete metros de altura. Colón se encuentra señalando con el dedo hacia el horizonte, gesto que evoca la travesía que transformó el curso de la historia al conectar dos mundos que hasta entonces habían permanecido separados. El monumento fue levantado a finales del siglo XIX, representando por aquel entonces un desafío técnico y artístico de enormes proporciones. La obra presenta representaciones que combinan leyendas posteriores sobre Cristóbal Colón con los mitos de un personaje cuya verdadera identidad y apariencia siguen siendo inciertas.
Al lado se sitúa el museo Marítimo de Barcelona, el cual propone un recorrido por la cultura marítima catalana a través de distintas miradas como la historia, la ciencia, la técnica y el arte. Albergado en el emblemático conjunto de las Drassanes Reials, el museo contiene una valiosa colección de embarcaciones tradicionales e históricas que permiten entender la evolución de la navegación a lo largo de los siglos. En el interior de las imponentes naves góticas se exhiben piezas destacadas de la colección permanente, entre ellas la Galera Real, la barca República y el laúd Jean et Marie, que ilustran las técnicas de construcción naval desarrolladas entre los siglos XIII y XVIII. Además, el museo reúne mascarones de proa e instrumentos náuticos (octantes, sextantes, compases, astrolabios, etc.) que explican cómo los marinos se orientaban y navegaban en el mar.
Hacia el sur, en uno de los extremos de la plaza de Carbó, justo donde comienza el acceso al rompeolas del puerto, se alzan la escultura Onades (Olas). La obra, creada por el artista valenciano Andreu Alfaro, fue instalada en el año 2003 para conectar la plaza con el Moll de Sant Bertran. Alfaro reinterpretó el movimiento del mar cercano mediante una composición monumental, pero, al mismo tiempo, elegante y ligera en su apariencia. El conjunto está formado por siete grandes arcos tubulares de acero que se elevan sobre el paseo central y parte de las vías que enlazan la ciudad con el muelle del World Trade Center Barcelona. La pieza de mayor tamaño alcanza los 42 metros de altura y el conjunto supera las 15 toneladas, aunque el resultado transmite una sorprendente sensación de delicadeza. Las estructuras, esbeltas y dinámicas, dialogan con la arquitectura moderna del entorno portuario. Así, Onades embellece el entorno y funciona como saludo para quienes llegan por mar y despedida para quienes se marchan.
Más al este, hacia el interior del rompeolas, se encuentra la torre de Jaume I que constituye el pilar central del teleférico. La torre fue concebida por el arquitecto e ingeniero Carles Buïgas con la intención de comunicar los espacios de Montjuïc con la zona marítima durante la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. Sin embargo, los problemas económicos de la empresa encargada de su construcción y gestión retrasaron su puesta en marcha hasta 1931. Tras permanecer cerrado a raíz de la Guerra Civil (convirtiéndose en puntos de vigilancia), volvió a funcionar en 1963 y, desde entonces, lleva más de medio siglo recorriendo el mismo trayecto, aunque en la década de 1990 se modernizó. Con sus 107 metros de altura, esta imponente estructura, que conservando algunas piezas originales de la década de 1930, ya no funciona como punto de embarque de pasajeros y actúa únicamente como soporte intermedio entre la torre de san Sebastián y la de Montjuïc.
Al lado se levanta el complejo del World Trade Center Barcelona, inaugurado aquí en el año 1999. Se trata de un conjunto empresarial diseñado por el arquitecto Henry N. Cobb y formado por cuatro edificios en disposición circular con forma de barco. Ofrece oficinas, espacios para eventos, comercios y diversos servicios, incluido un hotel, además de acoger numerosos actos corporativos cada año y ser sede de empresas destacadas como eDreams, consolidándose como un importante núcleo de negocios en la ciudad.
Volvemos a la zona del paseo marítimo, dejando a nuestra izquierda el monumento a Colón. Aquí encontramos el edificio de Portal de la Pau, sede histórica del Port de Barcelona. Fue inaugurado el 1 de junio de 1907, ante la necesidad de construir una estación marítima que concentrara todos los servicios propios de una urbe moderna, dinámica y abierta al mundo, durante una etapa de crecimiento portuario. El proyecto fue encargado al ingeniero Julio Valdés Humaran, quien además ejercía como director del puerto. El resultado fue un edificio que presentaba un estilo ecléctico con claras reminiscencias de los palacetes europeos de la segunda mitad del siglo XIX. Destacaban especialmente sus diversas fachadas, las cuatro torres adornadas con un elaborado trabajo de fundición y la cubierta abovedada que permitía la entrada de luz natural.
Junto a las torres se sitúan distintos conjuntos escultóricos con alegorías marinas, sobresaliendo el grupo que representaba a Barcelona como protectora de la navegación y del comercio. En conjunto, se trataba de una construcción singular, elegante y poco común. En la planta baja se concentraban numerosos servicios destinados a los pasajeros marítimos: mostradores, depósitos, espacios para la recepción y revisión de equipajes, quioscos, oficinas de navieras y consignatarios, además de dependencias de policía y aduanas, estafeta de correos y oficina de telégrafos. En el piso superior funcionaba el restaurante Mundial Palace, el cual cerró en 1918 y, tras una nueva reorganización de las infraestructuras portuarias, el edificio pasó a albergar exclusivamente las oficinas de la Junta de Obras del Puerto, desempeñando funciones institucionales hasta el año 2010.
Ya desde aquí podemos ver un puente de madera ondulada flotante conocido como la Rambla del Mar, al considerarse una extensión de aquella en esta zona. Esta pasarela, que se ha convertido en uno de los puntos más transitados de Barcelona, cuenta con una estructura que está formada por dos tramos móviles que giran y se colocan en paralelo para dejar paso a los veleros que entran y salen del puerto. Ver cómo se abre es casi un pequeño espectáculo: la operación se realiza con agilidad y, por lo general, quienes pasean por allí y tienen que esperar, sólo deben hacerlo unos pocos minutos antes de continuar su camino.
Esta pasarela levadiza de madera de 380 metros de longitud fue diseñada por Helio Piñón y Albert Viaplana, comenzando a operar de forma alterna a partir de septiembre de 1994. Desde entonces, su funcionamiento intermitente ha formado parte de la dinámica habitual de este espacio, concebido como un elemento clave de conexión entre el puerto y la ciudad.
La Rambla de Mar está custodiada por una llamativa figura blanca que flota sobre las aguas del puerto: se trata de un Miraestels. A iniciativa de la Fundación J. Llorenç Artigas, varios escultores rindieron homenaje al poeta Joan Brossa tomando como inspiración la obra El Saltamartí, donde el autor compara el tentempié (ese muñeco que siempre vuelve a ponerse en pie) con la capacidad de resistencia del pueblo. Partiendo de esa idea, Robert Llimós creó varias figuras inspiradas en Brossa (una caminando, otra cargando con sus zapatos y la tercera con la vista hacia el firmamento). Finalmente, con el tiempo, desarrolló aquella última, la que mira al cielo (Miraestels), ampliándola y transformándola en una escultura flotante, dándole más fuerza y protagonismo. La obra, que esconde una estrella entre sus manos, se ha convertido en un símbolo poético de Barcelona y de su espíritu abierto al mar.
Este puente de madera conduce hasta el Moll d’Espanya, el cual fue concebido dentro del plan de expansión del puerto de Barcelona aprobado en 1904. Se trata de un muelle de gran envergadura que, a partir de 1910, comenzó a operar, proporcionando al puerto nuevas áreas para el desarrollo de su actividad comercial y marítima. Con el paso del tiempo, los avances en los sistemas de transporte marítimo y la modernización de la infraestructura hicieron que el muelle quedara obsoleto. Sólo cuando la actividad portuaria volvió a requerir adaptaciones, el puerto se extendió hacia el sur, dando lugar a nuevas transformaciones. Fue entonces cuando, en 1989, el Plan Especial del Port Vell planteó abrir este espacio a la ciudad. Finalmente, en 1995 se inauguraron los nuevos espacios públicos, consolidando un lugar de encuentro ciudadano que ha llegado hasta nuestros días.
Entre aquellos espacios encontramos el centro comercial Maremagnum, resultado de aquella transformación y recuperación del litoral barcelonés, iniciada en los años 80 con motivo de los Juegos Olímpicos de Barcelona '92. Su interior posee tres plantas con multitud de tiendas y restaurantes, además se organizan una gran variedad de actividades culturales, como exposiciones, obras de teatro, conciertos, etc. Dentro del complejo, se encuentra el Time Out Market, un espacio gastronómico donde se puede degustar algunas de las especialidades de la cocina local. Sus áreas amplias y luminosas, junto con las terrazas con vistas al puerto, crean el ambiente perfecto para relajarse después de un día de turismo.
De nuevo en el exterior, desde una de las esquinas del muelle, podemos ver a lo lejos, el edificio W, emblemático hotel con forma de vela que se ha convertido en uno de los perfiles más reconocibles del litoral barcelonés. La torre, obra del arquitecto Ricardo Bofill, abrió sus puertas en 2009 y destaca por su silueta atrevida. Situado en el extremo sur del paseo marítimo de la Barceloneta, el edificio se alza junto a la playa alcanzando los 99 metros de altura. Su presencia domina el paisaje costero y lo ha convertido en uno de los símbolos arquitectónicos del barrio. Más allá de su impactante diseño, también es conocido por el ambiente animado de su terraza, especialmente durante las fiestas que se celebran con el Mediterráneo como telón de fondo.
También vemos, más cerca, la torre de Sant Sebastià, estructura metálica de 78 metros diseñada por el ingeniero Carles Buïgas e inaugurada en 1931. Esta torre actúa como estación final del transbordador aéreo de Barcelona, el teleférico que cruza el puerto y enlaza, mediante la torre Jaime I, con la montaña de Montjuïc. Más cerca aún, en la zona conocida como el Moll de Pescadors, se encuentra la torre del Reloj, construida originalmente como un faro (uno de los primeros del Mediterráneo) en el 1772 por el ingeniero Jorge Próspero de Verboom, y levantada por aquel entonces en uno de los espacios más activos y estratégicos del puerto de Barcelona. Durante mucho tiempo, la luz del faro actuó como guía de orientación a los barcos para encontrar su camino hacia el puerto.
Con la modernización del puerto en 1904, la torre dejó de ser esencial como faro y se decidió adaptarla para albergar un reloj, modificación que permanece hasta nuestros días. Arquitectónicamente, la torre mantiene su estructura piramidal de piedra, erguida sobre un sólido zócalo al que más tarde se añadieron el estucado y la caja del reloj para marcar la hora. Además, esta construcción tiene un curioso vínculo con la ciencia: fue uno de los puntos geodésicos donde Pierre François André Méchain realizó mediciones que sirvieron como base para el sistema métrico decimal. Junto al Castell de Montjuïc y la Catedral de Barcelona, la Torre del Rellotge ayudó a fijar medidas precisas para este sistema. Además, su ubicación, en la intersección de un paralelo con el Meridiano de París, inspiró a Ildefons Cerdà para alinear las avenidas Paral·lel y Meridiana con estas líneas.
Otro de los espacios destacados en el muelle de España es el Aquàrium de Barcelona, en el que habitan alrededor de 11.000 ejemplares marinos pertenecientes a unas 450 especies distintas. Inaugurado en 1995, el acuario se ha consolidado como uno de los más grandes e importantes de Europa gracias a su amplitud y a la variedad de especies que alberga. El recorrido se organiza en tres áreas principales, siendo la zona dedicada al Mediterráneo una de las más completas, con catorce acuarios que muestran la riqueza y diversidad de este ecosistema. Una de las experiencias más populares es el túnel submarino de más de 80 metros que atraviesa el Oceanario. Caminar por él permite observar desde una perspectiva privilegiada tiburones, rayas, doradas, peces luna y muchas otras especies que nadan a pocos centímetros de distancia.
Tras pasar por los antiguos terrenos del desaparecido IMAX, nos dirigimos hacia el norte donde encontramos una curiosa escultura con intensos colores: la Cara de Barcelona. La preparación para los Juegos Olímpicos de 1992 impulsó no sólo la mejora de infraestructuras, sino también la recuperación de espacios degradados. El Port Vell fue completamente renovado y, con aquella intervención, llegaron nuevas obras artísticas que aportaron identidad y atractivo al lugar. Entre ellas destaca esta escultura del artista estadounidense Roy Lichtenstein, realizada entre 1991 y 1992 con la ejecución de Diego Delgado.
La escultura alcanza aproximadamente 15 metros de altura y según el ángulo desde el que se observe, se percibe un rostro que emerge sobre un fondo de puntos rojos en relieve. Sus formas parecen construidas a partir de pinceladas amplias y dinámicas, algo que conecta con la serie Brushstrokes del propio Lichtenstein. Enmarcada dentro del movimiento del Pop Art y claramente influida por la estética del cómic, la pieza rinde homenaje tanto a la Barcelona olímpica como a su arquitecto más emblemático, Antoni Gaudí. El revestimiento en mosaico no es casual: evoca directamente el característico trencadís y el universo visual asociado a la obra de Gaudí, estableciendo un puente entre la modernidad pop y la tradición modernista de la ciudad.
Muy cerca, hacia el este, se levanta el Museu d'Història de Catalunya, albergado en el Palau de Mar, y concebido como un espacio expositivo de carácter narrativo donde no sólo reúne y conserva objetos relacionados con la trayectoria histórica de Cataluña, sino que también los integra en un relato que ayuda a comprender mejor cada etapa. Su exposición permanente propone un recorrido dinámico y participativo que abarca desde los primeros vestigios del territorio hasta la actualidad. Distribuido en cuatro plantas, el itinerario sigue un orden cronológico organizado en ocho ámbitos temáticos, donde se combinan recreaciones escenográficas y representaciones de acontecimientos históricos con aspectos de la vida cotidiana, como la alimentación o la forma de vestir en distintas épocas. Además, impulsa actividades culturales y educativas para difundir, promover y fomentar el estudio de la historia catalana.
A partir de aquí comienza el Moll de la Fusta, lugar que corresponde, cuando Barcelona aún era una ciudad romana, con el primer puerto. Con el paso del tiempo, aunque oficialmente recibe la denominación de Bosch i Alsina, en homenaje a un influyente político y empresario catalán que prosperó en Cuba, el sitio adoptó el popular nombre de Moll de la Fusta, debido a su actividad principal: aquí se almacenaba y cargaba madera que llegaba o salía por vía marítima. Tras la profunda transformación urbana vinculada a los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, el muelle se reinventó como un agradable paseo marítimo, plenamente integrado en la vida de la ciudad.
Cuando cae la noche, la zona cobra especial vitalidad gracias a su cercanía con áreas animadas como el Maremàgnum, el Born y La Rambla. Sin embargo, el ambiente festivo actual contrasta con la dureza que se vivía antaño en el muelle. De aquellas jornadas exigentes dejó constancia el poeta Joan Salvat-Papasseit, quien evocó el esfuerzo físico y la crudeza del trabajo portuario en sus versos, describiendo la lluvia golpeando las embarcaciones y el peso angustioso de la faena entre tablones y maderas.
Cerca de la Cara de Barcelona, donde en otro tiempo se alineaban varios restaurantes hoy desaparecidos, estuvo el restaurante Gambrinus. Sobre su azotea se instaló una enorme gamba de quince metros diseñada por Javier Mariscal (quien ideó el Cobi). Aunque el restaurante ya no existe, la escultura permanece en el lugar por decisión municipal y se ha convertido en uno de los símbolos más simpáticos del frente marítimo barcelonés. Otra escultura interesante, la encontramos un poco más adelante, directamente integradas en el propio paseo, se trata de "La Parella", obra de 1998 de Lautaro Díaz. Se trata de una pareja formada por un hombre y una mujer que, en medio del bullicio, ha encontrado un rincón para sentarse y disfrutar el paisaje marítimo con calma. Las esculturas, fundidas en bronce con una pátina verdosa, destacan incluso a cierta distancia y se han convertido en silenciosas compañeras de quienes pasean por la zona.
Al final del muelle se levanta la Nòria del Port Vell desde el que, con sus 65 metros de altura, se pueden obtener panorámicas diferentes de Barcelona a vista de pájaro. Cerca, atracado en el propio puerto, encontramos el Pailebote Santa Eulàlia, una elegante embarcación histórica de tres mástiles que hoy puede visitarse y que permite acercarse al pasado marinero español de una manera muy especial. La historia reciente del barco comenzó en 1997, cuando el Museu Marítim de Barcelona adquirió en una subasta una nave singular llamada entonces Sayrernar Uno, destinada a trabajos auxiliares de submarinismo.
Tras una minuciosa restauración que devolvió al buque su apariencia original, fue amarrado aquí y recibió el nombre de Santa Eulàlia, en honor a la copatrona de la ciudad. Esta iniciativa, pionera en España, supuso un importante impulso a la conservación y difusión del patrimonio marítimo. Lejos de convertirse en una simple pieza de exposición, el Santa Eulàlia navega todavía por el Mediterráneo como buque emblemático del museo. Construido en 1918 en Torrevieja con el nombre de Carmen Flores, este pailebote es un magnífico ejemplo de embarcación de tres palos. Pasear junto a él ya resulta atractivo, pero la experiencia mejora al subir a bordo y descubrir de cerca los secretos de la navegación tradicional a vela.
Paralela al Moll de la Fusta discurre el Passeig de Colom que fue construido en 1878 como el primer intento de conectar, con una gran avenida, la ciudad con el mar. La avenida contiene diferentes edificios interesantes, entre los que destacan el palacio de Capitanía General de Barcelona (actualmente la sede de la Inspección General del Ejército en la ciudad) y el Gobierno Militar.
La Capitanía General de Barcelona se levanta sobre el solar que ocupó antiguamente el convento de la Orden de la Merced y conserva espacios de gran valor histórico y artístico, como un claustro del siglo XVII, la majestuosa escalera de honor y la llamada planta noble. En esta última se encuentran el Salón del Trono y el despacho del teniente General e inspector General del Ejército, además de una destacada colección de pinturas, esculturas y relojes antiguos que enriquecen sus estancias.
La historia del edificio se remonta a inicios del siglo XIII, cuando comenzó la construcción del convento mercedario. Tras ser expropiado en 1843, pasó a manos del estamento militar y, a partir de 1846, se convirtió en la sede de los capitanes generales. A finales del siglo XIX se llevó a cabo una profunda transformación, coincidiendo con la demolición de la muralla que daba al mar. Más adelante, en 1929, con motivo de la Exposición Universal celebrada en Barcelona, el palacio adoptó la fisonomía que presenta en la actualidad. Por otro lado, y como apunte curioso, desde aquí se puede ver, justo detrás el edificio, la estatua de la Virgen que corona la cúpula de la basílica de la Virgen de la Merced, situada en el barrio Gótico.
Más adelante, otro de los edificios que destaca en el paseo de Colón es el del Gobierno Militar de Barcelona, edificio de estilo clásico que se alza al final de La Rambla, justo enfrente del Monumento a Colón. Su presencia imponente y su elegancia arquitectónica lo convierten en un elemento destacado del paisaje urbano de la ciudad. Se construyó en el solar que ocupaba antiguamente el Priorato de San Francisco, derribado en 1837, lo que añade un trasfondo histórico aún más interesante al lugar. A lo largo del tiempo, el edificio ha desempeñado un papel relevante en la historia militar barcelonesa, consolidándose como un punto de referencia tanto por su significado histórico como por su valor arquitectónico.
Si quieres saber más sobre tarifas, horarios de apertura, etc. de los diferentes monumentos y sitios de interés, te recomendamos que visites la página de turismo oficial de Turisme de Barcelona, donde encontrarás toda la información que necesites para un viaje perfecto a Barcelona:
Copyright© 2018 ESTurismo.