Estamos ante una de las primeras grandes obras de Antoni Gaudí i Cornet, uno de los arquitectos más innovadores de finales del siglo XIX y comienzos del XX. El Palau Güell fue construido entre 1886 y 1890, en los inicios de su carrera profesional, y desde el primer momento sorprendió por su manera revolucionaria de concebir los espacios y por la riqueza expresiva de sus formas, creadas a partir de materiales tradicionales y nobles como la piedra, el mármol, la madera, el vidrio y el hierro forjado. Considerado uno de los referentes iniciales del art nouveau a nivel internacional, el edificio anticipa muchos de los rasgos que definirían la obra posterior de Gaudí.
La residencia fue el hogar de Eusebi Güell i Bacigalupi, destacado industrial, mecenas y firme defensor de la cultura catalana, así como de su esposa Isabel López y sus diez hijos. Güell promovió importantes iniciativas industriales como la Colònia Güell y la fábrica Asland, pionera en la producción de cemento pórtland en Cataluña, además de desempeñar cargos públicos como concejal, diputado provincial y senador. La profunda admiración mutua entre Güell y Gaudí permitió al arquitecto dar sus primeros pasos profesionales con plena libertad creativa, iniciando así una trayectoria decisiva en la historia de la arquitectura. Años más tarde, la familia se trasladaría al Parc Güell, último gran proyecto que el mecenas encargó a Gaudí.
El Palau Güell fue concebido como un refinado palacio urbano dotado de todas las comodidades modernas, aunque el edificio se levantó en pleno El Raval, uno de los barrios más humildes de la Barcelona de finales del siglo XIX. La elección de la ubicación resultaba llamativa, ya que la burguesía catalana tendía a instalarse en el Eixample, el ensanche proyectado por Ildefons Cerdà, que proponía una ciudad ordenada y con amplios espacios interiores. Sin embargo, Güell optó deliberadamente por un emplazamiento distinto, en la actual calle Nou de la Rambla, una vía pionera por contar con aceras, alcantarillado y doble carril de circulación.
La residencia debía cumplir una doble función: ser hogar de una familia numerosa y, al mismo tiempo, escenario de recepciones y actos sociales, combinando cuidadosamente espacios privados y áreas representativas. Por ello, aunque el solar donde se levanta tiene una superficie de 589 metros cuadrados, Gaudí logró multiplicar su potencial hasta alcanzar 2.850 metros cuadrados distribuidos en siete niveles organizados en torno a un gran salón central. El resultado contrastó con trabajos anteriores del arquitecto: una apariencia exterior sobria que escondía un interior ricamente decorado. Las estancias se articulan alrededor de un vestíbulo central que actúa como patio y foco de luz natural, eje vertebrador de la vivienda. Durante la Guerra Civil, en 1936, el palacio fue incautado y transformado en comisaría con calabozos.
La fachada, concebida para destacar en una calle estrecha y con poca perspectiva, presenta una imagen contenida pero llena de carácter. Frente al edificio se había inaugurado poco antes el Edén Concert, símbolo del ambiente bullicioso del barrio, con el que el palacio parecía establecer un diálogo ofreciendo un contrapunto solemne y elegante. Aunque austera, la fachada no renuncia al juego de volúmenes en piedra y hierro ni a sutiles detalles cerámicos. Su composición simétrica y su aspecto almohadillado evocan los palacios renacentistas florentinos. El frente, de más de 22 metros de altura, se organiza en tres franjas horizontales: en la parte inferior destacan dos grandes arcos catenarios (solución estructural ideada por Antoni Gaudí que parte de un principio sencillo pero ingenioso: reproducir al revés la forma que adopta una cadena cuando cuelga suspendida por sus extremos); en el nivel intermedio sobresale la tribuna principal; y en la parte superior, una balaustrada sencilla remata el conjunto. En uno de los laterales se añade un cuerpo de servicio.
Uno de los elementos más singulares es el acceso principal: las dos grandes puertas de hierro forjado, diseñadas por el propio Gaudí y de casi cinco metros de altura, exhiben una ornamentación vegetal y simbólica que culmina en los tímpanos con las iniciales de Güell. El maestro forjador Joan Oñós, junto con los hermanos Badia Miarnau, realizaron una estructura que permitía ver la calle desde el interior sin ser visto, gracias a un entramado metálico más denso en la zona central y más abierto en la parte superior e inferior, por donde penetra la luz. Entre los arcos se sitúa la portería, coronada por un gran escudo con la señera catalana representada mediante planchas y mallas metálicas; sobre ella se alza un yelmo, símbolo de fortaleza, y, en la parte superior, un ave fénix que alude al renacer económico y cultural de la Cataluña de la época.
Tras atravesar las puertas y acceder al interior del edificio, llegamos directamente a la antigua cochera, el lugar destinado a resguardar los carruajes. Las cuatro imponentes puertas que la comunican con el vestíbulo, elaboradas en roble americano y hierro forjado, destacan por su riqueza ornamental. En su diseño se aprecian influencias medievales y renacentistas, junto con sutiles referencias mudéjares y orientales que aportan un aire ecléctico al conjunto. Al fondo del espacio, donde hoy se sitúa la tienda, se almacenaban antiguamente los productos agrícolas y los vinos procedentes de la finca que la familia Güell poseía en la comarca del Garraf. El techo llama especialmente la atención por su revestimiento de piezas cerámicas decoradas con motivos vegetales. Gaudí optó por la cerámica no sólo por su valor estético, sino también por su practicidad, ya que resultaba fácil de limpiar en un entorno donde la presencia de caballos y mercancías podía propiciar la aparición de insectos.
A continuación bajamos por la rampa que conduce al sótano, el cual fue concebido sobre todo como caballeriza. Aquí los tradicionales muros de carga fueron sustituidos por amplias columnas rematadas con capiteles de forma fungiforme. Esta solución permitió crear un espacio más abierto, flexible y fácil de adaptar tanto a las distintas funciones como al tránsito de personas y animales. Todos los elementos estructurales, realizados en ladrillo visto, conforman uno de los ambientes más característicos y sugerentes de la arquitectura de Gaudí.
En su origen las cuadras ocupaban uno de los laterales del sótano y estaban organizadas en compartimentos individuales con sus respectivos comederos. Aún hoy se conservan dos singulares soportes con forma de unicornio que se utilizaban para sujetar los caballos. Este espacio también contaba con un pozo, una cisterna y una zona destinada al almacenamiento de paja. Además, aquí se encontraban las estancias del cochero y del mozo de cuadra. En el patio, donde todavía pueden verse otros dos soportes decorados con cabezas de perro, se recogía el agua de lluvia. En el área contigua se almacenaban la leña y el carbón. El sistema de ventilación del Palacio Güell destacaba por su eficacia, como demuestra este sótano, que se mantiene perfectamente aireado gracias al patio y a las aberturas orientadas hacia la calle.
El recorrido continúa subiendo de nuevo a la planta baja por la misma rampa. Volvemos a la zona de las puertas, entre las que, como ya señalamos, se encuentra la garita del portero. A ambos lados de la escalera, en los pasillos laterales, el suelo aparenta ser de piedra, aunque en realidad es de madera, pensada para amortiguar el sonido de los caballos al pasar. Para dar unidad al vestíbulo, los muros laterales se conciben como un pórtico con columnas esbeltas.
Uno de los detalles curiosos de esta parte del palacio la encontramos en el exterior del muro izquierdo de la escalera, en la que vemos cuatro peldaños que llevan a una pequeña plataforma que servía para ayudar a las mujeres, que portaban voluminosos vestimos, a subir o bajar de los carruajes o caballos, y evitar así que mostrara los tobillos, ya que en la época era una de las zonas más erógenas de la figura femenina. Desde allí se asciende por la escalinata principal, construida excepcionalmente con piedra procedente de los Pirineos, sin embargo, la alfombra actual recrea el diseño original.
Al final de la escalera, coronándola se encuentra una espléndida vidriera diseñada por Gaudí, en la que aparecen representadas las cuatro barras de la bandera catalana. A ambos lados se disponen puertas de madera decoradas con paneles de hierro repujado; la situada a la izquierda destaca por una mirilla de diseño especialmente singular.
Nos encontramos ya en el vestíbulo del entresuelo, en cuyo lado opuesto se situaban tanto la biblioteca privada del palacio como los espacios desde los que Güell gestionaba sus asuntos empresariales (actualmente no forman parte del recorrido de visita). La escalera de honor que parte de este vestíbulo y conduce a la planta noble ya anticipa el carácter lujoso que define el resto de la residencia. Desde el primer tramo, la escalinata queda enmarcada por altos zócalos de piedra que recorren la base de los muros, también revestidos con el mismo material. Para mantener la coherencia estética del conjunto, se optó por eliminar la barandilla convencional.
Todo el espacio (paredes, suelo, techo e incluso la columna) está realizado en piedra caliza de diversas tonalidades, procedente de las canteras que la familia poseía en el macizo del Garraf. La lámpara suspendida sobre la escalera pertenece a la decoración original del edificio. En este mismo tramo destaca además el techo compuesto por un espléndido artesonado de madera tropical, decorado con detalles de forja. Ascendemos ahora por la escalera hasta desembocar en la planta noble que comienza con una antesala que actúa como punto de partida hacia un conjunto de espacios suntuosos que desembocan en el gran salón central, escenario habitual de celebraciones sociales y actos culturales.
Aquí vemos, justo a nuestra derecha, tras subir la escalera, la pintura “Hércules buscando a las Hespérides”, realizada en 1890 por Aleix Clapés i Puig. La escena representa uno de los trabajos de Hércules: la búsqueda de las manzanas doradas en el jardín de las Hespérides. No es sólo un episodio mitológico, ya que, dentro del programa simbólico del palacio, la figura de Hércules se asocia al esfuerzo, la superación y la virtud. La pintura fue cedida por el Museo Nacional de Arte de Cataluña y, tras su restauración, se restituyó a su ubicación original dentro del edificio. Además, en uno de los plafones de la fachada este existió una versión mural al fresco, de mayor tamaño, con la misma escena, aunque no se ha conservado.
Al lado vemos una columnata con arcos catenarios que conserva las vidrieras de los lansquenetes (soldados de la infantería alemana) datadas a finales del siglo XIX. Hacia el año 1880 se realizó el medallón central y, aproximadamente una década más tarde, la vidriera que lo enmarca. Los óvalos se atribuyen a Antoni Aymat, mientras que el borde fue ejecutado en el taller Amigó. En cada uno de los dos medallones aparece la figura de un lansquenete: uno empuña una alabarda y el otro sostiene una espada. Estas imágenes evocan a los mercenarios alemanes que combatieron junto a los tercios españoles bajo el mando del rey Carlos I.
Si dejamos la columnata a nuestra espalda y avanzamos, antes de dejar momentáneamente esta antesala, encontramos a nuestra izquierda y paralela a la escalera, una de las piezas fijas concebidas por Antoni Gaudí: un banco de madera de nogal que, además de asiento, cumple la función de barandilla. Desde este punto también se distinguen la mencionada lampara original y, junto a la escalera, dos vidrieras decoradas con las iniciales de Eusebi Güell y una composición de cristales circulares.
El recorrido nos conduce ahora hacia las dependencias orientadas al mediodía, pero antes, a pocos pasos, encontramos a nuestra izquierda un corredor que fue el antiguo pasadizo que enlazaba el Palau Güell con la Casa Güell, la que fuera la antigua vivienda familiar situada en Las Ramblas. Esta residencia pasó a manos de Eusebi Güell tras heredarla de su padre, el empresario Joan Güell, y funcionó como núcleo original de la familia antes de la construcción del palacio. Hay que señalar que, si llueve el día que se visita el edificio, entonces permanecerán cerradas tanto la terraza del medio día (accesible desde el corredor), como la azotea… y durante nuestra visita llovió y por tanto no pudimos acceder a ambos espacios.
Aún así, si tienes la mala suerte de no poder recorrer la terraza del mediodía ni la azotea, puedes ver una maqueta en las cocheras, con la que te podrás hacer una idea. Desde la terraza, llamada así por estar orientada al mediodía, se puede ver la parte posterior del edificio, donde sobresale la tribuna, llena de movimiento y con una marcada expresividad gracias a la originalidad de sus volúmenes y a la abundante ornamentación. La zona inferior está revestida con piezas de cerámica vidriada, mientras que encima de las diez ventanas se dibuja un perfil ondulante en tono dorado acaramelado, bajo el cual se sitúan unas gárgolas encargadas de canalizar el agua de lluvia. La tribuna se remata con una amplia losa de piedra en voladizo que forma el balcón de las estancias principales. Este espacio exterior queda protegido por un elegante umbráculo compuesto por listones de madera sostenidos por una estructura de varillas de hierro.
Ahora sí, llegamos al ala del edificio que estaba reservada a la intimidad familiar, la cual se organiza en tres espacios diferenciados por cancelas de madera y hierro forjado, siguiendo una concepción espacial con evocaciones orientales. Gran parte de la decoración fue proyectada por el arquitecto Camil Oliveras, responsable de los zócalos de madera con influencia oriental, ornamentados con figuras animales, así como de las vidrieras trabajadas al ácido. Se cree que muchos de estos elementos proceden del Palacio Fonollar, primera residencia urbana de la familia.
Uno de estos ámbitos es la llamada sala de confianza, presidida por un piano del siglo XIX de la firma Érard, similar al que utilizaba la familia en este mismo lugar. Aquí, las hijas de los Güell practicaban y ofrecían pequeñas audiciones y también se celebraban encuentros con el círculo más cercano. En esta estancia, junto al piano, también destaca una vidriera trabajada al ácido en el taller Amigó, donde se representó una escena protagonizada por soldados ataviados y armados al modo de los antiguos tercios españoles. La composición toma como referencia un pasaje del lienzo “Antonio Pérez, libertado de la cárcel de los Manifestados por el pueblo de Zaragoza, en 1591”, pintado en 1864 por el artista catalán Manuel Ferrán Bayona.
Entre las dos cancelas se sitúa el espacio central, conocido como sala de la tribuna o de fumadores. Destaca el banco curvo que sigue la línea redondeada de la tribuna. A diferencia de buena parte del mobiliario independiente, las piezas integradas en la arquitectura, como ocurre con este asiento, fueron diseñadas por Antoni Gaudí para ajustarse a las formas ondulantes del conjunto.
El respaldo está revestido con cordobán, cuero repujado con motivos florales, reproducido fielmente en Córdoba mediante técnicas artesanales tradicionales. Entre las diez ventanas y el respaldo se alzan once columnas en forma de Y elaboradas en ébano, madera que también se empleó en los reposabrazos y en el asiento, donde originalmente se colocaban cojines. Además, el arquitecto ideó un sistema de persianas que permite regular tanto la entrada de aire como la intensidad de la luz solar, aportando confort y versatilidad al espacio.
El siguiente espacio que encontramos es el comedor separado del resto de habitaciones de esta parte por un cancel de madera y vidrio con detalles de hierro forjado que fue instalado en 2010, de acuerdo con la documentación existente. Todo apunta a que el elemento original estaba pensado para desmontarse según la estación del año.
En el comedor destaca una mesa de nogal acompañada por doce sillas de roble tapizadas en cuero repujado. Estas piezas datan de la época de la familia Güell y fueron elaboradas en los talleres de Francesc Vidal, autor también de dos elegantes sillones con brazos que completan el conjunto. Destaca asimismo la imponente chimenea de nogal, concebida por Camil Oliveras, que integra discretos compartimentos destinados a guardar licores.
Una puerta camuflada en la madera conduce a la despensa, espacio donde se ultimaba la presentación de los platos antes de servirlos. Allí todavía se conserva el montaplatos original que conecta directamente con la cocina. Volviendo al comedor, encima de la vidriera orientada a la fachada sur se aprecia una celosía de madera que cierra un pasillo estrecho desde el cual se puede observar el comedor sin ser visto. Por su parte, a la izquierda se encuentra anexa la sala del billar, llamada así por albergar uno (el que tiene es un snooker del siglo XIX), aunque también fue utilizada como taller artístico por las hijas de los Güell. Sobresale la chimenea de piedra diseñada por Gaudí, de carácter casi escultórico y arco parabólico, junto a ventanales con vidrieras y la única columna de hierro fundido del edificio, ricamente decorada.
Volvemos sobre nuestros pasos y tras pasar la antesala llegamos a la sala de los Pasos Perdidos que actúa como estancia de entrada al salón principal y al espacio destinado a las visitas. Su nombre proviene de la época en la que los invitados, al no haber muchos asientos, paseaban de un lado a otro mientras esperaban para entrar al salón central. Destaca por su exuberante ornamentación, que pone de manifiesto la fortuna y el estatus de la familia Güell. Más allá del impresionante artesonado del techo, llama especialmente la atención la ingeniosa solución ideada por Antoni Gaudí para contrarrestar la sensación de estrechez del lugar. Mediante un inteligente juego de columnas, de distintas alturas y dispuestas en tríos sobre una misma base, logró integrar visualmente la amplia y luminosa tribuna en voladizo con el resto de la estancia, creando así una percepción de mayor amplitud y un atractivo efecto de triple fachada.
Le sigue la sala de visitas, reservadas para las personalidades más ilustres, donde lo que más llama la atención es su techo artesonado elaborado en madera de roble y enriquecido con detalles de hierro forjado cubiertos con pan de oro. En esta planta, los artesonados no solo cumplían una finalidad estética, sino también estructural. Bajo esa estructura se encuentra una celosía que permitía contemplar a los invitados desde el nivel superior sin ser advertido. La madera empleada en el palacio destaca por su extraordinaria calidad, así como por el cuidado diseño y la minuciosa ejecución de los elementos ornamentales. Para lograr una decoración tan fastuosa no se escatimaron recursos, algo que inquietó considerablemente al secretario y administrador de Eusebio Güell durante el transcurso de las obras.
Las vidrieras por su parte presentan motivos de hojas de loto y medallones centrales con figuras inspiradas en personajes de Shakespeare: a la izquierda el rey Lear y a la derecha a Beltrán, conde de Rosellón. La estancia se encontraba decorada con mobiliario, esculturas, pinturas y retratos familiares, junto con diversos objetos artísticos de distintas épocas y estilos, creando un ambiente refinado y ecléctico. Anexa a esta sala se encuentra el tocador, estancia destinada al uso femenino, donde las mujeres ultimaban los detalles de su arreglo personal antes de entrar en el gran salón central. El mobiliario que hoy puede verse en el tocador pertenece a la época de la familia Güell, sin embargo, su disposición actual no corresponde al lugar exacto que ocupaba originalmente.
Volvemos hacia atrás y nos adentramos al salón central, el corazón del palacio, alrededor del cual se organiza toda la vida doméstica y familiar. Su cubierta, una impresionante cúpula parabólica, descansa sobre cuatro arcos de la misma forma, que a su vez se apoyan en voladizos cuidadosamente diseñados. El interior de la cúpula está revestido con piezas hexagonales de piedra caliza cristalina que recuerdan un panal de abejas, colocadas en hileras que disminuyen de tamaño a medida que se acercan al orificio superior de ventilación. Algunas de estas piezas presentan perforaciones que permiten el paso de la luz, creando un efecto que convierte la cúpula en un auténtico cielo estrellado, tanto de día como de noche.
Más allá de su valor estético, la cúpula destaca por su excelente acústica, de hecho, en uno de sus lados se sitúa un órgano completamente nuevo instalado en 2011 y fabricado por el organero Albert Blancafort. Este instrumento combina las características del órgano original con registros y sonoridades adicionales, lo que permite interpretar prácticamente toda la literatura organística. Aquí ahora (a diferencia de antaño) el organista toca a la altura de los tubos, en contacto directo con cada componente del instrumento, lo que ofrece una experiencia más íntima y cercana. Además, para que los visitantes puedan deleitarse con su música, el órgano está programado para reproducir automáticamente, cada media hora, una selección de piezas cuidadosamente elegidas.
En definitiva, en el salón se celebraban conciertos, óperas, oratorios, veladas culturales y literarias, así como recepciones para invitados distinguidos. También podía acoger ceremonias religiosas gracias a la capilla que se encuentra ubicada tras dos grandes puertas que permiten transformar el salón según la ocasión: abiertas, lo convierten en un espacio sagrado, mientras que cerradas, recupera su función principal.
Las puertas de la capilla son un verdadero ejemplo de arte y artesanía, con paneles pintados al óleo que representan a los Doce Apóstoles (san Juan, ubicado en el panel del extremo inferior derecho, es en realidad un autorretrato del propio pintor, Aleix Clapés i Puig) y un elaborado trabajo de marquetería. Fabricadas en madera de palisandro, incorporan detalles de latón, hueso y carey, demostrando una combinación de técnica y belleza. En el interior de la capilla, a la derecha, se encuentra una tribuna de dos niveles, diseñada para que las celebraciones religiosas fueran seguidas con comodidad: la planta baja reservada a los señores del palacio y la superior al servicio.
A la izquierda de la capilla se encuentra la consola del antiguo órgano, una pieza diseñada por Gaudí que formaba parte del instrumento construido por Aquilino Amezua en 1888. La consola que se utilizaba para poner en funcionamiento el instrumento, aunque actualmente está en desuso, sigue siendo la original y controlaba los mecanismos del órgano. Para lograr una resonancia profunda y equilibrada, los tubos y la ventilación se ubicaron quince metros más arriba, bajo la cúpula. En su época, esta disposición convirtió al órgano en una de las mecánicas más largas del mundo. La baranda de mármol, también concebida por Gaudí, imita los pliegues de una cortina, para ofrecer así privacidad a las hijas de los Güell para que no se les vieran los tobillos (una zona muy erótica de la mujer en aquella época) cuando estaban interpretando música.
Las paredes del salón están revestidas con piedra caliza del Garraf en diversos tonos, la misma que adorna el vestíbulo, el entresuelo y la planta noble. En uno de los laterales del salón se encuentra un amplio asiento de mármol, también obra de Gaudí. Cada esquina de la estancia luce una pintura al óleo de Aleix Clapés, representando cuatro escenas sin relación entre ellas, cuya particularidad es que se integran en el ángulo de la esquina donde se ubican: a la izquierda de la capilla está “santa Isabel ofreciendo la corona de reina a un pobre”, obra que homenajea a la señora de la casa, Isabel López Bru y a la hija mayor de Eusebi Güell.
Al otro lado está “La plegaria”, el que más famoso de los cuatro cuadros, al haber sido presentado en la Segunda Exposición General de Bellas Artes de Barcelona en 1894, en el que se representa a una familia devota inclinándose ante un crucifijo. En la otra esquina vemos el retrato del filósofo Jaime Balmes (a cuya derecha tres cardenales observan con asombro y respeto, reflejando admiración ante su sabiduría) y el último, situado junto a la escalera, se inspira en “El huerto de las Hespérides”, un pasaje del segundo canto del poema mitológico La Atlántida del poeta Jacint Verdaguer, quien fue el capellán personal del marqués de Comillas, Antonio López y López, quien era suegro de Eusebi Güell.
Adosada en el frente de la escalera se encuentra una columna que está coronada con el busto de Eusebi Güell i Bacigalupi, realizado alrededor de 1886 por el escultor Rossend Nobas (1841-1891). Pero originalmente aquí se encontraba un busto del industrial Joan Güell i Ferrer, también obra de Nobas, en homenaje al padre del propietario de la mansión.
Seguimos con la visita, para lo cual subimos la escalera hasta llegar a la tribuna de los músicos, una prolongación del salón principal. Este espacio, como su propio nombre indica, corresponde con el espacio donde se situaban algunos intérpretes durante los conciertos. La música era una de las grandes pasiones de la familia Güell, y en este salón central se escucharon numerosas composiciones a lo largo del tiempo. La tribuna está delimitada del salón por un cancel de madera con clara influencia árabe, reflejo de la fascinación de Gaudí por la arquitectura hispanomusulmana. La pieza, elaborada en ébano y palisandro, incorpora delicadas incrustaciones de hueso bovino que realzan su valor artístico.
Desde este punto se pueden apreciar los interesantes juegos de espacio y volumen del salón central, así como la secuencia de ventanales interiores, columnas, arcos y cancelas que generan una sensación de ligereza, continuidad y amplitud visual. Gracias a este ingenioso recurso arquitectónico, se logra potenciar las dimensiones de un salón que apenas cuenta con 80 m², dentro de un palacio construido sobre un solar que supera ligeramente los 500 m².
A continuación se sube por la escalera hasta llegar a la sala de confianza de la planta de los dormitorios que, además de ser una estancia para el descanso, hacía las veces de vestíbulo y conectaba directamente con los dormitorios privados. En esta sala destaca una chimenea elaborada en mármol rojo y alabastro, que probablemente proviene del antiguo Palacio Fonollar. El diseño se atribuye a Camil Oliveras, y en ella se integra un panel de mármol blanco decorado con incrustaciones de oro y piedras preciosas. Esta pieza representa a santa Isabel de Hungría y es obra de Alexandre de Riquer.
Para potenciar la luminosidad del espacio, Gaudí instaló un espejo en el balcón con la intención de crear un efecto óptico que multiplicara visualmente el vano y permitiera que la luz entrara con mayor intensidad. Por otro lado, la distribución de los dormitorios familiares se articula en torno a una galería interior con ventanas orientadas hacia el salón central (dos de estas ventanas están abiertas para permitir al visitante observar el salón, la cúpula y el órgano desde aquí). Durante los conciertos que se organizaban en el salón principal, los coros se situaban precisamente en esta galería, logrando que la música envolviera el espacio y pareciera surgir desde distintos puntos.
Las habitaciones destinadas al matrimonio Güell estaban organizadas en dos estancias independientes, aunque conectadas entre sí. Cada uno tenía su propio ámbito: una para el señor y otra para la señora. Dicho lo cual, y anexo a la sala de confianza, se encuentra en primer lugar el dormitorio de Isabel López, la esposa de Eusebi Güell e hija de los marqueses de Comillas. En este espacio se aprecia claramente la sensibilidad decorativa de Gaudí: la ornamentación, realizada en 1895 (algunos años después de concluir el palacio), queda reflejada en el delicado arabesco de hierro forjado que embellece las columnas, donde aparecen las iniciales de los propietarios junto a la palabra “Salve”.
Entre los elementos más destacados del mobiliario se encontraba una célebre chaise longue, una pieza singular que aún conservan los descendientes de la familia Güell. Es uno de los escasos muebles independientes que Gaudí ideó específicamente para este edificio. La estancia dispone además de una discreta tribuna escondida con vistas al salón principal; desde allí, la señora podía asistir a la misa sin necesidad de descender a la planta noble. Dado que durante el invierno el frío era intenso en el palacio, Gaudí incorporó chimeneas en todos los dormitorios, muchas de ellas diseñadas personalmente por él, como la que se conserva en esta habitación.
Vamos a recorrer ahora la zona donde se distribuyen los cinco dormitorios que ocupaban los hijos de la familia Güell. Durante la década de 1930 la familia Güell dejó de residir en el Palau Güell y el contenido del edificio se repartió entre distintos miembros del linaje. Como consecuencia, el palacio quedó casi completamente desprovisto de su mobiliario original. A partir de 1992, gracias a las gestiones impulsadas por la Diputación de Barcelona con varios descendientes de Eusebi Güell, comenzó un proceso de recuperación de algunas piezas históricas. En varias habitaciones del Palau Güell se conservan muebles originales y destacados de la época.
La primera sala muestra piezas eclécticas de Francesc Vidal i Jevellí, incluyendo un sofá con tapizado original, una butaca retapizada y un escritorio abatible de Gaspar Homar i Mezquida. El segundo dormitorio exhibe un conjunto modernista de Joan Busquets i Jané, donado por un particular, con sofá escaño versátil, butacas altas de caoba con pan de oro y terciopelo original, y butacas bajas sin su tapicería original. En el tercer dormitorio destacan un canapé de Antoni Gaudí i Cornet y Francesc Berenguer, ejecutado por Vidal i Jevellí, con líneas curvas y combinación de caoba y guadamecí del siglo XVIII, una silla renacentista de nogal de Vidal i Jevellí, y el escritorio de Eusebi Güell, de caoba y herrajes de latón, diseñado para el uso simultáneo de dos personas. Junto a este escritorio se encuentra la obra “Modestia” (1891) de Josep Llimona i Bruguera, que representa a una mujer con mirada baja y ojos cerrados, transmitiendo delicadeza y melancolía; uno de sus bronces estuvo ubicado en el salón central.
Le sigue el dormitorio y el tocador de Isabel Güell i López, la hija mayor, cuyas paredes en un principio estaban revestidas con pana estampada, elaborada en la fábrica familiar. Desde este dormitorio se accede a un espacio más pequeño. Isabel recibió formación en piano y órgano, y no sólo se destacó como intérprete, sino también como compositora. Al igual que sus hermanos, gozó de una educación artística excepcional, guiada por distintas personalidades de la época que contribuyeron a perfeccionar sus habilidades musicales, literarias y artísticas. En este dormitorio se encuentra una pequeña tribuna cerrada con una delicada vidriera, inspirada en los diseños de William Morris y otros artistas prerrafaelistas ingleses. La vidriera representa a dos personajes de Shakespeare, Hamlet y Macbeth, sobre un fondo decorado con coronas de tres puntas, símbolo heráldico presente en los escudos de Suecia y Dinamarca. Según se aprecia en las fotografías antiguas, en este cuarto también había un tocador diseñado por Gaudí, una pieza de gran originalidad y que destacaba por detalles funcionales, como un calzador para abrochar los elaborados botines femeninos de la época. Actualmente, esta obra forma parte del patrimonio de la familia Güell.
Volvemos al otro extremo de la planta donde se sitúa el dormitorio de Eusebi Güell que se encuentra junto al de su esposa, comunicándose por la izquierda. Es interesante notar cómo se mantiene la misma armonía arquitectónica en los arcos y columnas que se repiten en la estancia. La chimenea, de embocadura parabólica, lleva la firma de Gaudí. Además, la habitación cuenta con una pequeña tribuna que ofrece vistas hacia el salón central.
A pocos pasos se encuentra la antesala del baño, donde se sitúan los antiguos servicios, un espacio desde el que se puede observar la sala de baño, que en su origen contaba con dos bañeras. El suelo es continuo, de inspiración veneciana, elaborado con gravilla de “ojo de perdiz” en varios tonos. Llama especialmente la atención la cerámica, decorada con formas geométricas y motivos vegetales.
Al fondo se encuentra la llamada habitación azul, la cual todo indica que pudo destinarse al descanso del servicio femenino o, en la etapa en que los hijos eran pequeños, funcionar como dormitorio para los niños al cuidado de sus niñeras. Desde su gran ventanal se aprecia la fachada posterior del edificio y parte de las chimeneas que coronan la azotea. En esta estancia se proyecta un audiovisual de unos cinco minutos de duración.
Para seguir el recorrido, es necesario subir por la escalera de servicio que conduce al desván. El edificio cuenta con una sola escalera que enlaza todos los niveles, desde la planta baja hasta la azotea. Se trata de una estructura semicolgada: uno de los lados de cada peldaño está encajado en el muro, mientras que el otro queda suspendido mediante unas barras de hierro que descienden desde una viga ubicada en el penúltimo tramo. Estas piezas metálicas, además de sostener los escalones, forman parte de la barandilla. Al finalizar el recorrido y descender por el mismo lugar para salir, se puede observar una reja articulada. Este elemento permitía separar el tramo correspondiente a la vivienda privada de aquel que daba acceso a los despachos y a las áreas comerciales del señor Güell.
Se llega ahora al desván del palacio que estaba destinado a las tareas domésticas e incluía la cocina, el lavadero y los dormitorios del servicio, contando además con un eficaz sistema de aislamiento acústico diseñado por Gaudí para no molestar a la familia. Sus ventanales parabólicos presentan vidrieras realizadas con la técnica del trencadís, usando vidrio en lugar de cerámica. Tras recorrer esta zona y la exposición sobre las restauraciones, la visita culmina en la azotea, donde Gaudí transformó las chimeneas en originales esculturas llenas de color y fantasía. Quince pertenecen a las chimeneas interiores y el resto a salidas de humo y ventilación. Seis, en el nivel superior, son de ladrillo; catorce, en el inferior, están revestidas con trencadís de cerámica, vidrio, mármol y otros materiales, anticipando soluciones que desarrollaría más adelante. La restauración de 1992 respetó las formas originales cuando fue posible, en algunos casos se reprodujeron fielmente y en otros se optó por reinterpretaciones contemporáneas. En el centro destaca una aguja de quince metros que corona la cúpula, recubierta con piedra arenisca vitrificada reutilizada por Gaudí por su resistencia a la humedad.
Para más información sobre horarios, precios, tours guiados, etc., acude a la web oficial del Palau Güell o visita la página de turismo oficial de Turisme de Barcelona, donde encontrarás toda la información que necesites de éste y otros monumentos y sitios de interés de la ciudad:
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