Tras el fallecimiento de Antoni Gaudí, algunas personas de su entorno más cercano consideraron imprescindible crear un lugar dedicado a preservar y dar a conocer su legado. Desde el inicio se planteó la idea de adaptar el antiguo taller de obra, ubicado junto al templo, donde se llevaba a cabo todo el trabajo artesanal relacionado con la construcción: desde la elaboración de maquetas hasta la creación de esculturas. No obstante, este proceso de adecuación y clasificación no se completó a tiempo, y los acontecimientos de la Guerra Civil provocaron el asalto al templo, con la consiguiente destrucción del taller y de gran parte de las maquetas, planos y dibujos que allí se conservaban. Sin duda, fue una pérdida irreparable para comprender en mayor profundidad el método de trabajo de Gaudí.
A pesar de ello, de esta tragedia surgió un aspecto positivo: la necesidad definitiva de crear un espacio destinado a recuperar, reorganizar y exhibir el material que había quedado dañado o parcialmente destruido, pero que resultaba fundamental para continuar con las obras. El museo abrió sus puertas por primera vez en 1961, situado en los sótanos de la fachada de la Pasión, y años más tarde fue trasladado a su emplazamiento actual, mucho más amplio y adecuado. En el recorrido por el museo se pueden contemplar bocetos, fotografías antiguas, objetos litúrgicos y diversas maquetas que reproducen las originales. Además, se muestran reproducciones y obras realizadas en épocas recientes en el taller modelista de la Sagrada Familia, un espacio en el que se mantiene vivo el método empírico de trabajo de Gaudí, adaptándolo a las tecnologías actuales, y poder así apreciar de cerca cómo continúa desarrollándose el proyecto en la actualidad.
Entre las obras expuestas sobresale una maqueta policromada de 1910 que ha sido restaurada, realizada a escala 1:25, y que representa la fachada del Nacimiento. Ese mismo año, esta maqueta se presentó en la sede de la Société Nationale des Beaux-Arts, en el Grand Palais de París. Con motivo de esta exhibición, Gaudí confió la policromía a su estrecho colaborador Josep Maria Jujol. Se trata de la primera y única vez que una obra del arquitecto fue expuesta fuera de España mientras él aún vivía. La muestra fue impulsada por un grupo de historiadores y críticos franceses que admiraban profundamente a Gaudí y buscaban difundir a nivel internacional su pensamiento arquitectónico innovador.
Un poco más adelante se ha reconstruido el despacho de Gaudí, tal y como debió ser en su época. De igual manera, la exposición reúne distintos materiales vinculados a la sacristía que permiten comprender su proceso de creación. Entre ellos destaca una pieza de piedra original, datada aproximadamente entre 1922 y 1926, en la que Gaudí grabó directamente la planta de la sacristía, que sirvió como base para la posterior elaboración de la maqueta en yeso a escala 1:25. Junto a este elemento se presenta una fotografía de la maqueta original realizada en 1925, que documenta su aspecto antes de desaparecer. Finalmente, puede verse una reconstrucción en yeso, también a escala 1:25, realizada a partir de los fragmentos conservados de aquella maqueta original, lo que permite recuperar visualmente una parte fundamental del proyecto.
La simbología de los obispos ocupa un lugar central en el lenguaje iconográfico que Gaudí ideó para los pináculos del templo. En ellos aparecen representados, de manera muy estilizada, los principales emblemas episcopales: la mitra coronada por la cruz, el báculo y el anillo. La mitra simboliza la aspiración constante del obispo a vivir en santidad, entendida como el adorno espiritual que debe marcar su existencia. El báculo, por su parte, se entrega en el momento de la consagración episcopal como expresión de su responsabilidad pastoral y de su misión de guiar al pueblo de Dios. Finalmente, el anillo episcopal representa la fidelidad del obispo a la Iglesia, concebida simbólicamente como la esposa de Dios.
Las campanas ocupan un papel destacado dentro del proyecto sonoro del templo, ya que en el interior de las torres Gaudí concibió un conjunto de campanas tubulares pensado para formar un gran carillón capaz de cubrir siete octavas completas, equivalentes a toda la escala de un piano. El sonido producido por las 84 campanas no sólo se proyecta hacia el exterior, sino que también se difunde en el interior del edificio gracias al órgano mayor, creando una experiencia musical envolvente. Entre las piezas conservadas destaca el primer modelo de campana diseñado por Antoni Gaudí para el carillón, datado en 1915. Se trata de una campana de bronce de 2,86 metros de altura y un peso aproximado de 325 kilos, que originalmente se encontraba en la torre de san Bernabé. Su nota principal es un La grave, acompañada de los sobretonos Re, Si y Fa# sostenido. Es la única campana que ha llegado hasta nuestros días y se tiene constancia de que sonó el día del funeral del propio Gaudí.
Un poco más adelante podemos ver las maquetas de las torres centrales del templo, las cuales responden a una clara intención simbólica definida por Antoni Gaudí desde el inicio del proyecto. Cada una de ellas encarna una figura esencial del cristianismo: Jesucristo, la Virgen María y los cuatro evangelistas. La torre dedicada a Jesucristo se eleva hasta los 172,5 metros, convirtiéndose en la más alta del conjunto, y se remata con una imponente cruz de cuatro brazos. A su alrededor se disponen las torres de los evangelistas, que alcanzan los 135 metros de altura y representan a los autores de los Evangelios mediante sus símbolos tradicionales: el hombre para Mateo, el león para Marcos, el buey para Lucas y el águila para Juan. Por encima del ábside se alza la torre consagrada a la Virgen María, la segunda más alta del templo con 138 metros, coronada por una estrella luminosa que refuerza su carácter simbólico. Aquí también vemos fotografías de la construcción de algunas de ellas.
En el siguiente ámbito, de carácter más interactivo, se profundiza en la evidente influencia que la naturaleza tuvo en Gaudí a la hora de concebir los distintos elementos del templo. En su arquitectura es habitual encontrar referencias al mundo natural y del reino animal, que toma como punto de partida para dar forma a sus creaciones. El arquitecto observaba con atención el entorno más cercano a cada proyecto: analizaba capullos, espigas de cereal y las hierbas que crecían alrededor del templo, y a partir de esas formas orgánicas modelaba los pináculos del ábside.
Este espacio de la basílica está especialmente cargado de evocaciones naturales. En el muro absidial se pueden identificar gárgolas con formas de caracoles, serpientes, lagartos, dragones, salamandras o ranas. A diferencia de la tradición gótica, donde las gárgolas solían adoptar figuras fantásticas o demoníacas, Gaudí optó por representar animales propios del paisaje mediterráneo. Del mismo modo, el interior del templo fue concebido como un gran bosque: las columnas se abren y se ramifican como troncos y ramas de árboles, mientras que las bóvedas evocan el follaje, permitiendo que la luz solar se filtre de manera natural entre ellas.
En el vasto “bosque” interior del templo, los capiteles se asemejan a nudos de árboles, desde los cuales las columnas se ramifican como troncos que se bifurcan. Gaudí diseñó dos variantes: los de la nave central y los del ábside, ambos basados en la forma del elipsoide. Los capiteles de la nave central incorporan elipsoides adicionales que juegan con la luz y esconden significados simbólicos, mientras que los del ábside se esculpen de manera que se abren hacia abajo mediante un elipsoide giratorio y se rematan en la parte superior con superficies planas, creando un efecto de ligereza y armonía visual. Aquí se exponen dos moldes de yeso a escala 1:10 de 1918-1922 correspondientes con las columnas de la nave central y el ábside.
El llamado método gaudiniano define una forma de trabajar profundamente experimental. Antoni Gaudí concebía su arquitectura a partir de modelos y maquetas creados en el taller, donde cada pieza se estudiaba y se construía a escala antes de pasar a la obra real. Esta manera de proyectar no se perdió con el tiempo: aún hoy continúa viva en el taller de modelistas. Entre las piezas más llamativas aparecen las maquetas originales de las cadenas colgantes ideadas por Gaudí: auténticos experimentos de gravedad invertida con los que calculaba arcos, décadas antes de que existieran los ordenadores. Al observarlas, surge una revelación clara: la basílica no es un delirio caprichoso, sino un caos cuidadosamente orquestado, donde matemáticas, física y fe se entrelazan y compiten silenciosamente por imponer su lógica.
Antes de salir del museo, recomendamos ver por unas pequeñas ventanas la zona de la cripta, en la que se encuentra la tumba de Gaudí. Al lado se puede ver una fotografía de la misma, además de un busto de yeso de Antoni Gaudí, realizado a partir de su máscara mortuoria de 1926 por Joan Matamala. En la presente guía hemos mencionado algunas de las piezas expuestas aquí y hemos hablado de algunos aspectos arquitectónicos de la Sagrada familia, aunque el museo cuenta con mas atractivos y da más información sobre su historia y evolución, sobre el propio Gaudí y elementos arquitectónicos como las vidrieras, las herramientas utilizadas, se profundiza más sobre la futura fachada de la Gloria, etc., etc.
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