BARCELONA

MUSEO DEL CHOCOLATE: UNA VISITA DIFERENTE EN PLENO BORN


El Museo del Chocolate esta albergado en el edificio del antiguo convento de Sant Agustí, en el barrio del Born. Este antiguo convento, levantado en el siglo XIV, mantuvo durante siglos una estrecha relación con la vida de Barcelona y con la actividad de sus gremios. Sin embargo, los acontecimientos de la Guerra de Sucesión provocaron graves daños en el edificio, que más tarde fue adaptado para funcionar como cuartel militar. Ya en la década de 1980, el Ayuntamiento de Barcelona impulsó la recuperación de este espacio histórico y le otorgó un nuevo papel al servicio de la ciudadanía, acogiendo entidades de carácter educativo, social y cultural, entre ellas la Fundació del Gremi de Pastisseria de Barcelona.

Y precisamente fue el Gremio de Pastelería de la ciudad el que impulsó la creación del Museo del Chocolate de Barcelona para invitar así a los ciudadanos y visitantes a descubrir la fascinante historia del cacao a través de un recorrido que combina cultura, tradición y artesanía. La visita permite conocer cómo este producto llegó a formar parte de la identidad catalana, explorando tanto sus orígenes como las leyendas, costumbres y técnicas que han dado forma al mundo de la pastelería y la chocolatería a lo largo del tiempo.

Vamos a comenzar el recorrido por el interior de este museo y, como no podía ser de otra manera, adquirimos los tickets de acceso en taquilla. Nuestra primera sorpresa es que los boletos de entradas son chocolatinas que, tras pasar el torno de ingreso, se pueden comer y así saborear este producto que iremos conociendo a lo largo de los 600 metros cuadrados del espacio expositivo, el cual podríamos dividirlo grosso modo en tres zonas: la zona educativa, la de las esculturas de chocolate y una pequeña muestra de objetos relacionados con su elaboración.

Así durante la visita al museo es posible descubrir el recorrido de este producto desde sus orígenes americanos hasta su llegada a Europa en el siglo XVI. El origen del chocolate se remonta a más de tres mil años atrás, cuando el cacao ya era cultivado por las antiguas civilizaciones de Mesoamérica. Los primeros indicios de su consumo se encuentran entre los olmecas, aunque posteriormente fueron los mayas y los aztecas quienes extendieron y perfeccionaron su uso.

Cuando llegó a España, resulta llamativo saber que, en un primer momento, el chocolate no despertó entusiasmo entre los Reyes Católicos debido a su sabor amargo y su aspecto poco atractivo. Sin embargo, con el paso del tiempo fue ganando popularidad hasta convertirse, especialmente a partir del siglo XVIII, en uno de los alimentos más apreciados de Europa. De esta manera, a lo largo de las distintas salas, se puede conocer su evolución, los procesos de elaboración y la estrecha relación que Barcelona ha mantenido históricamente con la industria chocolatera. En ese proceso, el puerto de Barcelona jugó un papel clave como vía de entrada y distribución. También se sabe que fue aquí donde, hacia finales del siglo XIX, el chocolate sólido comenzó a transformarse en una bebida, marcando un momento significativo en la evolución de su consumo.

Por tanto, la elaboración del chocolate fue adquiriendo una gran importancia en la vida económica y social de la ciudad: desde los molinos que funcionaban en el centro urbano durante el siglo XVIII, hasta la aparición de grandes marcas chocolateras en el siglo XIX y el desarrollo de expresiones artísticas con chocolate en el siglo XX, esta tradición ha ido evolucionando constantemente. Tal fue el nivel de popularidad que alcanzó el chocolate que, en el siglo XVIII, la guardia personal del rey llegó a ser apodada “los chocolateros”, debido a que lo consumían de forma habitual en su día a día.

Sin embargo, la parte más llamativa del museo es sin duda la zona de las esculturas de chocolate. Aquí pueden verse reproducciones de algunos de los monumentos más emblemáticos de Barcelona, personajes históricos, figuras de dibujos animados e incluso escenas de películas, todas ellas realizadas con un nivel de detalle sorprendente. Algunas de estas creaciones hacen difícil creer que estén elaboradas únicamente con chocolate.

Entre ellas vemos representaciones de Don Quijote de la Mancha, personaje de películas, como Carl Fredricksen y Russell, junto a la casa con sus globos de “Up”, una lucha de gladiadores, representaciones religiosas como la Piedad de Miguel Ángel, futbolistas como Messi, escenas de comics como las de Tintín, de dibujos animados como los Pitufos, Asterix y Obelix, Lucky Luke, Bamby, etc., etc.… Pero una de las más emblemáticas es la que representa a Copito de Nieve (aunque su nombre verdadero era Nfumu Ngui, es decir, “gorila blanco” en lengua fang), que se convirtió en uno de los animales más emblemáticos de Barcelona y permaneció en el zoo de la ciudad durante 36 años, donde tuvo 21 hijos y varios nietos. Falleció en 2003 a causa de una grave enfermedad de la piel asociada a su avanzada edad.

Su historia comenzó en 1966 cuando fue encontrado en Guinea Ecuatorial aun siendo una cría aferrada al cuerpo sin vida de su madre, asesinada por unos agricultores. Su pelaje completamente blanco llamó la atención, por lo que fue trasladado aquel mismo año al Zoo de Barcelona tras pasar un breve periodo de adaptación en el centro de Ikunde. Su rareza lo convirtió en una figura conocida internacionalmente después de aparecer en National Geographic. Su color blanco se debía a una forma de albinismo que afectaba tanto a la piel como a los ojos, una condición genética poco frecuente que lo hacía especialmente sensible a la radiación solar.

Hay que tener en cuenta que algunas de estas esculturas y figuras elaboradas en chocolate se conservan desde hace más de dos décadas. Mantener estas piezas en buen estado supone un gran desafío, ya que el chocolate es un material orgánico especialmente sensible al paso del tiempo y a las condiciones ambientales. Para garantizar su conservación la sala se mantiene a una temperatura estable cercana a los 22 °C. Además, las figuras son sometidas periódicamente a procesos de restauración y renovación que ayudan a preservar su aspecto original.

En algunas piezas pueden apreciarse pequeños orificios producidos por el Lasioderma serricorne, un insecto que puede aparecer de forma natural en el chocolate a medida que este envejece. Con el objetivo de proteger mejor la colección, el Museu de la Xocolata está desarrollando y aplicando nuevas técnicas de conservación que permitan controlar la presencia de este insecto y prolongar la vida útil de las figuras expuestas.

Para hacer la visita más completa, el museo también cuenta con tres pequeñas salas audiovisuales donde se proyectan documentales para entender aun más la historia del cacao, el chocolate y su evolución: la primera está dedicada a “Xocoatl”, es decir, al origen mismo del caco y chocolate, la segunda a la llegada del chocolate a Europa y su posterior difusión, y la tercera y última, a la popularización de este producto que hizo que todo el mundo quisiera consumirlo, independientemente de su condición social.

Por otro lado, la última parte del museo está dedicado a la exposición de piezas relacionadas con la elaboración del chocolate. Entre los objetos encontramos descascarilladoras de cacao (utilizadas después del tostado, para descascarillar y triturar las habas de cacao, dejándolas listas para su almacenamiento), metates (originario de Latinoamérica, es una herramienta de piedra utilizada junto con la mano de metate para moler manualmente granos de cacao), molinillos, tamices, etc., etc.

De los molinillos aquí podemos ver dos tipos: el metálico y el de madera. Aquel primero es una máquina utilizada para transformar los granos de cacao en una pasta homogénea, ya que su funcionamiento se basa en mecanismos que generan fricción y elevan la temperatura durante el proceso, lo que permite triturar los fragmentos de cacao y fundirlos al mismo tiempo hasta obtener una masa uniforme. Por otro lado, el molinillo tradicional está elaborado principalmente en madera y cuenta con una manivela de hierro. Dispone de una tapa de madera por la que se introducen las semillas de cacao antes de ser molidas, facilitando así su procesamiento de manera manual. Junto a ellos se expone también tamices empleados para clasificar y separar distintos productos en polvo, como la harina o el azúcar. Está formado por un aro circular de madera que incorpora una malla metálica, la cual permite filtrar las partículas según su tamaño y obtener una textura más fina y uniforme.

Es necesario señalar que la experiencia del museo no se limita únicamente a la exposición, ya que también ofrece talleres y actividades de degustación relacionadas con el chocolate para todas las edades, por lo que resulta una visita especialmente recomendable para familias con niños. Los visitantes tienen la oportunidad de aprender a trabajar este producto, creando distintas formas y conociendo diversas técnicas de decoración. Además, los adultos pueden participar en catas especiales que combinan chocolate con vinos y cava, así como degustar variedades elaboradas con cacao procedente de los cuatro continentes donde se cultiva.

Si nos fijamos bien, a nuestra izquierda y antes de abandonar el museo, vemos el taller desde el cual, a ciertas horas del día, es posible observar el proceso de elaboración del chocolate a partir de granos de cacao procedentes de trece orígenes distintos. Tras terminar la visita al interior del recorrido expositivo, la cafetería del museo cuenta con un espacio dedicado a la degustación de chocolates, bombones y productos de cacao elaborados de manera artesanal en su propio obrador (de pago). Esta producción sigue la filosofía “bean to bar”, que busca ofrecer un producto auténtico y acercar al visitante al origen y al proceso real de elaboración del chocolate. Además, estos productos pueden adquirirse en la tienda del museo.

Para más información sobre horarios, precios, talleres, actividades, etc., acude a la web del museo del Chocolate Barcelona o visita la página de turismo oficial de Turisme de Barcelona, donde encontrarás toda la información que necesites de éste y otros monumentos y sitios de interés de la ciudad:

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