REAL SITIO Y VILLA DE ARANJUEZ

REAL CORTIJO DE SAN ISIDRO: QUÉ VER, HISTORIA Y VISITA


A pocos kilómetros de Aranjuez, junto al río Tajo, se encuentra este pequeño núcleo de población cuyo origen está estrechamente ligado a uno de los grandes proyectos agrícolas de la monarquía española. El Real Cortijo de San Isidro nació en el siglo XVIII por iniciativa de Carlos III como una auténtica experiencia de agricultura ilustrada que todavía conserva buena parte de las construcciones y el trazado de aquel antiguo proyecto real. El complejo llegó a ocupar una superficie considerable y sus construcciones se organizaban formando un pentágono casi perfecto.

Los terrenos donde hoy se encuentra el Cortijo han estado habitados desde la Antigüedad gracias a su situación junto al Tajo y a la abundancia de recursos naturales. Por la zona pasaron carpetanos, romanos y posteriormente musulmanes, vinculándose también al cercano Castillo de Oreja durante la Edad Media. Tras la Reconquista, estos territorios quedaron relacionados con la Orden de Santiago hasta que, en el siglo XVI, Carlos I los incorporó al Real Bosque y Casa de Aranjuez, convirtiéndolos en un espacio destinado principalmente al ocio y la caza de la Corona.

La historia del actual Cortijo comenzó en 1762, durante el reinado de Carlos III. El monarca quiso poner en marcha aquí un proyecto experimental agrícola y ganadero inspirado en las ideas de la Ilustración y destinado también a proporcionar productos de calidad a la Corte. Se roturaron nuevas tierras, se trazaron caminos y zonas de cultivo, se construyeron sistemas de riego y se introdujeron animales y variedades de plantas procedentes de otros territorios. En 1768 el enclave recibió oficialmente el nombre de Real Cortijo de San Isidro. Poco después, Jaime Marquet proyectó el conjunto del Real Caserío, con la Casa Grande, viviendas para trabajadores, almacenes, cuadras, instalaciones agrícolas y una bodega subterránea.

En 1795 Carlos IV cedió la finca a Manuel Godoy, aunque tres años después regresó a manos de la Corona. La desamortización de 1869 puso fin a su condición de propiedad real y el Cortijo pasó a manos privadas. Ya en el siglo XX, el Instituto Nacional de Colonización impulsó a partir de 1944 una importante transformación de la finca, dividiéndola en parcelas destinadas a colonos y trabajadores agrícolas. Las antiguas dependencias agrícolas fueron adaptándose como viviendas y el núcleo fue creciendo hasta configurar el pueblo actual, que todavía conserva el trazado y numerosos edificios relacionados con aquel proyecto agrícola creado por Carlos III. La actividad agrícola continúa siendo una de las señas de identidad del lugar. Sus tierras producen frutas y hortalizas de temporada, entre ellas tomates, pimientos, berenjenas, espárragos, alcachofas y las conocidas fresas de la vega de Aranjuez.

Aunque merece mucho la atención el sistema hidráulico asociado al conjunto, integrado en el Paisaje Cultural de Aranjuez, así como su entorno rural y la cercanía de los campos de cultivo adecuados para pasear y conocer una de las iniciativas agrícolas más singulares promovidas por la monarquía española en el siglo XVIII, nosotros nos vamos a detenernos en las edificaciones mas importante que formaron aquel Cortijo del Rey o Real Caserío, entre las que destacaban una gran bodega, un lagar para la elaboración de vino y aceite, cuadras, caballerizas, almacenes, viviendas para los trabajadores y una residencia para el monarca, la actual Casa Grande.

La Casa Grande o Real Casa fue construida en 1770 por el arquitecto Manuel Serrano, presentando una sobria arquitectura de estilo neoclásico. El edificio tiene planta rectangular, unas dimensiones aproximadas de 55 por 34 metros y una superficie de 1.870 m². Su organización responde a las distintas funciones que desempeñaba dentro de la explotación agrícola de la Corona: contaba con dependencias destinadas a los reyes, oratorio, vivienda del director y del encargado, oficinas, cocina y sótanos, además de cuadras, granero y cocheras para los carruajes. Todos estos espacios se organizaban alrededor de un amplio patio central, siguiendo una disposición funcional característica del Real Cortijo. Actualmente, la antigua Casa Grande está dividida en varias propiedades: una pertenece a la Consejería de Medio Ambiente, otra es de carácter privado y una tercera, de 694 m², pertenece a la Entidad Local Menor del Real Cortijo de San Isidro.

Al lado se abre la Plaza Mayor, el centro del Real Cortijo de San Isidro, que es mayormente peatonal y de ambiente tranquilo. Esta plaza rodea la Real Capilla de San Isidro, situada en su parte central, y conserva el carácter neoclásico que caracteriza al antiguo núcleo construido en el siglo XVIII. El espacio está formado por soportales sostenidos por pilares cuadrados unidos mediante arcos rebajados, sobre los que se disponen balcones volados. El pavimento, realizado con ladrillo visto combinado con piedra de río, contribuye a mantener la imagen tradicional del conjunto. En sus dos extremos se abren sendas pequeñas plazas que prolongan el espacio urbano.

Uno de los elementos más singulares de la plaza es que bajo sus soportales discurre uno de los ramales de la Real Bodega Subterránea, integrando de esta manera las construcciones agrícolas originales con el espacio público actual. En uno de sus frentes se encuentra el Ayuntamiento o Casa Consistorial, acompañado por dos locales sociales, completando la configuración de esta plaza, que constituye el principal punto de encuentro del Real Cortijo.

La Ermita o Real Capilla de San Isidro, uno de los edificios más representativos del Real Cortijo. Fue inaugurada en 1788, diseñada por el arquitecto Manuel Serrano y terminada por Manuel Oliva. De estilo neoclásico, presenta una planta cuadrada de unos 225 m², con fachadas de ladrillo visto sobre un zócalo de piedra caliza de Colmenar de Oreja. La fachada principal está presidida por un frontón triangular y una balconada real con barandilla, sostenida por cuatro columnas dóricas de piedra. A ambos lados se levantan dos pequeñas torres campanario gemelas que conservan sus campanas de bronce. El edificio se remata con un tambor cilíndrico, una cubierta cónica de teja y una linterna que culmina en una bola, una veleta y una cruz de forja, dando al conjunto su característica silueta.

En el interior, la capilla presenta una sencilla planta de cruz griega. El altar se encuentra elevado sobre tres peldaños y queda flanqueado por dos puertas que comunican con las sacristías, mientras que frente a él se sitúa un coro elevado.

Entre sus elementos más destacados se encuentran tres grandes frescos realizados hacia 1950 por el pintor Ramón Stolz Viciano, de aproximadamente 4,5 por 4,6 metros cada uno. Las pinturas, situadas en los laterales y como fondo del altar, representan escenas relacionadas con los milagros de san Isidro y constituyen uno de los principales atractivos artísticos del interior.

Justo enfrente de la iglesia, y tras pasar los jardines, se encuentra la entrada a la Real Bodega Subterránea que se realiza a través de una monumental portada de piedra de Colmenar, diseñada por Marquet y construida en 1782 por Manuel Serrano siguiendo los principios del estilo neoclásico. La portada se sitúa en el centro de un muro de planta semielíptica y presenta tres vanos separados por pilastras toscanas: un arco central de acceso y dos vanos laterales adintelados. Sobre ella, en el mismo jardín, se encuentra un mirador desde el que los Reyes podían contemplar la vega de Aranjuez.

Las galerías subterráneas constituyen una de las construcciones más singulares del Real Cortijo. Está considerada una de las mayores bodegas reales de Europa que conserva parte de las instalaciones creadas en época de Carlos III y que en la actualidad puede visitarse mediante actividades y catas organizadas de forma periódica. La bodega de crianza está formada por dos galerías abovedadas de ladrillo visto que recorren el subsuelo del pueblo. La principal, destinada a la conservación del vino, tiene unos 385 metros de longitud y 4,50 metros de anchura. A lo largo de ella se distribuían 187 tinajas de 25 arrobas, alojadas en hornacinas excavadas en los laterales y comunicadas con la bóveda mediante lunetos apuntados.

La Bóveda del Rey y la Bóveda de la Reina son dos espacios abovedados donde confluyen las galerías. Cada uno albergaba una gran tinaja destinada a la Casa Real, con una capacidad de 402 y 412 arrobas, respectivamente. La galería principal cuenta además con diez tragaluces y ocho óculos circulares para facilitar la ventilación. El segundo ramal, destinado al almacenamiento de aceite, tiene 115 metros de longitud y albergaba tinajas de barro semienterradas con una capacidad aproximada de 28 arrobas. En el interior de las galerías se mantienen unas condiciones muy estables, con unos 12 ºC de temperatura y un 85 % de humedad durante todo el año, favoreciendo la conservación de los productos.

Situado en uno de los laterales del Real Cortijo, el conjunto urbano se completa con el Lagar, una construcción de carácter civil e industrial, de líneas sobrias y planta rectangular. Fue construido en 1782 por el arquitecto Manuel Serrano y tiene unas dimensiones aproximadas de 75 metros de longitud por 12 de anchura. Su acceso principal se encuentra en el lado oeste, precedido por un porche sostenido por cuatro columnas cuadradas de piedra caliza y rematado por un alero de madera. Por sus valores arquitectónicos e históricos, en 1996 fue catalogado como edificio de carácter monumental histórico-artístico.

En su interior destaca una distribución en tres naves, con una nave central de unos cinco metros de luz y dos laterales de aproximadamente dos metros. Las naves están separadas por filas de columnas de fábrica de ladrillo, con capiteles de piedra caliza de Colmenar, sobre las que descansan las cubiertas abovedadas. La nave central presenta bóvedas de media naranja, mientras que las laterales se cubren mediante bóvedas vaídas, creando un espacio de gran interés dentro del conjunto histórico del Cortijo.

Actualmente, el edificio se encuentra dividido en dos partes. La principal está vinculada a la actividad de la Real Bodega de Carlos III, donde se realizan actividades relacionadas con la crianza y degustación de vinos y distintos eventos. La parte posterior permanece pendiente de rehabilitación para su posible utilización como centro social. Además, el Lagar mantiene comunicación con las galerías subterráneas de la Real Bodega, formando parte del antiguo sistema destinado a la elaboración y conservación del vino.

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